DECLARACIÓN BALFOUR

Foreign Office,

November 2nd, 1917.

Dear Lord Rothschild,

I have much pleasure in conveying to you, on behalf of His Majesty's Government, the following declaration of sympathy with Jewish Zionist aspirations which has been submitted to, and approved by, the Cabinet:

"His Majesty's Government view with favour the establishment in Palestine of a en:national home for the Jewish people, and will use their best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine, or the rights and political status enjoyed by Jews in any other country"

I should be grateful if you would bring this declaration to the knowledge of the Zionist Federation. 

Yours sincerely

Arthur James Balfour

  

DECLARACIÓN BALFOUR - Traducción:

 Foreign Office,

2 de noviembre de 1917. 

Estimado Lord Rothschild,:

 Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.

«El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.»

Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

 Sinceramente suyo,

Arthur James Balfour.

 

 

 

 

En noviembre de 1947, la ONU aprueba la división del protectorado de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe. El 14 de mayo de 1948, mientras los británicos abandonan la zona, es proclamado el nuevo estado de Israel.

 David Ben Gurión, uno de los lideres del movimiento sionista, lee la Declaración de Independencia del Estado de Israel y se convierte en el primer presidente del país.

 

Declaración de independencia de Israel

14 de mayo de 1948

Eretz-Israel (Tierra de Israel) fue el lugar de nacimiento del pueblo judío. Aquí toma forma su identidad espiritual, religiosa y política. Aquí obtuvieron por vez pri mera un Estado, crearon valores culturales de importancia nacional y universal y aportaron al mundo el Libro de los Libros.

Después del exilio forzoso de su tierra, el pueblo mantuvo su fe a través de su dispersión y no cesó de rezar y de esperar la vuelta a su tierra y la restauración en ella de su libertad política.

 Empujados por estos lazos históricos y tradicionales, los judíos se esforzaron a través de las generaciones en establecerse de nuevo en su antigua tierra. En las últimas décadas volvieron en masa. Pioneros «mapilim» (inmigrantes que van a Eretz-Israel desafiando la legislación restictiva) y defensores hicieron florecer el desierto, re vivir la lengua hebrea, construyeron pueblos y ciudades, y crearon una comunidad próspera controladora de su propia economía y cultura, amante de la paz pero sabiendo defenderse, aportando los bienes del progreso a los habitantes de todos los países, y aspirando a una nación independiente. 

En el año 5657 (1897), en el requerimiento del padre espiritual del Estado Judío Theodor Herzl, el Primer Congreso Sionista convino y proclamó el derecho del pueblo judío a su renacimiento nacional en su propio país 

Este derecho fue reconocido en la Declaración de Balfour de 2 de noviembre de 1917, y reafirmado en el Mandato de la Liga de las Naciones que en concreto sancionó la conexión histórica entre el pueblo judío y Eretz-lsrael y el derecho del pueblo Judío a rehacer su Casa Nacional.

 La catástrofe que recientemente padeció el pueblo judío —la masacre de millones de judíos en Europa— fue otra demostración clara de la urgencia de la resolución de este problema de falta de hogar mediante el restablecimiento de Eretz-lsrael como Estado judío, que abriría ampliamente las puertas de su tierra a cada judío y daría al pueblo judío el status de pleno reconocimiento con miembro de la Comunidad de naciones. 

Los supervivientes del holocausto Nazi en Europa, así como los judíos de otras partes del mundo, continuaron emigrando a Erezt-lsrael superando las dificultades, restricciones y peligros, y nunca cesaron de afirmar su derecho a una vida digna, libre y honrada en su tierra nacional. Durante la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía de este país participó plenamente en la lucha entre las naciones que defendían la libertad, paz y amor contra la maldad de las fuerzas nazis, y con la sangre de sus soldados y su esfuerzo militar ganó el derecho a figurar entre los pueblos fundadores de las Naciones Unidas.

 El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución proclamando el establecimiento del Estado judío en Erezt-Israel; la Asamblea General solicitaba la adopción por los habitantes de Eretz-Israel de todas las medidas necesarias para la ejecución de esta resolución. El reconocimiento del derecho del pueblo judío a establecerse en su Estado, hecho por las Naciones Unidas, es irrevocable.

 El derecho es el derecho natural del pueblo judío de ser dueños de su propio destino, como todas las naciones, en su propio Estado soberano. 

En conformidad, nosotros miembros del Consejo del Pueblo, representantes de la comunidad judía de Eretz-Israel y del Movimiento Sionista estamos aquí reunidos en el día del final del mandato británico sobre Eretz-Israel y, en virtud de nuestro derecho natural e histórico y la fuerza legal de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas por la presente declaramos el establecimiento del Estado Judío en Eretz-Israel, que será conocido como Estado de Israel. 

Declaramos que, con efecto desde el momento de la terminación del Mandato que será esta noche, vísperas del Sabat, el 6 Iyas 5708 (15 de mayo de 1948), antes del establecimiento de las autoridades del Estado regularmente elegidas de acuerdo con la Constitución que deberá adoptarse por la Asamblea Constituyente elegida no más tarde del 1 de octubre de 1948, el Consejo del Pueblo actuará como Consejo Provisional del Estado, y su órgano ejecutivo, la Administración del Pueblo, será el Gobierno Provisional del Estado judío, llamado Israel.

 El Estado de Israel estará abierto a la inmigración judía y a la recogida de los exiliados, fomentará el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes, estará basado en la libertad, justicia y paz como lo preveían los profetas de Israel, asegurará la total igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus habitantes, sin consideración de religión, raza o sexo; garantizará la libertad de religión, conciencia, lengua, educación y cultura, protegerá los lugares sagrados de todas las religiones y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

 El Estado de Israel está dispuesto a cooperar con las agencias y representaciones de las Naciones Unidas para ejecutar la resolución de la Asamblea General de 29 de noviembre de 1947, y adoptará todas las medidas necesarias para la unión económica de todo Eretz-Israel

 Apelamos a las Naciones Unidas para que ayuden al pueblo judío en la construcción de su Estado y para que reciban al Estado de Israel en el comité de Naciones. 

Apelamos en medio del ataque emprendido contra nosotros desde hace meses a los habitantes árabes del pueblo de Israel para que conserven la paz y participen en la construcción del Estado, en las bases de ciudanía plena e igual y representación correspondiente en todas sus instituciones provisionales y permanentes.

 Extendemos nuestra mano a todos los Estados vecinos y a sus gentes y ofrecemos paz y buenas relaciones, y apelamos a ellos para el establecimiento de puntos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío establecido en su propia tierra. El Estado de Israel está dispuesto a hacer todo lo posible en un esfuerzo común para el progreso de Oriente Próximo.

 Apelamos a todo el pueblo judío de la Diáspora para que colabore junta con los judíos de Eretz-Israel en la labor de inmigración y de construcción y para que estén unidos a ellos en la gran lucha por la realización del sueño de los tiempos la redención de Israel.

 Poniendo nuestra confianza en el Todopoderoso firmamos esta declaración en esta sesión del Consejo de Estado provisional en la tierra de nuestro hogar, en la ciudad de Tel-Aviv, en visperas del Sabat del día 5 de Iyar, 5708 (14 de mayo de 1948).

 David Ben Gurion


 

 

 

Homenaje al Prof. Enrique Rodríguez Fabregat

La Embajada de Israel en el Uruguay, la Comisión Enrique Rodríguez Fabregat y el Comité Central Israelita del Uruguay, llevaron a cabo un acto de conmemoración de los 60 años de la Resolución de las Naciones Unidas que decidió la creación del Estado de Israel, homenajeando así la memoria del Prof. Enrique Rodríguez Fabregat

 

El mismo se realizó el pasado jueves 29 de noviembre a las 12.00 horas en la Plazoleta Enrique Rodríguez Fabregat ( Dr. A. Navarro esq. Manuel Alonso y Atilio Narancio)

 

Ofició de Maestro de Ceremonias y dirigió un saludo el Sr. Ernesto Stolowicz, en nombre de la Comisión Enrique Rodríguez Fabregat.

Hizo uso de la palabra el señor Embajador de Israel, Don Yoel Barnea.

El orador central fue el Historiador Prof. Gerardo Caetano, quien trasmitió un conceptuoso y emotivo discurso.

 

 

Sesión Especial de la Asamblea General del Parlamento Uruguayo

En el marco de las celebraciones del 60ª aniversario del Plan de Partición que decidió la partición de Palestina y a iniciativa del líder de Correntada Wilsonista, Senador Francisco Gallinal, la Asamblea General aprobó una moción para que la misma sea convocada a sesión extraordinaria, la que se realizó el pasado jueves 29 de noviembre a partir de las 15 horas, en la Sala de Sesiones.-

 

En la misma, los Parlamentarios rindieron homenaje al Estado de Israel y al diplomático Prof. Enrique Rodríguez Fabregat.-

 

La colectividad judía del Uruguay acompañó con su presencia dicha iniciativa.

 

Los parlamentarios que hicieron uso de la palabra fueron:

 

Senador Francisco Gallinal (Partido Naciona)

Senador Alberto Cid (Partido Frente Amplio)

Senador Julio María Sanguinetti (Partido Colorado)

Diputado Gustavo Penadés (Partido Nacional)

Senadora Mónica Xavier (Partido Frente Amplio)

Senador Isaac Alfie (Partido Colorado)

Diputado Diego Cánepa (Partido Frente Amplio)

Diputado Iván Posada (Partido Independiente)

Diputado Pablo Iturralde (Partido Nacional)

Diputado Alvaro Alonso (Partido Nacional)

 

 

 

 

 

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TOMO                           29 DE NOVIEMBRE DE 2007                     Diario Oficial Nº 

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R E P Ú B L I C A  O R I E N T A L  D E L  U R U G U A Y

 

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D I A R I O   D E   S E S I O N E S

D E   L A

ASAMBLEA GENERAL

 

TERCER PERÍODO ORDINARIO DE LA XLVI LEGISLATURA

 

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12ª  SESIÓN  EXTRAORDINARIA

 

PRESIDEN EL SEÑOR RODOLFO NIN NOVOA, Presidente

Y

EL ECONOMISTA ISAAC ALFIE, Primer Vicepresidente

 

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ACTÚAN EN SECRETARÍA LOS TITULARES ARQ. HUGO RODRÍGUEZ  FILIPPINI,  DR.  MARTÍ  DALGALARRONDO AÑÓN,  SR.  SANTIAGO GONZÁLEZ BARBONI Y EL  PROSECRETARIO,  DR.  ERNESTO LORENZO

 

S U M A R I O

 

1) TEXTO DE LA CITACIÓN.

2) ASISTENCIA.

3) ASUNTOS ENTRADOS.

4) CONMEMORACIÓN DE LOS 60 AÑOS DE LA APROBACIÓN DE LA RESOLUCIÓN Nº 181 DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS.

5) SE LEVANTA LA SESIÓN.

 

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1)      TEXTO DE LA CITACIÓN

 

"Montevideo, 27 de noviembre de 2007.

