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DECLARACIÓN BALFOUR
Foreign Office,
November 2nd, 1917.
Dear Lord Rothschild,
I have much pleasure in conveying to you, on behalf of His
Majesty's Government, the following declaration of sympathy
with Jewish Zionist aspirations which has been submitted to,
and approved by, the Cabinet:
"His Majesty's Government view with favour the establishment
in Palestine of a en:national home for the Jewish people,
and will use their best endeavours to facilitate the
achievement of this object, it being clearly understood that
nothing shall be done which may prejudice the civil and
religious rights of existing non-Jewish communities in
Palestine, or the rights and political status enjoyed by
Jews in any other country"
I should be grateful if you would bring this declaration to
the knowledge of the Zionist Federation.
Yours sincerely
Arthur James Balfour
DECLARACIÓN BALFOUR - Traducción:
Foreign
Office,
2 de noviembre de 1917.
Estimado Lord Rothschild,:
Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su
Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las
aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida
al Gabinete y aprobada por él.
«El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el
establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el
pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para
facilitar la realización de este objetivo, quedando bien
entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los
derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías
existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto
político de que gocen los judíos en cualquier otro país.»
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en
conocimiento de la Federación Sionista.
Sinceramente suyo,
Arthur James Balfour.
En noviembre de 1947, la ONU aprueba la división del
protectorado de Palestina en dos estados, uno judío y otro
árabe. El 14 de mayo de 1948, mientras los británicos
abandonan la zona, es proclamado el nuevo estado de Israel.
David Ben Gurión, uno de los lideres del movimiento
sionista, lee la Declaración de Independencia del Estado de
Israel y se convierte en el primer presidente del país.
Declaración de independencia de Israel
14 de mayo de 1948
Eretz-Israel
(Tierra de Israel) fue el lugar de nacimiento del pueblo
judío. Aquí toma forma su identidad espiritual, religiosa y
política. Aquí obtuvieron por vez pri mera un Estado,
crearon valores culturales de importancia nacional y
universal y aportaron al mundo el Libro de los Libros.
Después del exilio forzoso de su tierra, el pueblo mantuvo
su fe a través de su dispersión y no cesó de rezar y de
esperar la vuelta a su tierra y la restauración en ella de
su libertad política.
Empujados por estos lazos históricos y tradicionales, los
judíos se esforzaron a través de las generaciones en
establecerse de nuevo en su antigua tierra. En las últimas
décadas volvieron en masa. Pioneros «mapilim» (inmigrantes
que van a Eretz-Israel desafiando la legislación restictiva)
y defensores hicieron florecer el desierto, re vivir la
lengua hebrea, construyeron pueblos y ciudades, y crearon
una comunidad próspera controladora de su propia economía y
cultura, amante de la paz pero sabiendo defenderse,
aportando los bienes del progreso a los habitantes de todos
los países, y aspirando a una nación independiente.
En el
año 5657 (1897), en el requerimiento del padre espiritual
del Estado Judío Theodor Herzl, el Primer Congreso Sionista
convino y proclamó el derecho del pueblo judío a su
renacimiento nacional en su propio país
Este
derecho fue reconocido en la Declaración de Balfour de 2 de
noviembre de 1917, y reafirmado en el Mandato de la Liga de
las Naciones que en concreto sancionó la conexión histórica
entre el pueblo judío y Eretz-lsrael y el derecho del pueblo
Judío a rehacer su Casa Nacional.
La
catástrofe que recientemente padeció el pueblo judío —la
masacre de millones de judíos en Europa— fue otra
demostración clara de la urgencia de la resolución de este
problema de falta de hogar mediante el restablecimiento de
Eretz-lsrael como Estado judío, que abriría ampliamente las
puertas de su tierra a cada judío y daría al pueblo judío el
status de pleno reconocimiento con miembro de la Comunidad
de naciones.
Los
supervivientes del holocausto Nazi en Europa, así como los
judíos de otras partes del mundo, continuaron emigrando a
Erezt-lsrael superando las dificultades, restricciones y
peligros, y nunca cesaron de afirmar su derecho a una vida
digna, libre y honrada en su tierra nacional. Durante la
Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía de este país
participó plenamente en la lucha entre las naciones que
defendían la libertad, paz y amor contra la maldad de las
fuerzas nazis, y con la sangre de sus soldados y su esfuerzo
militar ganó el derecho a figurar entre los pueblos
fundadores de las Naciones Unidas.
El 29
de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones
Unidas aprobó una resolución proclamando el establecimiento
del Estado judío en Erezt-Israel; la Asamblea General
solicitaba la adopción por los habitantes de Eretz-Israel de
todas las medidas necesarias para la ejecución de esta
resolución. El reconocimiento del derecho del pueblo judío a
establecerse en su Estado, hecho por las Naciones Unidas, es
irrevocable.
El
derecho es el derecho natural del pueblo judío de ser dueños
de su propio destino, como todas las naciones, en su propio
Estado soberano.
En
conformidad, nosotros miembros del Consejo del Pueblo,
representantes de la comunidad judía de Eretz-Israel y del
Movimiento Sionista estamos aquí reunidos en el día del
final del mandato británico sobre Eretz-Israel y, en virtud
de nuestro derecho natural e histórico y la fuerza legal de
la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas
por la presente declaramos el establecimiento del Estado
Judío en Eretz-Israel, que será conocido como Estado de
Israel.
Declaramos que, con efecto desde el momento de la
terminación del Mandato que será esta noche, vísperas del
Sabat, el 6 Iyas 5708 (15 de mayo de 1948), antes del
establecimiento de las autoridades del Estado regularmente
elegidas de acuerdo con la Constitución que deberá adoptarse
por la Asamblea Constituyente elegida no más tarde del 1 de
octubre de 1948, el Consejo del Pueblo actuará como Consejo
Provisional del Estado, y su órgano ejecutivo, la
Administración del Pueblo, será el Gobierno Provisional del
Estado judío, llamado Israel.
El
Estado de Israel estará abierto a la inmigración judía y a
la recogida de los exiliados, fomentará el desarrollo del
país para el beneficio de todos sus habitantes, estará
basado en la libertad, justicia y paz como lo preveían los
profetas de Israel, asegurará la total igualdad de derechos
sociales y políticos a todos sus habitantes, sin
consideración de religión, raza o sexo; garantizará la
libertad de religión, conciencia, lengua, educación y
cultura, protegerá los lugares sagrados de todas las
religiones y será fiel a los principios de la Carta de las
Naciones Unidas.
El
Estado de Israel está dispuesto a cooperar con las agencias
y representaciones de las Naciones Unidas para ejecutar la
resolución de la Asamblea General de 29 de noviembre de
1947, y adoptará todas las medidas necesarias para la unión
económica de todo Eretz-Israel
Apelamos a las Naciones Unidas para que ayuden al pueblo
judío en la construcción de su Estado y para que reciban al
Estado de Israel en el comité de Naciones.
Apelamos en medio del ataque emprendido contra nosotros
desde hace meses a los habitantes árabes del pueblo de
Israel para que conserven la paz y participen en la
construcción del Estado, en las bases de ciudanía plena e
igual y representación correspondiente en todas sus
instituciones provisionales y permanentes.
Extendemos nuestra mano a todos los Estados vecinos y a sus
gentes y ofrecemos paz y buenas relaciones, y apelamos a
ellos para el establecimiento de puntos de cooperación y
ayuda mutua con el pueblo judío establecido en su propia
tierra. El Estado de Israel está dispuesto a hacer todo lo
posible en un esfuerzo común para el progreso de Oriente
Próximo.
Apelamos a todo el pueblo judío de la Diáspora para que
colabore junta con los judíos de Eretz-Israel en la labor de
inmigración y de construcción y para que estén unidos a
ellos en la gran lucha por la realización del sueño de los
tiempos la redención de Israel.
Poniendo nuestra confianza en el Todopoderoso firmamos esta
declaración en esta sesión del Consejo de Estado provisional
en la tierra de nuestro hogar, en la ciudad de Tel-Aviv, en
visperas del Sabat del día 5 de Iyar, 5708 (14 de mayo de
1948).
David
Ben Gurion
Homenaje al Prof. Enrique Rodríguez Fabregat
La
Embajada de Israel en el Uruguay, la Comisión Enrique
Rodríguez Fabregat y el Comité Central Israelita del
Uruguay, llevaron a cabo un acto de conmemoración de
los 60 años de la Resolución de las Naciones Unidas
que decidió la creación del Estado de Israel,
homenajeando así la memoria del
Prof.
Enrique Rodríguez Fabregat
El
mismo se realizó el pasado jueves 29 de noviembre a
las 12.00 horas en la Plazoleta Enrique Rodríguez
Fabregat ( Dr. A. Navarro esq. Manuel Alonso y Atilio
Narancio)
Ofició
de Maestro de Ceremonias y dirigió un saludo el Sr.
Ernesto Stolowicz, en nombre de la Comisión Enrique
Rodríguez Fabregat.
Hizo
uso de la palabra el señor Embajador de Israel, Don Yoel
Barnea.
El
orador central fue el Historiador Prof. Gerardo Caetano,
quien trasmitió un conceptuoso y emotivo discurso.
Sesión Especial de la Asamblea
General del Parlamento Uruguayo
En el
marco de las celebraciones del 60ª aniversario del Plan
de Partición que decidió la partición de Palestina y a
iniciativa del líder de Correntada Wilsonista, Senador
Francisco Gallinal, la Asamblea General aprobó una
moción para que la misma sea convocada a sesión
extraordinaria, la que se realizó el pasado jueves 29 de
noviembre a partir de las 15 horas, en la Sala de
Sesiones.-
En la
misma, los Parlamentarios rindieron homenaje al Estado
de Israel y al diplomático Prof. Enrique Rodríguez
Fabregat.-
La
colectividad judía del Uruguay acompañó con su presencia
dicha iniciativa.
Los
parlamentarios que hicieron uso de la palabra fueron:
Senador Francisco Gallinal (Partido Naciona)
Senador Alberto Cid (Partido Frente Amplio)
Senador Julio María Sanguinetti (Partido Colorado)
Diputado Gustavo Penadés (Partido Nacional)
Senadora Mónica Xavier (Partido Frente Amplio)
Senador Isaac Alfie (Partido Colorado)
Diputado Diego Cánepa (Partido Frente Amplio)
Diputado Iván Posada (Partido Independiente)
Diputado Pablo Iturralde (Partido Nacional)
Diputado Alvaro Alonso (Partido Nacional)
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TOMO 29 DE NOVIEMBRE DE
2007 Diario Oficial Nº
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R E P Ú B
L I C A O R I E N T A L D E L U R U G U A Y
---------------------------
D I A R I
O D E S E S I O N E S
D E L A
ASAMBLEA
GENERAL
TERCER
PERÍODO ORDINARIO DE LA XLVI LEGISLATURA
---------------------------
12ª SESIÓN EXTRAORDINARIA
PRESIDEN EL SEÑOR RODOLFO NIN NOVOA, Presidente
Y
EL ECONOMISTA ISAAC ALFIE, Primer Vicepresidente
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ACTÚAN EN SECRETARÍA LOS TITULARES ARQ. HUGO RODRÍGUEZ
FILIPPINI, DR. MARTÍ DALGALARRONDO AÑÓN, SR. SANTIAGO
GONZÁLEZ BARBONI Y EL PROSECRETARIO, DR. ERNESTO LORENZO
S U M A R I O
1) TEXTO DE LA CITACIÓN.
2) ASISTENCIA.
3) ASUNTOS ENTRADOS.
4) CONMEMORACIÓN DE LOS 60 AÑOS DE LA APROBACIÓN DE LA
RESOLUCIÓN Nº 181 DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES
UNIDAS.
5) SE LEVANTA LA SESIÓN.
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1) TEXTO DE LA CITACIÓN
"Montevideo, 27 de noviembre de 2007.
La ASAMBLEA GENERAL se reunirá en sesión
extraordinaria el próximo jueves 29 de noviembre, a la hora
15, a fin de dar cuenta de los asuntos entrados y conmemorar
los 60 años de la aprobación de la Resolución Nº 181 de la
Asamblea General de las Naciones Unidas.
MARTI DALGALARRONDO HUGO RODRÍGUEZ
FILIPPINI
Secretario Secretario
2) ASISTENCIA
Asisten los señores Senadores, Enrique Antía, Carlos
Baráibar, Juan José Bentancor, Carlos Camy, Alberto Cid,
Susana Dalmás, Eleuterio Fernández Huidobro, Francisco
Gallinal, Gustavo Lapaz, Jorge Larrañaga, Eduardo Lorier,
Rafael Michelini, Carlos Moreira, Luis Óliver, Gustavo
Penadés, Margarita Percovich, Julio María Sanguinetti, Jorge
Saravia, Lucía Topolansky, Víctor Vaillant y Mónica Xavier;
y los señores Representantes Pablo Abdala, Washington Abdala,
Álvaro Alonso, Pablo Álvarez López, Beatriz Argimón, Alfredo
Asti, Luis Batalla, Gloria Benítez, Gustavo Bernini,
Eleonora Bianchi, Eduardo Brenta, Diego Cánepa, Alberto
Casas, Raúl Casás, Margarita Catalogne, Hebert Clavijo,
Roberto Conde, Carlos Corujo, Mauricio Cusano, Richard
Charamelo, Silvana Charlone, Álvaro Delgado, Juan José
Domínguez, Gastón Elola, Carlos Enciso Christiansen, Sandra
Etcheverry, David Fernández, Eduardo Fernández, Carlos
Gamou, Jorge Gandini, Javier García, Óscar Groba, Tabaré
Hackenbruch Legnani, Doreen Javier Ibarra, Pablo Iturralde
Viñas, Luis Alberto Lacalle Pou, Jorge Machiñena, José
Carlos Mahía, Rubén Martínez Huelmo, Pablo Martins, Eduardo
Medeiros, Eloísa Moreira (1), Gonzalo Mujica, Pablo Naya,
Gonzalo Novales, Jorge Orrico, Edgardo Ortuño, Mary Pacheco,
Daniela Payssé, Pablo Pérez González, Gonzalo Pessi, Enrique
Pintado, Iván Posada, Jorge Pozzi, Juan A. Roballo, Luis
Rosadilla, Javier Salsamendi, Jorge Schiappapietra, Víctor
Semproni, Arthur Souza, Juan C. Souza, María del Carmen
Suárez, Albérico Sunes, Héctor Tajam, Roxana Tejera,
Carlos Varela Nestier y Horacio Yanes.
Faltan: con licencia, los señores Senadores Sergio Abreu,
José Korzeniak y Eduardo Ríos; y los señores Representantes
José Amorín Batlle, Miguel Asqueta Sóñora, Manuel María
Barreiro, Gustavo Borsari Brenna, Sergio Botana, José Carlos
Cardoso, Federico Casaretto, Nora Castro, Alba M. Cocco
Soto, David Doti Genta, Gustavo A. Espinosa, Luis José Gallo
Imperiale, Gustavo Guarino, Fernando Longo Fonsalías, Álvaro
F. Lorenzo, Guido Machado, Carlos Maseda, Ivonne Passada,
Jorge Patrone, Daniel Peña Fernández, Adriana Peña
Hernández, Alberto Perdomo Gamarra, Aníbal Pereyra, Darío
Pérez Brito, Esteban Pérez, Edgardo Rodríguez, Nelson
Rodríguez Servetto, Hermes Toledo Antúnez y Homero Viera ;
con aviso, los señores Senadores Juan Justo Amaro, Alberto
Couriel, Eber Da Rosa, Luis Alberto Heber, Julio Lara Gilene
y Ruperto Long, y los señores Representantes Roque Arregui,
Julio Basanta, Bertil R. Bentos, Daniel Bianchi, Juan José
Bruno, Rodolfo Caram, Germán Cardoso, Julio Cardozo
Ferreira, Ana De Armas, Julio César Fernández, Daniel García
Pintos, Carlos González Álvarez, Rodrigo Goñi Romero, Diego
Guadalupe, Uberfil Hernández, Daniel Mañana, Carlos Mazzulo,
Jorge Menéndez, José Quintín Olano Llano, Jorge Romero
Cabrera, Carlos Signorelli, Ramón Simonet, Jaime Mario Trobo
y Álvaro Vega Llanes; y, sin aviso, el señor Senador Alberto
Breccia y los señores Representantes Víctor Barragán, José
Luis Blasina, Homero Bonilla, Alma Gallup, Nora Gauthier,
Mario Perrachón, Raúl Servetto y Mónica Travieso.
4) CONMEMORACIÓN DE LOS 60 AÑOS DE LA APROBACIÓN DE LA
RESOLUCIÓN Nº 181 DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES
UNIDAS
SEÑOR PRESIDENTE.- La Asamblea General ha sido convocada a
fin de conmemorar los 60 años de la aprobación de la
Resolución Nº 181 de la Asamblea General de las Naciones
Unidas, mediante la cual se creó el Estado de Israel.
Tiene la
palabra el señor Legislador Gallinal.
SEÑOR GALLINAL.- Señor Presidente: la bancada de
legisladores del Partido Nacional promovió esta iniciativa
-que contó con el respaldo del Parlamento Nacional a través
de una decisión aprobada por esta Asamblea General con el
voto de todos los partidos políticos- con el propósito de
recordar un acontecimiento singular y de particular
importancia en la vida de las naciones, del que hoy se
cumplen 60 años.
En
primera instancia, queremos saludar a quienes han sido
especialmente invitados a participar de este evento, de esta
conmemoración, recordando la historia, mirando hacia atrás y
buscando las fuentes de inspiración que nos permitan, cada
vez más, mirar hacia delante. En ese sentido, saludamos la
presencia del Embajador de Israel en el Uruguay, señor Yoel
Barnea, y de los representantes del Comité Central Israelita
del Uruguay, de la Comunidad Israelita del Uruguay, de la
Comunidad Israelita Sefaradí, de la Nueva Congregación
Israelita, de la Comunidad Israelita Húngara, de la
Organización Sionista del Uruguay, del Congreso Judío
Latinoamericano, de la B'nai B'rith, del Comité de Entidades
Femeninas Israelitas del Uruguay (CEFIDU) y del Museo del
Centro Recordatorio del Holocausto, como así también a todos
los amigos y amigas, y a los jóvenes que hoy llenan estas
barras del Parlamento Nacional.
Señor
Presidente: 60 años atrás la Organización de las Naciones
Unidas nombraba una Comisión Especial para Palestina
(UNSCOP) con la misión de resolver la disputa entre judíos y
árabes, compuesto por representantes de once países entre
los cuales se encontraba Uruguay, que desempeñó un papel
fundamental de la mano del profesor Enrique Rodríguez
Fabregat, a quien hoy también estamos homenajeando por la
dignidad y el orgullo que significa para el país haber
contando con un representante de este perfil y condiciones
en esas circunstancias. Después de varios meses de
auditorías e informes, el 29 de noviembre de 1947, la
Asamblea Plenaria de la ONU votó el plan de partición
recomendado por la UNSCOP, siendo el resultado final de 33
votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones. En la
Resolución Nº 181 se dispuso la partición de la tierra en
dos Estados para dos pueblos, un "Estado judío" y un "Estado
árabe" en Palestina, con Jerusalén como "corpus separatum"
regido por un régimen internacional especial. Las fronteras
del Estado judío habían sido dibujadas, en aquel momento,
según las poblaciones predominantemente judías y la otra
parte fue adjudicada al Estado árabe. Ambos se mantendrían
unidos por cruces territoriales y la complementación
económica.
El pueblo judío, exterminado por el holocausto,
aceptó la idea y construyó un Estado que, a pesar de la
escasez de recursos naturales, hoy es modelo de crecimiento
y desarrollo para el mundo en tecnología, medicina, ciencias
y agricultura.
En mayo de 1948, con el nacimiento de Israel, pudo haber
nacido el Estado árabe palestino, pero no fue así. Se pudo
evitar refugiados árabe y más refugiados judíos, a la vez
que trabajar para que existiese un Estado palestino y uno
judío que viviesen lado a lado y en fraterna colaboración.
Pero esa decisión, de todas formas, abrió una puerta enorme
hacia al futuro.
Recordando estas circunstancias queremos dar lectura a lo
que en su momento escribiera Marcos Aguinis. Decía: "Hay
muchos que suponen que Isarel surgió de súbito como
consecuencia de la Partición votada por las Naciones Unidas
y la temeridad de proclamar su Independencia en el '48,
cuando cesaba el Mandato Británico. La gente se olvida de
que esos fueron actos formales, porque el Estado de Israel
ya existía. No era regalo de nadie sino producto de una
tarea ímproba, llena de idealismo y tenacidad. Por eso, la
pequeña población del flamante Israel pudo vencer a siete
ejércitos árabes y, al mismo tiempo, recibir a centenares de
miles de refugiados que venían del Holocausto y de la
expulsión masiva que realizaron los países árabes como
venganza por su derrota".
Respecto de estas expresiones de Aguinis, debemos decir que
las compartimos en tanto creemos firmemente que el Estado de
Israel no es producto de una decisión; es producto de una
lucha, de un sentido de pertenencia, de una vocación de
libertad e independencia y esta decisión que hoy
conmemoramos, es un eslabón más, fundamental, en esa lucha,
insisto, producto de esa vocación libertaria e
independentista.
Han pasado sesenta años de esta histórica
resolución y quizás pueda señalarse que poco se ha avanzado
en la búsqueda de una paz real a la vista de los hechos de
los últimos años, que nos han demostrado que la violencia
sólo provoca más violencia, alejando aún más las
posibilidades de encontrar soluciones pacíficas al
conflicto. Hoy vemos con gran beneplácito una luz de
esperanza, luego de seis años de estancamiento, en esta
Cumbre que acaba de finalizar y que da inicio a una nueva
oportunidad para la paz. Esta oportunidad no puede ser
ignorada frente a los palestinos que siguen sin un Estado
reconocido; pero, por otro lado, no ignoramos el sufrimiento
del pueblo de Israel que continúa inseguro y aterrorizado
rodeado por sus vecinos.
Estamos convencidos de que el Presidente Abbas y el Primer
Ministro Olmert son sinceros en su empeño de poner fin a la
incertidumbre y al sufrimiento con que viven sus pueblos
desde hace décadas. Apenas unas horas nos separan de ese
suceso trascendental que significa la Cumbre de Annapolis.
En la misma hay señales positivas, a pesar del escepticismo
de muchos, de que puedan empezar a darse pasos en la
dirección correcta. El Gobierno de Israel ha manifestado su
disposición de cumplir sus obligaciones conforme a la Hoja
de Ruta. Por su parte, el lado palestino ha declarado su
intención de dar los pasos necesarios para establecer la ley
y el orden, el control de la violencia y el combate al
terrorismo para fines del año 2008.
Entre los temas críticos fundamentales
estuvieron presentes las cuestiones del Estatuto de
Jerusalén, la frontera del futuro Estado que se cree, la
situación de los refugiados palestinos y la cuestión de los
recursos hídricos. El documento suscrito no es, obviamente,
un acuerdo de paz; pero sí un compromiso para negociar la
paz.
Nadie puede desear la paz más que ellos. No obstante,
estamos convencidos de los principios rectores del derecho a
la autodeterminación de los pueblos y a la convivencia de
dos Estados como Israel y Palestina, viviendo uno al lado
del otro en paz y seguridad. Por ello, como país que ha
desempeñado un papel importante en este conflicto desde sus
comienzos, el nuestro no puede eludir su responsabilidad de
contribuir, en la manera que pueda, al logro de una
solución.
Durante todos estos años, señor Presidente,
hemos sido espectadores de escenarios de horror a través de
los medios de comunicación, no siempre expuestos de la
manera más equitativa, que es otro de los tantos temas
injustificables de este conflicto. Aquellos que siguen las
noticias y sus análisis acerca de los acontecimientos en
Israel y la zona de Oriente Medio, verán que muchas veces es
usual mostrar y acusar a Israel de expansionista ignorando
el historial de un país que ha demostrado, cada vez que hay
una posibilidad de entendimiento o de paz, estar dispuesto a
entregar territorios que, cabe aclarar, no le corresponden:
la devolución del desierto de Sinaí a Egipto luego de los
acuerdos de paz con ese país en 1978, territorios a Jordania
luego del reconocimiento mutuo de ambos Estados, el retiro
de Gaza y zonas de Cisjordania tras los Acuerdos de Oslo de
1993 y 1994, la retirada del Líbano en el año 2000 y la
retirada unilateral de toda Gaza en 2005.
Nosotros este año tuvimos la oportunidad de
conocer Israel y cuando uno llega allí, sinceramente, no
siente que está en un país en guerra, sino que muy por el
contrario, en ese Estado se respira libertad, y uno se
pregunta cómo no domina aquí el ambiente cargado por el peso
del conflicto. Este sentimiento de libertad con el espíritu
inquebrantable está presente en cada uno de los ciudadanos
israelíes con los que tuvimos contacto. Ni una realidad
política compleja ni una situación de gran conflicto, han
logrado interrumpir la pujanza de un país que crece. Esto es
algo que nos llamó la atención y creemos que forma parte de
ese espíritu emprendedor que reconocemos en muchos de los
israelíes de allá y en muchos de aquellos que emigraron y
que hoy, compatriotas, eligieron a nuestro país para vivir y
formar sus familias.