 

            La ASAMBLEA GENERAL se reunirá en sesión extraordinaria el próximo jueves 29 de noviembre, a la hora 15, a fin de dar cuenta de los asuntos entrados y conmemorar los 60 años de la aprobación de la Resolución Nº 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

 

            MARTI  DALGALARRONDO          HUGO RODRÍGUEZ FILIPPINI

                          Secretario                             Secretario

 

2) ASISTENCIA

 

Asisten los señores Senadores, Enrique Antía, Carlos Baráibar,  Juan José Bentancor, Carlos Camy, Alberto Cid, Susana Dalmás, Eleuterio Fernández Huidobro, Francisco Gallinal, Gustavo Lapaz, Jorge Larrañaga, Eduardo Lorier, Rafael Michelini, Carlos Moreira, Luis Óliver, Gustavo Penadés, Margarita Percovich, Julio María Sanguinetti, Jorge Saravia, Lucía Topolansky, Víctor Vaillant y Mónica Xavier; y los señores Representantes Pablo Abdala, Washington Abdala, Álvaro Alonso, Pablo Álvarez López, Beatriz Argimón, Alfredo Asti, Luis Batalla, Gloria Benítez, Gustavo Bernini, Eleonora Bianchi, Eduardo Brenta, Diego Cánepa, Alberto Casas, Raúl Casás, Margarita Catalogne, Hebert Clavijo, Roberto Conde, Carlos Corujo, Mauricio Cusano, Richard Charamelo, Silvana Charlone, Álvaro Delgado, Juan José Domínguez, Gastón Elola,  Carlos Enciso Christiansen, Sandra Etcheverry, David Fernández, Eduardo Fernández,  Carlos Gamou, Jorge Gandini, Javier García, Óscar Groba, Tabaré Hackenbruch Legnani,  Doreen Javier Ibarra, Pablo Iturralde Viñas, Luis Alberto Lacalle Pou, Jorge Machiñena, José Carlos Mahía, Rubén Martínez Huelmo, Pablo Martins,  Eduardo Medeiros, Eloísa Moreira (1), Gonzalo Mujica, Pablo Naya, Gonzalo Novales, Jorge Orrico, Edgardo Ortuño, Mary Pacheco, Daniela Payssé, Pablo Pérez González, Gonzalo Pessi, Enrique Pintado, Iván Posada, Jorge Pozzi, Juan A. Roballo, Luis Rosadilla, Javier Salsamendi, Jorge Schiappapietra, Víctor Semproni, Arthur Souza, Juan C. Souza, María del Carmen Suárez,  Albérico Sunes, Héctor Tajam, Roxana Tejera,  Carlos Varela Nestier y Horacio Yanes.

 

Faltan: con licencia, los señores Senadores Sergio Abreu, José Korzeniak y Eduardo Ríos; y los señores Representantes José Amorín Batlle, Miguel Asqueta Sóñora, Manuel María Barreiro, Gustavo Borsari Brenna, Sergio Botana, José Carlos Cardoso, Federico Casaretto, Nora Castro, Alba M. Cocco Soto, David Doti Genta, Gustavo A. Espinosa, Luis José Gallo Imperiale, Gustavo Guarino, Fernando Longo Fonsalías, Álvaro F. Lorenzo, Guido Machado, Carlos Maseda, Ivonne Passada, Jorge Patrone, Daniel Peña Fernández, Adriana Peña Hernández, Alberto Perdomo Gamarra, Aníbal Pereyra, Darío Pérez Brito, Esteban Pérez, Edgardo Rodríguez, Nelson Rodríguez Servetto, Hermes Toledo Antúnez y Homero Viera ; con aviso, los señores Senadores Juan Justo Amaro, Alberto Couriel, Eber Da Rosa, Luis Alberto Heber, Julio Lara Gilene y Ruperto Long, y los señores Representantes Roque Arregui, Julio Basanta, Bertil R. Bentos, Daniel Bianchi, Juan José Bruno, Rodolfo Caram, Germán Cardoso, Julio Cardozo Ferreira, Ana De Armas, Julio César Fernández, Daniel García Pintos, Carlos González Álvarez, Rodrigo Goñi Romero, Diego Guadalupe, Uberfil Hernández, Daniel Mañana, Carlos Mazzulo, Jorge Menéndez, José Quintín Olano Llano, Jorge Romero Cabrera, Carlos Signorelli, Ramón Simonet, Jaime Mario Trobo y Álvaro Vega Llanes; y, sin aviso, el señor Senador Alberto Breccia y los señores Representantes Víctor Barragán, José Luis Blasina, Homero Bonilla, Alma Gallup, Nora Gauthier, Mario Perrachón, Raúl Servetto y Mónica Travieso.

 

4) CONMEMORACIÓN DE LOS 60 AÑOS DE LA APROBACIÓN  DE LA RESOLUCIÓN Nº 181 DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS

 

SEÑOR PRESIDENTE.- La Asamblea General ha sido convocada a fin de conmemorar los 60 años de la aprobación de la Resolución Nº 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la cual se creó el Estado de Israel.

 

Tiene la palabra el señor Legislador Gallinal.

 

SEÑOR GALLINAL.- Señor Presidente: la bancada de legisladores del Partido Nacional promovió esta iniciativa -que contó con el respaldo del Parlamento Nacional a través de una decisión aprobada por esta Asamblea General con el voto de todos los partidos políticos- con el propósito de recordar un acontecimiento singular y de particular importancia en la vida de las naciones, del que hoy se cumplen 60 años.

 

En primera instancia, queremos saludar a quienes han sido especialmente invitados a participar de este evento, de esta conmemoración, recordando la historia, mirando hacia atrás y buscando las fuentes de inspiración que nos permitan, cada vez más, mirar hacia delante. En ese sentido, saludamos la presencia del Embajador de Israel en el Uruguay, señor Yoel Barnea, y de los representantes del Comité Central Israelita del Uruguay, de la Comunidad Israelita del Uruguay, de la Comunidad Israelita Sefaradí, de la Nueva Congregación Israelita, de la Comunidad Israelita Húngara, de la Organización Sionista del Uruguay, del Congreso Judío Latinoamericano, de la B'nai B'rith, del Comité de Entidades Femeninas Israelitas del Uruguay (CEFIDU) y del Museo del Centro Recordatorio del Holocausto, como así también a todos los amigos y amigas, y a los jóvenes que hoy llenan estas barras del Parlamento Nacional.

 

Señor Presidente: 60 años atrás la Organización de las Naciones Unidas nombraba una Comisión Especial para Palestina (UNSCOP) con la misión de resolver la disputa entre judíos y árabes, compuesto por representantes de once países entre los cuales se encontraba Uruguay, que desempeñó un papel fundamental de la mano del profesor Enrique Rodríguez Fabregat, a quien hoy también estamos homenajeando por la dignidad y el orgullo que significa para el país haber contando con un representante de este perfil y condiciones en esas circunstancias. Después de varios meses de auditorías e informes, el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea Plenaria de la ONU votó el plan de partición recomendado por la UNSCOP, siendo el resultado final de 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones. En la Resolución Nº 181 se dispuso la partición de la tierra en dos Estados para dos pueblos, un "Estado judío" y un "Estado árabe" en Palestina, con Jerusalén como "corpus separatum" regido por un régimen internacional especial. Las fronteras del Estado judío habían sido dibujadas, en aquel momento, según las poblaciones predominantemente judías y la otra parte fue adjudicada al Estado árabe. Ambos se mantendrían unidos por cruces territoriales y la complementación económica.

 

            El pueblo judío, exterminado por el holocausto, aceptó la idea y construyó un Estado que, a pesar de la escasez de recursos naturales, hoy es modelo de crecimiento y desarrollo para el mundo en tecnología, medicina, ciencias y agricultura.

 

En mayo de 1948, con el nacimiento de Israel, pudo haber nacido el Estado árabe palestino, pero no fue así. Se pudo evitar refugiados árabe y más refugiados judíos, a la vez que trabajar para que existiese un Estado palestino y uno judío que viviesen lado a lado y en fraterna colaboración. Pero esa decisión, de todas formas, abrió una puerta enorme hacia al futuro.

 

Recordando estas circunstancias queremos dar lectura a lo que en su momento escribiera Marcos Aguinis. Decía: "Hay muchos que suponen que Isarel surgió de súbito como consecuencia de la Partición votada por las Naciones Unidas y la temeridad de proclamar su Independencia en el '48, cuando cesaba el Mandato Británico. La gente se olvida de que esos fueron actos formales, porque el Estado de Israel ya existía. No era regalo de nadie sino producto de una tarea ímproba, llena de idealismo y tenacidad. Por eso, la pequeña población del flamante Israel pudo vencer a siete ejércitos árabes y, al mismo tiempo, recibir a centenares de miles de refugiados que venían del Holocausto y de la expulsión masiva que realizaron los países árabes como venganza por su derrota".

 

Respecto de estas expresiones de Aguinis, debemos decir que las compartimos en tanto creemos firmemente que el Estado de Israel no es producto de una decisión; es producto de una lucha, de un sentido de pertenencia, de una vocación de libertad e independencia y esta decisión que hoy conmemoramos, es un eslabón más, fundamental, en esa lucha, insisto, producto de esa vocación libertaria e independentista.

 

            Han pasado sesenta años de esta histórica resolución y quizás pueda señalarse que poco se ha avanzado en la búsqueda de una paz real a la vista de los hechos de los últimos años, que nos han demostrado que la violencia sólo provoca más violencia, alejando aún más las posibilidades de encontrar soluciones pacíficas al conflicto. Hoy vemos con gran beneplácito una luz de esperanza, luego de seis años de estancamiento, en esta Cumbre que acaba de finalizar y que da inicio a una nueva oportunidad para la paz. Esta oportunidad no puede ser ignorada frente a los palestinos que siguen sin un Estado reconocido; pero, por otro lado, no ignoramos el sufrimiento del pueblo de Israel que continúa inseguro y aterrorizado rodeado por sus vecinos.

 

Estamos convencidos de que el Presidente Abbas y el Primer Ministro Olmert son sinceros en su empeño de poner fin a la incertidumbre y al sufrimiento con que viven sus pueblos desde hace décadas. Apenas unas horas nos separan de ese suceso trascendental que significa la Cumbre de Annapolis. En la misma hay señales positivas, a pesar del escepticismo de muchos, de que puedan empezar a darse pasos en la dirección correcta. El Gobierno de Israel ha manifestado su disposición de cumplir sus obligaciones conforme a la Hoja de Ruta. Por su parte, el lado palestino ha declarado su intención de dar los pasos necesarios para establecer la ley y el orden, el control de la violencia y el combate al terrorismo para fines del año 2008.

 

            Entre los temas críticos fundamentales estuvieron presentes las cuestiones del Estatuto de Jerusalén, la frontera del futuro Estado que se cree, la situación de los refugiados palestinos y la cuestión de los recursos hídricos. El documento suscrito no es, obviamente, un acuerdo de paz; pero sí un compromiso para negociar la paz.

 

Nadie puede desear la paz más que ellos. No obstante, estamos convencidos de los principios rectores del derecho a la autodeterminación de los pueblos y a la convivencia de dos Estados como Israel y Palestina, viviendo uno al lado del otro en paz y seguridad. Por ello, como país que ha desempeñado un papel importante en este conflicto desde sus comienzos, el nuestro no puede eludir su responsabilidad de contribuir, en la manera que pueda, al logro de una solución.

 

            Durante todos estos años, señor Presidente, hemos sido espectadores de escenarios de horror a través de los medios de comunicación, no siempre expuestos de la manera más equitativa, que es otro de los tantos temas injustificables de este conflicto. Aquellos que siguen las noticias y sus análisis acerca de los acontecimientos en Israel y la zona de Oriente Medio, verán que muchas veces es usual mostrar y acusar a Israel de expansionista ignorando el historial de un país que ha demostrado, cada vez que hay una posibilidad de entendimiento o de paz, estar dispuesto a entregar territorios que, cabe aclarar, no le corresponden: la devolución del desierto de Sinaí a Egipto luego de los acuerdos de paz con ese país en 1978, territorios a Jordania luego del reconocimiento mutuo de ambos Estados, el retiro de Gaza y zonas de Cisjordania tras los Acuerdos de Oslo de 1993 y 1994, la retirada del Líbano en el año 2000 y la retirada unilateral de toda Gaza en 2005.

 

            Nosotros este año tuvimos la oportunidad de conocer Israel y cuando uno llega allí, sinceramente, no siente que está en un país en guerra, sino que muy por el contrario, en ese Estado se respira libertad, y uno se pregunta cómo no domina aquí el ambiente cargado por el peso del conflicto. Este sentimiento de libertad con el espíritu inquebrantable está presente en cada uno de los ciudadanos israelíes con los que tuvimos contacto. Ni una realidad política compleja ni una situación de gran conflicto, han logrado interrumpir la pujanza de un país que crece. Esto es algo que nos llamó la atención y creemos que forma parte de ese espíritu emprendedor que reconocemos en muchos de los israelíes de allá y en muchos de aquellos que emigraron y que hoy, compatriotas, eligieron a nuestro país para vivir y formar sus familias.