Vivimos con mucha intensidad la experiencia de
conocer un lugar como Yad Vashem, y de esta forma pudimos
compartir, hasta donde somos capaces, sus sentimientos, sus
permanentes cicatrices, tal como lo hiciéramos en ocasión
del Homenaje del 27 de enero de este año en oportunidad del
recordatorio del Día Internacional de Conmemoración anual en
memoria de las víctimas del Holocausto del pueblo judío.
Desde la Comisión Permanente, donde fortalecimos el
compromiso de recordar para nunca olvidar, se rindió tributo
para que no se repitan jamás atrocidades así, para bien de
nuestras futuras generaciones.
Decía Golda Meir: "Podemos perdonar a los
árabes por asesinar a nuestros chicos. No podemos
perdonarlos por forzarnos a matar los suyos. Sólo tendremos
paz con los árabes cuando ellos quieran más a sus hijos de
lo que nos odian a nosotros".
Señor Presidente: el pueblo de Israel está
cansado de guerra. Ya son varias las generaciones de
ciudadanos que defienden el país con una mano y trabajan con
la otra. Pero la paz es también anhelada por una gran parte
del pueblo palestino en el que no habita el odio en sus
almas ni justifica el terrorismo como forma de acción
política y que es perfectamente capaz de vivir en armonía
con sus vecinos judíos buscando forjar un futuro civilizado
para sus descendientes. Ejemplo de ello son las respectivas
colectividades de ambos orígenes que nos honran en nuestro
país con su presencia y los valiosos aportes que hacen a
nuestra sociedad. Todos ellos, sabemos, despliegan sus
mejores esfuerzos en esta causa, y tengan entonces la plena
confianza de que desde nuestro lugar, seguiremos bregando en
procura de una pronta y definitiva paz entre pueblos que
tienen mucho en común y que históricamente han compartido la
Tierra Santa.
Esperamos que este día internacional sirva para
dar un nuevo ímpetu al proceso de paz, de tal manera que los
objetivos de crear un Estado para los palestinos y
garantizar la seguridad del Estado de Israel se hagan
realidad antes de que esta tragedia siga cobrando más vidas.
El Partido Nacional, nuestra colectividad
política, en cuya representación nos toca hablar, está
consustanciado con estas causas. Promovió desde el Gobierno
Nacional y bajo la Presidencia del doctor Lacalle, la
derogación de la Resolución Nº 3379 de la Asamblea Genera de
las Naciones Unidas, aprobada el 10 de noviembre de 1975,
por 72 votos a favor y 35 en contra. Felizmente, uno de
estos fue el voto del Uruguay. Lamentablemente, aquella
indigna resolución había equiparado al sionismo con el
racismo en general y con el apartheid sudafricano en
particular y fue derogada, como decíamos, en el año 1991 y
el Uruguay tiene el honor de haber sido coautor de la moción
en función de la cual se derogó.
También en esos años, a iniciativa del Poder
Ejecutivo, con el apoyo del Parlamento Nacional en forma
unánime y a través de la aprobación de distintas leyes, se
construyó en 1994 el Memorial del Holocausto del Pueblo
Judío: un símbolo de lo que es el Uruguay y del pensamiento
que nuestro país tiene respecto a estos episodios, a estos
hechos de la historia mundial.
Finalmente, señor Presidente, queremos dejar un
saludo afectuoso a todos los presentes y a las comunidades
judía y palestina del Uruguay en particular, expresando
nuestra solidaridad con unos y con otros del mismo modo.
Ambos pueblos tienen derechos y obligaciones, heridas
profundas y dolores tremendos.
Con el pueblo palestino, reafirmamos nuestra
convicción de que la paz es posible y que es posible también
alcanzar el establecimiento de un Estado Palestino, mientras
que hacemos énfasis en la voluntad de trabajar no sólo por
el "derecho a existir" de Israel, después de 59 años de vida
independiente, sino también, como decía con sabias palabras
el Papa Benedicto XVI, por "el justo derecho de Israel de
vivir en paz".
Muchas gracias, señor Presidente.
(Aplausos en Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores,
tiene la palabra el señor Legislador Cid.
SEÑOR CID.- Señor Presidente: saludo al señor Embajador del
Estado de Israel, aquí presente: bienvenido a esta Casa.
Saludo, asimismo, a los Presidentes y a los integrantes de
las distintas comunidades judías que hoy nos acompañan y a
la comunidad judía en su conjunto. Gracias por estar
presentes.
Quiero comenzar esta conmemoración reconociendo
lo importante que resulta la iniciativa que el Partido
Nacional presentó, a través de las palabras del señor
Senador Gallinal, convocando a esta Asamblea General para
festejar los 60 años de la fundación del Estado de Israel.
No se hubiera entendido, realmente, que un país
como el Uruguay, que tuvo un papel tan importante en su
gestación, dejara pasar en silencio este aniversario. El
Gobierno de la época que encabezaba el Presidente Luis
Batlle Berres, del Partido Colorado, y su representante en
la UNSCOP -Comisión Especial de Naciones Unidas para la
cuestión de Palestina-, profesor Rodríguez Fabregat, así
como también el doctor Secco Ellauri, fueron actores
destacadísimos en la creación del Estado de Israel. A los
uruguayos nos llena de orgullo esa gestión, y también el
hecho de saber que ella es compartida por todo el pueblo
uruguayo.
Pero no sólo por el pasado, sino también por el
presente, hubiera sido negativo dejar pasar desapercibido
este hecho. Quienes año a año asistimos al recuerdo de un
hecho luctuoso para la humanidad, como fue la "Noche de los
Cristales Rotos", vemos a nuestro Presidente asistir y
comprometerse con ese recuerdo, pero también vemos asistir
sistemáticamente a nuestros ex Presidentes. Cualquiera fuere
su identificación política, todos ellos han estado presentes
en la ratificación de un compromiso con el Estado de Israel
y con el pueblo judío. Allí también hemos visto a
legisladores y a Presidentes de Directorios, así como a
Presidentes y Secretarios del Partido Colorado.
El pasado martes 27 de noviembre concurrimos,
una vez más, a recordar aquellos hechos y pudimos apreciar
cómo se valora la presencia de los uruguayos no judíos en
esa fecha de tantos recuerdos dolorosos, porque a partir de
entonces empezó una práctica sistemática en contra de la
colectividad.
Así, pues, ahora que veo a esa misma
colectividad aquí presente, representada en un número
importante de integrantes, a ellos me dirijo para decirles
lo siguiente. En realidad, no nos deberían agradecer a
nosotros nuestra presencia, sino que somos nosotros mismos
quienes debemos agradecerles la de ustedes, así como también
su constancia en recordar estos hechos luctuosos, porque nos
reafirman en la necesidad de tener presente siempre todo
esto y que el olvido no construye historia. Ustedes han sido
perseverantes, además de constituir un ejemplo para el mundo
entero en esa práctica que nos recuerda ese hecho luctuoso.
Precisamente, el recordar constituye un acto de
amor y de reconocimiento a millones de personas que fueron
asesinadas por el régimen nazi; omitir esa recordación
constituiría un acto de desaprensión que no sería posible
entender. Digo que es un acto de amor, porque ese día se
recuerda el comienzo de una estrategia de exterminio que
debe ser entendido por las nuevas generaciones, a fin de que
la humanidad reviva en esa causa el compromiso necesario
para que nunca más vuelva a pasar. Reitero: para que nunca
más vuelva a pasar.
Por estos días en que se escuchan voces que
niegan el holocausto, en que se proclama la voluntad de que
desaparezca el Estado de Israel, en que crece el
armamentismo de vecinos poderosos que hacen alarde de su
potencialidad atómica -que construyen cohetería que
alcanzaría al Estado de Israel-, en que se bombardea
constantemente los asentamientos fronterizos y en que se
denuncia la participación de un vecino del país en el
atentado de la Amia, dirigido a matar civiles inocentes,
ancianos y niños, debemos mantener vivo el recuerdo del
pasado. Nunca más debemos olvidar este pasado. No debemos
olvidar jamás que Occidente no prestó atención a lo que
sucedía en Alemania en 1938 y antes de esa fecha, y que no
evitó de ninguna manera que se concretase la masacre atroz,
que se pusiera en marcha lo que los nazis llamaron "solución
final". Cabe preguntarse, entonces, cuando se proclama como
objetivo que se quiere hacer desaparecer a Israel, si
nuevamente no se está proclamando una "solución final".
Ahora, en las palabras de un querido amigo,
Mauricio Rosencof, escritas en el libro entrañable "Las
cartas que no llegaron", quiero recordar cómo se vivía y qué
grado de antisemitismo existía en Europa. Debo recordar que
esta obra está dirigida a los padres de Rosencof, judíos
polacos que vinieron al Uruguay. En la página 115 de la
edición que tengo en mi poder, el autor escribe lo
siguiente: "En el pueblito polaco no fuiste más que un
nativo en tránsito. Los pogromos dos por tres (más bien por
tres) te lo recordaban, te lo recordaban, te lo recordaban a
vos y a tus papás a tus hermanos a los sobrinos, a todos, no
son nativos no son de acá, acá están de paso chau. Y eso lo
sabían tus papás tus hermanos, todos, por eso no abandonaron
el idioma, papá; eran polacos, sabían polaco, era el idioma
casi nativo pero no largaron el yiddish, sabías yiddish, lo
hablabas lo escribías lo leías, y sabías de Talmud y Sholem
Aleijhem, y eso lo trajiste contigo cuando te desterraste
del pueblito y dejaste a mamá y a León, chiquito, muy
chiquito para ver si había en América una tierra sin
pogromos, no viniste a hacerla, estaba hecha, vos sabías que
estaba hecha y sólo querías saber, constatar que te podías
afincar sin polacos con antorchas y vodka y gritos, que
disparaban contra las cabañas de judíos y prendían fuego".
Esto era Polonia, señor Presidente, y esto era
Europa. Era una actitud de Europa; por eso digo que cuando
la colectividad judía recuerda, hace muy bien porque debemos
anticiparnos a estas actitudes en contra del pueblo judío.
En realidad, esa actitud no está desvinculada de la que
asumiera Gran Bretaña en su momento, porque algunos
interpretan que el comienzo de una iniciativa para que
Israel tuviese la Patria prometida no surgió
espontáneamente, sino que fue fruto de una actitud
antisemita. Esto es algo que debemos tener muy en claro.
Esa actitud de desatención al problema no
reproduce lo que significó la publicación del Libro Blanco
del gobierno de Chamberlain del año 1938 que suspendió la
inmigración de los judíos hacia Palestina, dejando indefenso
a millones de ellos, prontos para la "solución final".
Creo, señor Presidente, que si hay algo que
ejemplifica hasta dónde se está dispuesto a llegar para
hostigar al Estado de Israel, es lo que ha sucedido
recientemente en Gaza, donde se llegó al enfrentamiento
militar entre palestinos -entre árabes- y a la muerte de
decenas de ellos. La causa de esto es la rivalidad de las
dos fracciones que conviven en la zona, de Al Fatah y Hamas
y su diferente postura frente a Israel; a la primera se le
castiga con la muerte de sus integrantes por tener una
actitud más dialoguista -aunque no me atrevo a decir que sea
del todo dialoguista-, dispuesta a la búsqueda de acuerdos.
Entonces, debemos ver esto como una advertencia y contemplar
hasta dónde llega el grado de intransigencia del pueblo
palestino.
Confieso que estos hechos me hacen sentir poco
optimista con relación a este encuentro programado a
realizarse en la ciudad de Annapolis; en realidad, no soy el
único, pues algunos periodistas judíos comparten esta visión
un tanto pesimista. A mi entender, esto constituirá una
nueva frustración para Israel y también para los palestinos
de buena voluntad, que existen. Aquellos palestinos que
sistemáticamente fueron a trabajar a Israel, aquellos que no
quieren vivir en la miseria, aquellos que anhelan tener un
Estado palestino, anhelan la paz. Entonces, tenemos que
buscarlos y hacerles perder esa visión crítica de que quien
opina a favor de Israel, es un traidor. Conocemos esa
dinámica, esa filosofía y esa modalidad de pensamiento.
Hace exactamente diez años, señor Presidente,
cuando se conmemoraban los 50 años de la Proclamación del
Estado de Israel, me pidieron una colaboración para una
publicación de la colectividad judía -no sé por qué no se
publicó, pero eso no era lo importante- y ese artículo lo
denominé: "El demasiado largo proceso de Paz". ¡Qué irónico
suena diez años después que haya titulado ese artículo como
"El demasiado largo proceso de Paz"! Lo digo porque paz
nunca ha tenido Israel en estos 60 años. En aquel momento
existía una visión más optimista debido a algunos acuerdos
puntuales alcanzados y, además, teníamos el antecedente del
encuentro de Washington de 1993. Sin embargo, debo confesar
que hoy carezco de esa visión optimista y creo que nos hemos
retrotraído a los peores momentos de la relación entre los
musulmanes y el Estado judío.
Señor Presidente: no puedo evitar referirme a
las actuales circunstancias que atraviesa Israel y a las
pasadas que vivió el pueblo judío, pues tenemos claro que su
creación ha sido un largo y nada fácil recorrido, para un
país que ha tenido que recurrir a la guerra para sobrevivir.
Más allá de esta situación harto repetida a lo largo de su
historia, hoy el Estado de Israel cumple sus 60 años de
existencia. Esto es algo que ayuda a pensar simbólicamente a
favor de ese Estado, cercado por enemigos desde su propio
nacimiento. Durante ese tiempo, ha tenido que superar la
adversidad de ser un país que comenzó a nacer del lado de la
guerra.
Natán Alterman, en una poesía ejemplar sobre lo que ha sido
el nacimiento del país, decía: "Entonces, la nación bañada
en lágrimas y encanto, habló y preguntó ¿Quiénes son
ustedes? Y ambos con calma respondieron: somos la bandeja de
plata sobre la que se concedió el Estado Judío ...". Los que
contestaban esa pregunta eran dos jóvenes soldados
uniformados, que venían de defender su Estado naciente, para
participar del festejo de su creación. ¡Qué fantástico: eran
jóvenes que venían de la guerra para permitir que
persistiera el Estado Judío! Respecto de la expresión de la
poesía de Alterman, sabiamente Weizmann señalaba: "No se le
concede un Estado a un pueblo en bandeja de plata". Como
dije, ellos respondían: "Somos la bandeja de plata sobre la
que se concedió el Estado Judío ..."
Recordemos brevemente la gestación del Estado
de Israel. Ya desde 1917 la Declaración de Balfour prometía
un Hogar Nacional para los judíos y se abría la posibilidad
de inmigración hacia Palestina. Ese no era un acto generoso,
sino fruto de lo que señalamos con anterioridad: esa
percepción antisemita que se tenía en toda Europa. Fueron
miles los que emigraron a Palestina para recuperar su
derecho a vivir en la tierra de sus ancestros.
Lamentablemente, en el juego diplomático previo a la Segunda
Guerra Mundial, se limitó esa posibilidad dejando a millones
de judíos en las manos irracionales del nazismo. Sólo
después de la Segunda Guerra Mundial, luego de la
comprobación de los crímenes y de la habilitación de campos
de refugiados al este y al oeste de Europa, se toma
conciencia de la necesidad de crear el Estado de Israel.
¿Acaso Occidente no permeó de espías a la Alemania nazi y a
los campos de guerra, como para desconocer lo que allí
ocurría? Esto queda como una pregunta planteada.
Nuestro querido profesor Rodríguez Fabregat
-tengo entendido que al mediodía de hoy fue recordado en un
acto realizado en el Parque Batlle y Ordóñez-, en su informe
a la UNSCOP, al preguntarse por qué era necesaria la
creación de un Estado judío, decía que era "para terminar
justamente esa forma de discriminación y extrañamiento de
persecución contra un sector de la humanidad" y agregaba
"del total de muertos por el nazismo, un millón y medio eran
niños".
El año pasado, señor Presidente, estuve en
Washington invitado por el Gobierno de los Estados Unidos
para analizar el complejo tema de los transgénicos, y por
recomendación de algún amigo de la colectividad judía, tenía
el objetivo de visitar, en el tiempo libre, el Museo del
Holocausto. Allí pude ver, nuevamente, mucho de lo que el
nazismo provocó a la humanidad y, en especial, al pueblo
judío. No vi cosas muy diferentes de las que vemos en los
medios de comunicación de nuestro país, pero sí quedaron
grabados en mi retina dos hechos que, por su simbología,
tenían un alto contenido afectivo. Uno era la réplica de un
vagón en el que transportaban a la gente hacia los campos de
exterminio. En ese momento no pude evitar imaginar el
apretujamiento de los transportados, el calor, el frío, la
sed, el hambre, el orín en la ropa, la desesperación de no
saber qué destino tendrían y los niños en brazos. El otro
cuadro fue el de miles de zapatos acumulados de hombres,
mujeres y niños que habían sido asesinados por el solo hecho
de ser judíos. Viendo esa secuencia de testimonios, me
preguntaba, señor Presidente, qué locura invadía al mundo en
esa época y qué había pasado en un pueblo como el alemán,
donde otrora convivieron alemanes y judíos, para llegar a
esa pérdida brutal y atroz de valores. No era la guerra
donde se mata o se muere, era la minuciosidad de planear
cómo matar al prójimo, cualquiera fuera su sexo y su edad;
la búsqueda de la perfección metodológica para matar.
El martes 27 en la B'nai B'rith se encendieron
las velas del candelabro simbólico de la colectividad judía.
Una a una, fueron encendidas por sobrevivientes del
holocausto. La menorá recibió seis ancianos sobrevivientes
del Holocausto y, en forma simultánea, aparecía una breve
semblanza de vida y en una placa la fecha de su arribo al
Uruguay. Por lo menos en estos casos, aunque la diáspora se
dio masivamente, habían llegado al país entre 1947 y 1950,
huyendo de una Europa empobrecida pero que básicamente
seguía siendo hostil hacia la colectividad que se encontraba
empobrecida, perseguida, escarnecida y que alojaba a los
sobrevivientes del holocausto en campos de refugiados.
Mauricio Rosencof en "Las cartas que no
llegaron", en ese libro entrañable, refiriéndose a la
emigración de sus padres desde Polonia, escribía: "Porque
uno piensa que irse de un país a otro es cosa de valija,
nomás". Y no podía dejar de pensar -recordando esta frase y
todo lo que esta gente dejó atrás, incluso los que dejaron
Israel, estos ancianos, cuando encendían las velas de ese
símbolo de paz, justicia, luz, regocijo, alegría y honra que
es la menorá- en todo lo que dejaban atrás: seguramente,
mucho dolor, seres queridos sin entierro siquiera, muchas
imágenes de horror. Pero su vida no fue siempre así y eso es
lo impactante. Antes del terror, era gente sin miedo que
vivía normalmente, ciudadanos de un país que trabajaban,
mandaban sus hijos a la escuela, compartían las comidas en
familia y también rezaban en familia e iban a su sinagoga.
Entonces, pienso en qué sabio es Rosencof porque en esa
simple frase resume todo el dolor y la nostalgia del
desarraigo.
Antes de terminar mi exposición, señor
Presidente, quiero trasmitir un agradecimiento a mi bancada
del Senado por darme el honor de recordar una nueva fecha de
la fundación del Estado de Israel. Muchas veces no tenemos
ámbitos para expresar lo que sentimos y me congratulo de que
me hayan permitido hacerlo en esta oportunidad.
Por último, en esta conmemoración de un nuevo
aniversario de la fundación del Estado de Israel hice una
referencia breve porque, como rezaba el cartel en el frente
de la B'nai B'rith: "Sin memoria no hay historia". Y creo
que tenemos que contribuir a escribir la historia desde la
solidaridad con los que sufrieron.
Nada más. Muchas gracias.
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores,
tiene la palabra el señor Legislador Sanguinetti.
SEÑOR SANGUINETTI.- Señor Presidente: es este un acto
honroso para el Parlamento porque recuerda ese día tan
trascendente en la vida de Occidente y en la tan dramática
historia del siglo XX. Esa centuria sufrió dos Guerras
Mundiales y vio nacer, desarrollar y debió padecer las
filosofías antiliberales del fascismo, el falangismo, el
nazismo y el comunismo. De este modo, adoleció de la
angustiosa lucha por la construcción de un mundo libre y un
sistema democrático basado en la dignidad del hombre. Hay
muy malas historias para contar del siglo XX, pero también
hay algunas felices. Esta, la de la creación del Estado de
Israel quizás sea la más significativa, porque fue la propia
organización internacional la que lo reconoció, lo logró y
lo construyó luego de un largo esfuerzo y un enorme
sacrificio. Quizás, si hoy mismo tuviéramos que crear la
propia Organización de las Naciones Unidas, no lo podríamos
hacer. Dudo que hoy estuvieran dadas las condiciones de
unanimidad en el mundo para crear una organización como las
Naciones Unidas y que todos pudiéramos votarla.
En aquel entonces, luego del horror de la
Segunda Guerra Mundial, se vivió un momento de
reconciliación que hizo posible, no sólo crear esa nación,
sino también que pudiera llevar adelante esta misión, tan
sustantiva para la construcción del proceso de libertades.
Teodoro Herzl, fundador del sionismo, dijo: "Nuestra
libertad ensanchará la libertad de todos". Esa frase está
cargada de sentido porque, luego del horror del holocausto y
del nazismo, no hubiéramos imaginado un mundo sin la
libertad del pueblo judío. Sin ella no podríamos hablar de
la libertad del resto, sino desde la complicidad -como bien
lo señalaba el señor Senador Cid hace un instante- de
tantos, frente a aquellos horrores que ocurrieron. Quizás no
es hoy el momento de inventariar esas complicidades, pero sí
de poner un acento en el recuerdo de que las hubo y de que,
quizás, eso fue lo que motivó esa chispa de luz con la cual
las grandes potencias y aun los pequeños Estados -pequeños
en cuanto a fuerza militar, pero muy grandes en su fuerza
ideológica, como fueron el Uruguay y Guatemala- pudieron
participar en la construcción del Estado de Israel.
Para el Uruguay es una vieja lucha. Por eso,
para quien habla -y lo hago en nombre del Partido Colorado-
ha sido la vida misma desde los albores de nuestra actuación
política, formado al lado del entonces Presidente Luis
Batlle, quien impulsara esta iniciativa en su carácter de
Presidente, como todos los aquí presentes saben. Pero esto
ya venía de antes. El Uruguay construyó una tradición en
este tema, cuando ya en 1920, en la Sociedad de Naciones,
Alberto Guani plantea el tema judío y sobre el
pronunciamiento de Lord Balfour, apoya la necesidad de un
hogar judío. Balfour era inglés y como tal vivía la dualidad
de ese gran país de las libertades y que además, en la
Segunda Guerra Mundial, había sido la nación de la más
heroica resistencia. Sin embargo, adolecía de una actitud
paradójica, a tal punto que acogió a judíos en sus rangos
más altos cuando se resistía a entregar Palestina.
Precisamente, uno de los más grandes -por lo menos para mí-
ministros de la Reina Victoria fue judío; me refiero, nada
menos, que a Benjamín Disraeli, una figura culminante del
pensamiento y de la vida política. Pero en esa región
operaban otros intereses que todavía siguen pesando.
Para el Uruguay se trató de una larga construcción, que
nace en 1920 y que se plantea nuevamente en 1945, en San
Francisco, cuando se están construyendo las Naciones Unidas.
El Uruguay concurre con una delegación que preside su
Canciller -y se da la particularidad de que es el único en
la historia que antes había sido Presidente de la República;
es un caso muy inusual-, el ingeniero Serrato. Él presidía
la delegación uruguaya que en ese momento plantea el tema
del holocausto, de la persecución del pueblo judío y de la
necesidad de construir un Estado. Aquello cayó mal en el
conjunto de representantes que en ese momento estaban en la
tarea de organizar las Naciones Unidas y sentían que ese
planteo era arrojar una especie de manzana de la discordia.
Esto fue así a tal punto que, luego de un gran discurso que
hizo Héctor Payseé Reyes -que fue también un gran orador en
una época de grandes oradores, como Rodríguez Fabregat,
entre otros-, mucha gente de las grandes potencias se le
aproximan a Serrato a decirle que retirara esa moción
inoportuna -es la palabra utilizada-, pero el Uruguay
insiste en que no va a hacerlo. Finalmente, no se vota, pero
nuestro país la planteó.
Eso tampoco fue casualidad. Porque ya en 1940 en el Uruguay
se había formado todo un movimiento en apoyo de un
movimiento sionista que también había nacido en el país. En
1944, en el Ateneo, se funda un Comité Pro Palestina Hebrea,
que fue fundamental en esta lucha y que estaba integrado por
no judíos. Hubo algunos judíos activistas a quienes es muy
bueno evocar, como es el caso del Doctor Jacobo Hassan, a
quien quiero recordar hoy, porque fue un gran médico, un
hombre bondadoso y un emocionante luchador de esta causa,
desde los primeros días hasta su muerte. Ellos habían
impulsado ese Comité que estaba integrado por no judíos,
cuyo primer Presidente fue el doctor Augusto Turenne y sus
Vicepresidentes fueron Celedonio Nin y Silva y Sabat Ercasty.
Precisamente a Celedonio Nin y Silva no le gustaba la
expresión de Lord Balfour, porque decía que no había que
darle un hogar al pueblo judío, sino reconocerle un Estado.
Nin y Silva era un erudito en estos temas y al respecto
escribió una historia en doce tomos, que -confieso- nunca
leí aunque siempre la miré con un gigantesco respeto, porque
se trataba de alguien que en el Uruguay había podido
escribir doce tomos sobre la historia antigua de los pueblos
de Israel.