 

            Vivimos con mucha intensidad la experiencia de conocer un lugar como Yad Vashem, y de esta forma pudimos compartir, hasta donde somos capaces, sus sentimientos, sus permanentes cicatrices, tal como lo hiciéramos en ocasión del Homenaje del 27 de enero de este año en oportunidad del recordatorio del Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto del pueblo judío. Desde la Comisión Permanente, donde fortalecimos el compromiso de recordar para nunca olvidar, se rindió tributo para que no se repitan jamás atrocidades así, para bien de nuestras futuras generaciones.

 

            Decía Golda Meir: "Podemos perdonar a los árabes por asesinar a nuestros chicos. No podemos perdonarlos por forzarnos a matar los suyos. Sólo tendremos paz con los árabes cuando ellos quieran más a sus hijos de lo que nos odian a nosotros".

 

            Señor Presidente: el pueblo de Israel está cansado de guerra. Ya son varias las generaciones de ciudadanos que defienden el país con una mano y trabajan con la otra. Pero la paz es también anhelada por una gran parte del pueblo palestino en el que no habita el odio en sus almas ni justifica el terrorismo como forma de acción política y que es perfectamente capaz de vivir en armonía con sus vecinos judíos buscando forjar un futuro civilizado para sus descendientes. Ejemplo de ello son las respectivas colectividades de ambos orígenes que nos honran en nuestro país con su presencia y los valiosos aportes que hacen a nuestra sociedad. Todos ellos, sabemos, despliegan sus mejores esfuerzos en esta causa, y tengan entonces la plena confianza de que desde nuestro lugar, seguiremos bregando en procura de una pronta y definitiva paz entre pueblos que tienen mucho en común y que históricamente han compartido la Tierra Santa.

 

            Esperamos que este día internacional sirva para dar un nuevo ímpetu al proceso de paz, de tal manera que los objetivos de crear un Estado para los palestinos y garantizar la seguridad del Estado de Israel se hagan realidad antes de que esta tragedia siga cobrando más vidas.

 

            El Partido Nacional, nuestra colectividad política, en cuya representación nos toca hablar, está consustanciado con estas causas. Promovió desde el Gobierno Nacional y bajo la Presidencia del doctor Lacalle, la derogación de la Resolución Nº 3379 de la Asamblea Genera de las Naciones Unidas, aprobada el 10 de noviembre de 1975, por 72 votos a favor y 35 en contra. Felizmente, uno de estos fue el voto del Uruguay. Lamentablemente, aquella indigna resolución había equiparado al sionismo con el racismo en general y con el apartheid sudafricano en particular y fue derogada, como decíamos, en el año 1991 y el Uruguay tiene el honor de haber sido coautor de la moción en función de la cual se derogó.

 

            También en esos años, a iniciativa del Poder Ejecutivo, con el apoyo del Parlamento Nacional en forma unánime y a través de la aprobación de distintas leyes, se construyó en 1994 el Memorial del Holocausto del Pueblo Judío: un símbolo de lo que es el Uruguay y del pensamiento que nuestro país tiene respecto a estos episodios, a estos hechos de la historia mundial.

 

            Finalmente, señor Presidente, queremos dejar un saludo afectuoso a todos los presentes y a las comunidades judía y palestina del Uruguay en particular, expresando nuestra solidaridad con unos y con otros del mismo modo. Ambos pueblos tienen derechos y obligaciones, heridas profundas y dolores tremendos.

 

            Con el pueblo palestino, reafirmamos nuestra convicción de que la paz es posible y que es posible también alcanzar el establecimiento de un Estado Palestino, mientras que hacemos énfasis en la voluntad de trabajar no sólo por el "derecho a existir" de Israel, después de 59 años de vida independiente, sino también, como decía con sabias palabras el Papa Benedicto XVI, por "el justo derecho de Israel de vivir en paz".

 

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos en Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador Cid.

 

SEÑOR CID.- Señor Presidente: saludo al señor Embajador del Estado de Israel, aquí presente: bienvenido a esta Casa. Saludo, asimismo, a los Presidentes y a los integrantes de las distintas comunidades judías que hoy nos acompañan y a la comunidad judía en su conjunto. Gracias por estar presentes.

 

            Quiero comenzar esta conmemoración reconociendo lo importante que resulta la iniciativa que el Partido Nacional presentó, a través de las palabras del señor Senador Gallinal, convocando a esta Asamblea General para festejar los 60 años de la fundación del Estado de Israel.

 

            No se hubiera entendido, realmente, que un país como el Uruguay, que tuvo un papel tan importante en su gestación, dejara pasar en silencio este aniversario. El Gobierno de la época que encabezaba el Presidente Luis Batlle Berres, del Partido Colorado, y su representante en la UNSCOP -Comisión Especial de Naciones Unidas para la cuestión de Palestina-, profesor Rodríguez Fabregat, así como también el doctor Secco Ellauri, fueron actores destacadísimos en la creación del Estado de Israel. A los uruguayos nos llena de orgullo esa gestión, y también el hecho de saber que ella es compartida por todo el pueblo uruguayo.

 

            Pero no sólo por el pasado, sino también por el presente, hubiera sido negativo dejar pasar desapercibido este hecho. Quienes año a año asistimos al recuerdo de un hecho luctuoso para la humanidad, como fue la "Noche de los Cristales Rotos", vemos a nuestro Presidente asistir y comprometerse con ese recuerdo, pero también vemos asistir sistemáticamente a nuestros ex Presidentes. Cualquiera fuere su identificación política, todos ellos han estado presentes en la ratificación de un compromiso con el Estado de Israel y con el pueblo judío. Allí también hemos visto a legisladores y a Presidentes de Directorios, así como a Presidentes y Secretarios del Partido Colorado.

 

            El pasado martes 27 de noviembre concurrimos, una vez más, a recordar aquellos hechos y pudimos apreciar cómo se valora la presencia de los uruguayos no judíos en esa fecha de tantos recuerdos dolorosos, porque a partir de entonces empezó una práctica sistemática en contra de la colectividad.

 

            Así, pues, ahora que veo a esa misma colectividad aquí presente, representada en un número importante de integrantes, a ellos me dirijo para decirles lo siguiente. En realidad, no nos deberían agradecer a nosotros nuestra presencia, sino que somos nosotros mismos quienes debemos agradecerles la de ustedes, así como también su constancia en recordar estos hechos luctuosos, porque nos reafirman en la necesidad de tener presente siempre todo esto y que el olvido no construye historia. Ustedes han sido perseverantes, además de constituir un ejemplo para el mundo entero en esa práctica que nos recuerda ese hecho luctuoso.

 

            Precisamente, el recordar constituye un acto de amor y de reconocimiento a millones de personas que fueron asesinadas por el régimen nazi; omitir esa recordación constituiría un acto de desaprensión que no sería posible entender. Digo que es un acto de amor, porque ese día se recuerda el comienzo de una estrategia de exterminio que debe ser entendido por las nuevas generaciones, a fin de que la humanidad reviva en esa causa el compromiso necesario para que nunca más vuelva a pasar. Reitero: para que nunca más vuelva a pasar.

 

            Por estos días en que se escuchan voces que niegan el holocausto, en que se proclama la voluntad de que desaparezca el Estado de Israel, en que crece el armamentismo de vecinos poderosos que hacen alarde de su potencialidad atómica -que construyen cohetería que alcanzaría al Estado de Israel-, en que se bombardea constantemente los asentamientos fronterizos y en que se denuncia la participación de un vecino del país en el atentado de la Amia, dirigido a matar civiles inocentes, ancianos y niños, debemos mantener vivo el recuerdo del pasado. Nunca más debemos olvidar este pasado. No debemos olvidar jamás que Occidente no prestó atención a lo que sucedía en Alemania en 1938 y antes de esa fecha, y que no evitó de ninguna manera que se concretase la masacre atroz, que se pusiera en marcha lo que los nazis llamaron "solución final". Cabe preguntarse, entonces, cuando se proclama como objetivo que se quiere hacer desaparecer a Israel, si nuevamente no se está proclamando una "solución final".

 

            Ahora, en las palabras de un querido amigo, Mauricio Rosencof, escritas en el libro entrañable "Las cartas que no llegaron", quiero recordar cómo se vivía y qué grado de antisemitismo existía en Europa. Debo recordar que esta obra está dirigida a los padres de Rosencof, judíos polacos que vinieron al Uruguay. En la página 115 de la edición que tengo en mi poder, el autor escribe lo siguiente: "En el pueblito polaco no fuiste más que un nativo en tránsito. Los pogromos dos por tres (más bien por tres) te lo recordaban, te lo recordaban, te lo recordaban a vos y a tus papás a tus hermanos a los sobrinos, a todos, no son nativos no son de acá, acá están de paso chau. Y eso lo sabían tus papás tus hermanos, todos, por eso no abandonaron el idioma, papá; eran polacos, sabían polaco, era el idioma casi nativo pero no largaron el yiddish, sabías yiddish, lo hablabas lo escribías lo leías, y sabías de Talmud y Sholem Aleijhem, y eso lo trajiste contigo cuando te desterraste del pueblito y dejaste a mamá y a León, chiquito, muy chiquito para ver si había en América una tierra sin pogromos, no viniste a hacerla, estaba hecha, vos sabías que estaba hecha y sólo querías saber, constatar que te podías afincar sin polacos con antorchas y vodka y gritos, que disparaban contra las cabañas de judíos y prendían fuego".

 

            Esto era Polonia, señor Presidente, y esto era Europa. Era una actitud de Europa; por eso digo que cuando la colectividad judía recuerda, hace muy bien porque debemos anticiparnos a estas actitudes en contra del pueblo judío. En realidad, esa actitud no está desvinculada de la que asumiera Gran Bretaña en su momento, porque algunos interpretan que el comienzo de una iniciativa para que Israel tuviese la Patria prometida no surgió espontáneamente, sino que fue fruto de una actitud antisemita. Esto es algo que debemos tener muy en claro.

 

            Esa actitud de desatención al problema no reproduce lo que significó la publicación del Libro Blanco del gobierno de Chamberlain del año 1938 que suspendió la inmigración de los judíos hacia Palestina, dejando indefenso a millones de ellos, prontos para la "solución final".

 

            Creo, señor Presidente, que si hay algo que ejemplifica hasta dónde se está dispuesto a llegar para hostigar al Estado de Israel, es lo que ha sucedido recientemente en Gaza, donde se llegó al enfrentamiento militar entre palestinos -entre árabes- y a la muerte de decenas de ellos. La causa de esto es la rivalidad de las dos fracciones que conviven en la zona, de Al Fatah y Hamas y su diferente postura frente a Israel; a la primera se le castiga con la muerte de sus integrantes por tener una actitud más dialoguista -aunque no me atrevo a decir que sea del todo dialoguista-, dispuesta a la búsqueda de acuerdos. Entonces, debemos ver esto como una advertencia y contemplar hasta dónde llega el grado de intransigencia del pueblo palestino.

 

            Confieso que estos hechos me hacen sentir poco optimista con relación a este encuentro programado a realizarse en la ciudad de Annapolis; en realidad, no soy el único, pues algunos periodistas judíos comparten esta visión un tanto pesimista. A mi entender, esto constituirá una nueva frustración para Israel y también para los palestinos de buena voluntad, que existen. Aquellos palestinos que sistemáticamente fueron a trabajar a Israel, aquellos que no quieren vivir en la miseria, aquellos que anhelan tener un Estado palestino, anhelan la paz. Entonces, tenemos que buscarlos y hacerles perder esa visión crítica de que quien opina a favor de Israel, es un traidor. Conocemos esa dinámica, esa filosofía y esa modalidad de pensamiento.