En aquel momento entonces comienza a
desarrollarse una lucha, en la que se destacaron grandes
figuras, como Óscar Secco Ellauri, Justino Jiménez de
Aréchaga, Eduardo Couture, Fernández Artucio, Emilio
Frugoni, Jaime Bayley, entre muchos otros. También hubo
políticos que se distinguieron en esas acciones, como por
ejemplo Adolfo Tejera y Alfredo Lepra, grandes militantes de
esta causa.
Cuando aparece el Movimiento Sionista en el
mundo y comienza su lucha en Israel o en Palestina
propiamente dicha, desde aquí se empieza también a dar apoyo
a esos esfuerzos. En 1945 ó 1946 ya estaba formada la
Haganá, es decir lo que luego fue el núcleo central del
Ejército israelí. Pero también había otros grupos que no
respondían a Ben Gurión y que utilizaron para su lucha el
terrorismo, con lo cual se produjeron fuertes divisiones en
el mundo judío, que se trasladaron también a nuestro medio
aunque parezca curioso y paradójico. Es bueno recordar estas
cosas porque nada ha ocurrido como resultado de una decisión
repentina, sino como fruto de una larga lucha. En l946
Palestina constituía un mandato británico de administración
inglesa y, a raíz de los episodios que mencioné y de la
resistencia judía, fue llevado preso todo el comité judío.
Como consecuencia de ello, se realizó un acto público en el
mismo lugar en el que luego se fueron realizando otros de la
misma índole. En definitiva, el tema fue ganando la calle;
recuerdo que aquel acto en el que se reclamó su libertad, se
realizó en Agraciada y 18 de Julio y el orador final fue
Luis Batlle Berres, quien en aquel momento era Presidente de
la Cámara de Representantes.
De manera que se configuró un movimiento
dirigido a crear una conciencia en un pueblo que, si se
quiere, estaba un poco lejano de este tipo de temas y de
esta construcción del nuevo Estado. No obstante, así se fue
avanzando de tal modo que, cuando en 1947 se llega a la
instancia de la Organización de las Naciones Unidas, era
natural que el Uruguay tuviera una posición firme y clara en
este sentido; y la tuvo. En aquel momento el Presidente era
Luis Batlle, el Ministro era Márquez Castro y nuestra
representación en la Comisión que se formó a esos efectos
estaba integrada por Rodríguez Fabregat y Secco Ellauri, ya
que el ingeniero Sisto era un técnico nombrado a fin de que
los ayudara en la tarea de dibujar un territorio. Durante
seis meses realizaron un enorme trabajo; fueron a Palestina
y a Alemania y les tocó vivir una situación muy difícil ya
que, incluso, a Óscar Secco -así lo contó él- no le
otorgaron la visa para ingresar al territorio palestino.
Todo esto generaba una gran dualidad porque Gran Bretaña
había sido el país con el que todos soñamos en los años de
la guerra. También fue un drama para los tantos judíos que
integraron ese movimiento de liberación.
En ese sentido recuerdo, en oportunidad de una visita que
realicé como Presidente, haber preguntado al Presidente
Herzog -tengo para mí el intransferible orgullo de haber
sido el primer Presidente uruguayo que visitó el Estado de
Israel- cuál había sido el peor momento de su vida como
militar. Quiero recordar que Herzog era un militar de larga
historia, de escuela, formado en la Escuela de Sandhurst -la
misma a la que fue Churchill- y se desempeñó como oficial
inglés durante toda la guerra contra Alemania, fundando
posteriormente el Mossad, el célebre Servicio de
Inteligencia israelí. Cuando le hice esa pregunta me
respondió que el peor día de su vida había sido aquel en el
que tuvo que disparar contra su ejército, que era el
británico. Inglaterra generaba -aún en nuestros países- esa
dualidad porque, luego de haber sido la gran heroína de la
guerra, se había convertido en la potencia que se resistía a
la libertad del pueblo judío. En el Uruguay esto también fue
muy importante porque, pese a todo el apoyo que se había
brindado a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, se
llevó adelante toda esa fuerte militancia que, incluso,
superó los debates que se habían registrado durante todo el
período bélico. Se puede decir que en ese momento toda la
sociedad uruguaya y todo el espectro político de nuestro
país acompañaron la posición de Uruguay. Y se vivieron
situaciones muy difíciles mientras se llevaba a cabo el
trabajo de la Comisión, que duró seis meses. Al respecto,
Óscar Secco contaba que había dos posiciones -lo mismo decía
Rodríguez Frabegat-, ya que se discutía si había que crear
dos Estados o constituir un solo Estado confederado o
federado. En cierto momento, Secco que era un gran Profesor
de Historia, relataba que había hecho una exposición sobre
lo que eran la federación y la confederación, porque había
observado que esa diferencia no se entendía bien.
Finalmente, se resolvió llamar a un jurista griego para
explicar la diferencia entre una confederación y una
federación, y también para aclarar lo que significaba la
participación de los Estados. Felizmente, se logró que esta
tesis triunfara por seis votos a cinco, en un total de once
miembros que tenía ese Cuerpo. Los líderes intelectuales de
esta posición fueron, justamente, Uruguay y Guatemala,
Rodríguez Frabegat y García Granados, que fue un gran
político guatemalteco.
Y cuento toda esta historia para decir que esta
es la posición uruguaya de toda la vida, no simplemente algo
que hoy podamos estar celebrando. Fue el resultado de muchos
años; estamos hablando desde 1920 hasta la fecha, en que ha
habido una trayectoria constante. Por supuesto que hubo
debates, matices y divisiones en la Segunda Guerra Mundial
pero, en cuanto a Israel, siempre predominó la corriente de
pensamiento favorable a la construcción del Estado. Y así
fue que se llegó a ese fin de semana del 27 al 29 de
noviembre y a la instancia en que se precisaban dos tercios
de votos que, obviamente, había que conseguir. A última hora
pareció que Francia se iba a abstener, junto con
Inglaterra, y Weizmann -que fue un eminente científico y el
primer Presidente de Israel, que había vivido en Inglaterra
durante los años del exilio y en ese momento se encontraba
muy enfermo- llamó a León Blum -Presidente socialista del
momento- para reclamarle un apoyo que, ciertamente, recibió.
Así se definió la situación: se hizo la partición,
comenzaron los festejos y también los tiros, porque en ese
momento comenzó la guerra informal, que llega hasta la
Declaración de la Independencia que se concreta recién en
mayo del año siguiente. Cuando se retiró el Comisionado
británico, Lord Cunningham, formalmente comenzó la
independencia de Israel con aquel líder que hoy es leyenda:
David Ben Gurión. El Estado de Israel es el que ha acercado
a nuestra generación la posibilidad de haber visto a los
líderes fundacionales de Israel, lo cual es algo emocionante
para nosotros. Para los uruguayos es como haber tenido la
visión humana y directa de los Artigas, de los Rivera, de
los Lavalleja, porque los Ben Gurión, los Golda Meir, los
Dayan, los Rabin, los Weizmann, los Herzog son los que
construyeron ese Estado sobre la base de esa tan heroica
lucha. Esa es la historia y, a su vez, el presente. Y,
felizmente, una actitud que el Uruguay ha mantenido y debe
seguir manteniendo, porque también debe decirse -sin que
esto sea una nota disonante- que en estas siete guerras que
mantuvo Israel, en estas dos Intifadas que tuvo que
soportar, en estas innúmeras batallas, no han faltado las
construcciones mediáticas o los resabios intelectuales a
través de los cuales se ha pretendido cuestionar su acción.
En la última guerra con Hizbolá -no con el Líbano, aunque
fue en territorio libanés-, es decir, con una organización
terrorista no democrática desde un Estado democrático -eso
es lo que importa: las siete guerras y las dos Intifadas
fueron soportadas por Israel desde un Estado democrático que
no se negó a sí mismo-, la posición de Israel muchas veces
quedó sola. Y bien sabemos que Israel en las Naciones
Unidas, la más de las veces, ha quedado solo. Incluso, en la
última guerra con Hizbolá estuvo mucho más solo de lo que
debió haber estado. Era un Estado que se estaba defendiendo
-como siempre lo ha hecho el Estado de Israel- y que no
tenía derecho a perder.
Estos son algunos recuerdos que traigo a Sala y
que me parecía bueno compartir para completar las hermosas
palabras que han expresado los colegas del Parlamento.
Quiero finalizar con algo que entronca con lo
que ya manifesté al principio y es que este tema no es
simplemente de Israel y de los judíos. Nosotros somos parte
de Occidente y pertenecemos a una civilización, es decir, a
una conjunción de ideas, de valores y de libertades, que es
el producto histórico de un mestizaje de culturas y de su
desarrollo que se produce por siglos. Y ese diálogo
original, ¿qué es? Es Jerusalén y Atenas. Jerusalén con la
ley, con el mandamiento, con el código y con la igualdad;
igualdad ante el Superior, que en la visión religiosa es
Dios y en la visión laica serán nuestra moral o nuestros
códigos legales. La igualdad ante el Superior es Jerusalén;
Atenas es la razón, la filosofía, las matemáticas, la
geometría, el arte y el pensamiento. Luego, ambos en Roma se
proyectarán en la construcción jurídica y el cristianismo.
Eso es Occidente. No podemos pensar en Occidente sin
Jerusalén; no podemos pensarnos nosotros mismos, como
occidentales, sin Jerusalén. Este es el sentido de las
Tablas, de la ley, de la igualdad ante el Superior. Eso es
lo que aporta Jerusalén, como núcleo original y como semilla
original fertilizada por el pensamiento lógico de los
atenienses, a la construcción a la cual felizmente
pertenecemos.
Muchas gracias.
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores,
tiene la palabra el señor Legislador Penadés.
SEÑOR PENADÉS.- Señor Presidente: en mi calidad de
Legislador del Partido Nacional me adhiero a la intervención
que en nombre de nuestro Partido político realizara el señor
Legislador Gallinal y que, sumada a la de los restantes
representantes de todos los partidos políticos que han hecho
uso de la palabra y lo harán en el resto de esta sesión,
representa el tributo del Uruguay a los 60 años de la
Declaración de las Naciones Unidas por la que se crea el
Estado de Israel.
Hace sesenta años los hombres reconocieron lo
que Dios le había mostrado a Moisés hace miles de años
atrás: la Tierra Prometida. Tuvieron que pasar miles de años
y un largo padecimiento para que los hombres terminásemos
reconociendo lo que Dios, Nuestro Señor, le habría indicado
a Moisés: dónde estaba la tierra del Canaán, de la leche y
de la miel. Y ese largo peregrinar de un pueblo, de una
nación, de una religión y de una civilización culminó, no
sin dificultades -que se extienden hasta ahora-, cuando
luego de descubierta la Shoá, los pueblos en la Organización
de las Naciones Unidas -donde como bien se ha dicho aquí,
el Uruguay tuvo una activa participación-, reconocíamos que
ese era el territorio que iba a ocupar el Estado de Israel.
Ese era el lugar y no otro, porque bien podría haber sido
otro territorio o estar ubicado en otra parte del Globo,
pero tenía que estar en donde, como dije al inicio, Dios
había marcado que debía vivir el pueblo de Israel.
Ese largo peregrinaje, señor Presidente,
termina cuando el militar interventor, miembro de las
fuerzas inglesas ocupantes de ese territorio, entrega
simbólicamente la llave de Jerusalén en manos de las
autoridades israelíes diciéndoles que después de miles de
años esta llave volvía a manos de sus verdaderos dueños. En
ese momento, teníamos ante nosotros la creación de un Estado
que en el Medio Oriente representaría lo que durante miles
de años la civilización judeo-cristiana había comenzado a
construir, como también se dijo aquí.
Es así, señor Presidente, que ese
reconocimiento lleva mucho de compromiso y, por qué no, de
vergüenza de naciones poderosas que no estuvieron a la
altura de las circunstancias de lo que en el mundo estaba
sucediendo en aquellas dos Guerras Mundiales, y
fundamentalmente en la Segunda. También hay que reconocer el
aporte que el pueblo judío le ha brindado a la civilización
en el campo de las artes, de la filosofía, de la música, de
la pintura y de la cultura en general. No se puede concebir
la construcción de nuestra civilización ni de Occidente sin
la activa participación, muchas veces combatida, de los
judíos. Quien no entienda esa participación, quien no
reconozca el aporte, quien no entienda el derecho que
también se reconoce desde la letra del propio Himno de
Israel, en el sentido de que mientras haya un judío, éste
intentará llegar a Jerusalén -como bien transcribe Dominique
Lapierre en su libro "Oh Jerusalén", cuando dice algo así:
"Que se me seque la lengua contra el paladar si yo me
olvidara de tu nombre"-, se olvida de que hace 60 años todos
reconocíamos ese derecho.