 

            Hace exactamente diez años, señor Presidente, cuando se conmemoraban los 50 años de la Proclamación del Estado de Israel, me pidieron una colaboración para una publicación de la colectividad judía -no sé por qué no se publicó, pero eso no era lo importante- y ese artículo lo denominé: "El demasiado largo proceso de Paz". ¡Qué irónico suena diez años después que haya titulado ese artículo como "El demasiado largo proceso de Paz"! Lo digo porque paz nunca ha tenido Israel en estos 60 años. En aquel momento existía una visión más optimista debido a algunos acuerdos puntuales alcanzados y, además, teníamos el antecedente del encuentro de Washington de 1993. Sin embargo, debo confesar que hoy carezco de esa visión optimista y creo que nos hemos retrotraído a los peores momentos de la relación entre los musulmanes y el Estado judío.

 

            Señor Presidente: no puedo evitar referirme a las actuales circunstancias que atraviesa Israel y a las pasadas que vivió el pueblo judío, pues tenemos claro que su creación ha sido un largo y nada fácil recorrido, para un país que ha tenido que recurrir a la guerra para sobrevivir. Más allá de esta situación harto repetida a lo largo de su historia, hoy el Estado de Israel cumple sus 60 años de existencia. Esto es algo que ayuda a pensar simbólicamente a favor de ese Estado, cercado por enemigos desde su  propio nacimiento. Durante ese tiempo, ha tenido que superar la adversidad de ser un país que comenzó a nacer del lado de la guerra.

 

Natán Alterman, en una poesía ejemplar sobre lo que ha sido el nacimiento del país, decía: "Entonces, la nación bañada en lágrimas y encanto, habló y preguntó ¿Quiénes son ustedes? Y ambos con calma respondieron: somos la bandeja de plata sobre la que se concedió el Estado Judío ...". Los que contestaban esa pregunta eran dos jóvenes soldados uniformados, que venían de defender su Estado naciente, para participar del festejo de su creación. ¡Qué fantástico: eran jóvenes que venían de la guerra para permitir que persistiera el Estado Judío! Respecto de la expresión de la poesía de Alterman, sabiamente Weizmann señalaba: "No se le concede un Estado a un pueblo en bandeja de plata". Como dije, ellos respondían: "Somos la bandeja de plata sobre la que se concedió el Estado Judío ..."

 

            Recordemos brevemente la gestación del Estado de Israel. Ya desde 1917 la Declaración de Balfour prometía un Hogar Nacional para los judíos y se abría la posibilidad de inmigración hacia Palestina. Ese no era un acto generoso, sino fruto de lo que señalamos con anterioridad: esa percepción antisemita que se tenía en toda Europa. Fueron miles los que emigraron a Palestina para recuperar su derecho a vivir en la tierra de sus ancestros. Lamentablemente, en el juego diplomático previo a la Segunda Guerra Mundial, se limitó esa posibilidad dejando a millones de judíos en las manos irracionales del nazismo. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial, luego de la comprobación de los crímenes y de la habilitación de campos de refugiados al este y al oeste de Europa, se toma conciencia de la necesidad de crear el Estado de Israel. ¿Acaso Occidente no permeó de espías a la Alemania nazi y a los campos de guerra, como para desconocer lo que allí ocurría? Esto queda como una pregunta planteada.

 

            Nuestro querido profesor Rodríguez Fabregat -tengo entendido que al mediodía de hoy fue recordado en un acto realizado en el Parque Batlle y Ordóñez-, en su informe a la UNSCOP, al preguntarse por qué era necesaria la creación de un Estado judío, decía que era "para terminar justamente esa forma de discriminación y extrañamiento de persecución contra un sector de la humanidad" y agregaba "del total de muertos por el nazismo, un millón y medio eran niños".

 

            El año pasado, señor Presidente, estuve en Washington invitado por el Gobierno de los Estados Unidos para analizar el complejo tema de los transgénicos, y por recomendación de algún amigo de la colectividad judía, tenía el objetivo de visitar, en el tiempo libre, el Museo del Holocausto. Allí pude ver, nuevamente, mucho de lo que el nazismo provocó a la humanidad y, en especial, al pueblo judío. No vi cosas muy diferentes de las que vemos en los medios de comunicación de nuestro país, pero sí quedaron grabados en mi retina dos hechos que, por su simbología, tenían un alto contenido afectivo. Uno era la réplica de un vagón en el que transportaban a la gente hacia los campos de exterminio. En ese momento no pude evitar imaginar el apretujamiento de los transportados, el calor, el frío, la sed, el hambre, el orín en la ropa, la desesperación de no saber qué destino tendrían y los niños en brazos. El otro cuadro fue el de miles de zapatos acumulados de hombres, mujeres y niños que habían sido asesinados por el solo hecho de ser judíos. Viendo esa secuencia de testimonios, me preguntaba, señor Presidente, qué locura invadía al mundo en esa época y qué había pasado en un pueblo como el alemán, donde otrora convivieron alemanes y judíos, para llegar a esa pérdida brutal y atroz de valores. No era la guerra donde se mata o se muere, era la minuciosidad de planear cómo matar al prójimo, cualquiera fuera su sexo y su edad; la búsqueda de la perfección metodológica para matar.

 

            El martes 27 en la B'nai B'rith se encendieron las velas del candelabro simbólico de la colectividad judía. Una a una, fueron encendidas por sobrevivientes del holocausto. La menorá recibió seis ancianos sobrevivientes del Holocausto y, en forma simultánea, aparecía una breve semblanza de vida y en una placa la fecha de su arribo al Uruguay. Por lo menos en estos casos, aunque la diáspora se dio masivamente, habían llegado al país entre 1947 y 1950, huyendo de una Europa empobrecida pero que básicamente seguía siendo hostil hacia la colectividad que se encontraba empobrecida, perseguida, escarnecida y que alojaba a los sobrevivientes del holocausto en campos de refugiados.

 

            Mauricio Rosencof en "Las cartas que no llegaron", en ese libro entrañable, refiriéndose a la emigración de sus padres desde Polonia, escribía: "Porque uno piensa que irse de un país a otro es cosa de valija, nomás". Y no podía dejar de pensar -recordando esta frase y todo lo que esta gente dejó atrás, incluso los que dejaron Israel, estos ancianos, cuando encendían las velas de ese símbolo de paz, justicia, luz, regocijo, alegría y honra que es la menorá-  en todo lo que dejaban atrás: seguramente, mucho dolor, seres queridos sin entierro siquiera, muchas imágenes de horror. Pero su vida no fue siempre así y eso es lo impactante. Antes del terror, era gente sin miedo que vivía normalmente, ciudadanos de un país que trabajaban, mandaban sus hijos a la escuela, compartían las comidas en familia y también rezaban en familia e iban a su sinagoga. Entonces, pienso en qué sabio es Rosencof porque en esa simple frase resume todo el dolor y la nostalgia del desarraigo.

 

            Antes de terminar mi exposición, señor Presidente, quiero trasmitir un agradecimiento a mi bancada del Senado por darme el honor de recordar una nueva fecha de la fundación del Estado de Israel. Muchas veces no tenemos ámbitos para expresar lo que sentimos y me congratulo de que me hayan permitido hacerlo en esta oportunidad.

 

            Por último, en esta conmemoración de un nuevo aniversario de la fundación del Estado de Israel hice una referencia breve porque, como rezaba el cartel en el frente de la B'nai B'rith: "Sin memoria no hay historia". Y creo que tenemos que contribuir a escribir la historia desde la solidaridad con los que sufrieron.

 

            Nada más. Muchas gracias.

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador Sanguinetti.

 

SEÑOR SANGUINETTI.- Señor Presidente: es este un acto honroso para el Parlamento porque recuerda ese día tan trascendente en la vida de Occidente y en la tan dramática historia del siglo XX. Esa centuria sufrió dos Guerras Mundiales y vio nacer, desarrollar y debió padecer las filosofías antiliberales del fascismo, el falangismo, el nazismo y el comunismo. De este modo, adoleció de la angustiosa lucha por la construcción de un mundo libre y un sistema democrático basado en la dignidad del hombre. Hay muy malas historias para contar del siglo XX, pero también hay algunas felices. Esta, la de la creación del Estado de Israel quizás sea la más significativa, porque fue la propia organización internacional la que lo reconoció, lo logró y lo construyó luego de un largo esfuerzo y un enorme sacrificio. Quizás, si hoy mismo tuviéramos que crear la propia Organización de las Naciones Unidas, no lo podríamos hacer. Dudo que hoy estuvieran dadas las condiciones de unanimidad en el mundo para crear una organización como las Naciones Unidas y que todos pudiéramos votarla.

 

            En aquel entonces, luego del horror de la Segunda Guerra Mundial, se vivió un momento de reconciliación que hizo posible, no sólo crear esa nación, sino también que pudiera llevar adelante esta misión, tan sustantiva para la construcción del proceso de libertades. Teodoro Herzl, fundador del sionismo, dijo: "Nuestra libertad ensanchará la libertad de todos". Esa frase está cargada de sentido porque, luego del horror del holocausto y del nazismo, no hubiéramos imaginado un mundo sin la libertad del pueblo judío. Sin ella no podríamos hablar de la libertad del resto, sino desde la complicidad -como bien lo señalaba el señor Senador Cid hace un instante- de tantos, frente a aquellos horrores que ocurrieron. Quizás no es hoy el momento de inventariar esas complicidades, pero sí de poner un acento en el recuerdo de que las hubo y de que, quizás, eso fue lo que motivó esa chispa de luz con la cual las grandes potencias y aun los pequeños Estados -pequeños en cuanto a fuerza militar, pero muy grandes en su fuerza ideológica, como fueron el Uruguay y Guatemala- pudieron participar en la construcción del Estado de Israel.

 

            Para el Uruguay es una vieja lucha. Por eso, para quien habla -y lo hago en nombre del Partido Colorado- ha sido la vida misma desde los albores de nuestra actuación política, formado al lado del entonces Presidente Luis Batlle, quien impulsara esta iniciativa en su carácter de Presidente, como todos los aquí presentes saben. Pero esto ya venía de antes. El Uruguay construyó una tradición en este tema, cuando ya en 1920, en la Sociedad de Naciones, Alberto Guani plantea el tema judío y sobre el pronunciamiento de Lord Balfour, apoya la necesidad de un hogar judío. Balfour era inglés y como tal vivía la dualidad de ese gran país de las libertades y que además, en la Segunda Guerra Mundial, había sido la nación de la más heroica resistencia. Sin embargo, adolecía de una actitud paradójica, a tal punto que acogió a judíos en sus rangos más altos cuando se resistía a entregar Palestina. Precisamente, uno de los más grandes -por lo menos para mí- ministros de la Reina Victoria fue judío; me refiero, nada menos, que a Benjamín Disraeli, una figura culminante del pensamiento y de la vida política. Pero en esa región operaban otros intereses que todavía siguen pesando.

 

Para el Uruguay se trató de una larga construcción, que nace en 1920 y que se plantea nuevamente en 1945, en San Francisco, cuando se están construyendo las Naciones Unidas. El Uruguay concurre con una delegación que preside su Canciller -y se da la particularidad de que es el único en la historia que antes había sido Presidente de la República; es un caso muy inusual-, el ingeniero Serrato. Él presidía la delegación uruguaya que en ese momento plantea el tema del holocausto, de la persecución del pueblo judío y de la necesidad de construir un Estado. Aquello cayó mal en el conjunto de representantes que en ese momento estaban en la tarea de organizar las Naciones Unidas y sentían que ese planteo era arrojar una especie de manzana de la discordia. Esto fue así a tal punto que, luego de un gran discurso que hizo Héctor Payseé Reyes -que fue también un gran orador en una época de grandes oradores, como Rodríguez Fabregat, entre otros-,  mucha gente de las grandes potencias se le aproximan a Serrato a decirle que retirara esa moción inoportuna -es la palabra utilizada-, pero el Uruguay insiste en que no va a hacerlo. Finalmente, no se vota, pero nuestro país la planteó.

 

Eso tampoco fue casualidad. Porque ya en 1940 en el Uruguay se había formado todo un movimiento en apoyo de un movimiento sionista que también había nacido en el país. En 1944, en el Ateneo, se funda un Comité Pro Palestina Hebrea, que fue fundamental en esta lucha y que estaba integrado por no judíos. Hubo algunos judíos activistas a quienes es muy bueno evocar, como es el caso del Doctor Jacobo Hassan, a quien quiero recordar hoy, porque fue un gran médico, un hombre bondadoso y  un emocionante luchador de esta causa, desde los primeros días hasta su muerte. Ellos habían impulsado ese Comité que estaba integrado por no judíos, cuyo primer Presidente fue el doctor Augusto Turenne y sus Vicepresidentes fueron Celedonio Nin y Silva y Sabat Ercasty. Precisamente a Celedonio Nin y Silva  no le gustaba la expresión de Lord Balfour, porque decía que no había que darle un hogar al pueblo judío, sino reconocerle un Estado. Nin y Silva era un erudito en estos temas y al respecto escribió una historia en doce tomos, que -confieso- nunca leí aunque siempre la miré con un gigantesco respeto, porque se trataba de alguien que en el Uruguay había podido escribir doce tomos sobre la historia antigua de los pueblos de Israel.

 

            En aquel momento entonces comienza a desarrollarse una lucha, en la que se destacaron grandes figuras, como Óscar Secco Ellauri, Justino Jiménez de Aréchaga, Eduardo Couture, Fernández Artucio, Emilio Frugoni, Jaime Bayley, entre muchos otros. También hubo políticos que se distinguieron en esas acciones, como por ejemplo Adolfo Tejera y Alfredo Lepra, grandes militantes de esta causa.

 

            Cuando aparece el Movimiento Sionista en el mundo y comienza su lucha en Israel o en Palestina propiamente dicha, desde aquí se empieza también a dar apoyo a esos esfuerzos. En 1945 ó 1946 ya estaba formada la Haganá, es decir lo que luego fue el núcleo central del Ejército israelí. Pero también había otros grupos que no respondían a Ben Gurión y que utilizaron para su lucha el terrorismo, con lo cual se produjeron fuertes divisiones en el mundo judío, que se trasladaron también a nuestro medio aunque parezca curioso y paradójico. Es bueno recordar estas cosas porque nada ha ocurrido como resultado de una decisión repentina, sino como fruto de una larga lucha. En l946 Palestina constituía un mandato británico de administración inglesa y, a raíz de los episodios que mencioné y de la resistencia judía, fue llevado preso todo el comité judío. Como consecuencia de ello, se realizó un acto público en el mismo lugar en el que luego se fueron realizando otros de la misma índole. En definitiva, el tema fue ganando la calle; recuerdo que aquel acto en el que se reclamó su libertad, se realizó en Agraciada y 18 de Julio y el orador final fue Luis Batlle Berres, quien en aquel momento era Presidente de la Cámara de Representantes.

 

            De manera que se configuró un movimiento dirigido a crear una conciencia en un pueblo que, si se quiere, estaba un poco lejano de este tipo de temas y de esta construcción del nuevo Estado. No obstante, así se fue avanzando de tal modo que, cuando en 1947 se llega a la instancia de la Organización de las Naciones Unidas, era natural que el Uruguay tuviera una posición firme y clara en este sentido; y la tuvo. En aquel momento el Presidente era Luis Batlle, el Ministro era Márquez Castro y nuestra representación en la Comisión que se formó a esos efectos estaba integrada por Rodríguez Fabregat y Secco Ellauri, ya que el ingeniero Sisto  era un técnico nombrado a fin de que los ayudara en la tarea de dibujar un territorio. Durante seis meses realizaron un enorme trabajo; fueron a Palestina y a Alemania y les tocó vivir una situación muy difícil ya que, incluso, a Óscar Secco -así lo contó él- no le otorgaron la visa para ingresar al territorio palestino. Todo esto generaba una gran dualidad porque Gran Bretaña había sido el país con el que todos soñamos en los años de la guerra. También fue un drama para los tantos judíos que integraron ese movimiento de liberación.

 

En ese sentido recuerdo, en oportunidad de una visita que realicé como Presidente, haber preguntado al Presidente Herzog -tengo para mí el  intransferible orgullo de haber sido el primer Presidente uruguayo que visitó el Estado de Israel- cuál había sido el peor momento de su vida como militar. Quiero recordar que Herzog era un militar de larga historia, de escuela, formado en la Escuela de Sandhurst -la misma a la que fue Churchill- y se desempeñó como oficial inglés durante toda la guerra contra Alemania, fundando posteriormente el Mossad, el célebre Servicio de Inteligencia israelí. Cuando le hice esa pregunta me respondió que el peor día de su vida había sido aquel en el que tuvo que disparar contra su ejército, que era el británico. Inglaterra generaba -aún en nuestros países- esa dualidad porque, luego de haber sido la gran heroína de la guerra, se había convertido en la potencia que se resistía a la libertad del pueblo judío. En el Uruguay esto también fue muy importante porque, pese a todo el apoyo que se había brindado a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, se llevó adelante toda esa fuerte militancia que, incluso, superó los debates que se habían registrado durante todo el período bélico. Se puede decir que en ese momento toda la sociedad uruguaya y todo el espectro político de nuestro país acompañaron la posición de Uruguay. Y se vivieron situaciones muy difíciles mientras se llevaba a cabo el trabajo de la Comisión, que duró seis meses. Al respecto, Óscar Secco contaba que había dos posiciones -lo mismo decía Rodríguez Frabegat-, ya que se discutía si había que crear dos Estados o constituir un solo Estado confederado o federado. En cierto momento, Secco que era un gran Profesor de Historia, relataba que había hecho una exposición sobre lo que eran la federación  y la confederación, porque había observado que esa diferencia no se entendía bien. Finalmente, se resolvió llamar a un jurista griego para explicar la diferencia entre una confederación y una federación, y también para aclarar lo que significaba la participación de los Estados. Felizmente, se logró que esta tesis triunfara por seis votos a cinco, en un total de once miembros que tenía ese Cuerpo. Los líderes intelectuales de esta posición fueron, justamente, Uruguay y Guatemala, Rodríguez Frabegat y García Granados, que fue un gran político guatemalteco.

 

            Y cuento toda esta historia para decir que esta es la posición uruguaya de toda la vida, no simplemente algo que hoy podamos estar celebrando. Fue el resultado de muchos años; estamos hablando desde 1920 hasta la fecha, en que ha habido una trayectoria constante. Por supuesto que hubo debates, matices y divisiones en la Segunda Guerra Mundial pero, en cuanto a Israel, siempre predominó la corriente de pensamiento favorable a la construcción del Estado. Y así fue que se llegó a ese fin de semana del 27 al 29 de noviembre y a la instancia en que se precisaban dos tercios de votos que, obviamente, había que conseguir. A última hora pareció que Francia se iba a abstener,  junto con Inglaterra, y Weizmann -que fue un eminente científico y el primer Presidente de Israel, que había vivido en Inglaterra durante los años del exilio y en ese momento se encontraba muy enfermo- llamó a León Blum -Presidente socialista del momento- para reclamarle un apoyo que, ciertamente, recibió. Así se definió la situación: se hizo la partición,  comenzaron los festejos y también los tiros, porque en ese momento comenzó la guerra informal, que llega hasta la Declaración de la Independencia que se concreta recién en mayo del año siguiente. Cuando se retiró el Comisionado británico, Lord Cunningham, formalmente comenzó la independencia de Israel con aquel líder que hoy es leyenda: David Ben Gurión. El Estado de Israel es el que  ha acercado a nuestra generación la posibilidad de haber visto a los líderes fundacionales de Israel, lo cual es algo emocionante para nosotros. Para los uruguayos es como haber tenido la visión humana y directa de los Artigas, de los Rivera, de los Lavalleja, porque los Ben Gurión, los Golda Meir, los Dayan, los Rabin, los Weizmann, los Herzog son los que construyeron ese Estado sobre la base de esa tan heroica lucha. Esa es la historia y, a su vez, el presente. Y, felizmente, una actitud que el Uruguay ha mantenido y debe seguir manteniendo, porque también debe decirse -sin que esto sea una nota disonante- que en estas siete guerras que mantuvo Israel, en estas dos Intifadas que tuvo que soportar, en estas innúmeras batallas, no han faltado las construcciones mediáticas o los resabios intelectuales a través de los cuales se ha pretendido cuestionar su acción. En la última guerra con Hizbolá -no con el Líbano, aunque fue en territorio libanés-, es decir, con una organización terrorista no democrática desde un Estado democrático -eso es lo que importa: las siete guerras y las dos Intifadas fueron soportadas por Israel desde un Estado democrático que no se negó a sí mismo-, la posición de Israel muchas veces quedó sola. Y bien sabemos que Israel en las Naciones Unidas, la más de las veces, ha quedado solo. Incluso, en la última guerra con Hizbolá estuvo mucho más solo de lo que debió haber estado. Era un Estado que se estaba defendiendo -como siempre lo ha hecho el Estado de Israel- y que no tenía derecho a perder. 

 

            Estos son algunos recuerdos que traigo a Sala y que me parecía bueno compartir para completar las hermosas palabras que han expresado los colegas del Parlamento. 

 

            Quiero finalizar con algo que entronca con lo que ya manifesté al principio y es que este tema no es simplemente de Israel y de los judíos. Nosotros somos parte de Occidente y pertenecemos a una civilización, es decir, a una conjunción de ideas, de valores y de libertades, que es el producto histórico de un mestizaje de culturas y de su desarrollo que se produce por siglos. Y ese diálogo original, ¿qué es? Es Jerusalén y Atenas. Jerusalén con la ley, con el mandamiento, con el código y con la igualdad; igualdad ante el Superior, que en la visión religiosa es Dios y en la visión laica serán nuestra moral o nuestros códigos legales. La igualdad ante el Superior es Jerusalén; Atenas es la razón, la filosofía, las matemáticas, la geometría, el arte y el pensamiento. Luego, ambos en Roma se proyectarán en la construcción jurídica y el cristianismo.

 

Eso es Occidente. No podemos pensar en Occidente sin Jerusalén; no podemos pensarnos nosotros mismos, como occidentales, sin Jerusalén. Este es el sentido de las Tablas, de la ley, de la igualdad ante el Superior. Eso es lo que aporta Jerusalén, como núcleo original y como semilla original fertilizada por el pensamiento lógico de los atenienses, a la construcción a la cual felizmente pertenecemos.

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador Penadés.

 

SEÑOR PENADÉS.- Señor Presidente: en mi calidad de Legislador del Partido Nacional me adhiero a la intervención que en nombre de nuestro Partido político realizara el señor Legislador Gallinal y que, sumada a la de los restantes representantes de todos los partidos políticos que han hecho uso de la palabra y lo harán en el resto de esta sesión, representa el tributo del Uruguay a los 60 años de la Declaración de las Naciones Unidas por la que se crea el Estado de Israel.

 

            Hace sesenta años los hombres reconocieron lo que Dios le había mostrado a Moisés hace miles de años atrás: la Tierra Prometida. Tuvieron que pasar miles de años y un largo padecimiento para que los hombres terminásemos reconociendo lo que Dios, Nuestro Señor, le habría indicado a Moisés: dónde estaba la tierra del Canaán, de la leche y de la miel. Y ese largo peregrinar de un pueblo, de una nación, de una religión y de una civilización culminó, no sin dificultades -que se extienden hasta ahora-, cuando luego de descubierta la Shoá, los pueblos en la Organización de las Naciones Unidas  -donde como bien se ha dicho aquí, el Uruguay tuvo una activa participación-, reconocíamos que ese era el territorio que iba a ocupar el Estado de Israel.  Ese era el lugar y no otro, porque bien podría haber sido otro territorio o estar ubicado en otra parte del Globo, pero tenía que estar en donde, como dije al inicio, Dios había marcado que debía vivir el pueblo de Israel. 