Siempre me sorprendió cómo desde el sistema
político israelí hemos conocido mujeres y hombres que,
habiendo combatido y conocido el horror de la guerra y lo
que significaba luchar bajo sus banderas en férreos combates
por la defensa de su territorio, luego se convertían en
arquitectos de la paz. Aquí me permito traer a la memoria
de esta Asamblea General las figuras de Golda Meir, Ben
Gurión, Menahem Begin, Isaac Rabin y Ariel Sharon, muchos de
ellos militares y exitosos, todos ellos conocedores de los
horrores de la guerra, constructores y arquitectos de la
paz.
Es en ese contexto, entonces, que se entiende
la convocatoria, a iniciativa del Partido Nacional, de la
Asamblea General del Poder Legislativo de la República
Oriental del Uruguay -tan parecida en tantas cosas a Israel-
para realizar este homenaje al derecho de las naciones
chicas a existir, de las patrias a tener su territorio, de
los pueblos a sentirse en su tierra y, en definitiva, a
sentirse pertenecientes a la Tierra Prometida. En este caso,
señor Presidente, la Tierra Prometida es la que hoy ocupa el
Estado de Israel.
En el año 2001 tuve el honor de encabezar, como
Presidente de la Cámara de Representantes, la primera
delegación extranjera que visitaba Israel y Jerusalén en
medio de la Intifada y sentir esa única e irrepetible
sensación que produce esa piedra amarilla que tiene la
ciudad. En aquel momento decíamos, en un homenaje al General
Artigas, que teníamos mucho del pueblo de Israel, porque
aquella larga marcha de Moisés hacia la Tierra Prometida
podría asemejarse al Éxodo del Pueblo Oriental, en búsqueda
también, quizás no de la tierra como espacio físico, pero sí
de la tierra como voluntad de independencia. Es así,
entonces, que esta tierra ha abierto sus brazos y ha acogido
como hijos, sintiendo como compatriotas, a tantos judíos que
el horror trajo a nuestras orillas en la búsqueda de
esperanzas y oportunidades y ha recibido innumerables
aportes de esas comunidades organizadas y de los individuos
que siguen hoy, desde aquí, profesando, cultivando,
enseñando el espíritu del Estado de Israel a las
generaciones que no conocieron la Shoá, la larga marcha ni
la larga lucha.
En definitiva, desde el Partido Nacional,
conmemoramos no solo la Resolución de las Naciones Unidas,
sino el cumplimiento del mandato que hace tanto tiempo
Moisés recibió de Nuestro Señor y que al fin se ha visto
concretado.
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores,
tiene la palabra la señora Legisladora Xavier.
SEÑORA XAVIER.- Señor Presidente, señor Embajador,
autoridades de diversas organizaciones representativas de la
colectividad judía en el Uruguay, ciudadanas y ciudadanos
que nos acompañan en esta sesión: en el día de hoy
celebramos la oportunidad de conmemorar en esta Asamblea
General los 60 años que han transcurrido desde que las
Naciones Unidas adoptaran la Resolución Nº 181 del 29 de
noviembre de 1947 y la coincidencia histórica con la Cumbre
de Annapolis.
Como uruguayas y uruguayos, hemos sentido el
orgullo del rol que en aquel momento, hace 60 años,
desempeñara el profesor Enrique Rodríguez Fabregat, en su
calidad de Embajador de nuestro país ante las Naciones
Unidas, al contribuir junto a otros cuarenta y siete países
a adoptar esa Resolución. La solución de resolver el
conflicto por medio de la creación de dos Estados para dos
pueblos, lamentablemente aún no se concreta en la realidad
en una convivencia pacífica. Han sido décadas de dolor y
muerte que mucho lamentamos. Por ello, cada vez que pueda
existir la posibilidad de apostar a la paz, lo haremos con
toda nuestra fuerza y convicción. Como nos definía nuestro
querido y emblemático líder, el General Líber Seregni, somos
una fuerza de paz y pacificadora; esa ha sido nuestra lucha
para nuestro país y también lo es para con todos los pueblos
del mundo. Esta fuerza política se nutre hoy, como en la
primera hora de su nacimiento, con hombres y mujeres que,
como el profesor Rodríguez Fabregat, albergamos la esperanza
de una solución pacífica para los pueblos israelí y
palestino, de una nueva realidad en la que los dos Estados
coexistan, como hoy lo hacen barrios enteros y así lo
pudimos ver en nuestra reciente visita a Israel. Estamos
hablando de un país que alberga a más de 12.000 compatriotas
uruguayos de nuestra diáspora, palabra antes utilizada,
justamente, para el pueblo israelí. Es un país que contagia
su impulso económico, en las ciencias, en la tecnología y
que embarga de emoción en todos los aspectos culturales de
los que se puede disfrutar. La búsqueda de la paz es una
tarea que nos interpela a los hombres y mujeres que tenemos
responsabilidades políticas. En nuestras decisiones se
inscriben las voluntades políticas de la promoción de la paz
o de la guerra, que amenaza la propia sobrevivencia de la
humanidad. Los uruguayos sabemos del valor de la paz y de la
democracia; supimos y sufrimos su pérdida. Los uruguayos
sabemos de una sociedad diversa, multicultural; así surgimos
como país y nos desarrollamos. Incluso, por suerte, las
colectividades que han sufrido un conflicto de tan larga
duración han podido convivir en nuestro país y sentirse como
uno más entre todos nosotros. Nuestra responsabilidad como
seres políticos, y en particular en la diplomacia
parlamentaria, debe estar dirigida al derecho que ambos
pueblos, palestino e israelí, israelí y palestino, tienen a
vivir en paz.
Creo que es oportuno leer la convocatoria que
nos hace el Secretario General de las Naciones Unidas en la
Conferencia de Bruselas del 30 de agosto de 2007. Se trata
de una conferencia internacional que la sociedad civil
patrocinaba en apoyo de la paz entre Israel y Palestina. En
esa instancia, entre otras referencias, decía: "Hoy día,
aliento una vez más a las dos partes a demostrar una
auténtica voluntad de alcanzar la paz mediante una solución
negociada fundada en la existencia de dos Estados. Israel
debería cesar las actividades de asentamiento, facilitar la
circulación de los palestinos y aplicar el acuerdo sobre
desplazamiento y acceso. Los palestinos, por su parte, deben
hacer todo lo posible por poner fin a la violencia de los
grupos militantes y realizar avances en la creación de
instituciones sólidas.
Las Naciones Unidas continuarán prestando apoyo a los
esfuerzos internacionales que tienen por objeto poner fin a
la ocupación y lograr una solución fundada en la existencia
de dos Estados. No es una empresa fácil, pero sería un punto
menos que imposible sin la participación activa y el apoyo
de innumerables grupos de la sociedad civil y particulares
en Israel, en el territorio palestino ocupado y en todo el
mundo. Los actores de la sociedad civil están ayudando a
tender puentes entre los pueblos israelí y palestino; están
fortaleciendo las instituciones y proporcionando asistencia
humanitaria y de otra índole de suma importancia. En todos
los aspectos de su labor, contribuyen al logro de una
solución justa a este conflicto que dura ya decenas de años.
Si trabajamos juntos, podemos lograr nuestro objetivo: una
solución amplia, justa y duradera basada en las resoluciones
242, 338, 1397 y 1515 del Consejo de Seguridad y en el
principio de territorio por paz."
Como decía el profesor Rodríguez Fabregat, somos nuestra
memoria. Así reza el monolito que el Gobierno de Montevideo
colocó en la Plaza en su homenaje.
Aún me siento conmovida, señor Presidente, por
una reciente visita al Museo del Holocausto en Jerusalén y
por el encuentro con las fotos de tantas víctimas al final
del recorrido. Esas son las miradas que desde la historia
nunca debemos olvidar.
A pesar de que ya ha sido mencionada, no quiero
dejar de recordar alguna de las frases que Golda Meir, en su
importante protagonismo, pronunció. Por ejemplo: "No nos
gustan las guerras, incluso cuando las ganamos"; "No nos
regocijamos con las guerras, nos regocijamos cuando
desarrollamos un nuevo tipo de algodón, o cuando las fresas
florecen en Israel"; "Nuestra generación reclamó la tierra,
nuestros hijos lucharon en las guerras y nuestros nietos
deberían disfrutar de la paz". Que así sea.
Muchas gracias.
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores,
tiene la palabra el señor Legislador Alfie.
SEÑOR ALFIE.- Señor Presidente: es para mí un orgullo
múltiple poder hacer uso de la palabra en esta sesión de
recordación de los 60 años de la Resolución de la Asamblea
General de las Naciones Unidas sobre la creación del Estado
de Israel y de un Estado árabe en la llamada Palestina,
precisamente, en el día de hoy. Es un orgullo como uruguayo,
por todo lo que aquí se ha dicho, que no hace más que
reflejar la verdad histórica de la actuación de un país
pequeño en dimensión pero enorme en trascendencia, porque
enormes eran sus figuras políticas a nivel internacional. Es
un país que recibió a mis abuelos entre 1912 y 1931, antes
de la Guerra, y les dio educación, porque los dos hombres
llegaron aquí analfabetos, mis abuelas vinieron con
estudios. Hay innumerables testimonios sobre maestras de
escuelas públicas que se quedaban fuera de hora para enseñar
el idioma español a niños que venían en barcos después de la
Guerra y que hablaban otra lengua, para integrarlos a la
educación. Ese era el espíritu de este país, esa era la
concepción -y afortunadamente la sigue siendo- de la gente
de este país en su enorme mayoría.
Naturalmente, por mi condición de judío, siento
orgullo de rendir homenaje a la creación del Estado de
Israel, que no es otra cosa que un Estado puesto en la
tierra histórica en la que nació el judaísmo o, más bien,
donde creció y se unificó el judaísmo, luego de cuarenta
años de peregrinaje por el desierto. Un país que se ha
ganado un lugar en el mundo y que todo judío siempre tiene
presente.
Uno podría enfocar el homenaje de mil maneras;
es más, acá se lo hizo desde varias. Personalmente quisiera
hacer una breve perspectiva histórica, para no aburrir y no
reiterar conceptos que con mucha mayor elocuencia, dicción y
erudición pronunciaron quienes me precedieron en el uso de
la palabra.
En la tierra de Israel se formó el primer reino
de Israel, que unificó el rey David, aproximadamente mil
años antes de Cristo. El rey David nació en Belén -que en
hebreo se llamaba Bethlehem, o sea la tierra del pan- y, en
cierto momento, vio que había un lugar estratégico en unos
caseríos jebuseos, diez kilómetros al norte. Y eso fue
Jerusalén, que en hebreo quiere decir "ciudad de la paz".
Luego se sucedieron infinidad de acontecimientos que siempre
fueron pasando por ese eje de Jerusalén la que, además,
prácticamente está en la mitad de la medialuna de las
tierras fértiles, que empieza en Ur, al sur de Irak -la
Babilonia- y termina en el valle del Nilo.
La palabra Palestina no tiene un origen
histórico en esa época; ni siquiera la Biblia jamás la
menciona. Sin embargo, todo el conflicto se desarrolla sobre
La Palestina -en realidad, en latín se escribía Phalistin-,
que hacía referencia a los filisteos, que significaba
"pueblo del mar" y que básicamente surge en la época romana.
Antes por esa tierra habían dominado los asirios, los
babilonios, los persas; luego pasaron los romanos, los
bizantinos, los árabes, los seléucidos, los cruzados, los
mamelucos, los turco-otomanos y, por último, los británicos,
antes de constituirse en un Estado independiente, el Estado
de Israel.
En los últimos veinte siglos, desde que los
romanos destruyeron el segundo templo, casualmente en la
misma fecha de la destrucción del primer templo, el 9 del
mes de Av, los judíos dicen año tras año: "Y el año que
viene en Jerusalén".
Jerusalén significa mucho en la historia judía
pero también en la de la humanidad. Cuando se leen las
actas, no de la Resolución de las Naciones Unidas, sino de
todo el proceso previo de negociación, puede comprobarse que
uno de los puntos clave era la preservación de los lugares
sagrados para las grandes religiones monoteístas del mundo:
los judíos, los cristianos y el Islam, por orden histórico
de aparición.
Luego de un largo peregrinar, de idas y
vueltas, el nacionalismo judío reaparece sobre fines del
siglo XIX, como acá se dijo, básicamente por el impulso de
Teodoro Herzl, casi por una casualidad, después del famoso
caso Dreyfus, en el que un general del ejército francés fue
sometido a un juicio sumario y sin defensa. Herzl, que era
periodista, cubrió ese evento y desde ese entonces se
convenció de que había que hacer algo para que los judíos
del mundo que se sintieran perseguidos, tuvieran un lugar
donde vivir. Increíblemente, Herzl murió a los 44 años, es
decir, cinco años después del primer Congreso Sionista
Mundial, que se llevó a cabo en 1897, por supuesto sin
conocer el Estado de Israel. De la misma manera Moisés,
después de peregrinar durante 40 años por el desierto, jamás
entró en la Tierra Prometida.