 

            Ese largo peregrinaje, señor Presidente, termina cuando el militar interventor, miembro de las fuerzas inglesas ocupantes de ese territorio, entrega simbólicamente la llave de Jerusalén en manos de las autoridades israelíes diciéndoles que después de miles de años esta llave volvía a manos de sus verdaderos dueños. En ese momento, teníamos ante nosotros la creación de un Estado que en el Medio Oriente representaría lo que durante miles de años la civilización judeo-cristiana había comenzado a construir, como también se dijo aquí.

 

            Es así, señor Presidente, que ese reconocimiento lleva mucho de compromiso y, por qué no, de vergüenza de naciones poderosas que no estuvieron a la altura de las circunstancias de lo que en el mundo estaba sucediendo en aquellas dos Guerras Mundiales, y fundamentalmente en la Segunda. También hay que reconocer el aporte que el pueblo judío le ha brindado a la civilización en el campo de las artes, de la filosofía, de la música, de la pintura y de la cultura en general. No se puede concebir la construcción de nuestra civilización ni de Occidente sin la activa participación, muchas veces combatida, de los judíos. Quien no entienda esa participación, quien no reconozca el aporte, quien no entienda el derecho que también se reconoce desde la letra del propio Himno de Israel, en el sentido de que mientras haya un judío, éste intentará llegar a Jerusalén -como bien transcribe Dominique Lapierre en su libro "Oh Jerusalén", cuando dice algo así: "Que se me seque la lengua contra el paladar si yo me olvidara de tu nombre"-, se olvida de que hace 60 años todos reconocíamos ese derecho. 

 

            Siempre me sorprendió cómo desde el sistema político israelí hemos conocido mujeres y hombres que, habiendo combatido y conocido el horror de la guerra y lo que significaba luchar bajo sus banderas en férreos combates por la defensa de su territorio, luego se convertían en arquitectos de la paz.  Aquí me permito traer a la memoria de esta Asamblea General las figuras de Golda Meir, Ben Gurión, Menahem Begin, Isaac Rabin y Ariel Sharon, muchos de ellos militares y exitosos, todos ellos conocedores de los horrores de la guerra, constructores y arquitectos de la paz.

 

            Es en ese contexto, entonces, que se entiende la convocatoria, a iniciativa del Partido Nacional, de la Asamblea General del Poder Legislativo de la República Oriental del Uruguay -tan parecida en tantas cosas a Israel- para realizar este homenaje al derecho de las naciones chicas a existir, de las patrias a tener su territorio, de los pueblos a sentirse en su tierra y, en definitiva, a sentirse pertenecientes a la Tierra Prometida. En este caso, señor Presidente, la Tierra Prometida es la que hoy ocupa el Estado de Israel.

 

            En el año 2001 tuve el honor de encabezar, como Presidente de la Cámara de Representantes, la primera delegación extranjera que visitaba Israel y Jerusalén en medio de la Intifada y sentir esa única e irrepetible sensación que produce esa piedra amarilla que tiene la ciudad. En aquel momento decíamos, en un homenaje al General Artigas, que teníamos mucho del pueblo de Israel, porque aquella larga marcha de Moisés hacia la Tierra Prometida podría asemejarse al Éxodo del Pueblo Oriental, en búsqueda también, quizás no de la tierra como espacio físico, pero sí de la tierra como voluntad de independencia. Es así, entonces, que esta tierra ha abierto sus brazos y ha acogido como hijos, sintiendo como compatriotas, a tantos judíos que el horror trajo a nuestras orillas en la búsqueda de esperanzas y oportunidades y ha recibido innumerables aportes de esas comunidades organizadas y de los individuos que siguen hoy, desde aquí, profesando, cultivando, enseñando el espíritu del Estado de Israel a las generaciones que no conocieron la Shoá, la larga marcha ni la larga lucha.

 

            En definitiva, desde el Partido Nacional, conmemoramos no solo la Resolución de las Naciones Unidas, sino el cumplimiento del mandato que hace tanto tiempo Moisés recibió de Nuestro Señor y que al fin se ha visto concretado.

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra la señora Legisladora Xavier.

 

SEÑORA XAVIER.- Señor Presidente, señor Embajador, autoridades de diversas organizaciones representativas de la colectividad judía en el Uruguay, ciudadanas y ciudadanos que nos acompañan en esta sesión: en el día de hoy celebramos la oportunidad de conmemorar en esta Asamblea General los 60 años que han transcurrido desde que las Naciones Unidas adoptaran  la Resolución Nº 181 del 29 de noviembre de 1947 y la coincidencia histórica con la Cumbre de Annapolis.

 

            Como uruguayas y uruguayos, hemos sentido el orgullo del rol que en aquel momento, hace 60 años, desempeñara el profesor Enrique Rodríguez Fabregat, en su calidad de Embajador de nuestro país ante las Naciones Unidas, al contribuir junto a otros cuarenta y siete países a adoptar esa Resolución. La solución de resolver el conflicto por medio de la creación de dos Estados para dos pueblos, lamentablemente aún no se concreta en la realidad en una convivencia pacífica. Han sido décadas de dolor y muerte que mucho lamentamos. Por ello, cada vez que pueda existir la posibilidad de apostar a la paz, lo haremos con toda nuestra fuerza y convicción. Como nos definía nuestro querido y emblemático líder, el General Líber Seregni, somos una fuerza de paz y pacificadora;  esa ha sido nuestra lucha para nuestro país y también lo es para con todos los pueblos del mundo. Esta fuerza política se nutre hoy, como en la primera hora de su nacimiento, con hombres y mujeres que, como el profesor Rodríguez Fabregat, albergamos la esperanza de una solución pacífica para los pueblos israelí y palestino, de una nueva realidad en la que los dos Estados coexistan, como hoy lo hacen barrios enteros y así lo pudimos ver en nuestra reciente visita a Israel. Estamos hablando de un país que alberga a más de 12.000 compatriotas uruguayos de nuestra diáspora, palabra antes utilizada, justamente, para el pueblo israelí. Es un país que contagia su impulso económico, en las ciencias, en la tecnología y que embarga de emoción en todos los aspectos culturales de los que se puede disfrutar. La búsqueda de la paz es una tarea que nos interpela a los hombres y mujeres que tenemos responsabilidades políticas. En nuestras decisiones se inscriben las voluntades políticas de la promoción de la paz o de la guerra, que amenaza la propia sobrevivencia de la humanidad. Los uruguayos sabemos del valor de la paz y de la democracia; supimos y sufrimos su pérdida. Los uruguayos sabemos de una sociedad diversa, multicultural; así surgimos como país y nos desarrollamos. Incluso, por suerte, las colectividades que han sufrido un conflicto de tan larga duración han podido convivir en nuestro país y sentirse como uno más entre todos nosotros. Nuestra responsabilidad como seres políticos, y en particular en la diplomacia parlamentaria, debe estar dirigida al derecho que ambos pueblos, palestino e israelí, israelí y palestino, tienen a vivir en paz.

 

            Creo que es oportuno leer la convocatoria que nos hace el Secretario General de las Naciones Unidas en la Conferencia de Bruselas del 30 de agosto de 2007. Se trata de una conferencia internacional que la sociedad civil patrocinaba en apoyo de la paz entre Israel y Palestina. En esa instancia, entre otras referencias, decía: "Hoy día, aliento una vez más a las dos partes a demostrar una auténtica voluntad de alcanzar la paz mediante una solución negociada fundada en la existencia de dos Estados. Israel debería cesar las actividades de asentamiento, facilitar la circulación de los palestinos y aplicar el acuerdo sobre desplazamiento y acceso. Los palestinos, por su parte, deben hacer todo lo posible por poner fin a la violencia de los grupos militantes y realizar avances en la creación de instituciones sólidas.

 

Las Naciones Unidas continuarán prestando apoyo a los esfuerzos internacionales que tienen por objeto poner fin a la ocupación y lograr una solución fundada en la existencia de dos Estados. No es una empresa fácil, pero sería un punto menos que imposible sin la participación activa y el apoyo de innumerables grupos de la sociedad civil y particulares en Israel, en el territorio palestino ocupado y en todo el mundo. Los actores de la sociedad civil están ayudando a tender puentes entre los pueblos israelí y palestino; están fortaleciendo las instituciones y proporcionando asistencia humanitaria y de otra índole de suma importancia. En todos los aspectos de su labor, contribuyen al logro de una solución justa a este conflicto que dura ya decenas de años.

 

Si trabajamos juntos, podemos lograr nuestro objetivo: una solución amplia, justa y duradera basada en las resoluciones 242, 338, 1397 y 1515 del Consejo de Seguridad y en el principio de territorio por paz."

 

Como decía el profesor Rodríguez Fabregat, somos nuestra memoria. Así reza el monolito que el Gobierno de Montevideo colocó en la Plaza en su homenaje.

 

            Aún me siento conmovida, señor Presidente, por una reciente visita al Museo del Holocausto en Jerusalén y por el encuentro con las fotos de tantas víctimas al final del recorrido. Esas son las miradas que desde la historia nunca debemos olvidar.

 

            A pesar de que ya ha sido mencionada, no quiero dejar de recordar alguna de las frases que Golda Meir, en su importante protagonismo, pronunció. Por ejemplo: "No nos gustan las guerras, incluso cuando las ganamos"; "No nos regocijamos con las guerras, nos regocijamos cuando desarrollamos un nuevo tipo de algodón, o cuando las fresas florecen en Israel"; "Nuestra generación reclamó la tierra, nuestros hijos lucharon en las guerras y nuestros nietos deberían disfrutar de la paz". Que así sea.

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador Alfie.

 

SEÑOR ALFIE.- Señor Presidente: es para mí un orgullo múltiple poder hacer uso de la palabra en esta sesión de recordación de los 60 años de la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la creación del Estado de Israel y de un Estado árabe en la llamada Palestina, precisamente, en el día de hoy. Es un orgullo como uruguayo, por todo lo que aquí se ha dicho, que no hace más que reflejar la verdad histórica de la actuación de un país pequeño en dimensión pero enorme en trascendencia, porque enormes eran sus figuras políticas a nivel internacional. Es un país que recibió a mis abuelos entre 1912 y 1931, antes de la Guerra, y les dio educación, porque los dos hombres llegaron aquí analfabetos, mis abuelas vinieron con estudios. Hay innumerables testimonios sobre maestras de escuelas públicas que se quedaban fuera de hora para enseñar el idioma español a niños que venían en barcos después de la Guerra y que hablaban otra lengua, para integrarlos a la educación. Ese era el espíritu de este país, esa era la concepción -y afortunadamente la sigue siendo- de la gente de este país en su enorme mayoría.

 

            Naturalmente, por mi condición de judío, siento orgullo de rendir homenaje a la creación del Estado de Israel, que no es otra cosa que un Estado puesto en la tierra histórica en la que nació el judaísmo o, más bien, donde creció y se unificó el judaísmo, luego de cuarenta años de peregrinaje por el desierto. Un país que se ha ganado un lugar en el mundo y que todo judío siempre tiene presente.

 

            Uno podría enfocar el homenaje de mil maneras; es más, acá se lo hizo desde varias. Personalmente quisiera hacer una breve perspectiva histórica, para no aburrir y no reiterar conceptos que con mucha mayor elocuencia, dicción y erudición pronunciaron quienes me precedieron en el uso de la palabra.

 

            En la tierra de Israel se formó el primer reino de Israel, que unificó el rey David, aproximadamente mil años antes de Cristo. El rey David nació en Belén -que en hebreo se llamaba Bethlehem, o sea la tierra del pan- y, en cierto momento, vio que había un lugar estratégico en unos caseríos jebuseos, diez kilómetros al norte. Y eso fue Jerusalén, que en hebreo quiere decir "ciudad de la paz". Luego se sucedieron infinidad de acontecimientos que siempre fueron pasando por ese eje de Jerusalén la que, además, prácticamente está en la mitad de la medialuna de las tierras fértiles, que empieza en Ur, al sur de Irak -la Babilonia- y termina en el valle del Nilo.