Los problemas de la dominación británica que
aparecen luego de la caída del Imperio turco-otomano en la
Primera Guerra Mundial, fueron varios. Constantemente había
limitaciones enormes a la inmigración. La Declaración de
Balfour de 1917, que parecía ser una solución en aquel
entonces, no logró hacer mucho por esas enormes limitaciones
que había a la inmigración.
Pero, en realidad, ¿en esa tierra qué había?
Parece ser que no había nada más que arena y arena. Mark
Twain visitó La Palestina -como se la llamaba entonces- en
1867 y la describió de la siguiente manera: "La desolación
es tal que ni siquiera la imaginación puede congraciarse con
el esplendor de la vida y de la acción [...] Nunca vimos a
un ser humano en toda la ruta [...] Hasta los olivos y los
cactus, esos constantes amigos de los suelos más pobres,
casi han desertado del país".
En 1882 hubo un censo de población que llevó a
cabo el Imperio Otomano y casi no registró habitantes en
toda La Palestina. Era un desierto sin habitantes. Sin
embargo, desde 1897, cuando judíos de todo el mundo
empezaron a responder al llamado de Herzl y comenzó la
emigración o el retorno hacia Israel, las cosas cambiaron.
Al nacer el Estado de Israel, aquello ya no era
un desierto. Había universidades, enormes plantíos, cultura,
ciudades, y todo lo que una sociedad razonablemente puede
tener. Para que se tenga una idea, Tel Aviv se empezó a
construir en 1909 sobre los médanos, siguiendo el ejemplo de
otros pioneros que habían empezado a construir "kibutzim",
-los "Kibbutz"-, o sea granjas colectivas, escuelas
agrícolas y aldeas, a abrir caminos y a forestar. Antes de
la Segunda Guerra Mundial, en La Palestina existían
prestigiosas universidades de Medio Oriente, institutos
científicos avanzados, miles de colegios, orquestas
filarmónicas -una de ellas inaugurada por Arturo Toscanini-,
teatros, usinas y puertos. Alguien lo había construido:
fueron los judíos que empezaron a ir allí desde todo el
mundo. Luego tuvo lugar el proceso posterior a la guerra, el
largo proceso.
Los múltiples pogromos que se venían sucediendo desde hacía
muchos años, se convirtieron en la "shoá", el holocausto, en
los campos de concentración. Todos conocemos la historia: se
produjo el exterminio de casi dos tercios de la población
judío europea, de la cual, como bien se dijo, un millón y
medio eran niños. A la ya reseñada actitud dual de
Inglaterra en muchos aspectos, debemos agregar que le
resultó imposible manejar la situación y en abril de 1947 le
pidió a las Naciones Unidas que se encargara del caso. Entre
tanto ocurrieron muchas cosas. Miles y miles de personas que
durante mucho tiempo quisieron ir a La Palestina, no
pudieron, no sólo antes de la Guerra sino tampoco después.
La famosa película "Éxodo" cuenta la historia real de un
barco que llevaba refugiados de aquel entonces que, en
muchos casos, vivían en los mismos campos de concentración
donde estaban las mismas cámaras de gas y los mismos
crematorios en los que ellos habían estado y habían visto
morir a sus parientes y amigos. Estos refugiados fueron
rechazados en el Mar Mediterráneo. Los hicieron volver, si
mal no recuerdo, hacia Marsella. En Israel había grupos,
movimientos clandestinos que peleaban por la liberación. El
más famoso fue el Haganá, pero había otros más radicales que
le imputaban a éste cierto conformismo -como siempre pasa-,
que eran el Etzel y el Lehi. Todos estos grupos se
unificaron entre 1945 y 1946 y aceptaron ceñirse a ciertas
reglas. De todas maneras, hubo actos que se podrían
calificar de terroristas, pero que fueron de liberación,
como en tantos países que lucharon por su independencia. El
más famoso fue el ataque al Hotel "King David", en 1946.
Después de la Segunda Guerra Mundial, a estos refugiados
judíos les era difícil ir a Israel. De todas maneras, más de
85.000, entre 1945 y 1947, se las ingeniaron para llegar.
Las palabras vertidas en este recinto dan muestra de la
intervención del Uruguay y de otros países de Sudamérica. Se
habla del Uruguay y de Guatemala, los primeros en reconocer
al novel Estado luego de los Estados Unidos y la Unión
Soviética, pero también hay que recordar que Ecuador y
Honduras posibilitaron, en la Comisión que trataba el asunto
relativo a Palestina, que una delegación del Congreso Judío
Mundial tuviera voz, aunque no voto. Asimismo, debemos
recordar la actuación del Brasil en muchos aspectos.
Ahora quisiera hacer mención a unas breves
frases de lo que se discutía por aquel entonces. Allí se
expresaba que muy conflictivo resultaba el destino de los
niños. Una parte de ellos había permanecido escondida en
casas extrañas en las que fueron aceptados, en muchos casos,
a cambio de importantes sumas de dinero. Terminada la
guerra, se les buscó destino. A veces hubo resistencia a
entregarlos y otras, los expulsaron dejándolos sin saber
cuál había sido el destino de sus familias. Los pequeños
carecían de estabilidad y de seguridad. Gran cantidad de
ellos fueron llevados a Palestina y, en muchos casos,
consideraban ese lugar solamente como una escala. Muchos
habían sido llevados antes a Alemania, donde se habían
sentido rodeados del odio y de personas a las que no
conocían, muchas de las cuales seguramente habían asesinado
a sus padres y familiares.
Eran momentos difíciles. Nadie podía en aquel entonces
pensar que América Latina era un bloque; había diferentes
países y distintas realidades. De hecho, Argentina, que iba
a votar en contra, a último momento decide abstenerse. Quien
representaba a ese país, en realidad, era su delegado
suplente, el doctor Corominas, quien logró convencer a su
Gobierno de ello, como gran defensor que fue de la creación
del Estado de Israel.
Los informes internacionales de aquella época mencionan
todos esos problemas y, cuando se refieren al Uruguay,
muchos de ellos afirman que es el país más libre de América
y lo llaman "the freest country". Es el país que recibió,
con los brazos abiertos, a personas de todo el mundo, a
quienes amalgamó, integró y puso al servicio de la sociedad,
del crecimiento y del bien común. Era claramente la historia
de una tierra sin pogromos, una tierra nueva, donde los
odios eran mucho más lejanos. La simpatía histórica que el
Uruguay ha tenido por el Estado de Israel ya fue descripta.
Por último, quisiera leer parte de la declaratoria de la
independencia, que no es del 29 de noviembre de 1947, sino
del 14 de mayo de 1948, cuando se van los ingleses en medio
de un caos. Digo esto porque en 1947, La Palestina tenía
1:300.000 habitantes judíos y 700.000 eran árabes. Cuando la
Liga de Naciones Árabes decide no aceptar la Resolución de
las Naciones Unidas, 570.000 de los 700.000 árabes abandonan
la tierra, según se decía, en el entendido de que finalmente
se iba a arrojar a los judíos al mar y retornarían sobre esa
tierra. Seguramente no todos, pero sí la mayoría, abandonó
su hogar por miedo. Es decir que se quedaron solo 130.000.
Estos 570.000 se transformaron en lo que ahora se llama
refugiados palestinos.
Una parte de la declaratoria de la Independencia dice: "El
Estado de Israel permanecerá abierto a la inmigración judía
y el crisol de las diásporas; promoverá el desarrollo del
país para el beneficio de todos sus habitantes; estará
basado en los principios de libertad, justicia y paz, a la
luz de las enseñanzas de los profetas de Israel; asegurará
la completa igualdad de derechos políticos y sociales a
todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo;
garantizará la libertad de culto, conciencia, idioma,
educación y cultura; salvaguardará los Lugares Santos de
todas las religiones; y será fiel a los principios de la
Carta de las Naciones Unidas". Más adelante decía: "Apelamos
a las Naciones Unidas para que asistan al pueblo judío en la
construcción de su Estado y a admitir al Estado de Israel en
la familia de las naciones.
Exhortamos -aun en medio de la agresión sangrienta que es
lanzada en contra nuestra desde hace meses- a los habitantes
árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar
en la construcción del Estado sobre la base de plenos
derechos civiles y de una representación adecuada en todas
sus instituciones provisionales y permanentes.
Extendemos nuestra mano a todos los estados vecinos y a sus
pueblos en una oferta de paz y buena vecindad, y los
exhortamos a establecer vínculos de cooperación y ayuda
mutua con el pueblo judío soberano asentado en su tierra. El
Estado de Israel está dispuesto a realizar su parte en el
esfuerzo común por el progreso de todo el Medio Oriente".
Esta es, como ya dije, parte de la declaratoria de la
independencia. Creo que aquí está reflejado el espíritu de
las palabras de Golda Meir, que había leído previamente la
señora legisladora Mónica Xavier. Aquí se refleja el
espíritu de todos esos guerreros que ganaron las guerras y,
en muchos casos, también trataron de ganar la paz, que era
lo más importante, su mayor deseo; seguramente, está también
el espíritu de todos los muertos en todas las guerras de
todos los bandos, entre los cuales, lamentablemente, tengo
parientes cercanos.
Quisiera solo dejar un deseo, como se dice en Año Nuevo:
¡Que este año sea bueno y dulce y que la dulzura empiece en
Annapolis!
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE.- Antes de dar la palabra al siguiente
orador, tengo el honor de solicitar al señor legislador
Alfie que, por su condición de judío, presida la Asamblea
General.
(Ocupa la Presidencia el señor legislador Isaac Alfie)
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Continuando con la
lista de oradores, tiene la palabra el señor legislador
Iván Posada.
SEÑOR POSADA.- Señor Presidente: el Partido Independiente
ha adherido con entusiasmo a esta iniciativa de conmemorar
los 60 años de la Resolución de las Naciones Unidas que
reconoce, más que crea, el Estado de Israel.
Saludamos especialmente al señor Embajador de
Israel y a las autoridades de las distintas organizaciones
de la comunidad judía en el Uruguay.
Por cierto, en una sesión en la que hemos sido
precedidos por intervenciones realmente magistrales, poco
queda por decir. En todo caso, señor Presidente, el
reconocimiento del Estado de Israel no es sólo, como aquí se
ha dicho, el encuentro de la nación judía, del pueblo judío,
con su Tierra Prometida, sino que también es un mojón
imprescindible, un jalón imposible de ignorar, en la
construcción de la paz entre los seres humanos. A nuestro
juicio, no es posible construir la paz entre los seres
humanos sin el reconocimiento expreso del Estado de Israel.
Este hecho, señor Presidente, creo que marca a la humanidad
porque sólo será posible la construcción de esa paz a partir
de ese reconocimiento y, por cierto, de la búsqueda de los
caminos para que también exista un Estado palestino.
Por lo tanto, señor Presidente, en el
reconocimiento al Estado de Israel también reconocemos el
fruto y el esfuerzo del derecho internacional luego de
terminada una guerra que, en términos de vida, significó el
holocausto del pueblo judío. Hoy, justamente, en Annapolis
surge una nueva esperanza de construcción o de retomar ese
camino. En tal sentido, hacemos votos para que, en
definitiva, en esa instancia la humanidad toda comience a
reconocer la importancia de recorrer ese camino de paz. Es
el mejor homenaje que podemos hacer a este Estado de Israel
que tanto ha luchado para hacer de una tierra desértica una
tierra próspera.
Nada más.
(Aplausos en Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Continuando con la
lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador
Iturralde.
SEÑOR ITURRALDE.- Señor Presidente: la construcción del
Estado de Israel es el punto final de una lucha de muchos
siglos en la que un pueblo en diáspora por la tierra fue
capaz de mantener sus costumbres, su religión y, por sobre
todas las cosas, la esperanza de ver la luz en tantas épocas
de oscuridad. Sólo refiero a un episodio, cuando en 1492 los
judíos fueron expulsados de España, porque me acerca a uno
de mis ancestros que encontró refugio en la tierra de Arona,
apellido que aún lleva mi padre.
El concepto de patria es aquel que refiere al
lugar donde nacimos, donde desarrollamos nuestras costumbres
y donde podemos enterrar a nuestros muertos. Hoy
conmemoramos la patria de Israel. El pueblo de Moisés, el
pueblo judío supo que esto sería posible si se le daba
continuidad en el tiempo a un pueblo. ¿Qué es un pueblo? Son
sus familias, son padres, hijos y nietos amándose y
apoyándose recíprocamente. Leyendo comentarios sobre el
Talmud pude apreciar cuál era el concepto de las relaciones
humanas y la familia en la comunidad judía. Decía algo así
como que tan importante es querer a nuestros padres que
Moisés, en uno de sus mandamientos principales estableció:
"Honrarás la memoria de tus padres"; también, que los nietos
son el regalo que Jhavé, Dios, hacía a los abuelos por haber
sabido criar a sus hijos. Así se construyen las familias. El
premio del amor de las familias judías es el Estado de
Israel.