 

            La palabra Palestina no tiene un origen histórico en esa época; ni siquiera la Biblia jamás la menciona. Sin embargo, todo el conflicto se desarrolla sobre La Palestina -en realidad, en latín se escribía Phalistin-, que hacía referencia a los filisteos, que significaba "pueblo del mar" y que básicamente surge en la época romana. Antes por esa tierra habían dominado los asirios, los babilonios, los persas; luego pasaron los romanos, los bizantinos, los árabes, los seléucidos, los cruzados, los mamelucos, los turco-otomanos y, por último, los británicos, antes de constituirse en un Estado independiente, el Estado de Israel.

 

            En los últimos veinte siglos, desde que los romanos destruyeron el segundo templo, casualmente en la misma fecha de la destrucción del primer templo, el 9 del mes de Av, los judíos dicen año tras año: "Y el año que viene en Jerusalén".

 

            Jerusalén significa mucho en la historia judía pero también en la de la humanidad. Cuando se leen las actas, no de la Resolución de las Naciones Unidas, sino de todo el proceso previo de negociación, puede comprobarse que uno de los puntos clave era la preservación de los lugares sagrados para las grandes religiones monoteístas del mundo: los judíos, los cristianos y el Islam, por orden histórico de aparición.

 

            Luego de un largo peregrinar, de idas y vueltas, el nacionalismo judío reaparece sobre fines del siglo XIX, como acá se dijo, básicamente por el impulso de Teodoro Herzl, casi por una casualidad, después del famoso caso Dreyfus, en el que un general del ejército francés fue sometido a un juicio sumario y sin defensa. Herzl, que era periodista, cubrió ese evento y desde ese entonces se convenció de que había que hacer algo para que los judíos del mundo que se sintieran perseguidos, tuvieran un lugar donde vivir. Increíblemente, Herzl murió a los 44 años, es decir, cinco años después del primer Congreso Sionista Mundial, que se llevó a cabo en 1897, por supuesto sin conocer el Estado de Israel. De la misma manera Moisés, después de peregrinar durante 40 años por el desierto, jamás entró en la Tierra Prometida.

 

            Los problemas de la dominación británica que aparecen luego de la caída del Imperio turco-otomano en la Primera Guerra Mundial, fueron varios. Constantemente había limitaciones enormes a la inmigración. La Declaración de Balfour de 1917, que parecía ser una solución en aquel entonces, no logró hacer mucho por esas enormes limitaciones que había a la inmigración.

 

            Pero, en realidad, ¿en esa tierra qué había?  Parece ser que no había nada más que arena y arena. Mark Twain visitó La Palestina -como se la llamaba entonces- en 1867 y la describió de la siguiente manera: "La desolación es tal que ni siquiera la imaginación puede congraciarse con el esplendor de la vida y de la acción [...] Nunca vimos a un ser humano en toda la ruta [...] Hasta los olivos y los cactus, esos constantes amigos de los suelos más pobres, casi han desertado del país".

 

            En 1882 hubo un censo de población que llevó a cabo el Imperio Otomano y casi no registró habitantes en toda La Palestina. Era un desierto sin habitantes. Sin embargo, desde 1897, cuando judíos de todo el mundo empezaron a responder al llamado de Herzl y comenzó la emigración o el retorno hacia Israel, las cosas cambiaron. 

 

            Al nacer el Estado de Israel, aquello ya no era un desierto. Había universidades, enormes plantíos, cultura, ciudades, y todo lo que una sociedad razonablemente puede tener. Para que se tenga una idea, Tel Aviv se empezó a construir en 1909 sobre los médanos, siguiendo el ejemplo de otros pioneros que habían empezado a construir "kibutzim", -los "Kibbutz"-, o sea granjas colectivas, escuelas agrícolas y aldeas, a abrir caminos y a forestar. Antes de la Segunda Guerra Mundial, en La Palestina existían prestigiosas universidades de Medio Oriente, institutos científicos avanzados, miles de colegios, orquestas filarmónicas -una de ellas inaugurada por Arturo Toscanini-, teatros, usinas y puertos. Alguien lo había construido: fueron los judíos que empezaron a ir allí desde todo el mundo. Luego tuvo lugar el proceso posterior a la guerra, el largo proceso.

 

Los múltiples pogromos que se venían sucediendo desde hacía muchos años, se convirtieron en la "shoá", el holocausto, en los campos de concentración. Todos conocemos la historia: se produjo el exterminio de casi dos tercios de la población judío europea, de la cual, como bien se dijo, un millón y medio eran niños. A la ya reseñada actitud dual de Inglaterra en muchos aspectos, debemos agregar que le resultó imposible manejar la situación y en abril de 1947 le pidió a las Naciones Unidas que se encargara del caso. Entre tanto ocurrieron muchas cosas. Miles y miles de personas que durante mucho tiempo quisieron ir a La Palestina, no pudieron, no sólo antes de la Guerra sino tampoco después. La famosa película "Éxodo" cuenta la historia real de un barco que llevaba refugiados de aquel entonces que, en muchos casos, vivían en los mismos campos de concentración donde estaban las mismas cámaras de gas y los mismos crematorios en los que ellos habían estado y habían visto morir a sus parientes y amigos. Estos refugiados fueron rechazados en el Mar Mediterráneo. Los hicieron volver, si mal no recuerdo, hacia Marsella. En Israel había grupos, movimientos clandestinos que peleaban por la liberación. El más famoso fue el Haganá, pero había otros más radicales que le imputaban a éste cierto conformismo -como siempre pasa-, que eran el  Etzel y el Lehi. Todos estos grupos se unificaron entre 1945 y 1946 y aceptaron ceñirse a ciertas reglas. De todas maneras, hubo actos que se podrían calificar de terroristas, pero que fueron de liberación, como en tantos países que lucharon por su independencia. El más famoso fue el ataque al Hotel "King David", en 1946.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, a estos refugiados judíos les era difícil ir a Israel. De todas maneras, más de 85.000, entre 1945 y 1947, se las ingeniaron para llegar. Las palabras vertidas en este recinto dan muestra de la intervención del Uruguay y de otros países de Sudamérica. Se habla del Uruguay y de Guatemala, los primeros en reconocer al novel Estado luego de los Estados Unidos y la Unión Soviética, pero también hay que recordar que Ecuador y Honduras posibilitaron, en la Comisión que trataba el asunto relativo a Palestina, que una delegación del Congreso Judío Mundial tuviera voz, aunque no voto. Asimismo, debemos recordar la actuación del Brasil en muchos aspectos.

 

            Ahora quisiera hacer mención a unas breves frases de lo que se discutía por aquel entonces. Allí se expresaba que muy conflictivo resultaba el destino de los niños. Una parte de ellos había permanecido escondida en casas extrañas en las que fueron aceptados, en muchos casos, a cambio de importantes sumas de dinero. Terminada la guerra, se les buscó destino. A veces hubo resistencia a entregarlos y otras, los expulsaron dejándolos sin saber cuál había sido el destino de sus familias. Los pequeños carecían de estabilidad y de seguridad. Gran cantidad de ellos fueron llevados a Palestina y, en muchos casos, consideraban ese lugar solamente como una escala. Muchos habían sido llevados antes a Alemania, donde se habían sentido rodeados del odio y de personas a las que no conocían, muchas de las cuales seguramente habían asesinado a sus padres y familiares.

 

Eran momentos difíciles. Nadie podía en aquel entonces pensar que América Latina era un bloque; había diferentes países y distintas realidades. De hecho, Argentina, que iba a votar en contra, a último momento decide abstenerse. Quien representaba a ese país, en realidad, era su delegado suplente, el doctor Corominas, quien logró convencer a su Gobierno de ello, como gran defensor que fue de la creación del Estado de Israel.

 

Los informes internacionales de aquella época mencionan todos esos problemas y, cuando se refieren al Uruguay, muchos de ellos afirman que es el país más libre de América y lo llaman "the freest country". Es el país que recibió, con los brazos abiertos, a personas de todo el mundo, a quienes amalgamó, integró y puso al servicio de la sociedad, del crecimiento y del bien común. Era claramente la historia de una tierra sin pogromos, una tierra nueva, donde los odios eran mucho más lejanos. La simpatía histórica que el Uruguay ha tenido por el Estado de Israel ya fue descripta.

 

Por último, quisiera leer parte de la declaratoria de la independencia, que no es del 29 de noviembre de 1947, sino del 14 de mayo de 1948, cuando se van los ingleses en medio de un caos. Digo esto porque en 1947, La Palestina tenía 1:300.000 habitantes judíos y 700.000 eran árabes. Cuando la Liga de Naciones Árabes decide no aceptar la Resolución de las Naciones Unidas, 570.000 de los 700.000 árabes abandonan la tierra, según se decía, en el entendido de que finalmente se iba a arrojar a los judíos al mar y retornarían sobre esa tierra. Seguramente no todos, pero sí la mayoría, abandonó su hogar por miedo. Es decir que se quedaron solo 130.000. Estos 570.000 se transformaron en lo que ahora se llama refugiados palestinos.

 

Una parte de la declaratoria de la Independencia dice: "El Estado de Israel permanecerá abierto a la inmigración judía y el crisol de las diásporas; promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes; estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, a la luz de las enseñanzas de los profetas de Israel; asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo; garantizará la libertad de culto, conciencia, idioma, educación y cultura; salvaguardará los Lugares Santos de todas las religiones; y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas". Más adelante decía: "Apelamos a las Naciones Unidas para que asistan al pueblo judío en la construcción de su Estado y a admitir al Estado de Israel en la familia de las naciones.

 

Exhortamos -aun en medio de la agresión sangrienta que es lanzada en contra nuestra desde hace meses- a los habitantes árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar en la construcción del Estado sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes.

 

Extendemos nuestra mano a todos los estados vecinos y a sus pueblos en una oferta de paz y buena vecindad, y los exhortamos a establecer vínculos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío soberano asentado en su tierra. El Estado de Israel está dispuesto a realizar su parte en el esfuerzo común por el progreso de todo el Medio Oriente".

 

Esta es, como ya dije, parte de la declaratoria de la independencia. Creo que aquí está reflejado el espíritu de las palabras de Golda Meir, que había leído previamente la señora legisladora Mónica Xavier. Aquí se refleja el espíritu de todos esos guerreros que ganaron las guerras y, en muchos casos, también trataron de ganar la paz, que era lo más importante, su mayor deseo; seguramente, está también el espíritu de todos los muertos en todas las guerras de todos los bandos, entre los cuales, lamentablemente, tengo parientes cercanos.

 

Quisiera solo dejar un deseo, como se dice en Año Nuevo: ¡Que este año sea bueno y dulce y que la dulzura empiece en Annapolis!

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE.- Antes de dar la palabra al siguiente orador, tengo el honor de solicitar al señor legislador Alfie que, por su condición de judío, presida la Asamblea General.

 

(Ocupa la Presidencia el señor legislador Isaac Alfie)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor legislador Iván Posada.

 

SEÑOR POSADA.- Señor Presidente: el Partido Independiente ha adherido con entusiasmo a esta iniciativa de conmemorar los 60 años de la Resolución de las Naciones Unidas que reconoce, más que crea, el Estado de Israel.

 

            Saludamos especialmente al señor Embajador de Israel y a las autoridades de las distintas organizaciones de la comunidad judía en el Uruguay.