Hoy, el Estado de Israel es un Estado
democrático, plural y poliárquico, que tiene justicia
independiente, partidos políticos diversos, plurales y que
contribuye fuertemente a la comunidad internacional. El
pueblo judío legó a Occidente el concepto de una religión
monoteísta que profeso.
También estamos orgullosos de nuestra comunidad judía
nacional, plenamente integrada a la sociedad y tan
comprometida con ella y con el destino nacional. El pueblo
de Israel tiene hoy su lugar en el mundo, un lugar en el
cual criar a sus hijos y enterrar a sus muertos. ¡Quiera
Dios que pronto encuentre la paz, donde convivan diferentes
formas de pensar, esperanzas, ideas distintas, credos y
religiones de todo tipo! ¡Ojalá encuentren la paz en esa
zona y puedan construirla! No discutamos los caminos para la
paz porque no hay caminos para la paz, la paz es el camino.
Entonces, cuando venga la paz se llenarán de flores los
caminos y crecerán muchos más olivos que serán símbolo de
esa tan anhelada paz.
Muchas gracias.
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Continuando con la
lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador
Cánepa.
SEÑOR CÁNEPA.- Señor Presidente: teniendo en cuenta lo
extenso de este merecido homenaje, voy a ser muy breve.
La historia referida a la decisión tomada el 29
de noviembre de 1947 ya ha sido relatada con mucho mayor
detalle y erudición de lo que podría hacerlo en este
momento. Aclaro que no voy a hablar en nombre del Frente
Amplio ni de mi sector, sino que quiero hacerlo como
uruguayo, como político, en atención a lo que considero
importante, esto es, a nuestra relación con Israel y con el
pueblo judío.
No se puede disociar el Estado de Israel de la historia del
pueblo judío. Con nuestra formación católica, a los 13 años
nos sorprendió participar de un Bar Mitzvá; nos sorprendió
el rito, nos sorprendió la tradición, nos sorprendió la
memoria, nos sorprendió la ternura, nos sorprendió el
esfuerzo de ese amigo al intentar cantar en hebreo, nos
sorprendió enterarnos de que existía un pueblo que había
rescatado una lengua muerta y la había transformado en viva
nuevamente, y nos sorprendió cómo el concepto de familia
-para nosotros que veníamos de una familia italiana- era tan
similar. Aun en las diferencias, las similitudes eran
enormes y uno empieza a comprender mucho de lo que aquí se
trasmitió como historia. Me refiero al porqué de esas
similitudes y al porqué de esas posiciones que no solamente
son políticas, sino que van profundamente a la esencia de la
historia de nuestro país que tiene como nombre República
Oriental del Uruguay, siendo el término República el que nos
define junto con nuestras instituciones.
Compartimos lo manifestado por el señor
Legislador Cid y la señora Legisladora Xavier, como así
también lo señalado por colegas de otros partidos. A su
vez, ponemos de manifiesto algo que nos impresionó del
pueblo judío y que, en lo personal, es una palabra que
simboliza mucho en la concepción, en la filosofía y en el
modo de ver la vida: la solidaridad. Y uno, hasta que no
conoce al pueblo judío y no ve la solidaridad judía en
acción, no sabe lo que significa la palabra "solidaridad" en
toda su cabalidad y profundidad. Eso lo hemos visto en la
comunidad de nuestro país, a través de todas sus
organizaciones, como un aprendizaje de esas relaciones de
solidaridad permanente con el desvalido, con el que no tiene
fortuna, con el que no se ha visto agraciado por la vida.
Nobleza obliga, nosotros, que nos sentimos
orgullosos como uruguayos, ante esa historia que aquí se ha
contado de esa independencia del 14 de mayo que todo el
mundo conoce, un día antes de que el mandato británico
finalizara, desde el primer momento en guerra y luchando
permanentemente por su propia existencia, no siempre hemos
compartido las opiniones del Gobierno de Israel durante
estos años. Pero los verdaderos amigos son los que dicen la
verdad en la discrepancia, porque lo pueden hacer con
franqueza y con libertad. Del mismo modo, con el pueblo
judío y con el Gobierno de Israel se puede discutir con
igualdad y con respeto. Ese es un valor que nosotros
queremos destacar y entregar hoy, en el día en que se
cumplen los 60 años de la Resolución adoptada por las
Naciones Unidas.
Aquellos que nos conocen saben que hemos tenido
discusiones fuertes y apasionadas con muchos de los que
integran la comunidad judía y que son amigos, de los que
aprendimos porque nos han dado la oportunidad -incluso en la
divergencia- de participar de muchas de sus actividades.
Hace poco despedimos a un Cónsul, Leo Vinovezky, ceremonia
de la que participé invitado por él, con quien conversé y
aprendí mucho. Aun en la discrepancia quiero destacar
-porque aquí no se ha dicho- que entonces comprendí a
cabalidad que a veces no se tiene toda la información y
también entendí algo que me gusta mucho. Como hombre
político, me gusta la política en todos lados y en Israel en
particular es muy atrapante por aquello de que si hay tres
judíos, hay cuatro posiciones y cinco partidos políticos.
Por lo tanto, en Israel no podría haber otro sistema de
gobierno que la democracia, porque su pueblo no se puede
permitir otra forma de ver. Basta observar lo que han sido
las escuelas rabínicas en su historia y las discusiones
permanentes.
Por eso, quiero tributar mi homenaje a esta decisión de las
Naciones Unidas diciendo que aunque no estemos de acuerdo en
todo, en lo fundamental sí lo estamos: en la búsqueda de la
paz en la libertad y en la democracia, basados en los
conceptos de la solidaridad y de la justicia.
Termino pensando en aquello que el pueblo judío nos ha
enseñado, porque ha vivido lo peor que puede vivir cualquier
pueblo y cualquier ser humano, porque la shoá no fue
solamente sufrimiento del pueblo judío, sino de todos, así
como también es una vergüenza de todos, de todos los seres
humanos porque esa es una vergüenza que todos nosotros
debemos expiar todos los días. Y aquellos que no somos
judíos ni parte de ese pueblo pero sufrimos en lo familiar y
en nuestra historia la persecución y la tortura por pensar
diferente o por tener una actividad política distinta,
entendemos lo que significa todo ello simplemente por ser
algo diferente. No hay peor discriminación ni persecución
que aquella de la que se es objeto solamente "por ser". Por
eso, nuestro saludo y nuestro respeto a esa historia del
pueblo judío, lo que no quiere decir que estemos de acuerdo
con ese Gobierno. Sin embargo, respetamos a ese Estado, que
es amigo, que sigue colaborando y que estará
indisolublemente unido, desde 1947 -en esa Comisión a la que
aquí se ha hecho referencia-, a la propia trayectoria de
nuestra República.
Gracias, señor Presidente.
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Finalizando con la
lista de oradores, tiene la palabra el señor legislador
Alonso.
SEÑOR ALONSO.- Señor Presidente: debo confesar que cuando
al principio de la sesión más o menos articulé lo que quería
compartir con los demás miembros de la Asamblea General,
supuse que iba a quedar poco para decir después de que
tantos oradores hicieran uso de la palabra. Sin embargo,
felizmente a ninguno de los compañeros legisladores que me
precedieron en el uso de la palabra se le ocurrió centrar su
disertación en lo que para el Uruguay son y representan
actualmente los judíos, lo que han significado en la
construcción de nuestra moderna República y la forma en la
que ella contribuyó a la constitución de la suya.
Este es el máximo ámbito representativo de
nuestra República y la más clara expresión de la convivencia
pacífica que los uruguayos nos hemos dado. Asimismo, está
justificado que sea en el marco de la Asamblea General que,
por iniciativa de la bancada de legisladores del Partido
Nacional, hoy se lleve a cabo esta conmemoración que
constituye una jornada de exaltación del orgullo nacional
uruguayo y de regocijo por el hecho de que nuestros
contemporáneos estuvieron comprometidos con la noble causa
de participar proactivamente en la fase final de la
constitución del Estado de Israel
Por otro lado, es también una jornada de reafirmación del
compromiso del Uruguay y de los uruguayos con la paz en el
mundo, porque de eso se trató. La instancia crucial de la
que hoy estamos celebrando 60 años, de la expresión en el
seno de las Naciones Unidas de la voluntad de los pueblos de
atender el reclamo legítimo del pueblo de Israel, no fue más
que un ensayo para la búsqueda del principal objetivo para
el que aquella Organización nació: la conformación de la paz
universal. En este marco, adelantábamos que nos interesaba
hacer algunos comentarios respecto de lo que han sido los
judíos para nuestro país, esos que vinieron muchas veces -la
inmensa mayoría de las veces- sin escapatoria, a procurar
encontrar en el refugio uruguayo paz, alimento y la
posibilidad de desarrollar sus familias. Esos judíos que no
les hicieron asco a nada y que trabajaron en todo tipo de
actividades, que fueron sastres, muebleros, comerciantes,
viajantes, esos judíos que vinieron sin más que lo que
traían puesto, se incorporaron felizmente a nuestra
comunidad y hasta diría que la conformaron. Desde los
últimos movimientos migratorios explicados por la Segunda
Guerra Mundial en particular, hasta la fecha, hemos tenido
uruguayos judíos célebres y destacados en todas las
actividades, en todos los órdenes de la vida nacional:
empresarios, dirigentes sindicales, gobernantes, académicos,
ciudadanos de todas las profesiones y de todos los oficios
que se acrisolaron con las otras corrientes migratorias de
otras fes, de otros orígenes, de otras culturas, que hoy no
sólo conviven, sino también viven y son parte de nuestra
sociedad.
Esos judíos que aparecían en el horizonte de la
frontera nacional, poco menos que desahuciados, hoy celebran
con nosotros este hito histórico, en una jornada con un
doble sentimiento: el de la exaltación de nuestro orgullo
compartido por haber propiciado la constitución y
conformación, en el concierto de las naciones, de un Estado
que legítimamente tenía ese derecho de llevarla a cabo, y
también el de la reafirmación permanente de todos los
partidos que han participado de esta sesión, que en todos
los casos y desde todas las bancadas se comprometieron a
seguir contribuyendo al establecimiento de la paz en el
mundo, especialmente en Israel.
Muchas gracias.
(Aplausos en la Sala y en la Barra)
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Más allá de que debo
agradecer el honor que me ha hecho el señor Vicepresidente
de la República y Presidente de la Asamblea General al
haberme cedido la Presidencia de este Cuerpo, voy a
solicitar al señor Secretario que dé lectura al artículo 10
del Reglamento de la Asamblea General, donde figura quién
debe presidir en ausencia del Presidente. Por derecho, le
tocaba a quien habla; por lo tanto, no estoy violando la
Constitución de la República.
SEÑOR SECRETARIO (Arq. Hugo Rodríguez Filippini).-
"Artículo 10.- El presidente de la Asamblea General será el
vicepresidente de la República, sin perjuicio de lo que
dispone el inciso segundo del artículo 94 de la
Constitución. Podrán sustituirlo por su orden los
vicepresidentes de la Cámara de Senadores y el presidente y
vicepresidentes de la Cámara de Representantes".
(Aplausos en la Sala)
SEÑOR CID.- Pido la palabra para una cuestión de orden.
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Tiene la palabra el
señor Legislador.
SEÑOR CID.- Señor Presidente: formulo moción en el sentido
de que la versión taquigráfica de lo manifestado en esta
sesión de la Asamblea General en la que hemos conmemorado el
60 Aniversario de la fundación del Estado de Israel, sea
enviada al señor Embajador del Estado de Israel en nuestro
país, a las distintas colectividades que fueron mencionadas
por el señor legislador Gallinal y al semanario "Hebreo",
que siempre nos acerca su publicación.
Nada más. Muchas gracias.
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Se va a votar la
moción formulada por el señor Legislador Cid.
(Se vota:)
-Afirmativa. UNANIMIDAD.
SEÑOR ITURRALDE.- Pido la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Tiene la palabra el
señor Legislador.
SEÑOR ITURRALDE.- Señor Presidente: simplemente, en nombre
de nuestra colectividad política, queremos decirle que ha
sido un honor que usted haya presidido justamente esta
sesión, dada su condición de judío.
Muchas gracias.
(Aplausos en la Sala)
5) SE LEVANTA LA SESIÓN.
SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- No habiendo otros
asuntos para considerar, se levanta la sesión.
(Así se hace. Es la hora 17 y 33 minutos)
DON RODOLFO NIN NOVOA, Presidente
Arq. Hugo Rodríguez Filippini, Secretario
Dr. Martí Dalgalarrondo,
Secretario
Sr. Nelson Míguez, Director General del Cuerpo de
Taquígrafos del Senado
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