 

            Por cierto, en una sesión en la que hemos sido precedidos por intervenciones realmente magistrales, poco queda por decir. En todo caso, señor Presidente, el reconocimiento del Estado de Israel no es sólo, como aquí se ha dicho, el encuentro de la nación judía, del pueblo judío, con su Tierra Prometida, sino que también es un mojón imprescindible, un jalón imposible de ignorar, en la construcción de la paz entre los seres humanos. A nuestro juicio, no es posible construir la paz entre los seres humanos sin el reconocimiento expreso del Estado de Israel. Este hecho, señor Presidente, creo que marca a la humanidad porque sólo será posible la construcción de esa paz a partir de ese reconocimiento y, por cierto, de la búsqueda de los caminos para que también exista un Estado palestino. 

 

            Por lo tanto, señor Presidente, en el reconocimiento al Estado de Israel también reconocemos el fruto y el esfuerzo del derecho internacional luego de terminada una guerra que, en términos de vida, significó el holocausto del pueblo judío. Hoy, justamente, en Annapolis surge una nueva esperanza de construcción o de retomar ese camino. En tal sentido, hacemos votos para que, en definitiva, en esa instancia la humanidad toda comience a reconocer la importancia de recorrer ese camino de paz. Es el mejor homenaje que podemos hacer a este Estado de Israel que tanto ha luchado para hacer de una tierra desértica una tierra próspera.

 

            Nada más.

 

(Aplausos en Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador Iturralde.

 

SEÑOR ITURRALDE.- Señor Presidente: la construcción del Estado de Israel es el punto final de una lucha de muchos siglos en la que un pueblo en diáspora por la tierra fue capaz de mantener sus costumbres, su religión y, por sobre todas las cosas, la esperanza de ver la luz en tantas épocas de oscuridad. Sólo refiero a un episodio, cuando en 1492 los judíos fueron expulsados de España, porque me acerca a uno de mis ancestros que encontró refugio en la tierra de Arona, apellido que aún lleva mi padre.

 

            El concepto de patria es aquel que refiere al lugar donde nacimos, donde desarrollamos nuestras costumbres y donde podemos enterrar a nuestros muertos. Hoy conmemoramos la patria de Israel. El pueblo de Moisés, el pueblo judío supo que esto sería posible si se le daba continuidad en el tiempo a un pueblo. ¿Qué es un pueblo? Son sus familias, son padres, hijos y nietos amándose y apoyándose recíprocamente. Leyendo comentarios sobre el Talmud pude apreciar cuál era el concepto de las relaciones humanas y la familia en la comunidad judía. Decía algo así como que tan importante es querer a nuestros padres que Moisés, en uno de sus mandamientos principales estableció: "Honrarás la memoria de tus padres"; también, que los nietos son el regalo que Jhavé, Dios, hacía a los abuelos por haber sabido criar a sus hijos. Así se construyen las familias. El premio del amor de las familias judías es el Estado de Israel.

 

            Hoy, el Estado de Israel es un Estado democrático, plural y poliárquico, que tiene justicia independiente, partidos políticos diversos, plurales y que contribuye fuertemente a la comunidad internacional. El pueblo judío legó a Occidente el concepto de una religión monoteísta que profeso.

 

También estamos orgullosos de nuestra comunidad judía nacional, plenamente integrada a la sociedad y tan comprometida con ella y con el destino nacional. El pueblo de Israel tiene hoy su lugar en el mundo, un lugar en el cual criar a sus hijos y enterrar a sus muertos. ¡Quiera Dios que pronto encuentre la paz, donde convivan diferentes formas de pensar, esperanzas, ideas distintas, credos y religiones de todo tipo! ¡Ojalá encuentren la paz en esa zona y puedan construirla! No discutamos los caminos para la paz porque no hay caminos para la paz, la paz es el camino. Entonces, cuando venga la paz se llenarán de flores los caminos y crecerán muchos más olivos que serán símbolo de esa tan anhelada paz.

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor Legislador Cánepa.

 

SEÑOR CÁNEPA.- Señor Presidente: teniendo en cuenta lo extenso de este merecido homenaje, voy a ser muy breve.

 

            La historia referida a la decisión tomada el 29 de noviembre de 1947 ya ha sido relatada con mucho mayor detalle y erudición de lo que podría hacerlo en este momento. Aclaro que no voy a hablar en nombre del Frente Amplio ni de mi sector, sino que quiero hacerlo como uruguayo, como político, en atención a lo que considero importante, esto es, a nuestra relación con Israel y con el pueblo judío.              

 

No se puede disociar el Estado de Israel de la historia del pueblo judío. Con nuestra formación católica, a los 13 años nos sorprendió participar de un Bar Mitzvá; nos sorprendió el rito, nos sorprendió la tradición, nos sorprendió la memoria, nos sorprendió la ternura, nos sorprendió el esfuerzo de ese amigo al intentar cantar en hebreo, nos sorprendió enterarnos de que existía un pueblo que había rescatado una lengua muerta y la había transformado en viva nuevamente, y nos sorprendió cómo el concepto de familia -para nosotros que veníamos de una familia italiana- era tan similar. Aun en las diferencias, las similitudes eran enormes y uno empieza a comprender mucho de lo que aquí se trasmitió como historia. Me refiero al porqué de esas similitudes y al porqué de esas posiciones que no solamente son políticas, sino que van profundamente a la esencia de la historia de nuestro país que tiene como nombre República Oriental del Uruguay, siendo el término República el que nos define junto con nuestras instituciones.

 

            Compartimos lo manifestado por el señor Legislador Cid y la señora Legisladora Xavier, como así también lo señalado por colegas de otros partidos. A su vez,  ponemos de manifiesto algo que nos impresionó del pueblo judío y que, en lo personal, es una palabra que simboliza mucho en la concepción, en la filosofía y en el modo de ver la vida: la solidaridad. Y uno, hasta que no conoce al pueblo judío y no ve la solidaridad judía en acción, no sabe lo que significa la palabra "solidaridad" en toda su cabalidad y profundidad. Eso lo hemos visto en la comunidad de nuestro país, a través de todas sus organizaciones, como un aprendizaje de esas relaciones de solidaridad permanente con el desvalido, con el que no tiene fortuna, con el que no se ha visto agraciado por la vida.

 

            Nobleza obliga, nosotros, que nos sentimos orgullosos como uruguayos, ante esa historia que aquí se ha contado de esa independencia del 14 de mayo que todo el mundo conoce, un día antes de que el mandato británico finalizara, desde el primer momento en guerra y luchando permanentemente por su propia existencia, no siempre hemos compartido las opiniones del Gobierno de Israel durante estos años. Pero los verdaderos amigos son los que dicen la verdad en la discrepancia, porque lo pueden hacer con franqueza y con libertad. Del mismo modo, con el pueblo judío y con el Gobierno de Israel se puede discutir con igualdad y con respeto. Ese es un valor que nosotros queremos destacar y entregar hoy, en el día en que se cumplen los 60 años de la Resolución adoptada por  las Naciones Unidas.

 

            Aquellos que nos conocen saben que hemos tenido discusiones fuertes y apasionadas con muchos de los que integran la comunidad judía y que son amigos, de los que aprendimos porque nos han dado la oportunidad -incluso en la divergencia- de participar de muchas de sus actividades. Hace poco despedimos a un Cónsul, Leo Vinovezky, ceremonia de la que participé invitado por él, con quien conversé y aprendí mucho. Aun en la discrepancia quiero destacar -porque aquí no se ha dicho- que entonces comprendí a cabalidad que a veces no se tiene toda la información y también entendí algo que me gusta mucho. Como hombre político, me gusta la política en todos lados y en Israel en particular es muy atrapante por aquello de que si hay tres judíos, hay cuatro posiciones y cinco partidos políticos. Por lo tanto, en Israel no podría haber otro sistema de gobierno que la democracia, porque su pueblo no se puede permitir otra forma de ver. Basta observar lo que han sido las escuelas rabínicas en su historia y las discusiones permanentes.

 

Por eso, quiero tributar mi homenaje a esta decisión de las Naciones Unidas diciendo que aunque no estemos de acuerdo en todo, en lo fundamental sí lo estamos: en la búsqueda de la paz en la libertad y en la democracia, basados en los conceptos de la solidaridad y de la justicia.

 

Termino pensando en aquello que el pueblo judío nos ha enseñado, porque ha vivido lo peor que puede vivir cualquier pueblo y cualquier ser humano, porque la shoá no fue solamente sufrimiento del pueblo judío, sino de todos, así como también es una vergüenza de todos, de todos los seres humanos porque  esa es una vergüenza que todos nosotros debemos expiar todos los días. Y aquellos que no somos judíos ni parte de ese pueblo pero sufrimos en lo familiar y en nuestra historia la persecución y la tortura por pensar diferente o por tener una actividad política distinta, entendemos lo que significa todo ello simplemente por ser algo diferente. No hay peor discriminación ni persecución que aquella de la que se es objeto solamente "por ser". Por eso, nuestro saludo y nuestro respeto a esa historia del pueblo judío, lo que no quiere decir que estemos de acuerdo con ese Gobierno. Sin embargo, respetamos a ese Estado, que es amigo, que sigue colaborando y que estará indisolublemente unido, desde 1947 -en esa Comisión a la que aquí se ha hecho referencia-, a la propia trayectoria de nuestra República.

 

Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Finalizando con la lista de oradores, tiene la palabra el señor legislador Alonso.

 

SEÑOR ALONSO.- Señor Presidente: debo confesar que cuando al principio de la sesión más o menos articulé lo que quería compartir con los demás miembros de la Asamblea General, supuse que iba a quedar poco para decir después de que tantos oradores hicieran uso de la palabra. Sin embargo, felizmente a ninguno de los compañeros legisladores que me precedieron en el uso de la palabra se le ocurrió centrar su disertación en lo que para el Uruguay son y representan actualmente los judíos, lo que han significado en la construcción de nuestra moderna República y la forma en la que ella contribuyó a la constitución de la suya.

 

            Este es el máximo ámbito representativo de nuestra República y la más clara expresión de la convivencia pacífica que los uruguayos nos hemos dado. Asimismo, está justificado que sea en el marco de la Asamblea General que, por iniciativa de la bancada de legisladores del Partido Nacional, hoy se lleve a cabo esta conmemoración que constituye una jornada de exaltación del orgullo nacional uruguayo y de regocijo por el hecho de que nuestros contemporáneos  estuvieron comprometidos con la noble causa de participar proactivamente en la fase final de la constitución del Estado de Israel

 

Por otro lado, es también una  jornada de reafirmación del compromiso del Uruguay y de los uruguayos con la paz en el mundo, porque de eso se trató. La instancia crucial de la que hoy estamos celebrando 60 años, de la expresión en el seno de las Naciones Unidas de la voluntad de los pueblos de atender el reclamo legítimo del pueblo de Israel, no fue más que un ensayo para la búsqueda del principal objetivo para el que aquella Organización nació: la conformación de la paz universal. En este marco, adelantábamos que nos interesaba hacer algunos comentarios respecto de lo que han sido los judíos para nuestro país, esos que vinieron muchas veces -la inmensa mayoría de las veces- sin escapatoria, a procurar encontrar en el refugio uruguayo paz, alimento y la posibilidad de desarrollar sus familias. Esos judíos que no les hicieron asco a nada y que trabajaron en todo tipo de actividades, que fueron sastres, muebleros, comerciantes, viajantes, esos judíos que vinieron sin más que lo que traían puesto, se incorporaron felizmente a nuestra comunidad y hasta diría que la conformaron. Desde los últimos movimientos migratorios explicados por la Segunda Guerra Mundial en particular, hasta la fecha, hemos tenido uruguayos judíos célebres y destacados en todas las actividades, en todos los órdenes de la vida nacional: empresarios, dirigentes sindicales, gobernantes, académicos, ciudadanos de todas las profesiones y de todos los oficios que se acrisolaron con las otras corrientes migratorias de otras fes, de otros orígenes, de otras culturas, que hoy no sólo conviven, sino también viven y son parte de nuestra sociedad.

 

            Esos judíos que aparecían en el horizonte de la frontera nacional, poco menos que desahuciados, hoy celebran con nosotros este hito histórico, en una jornada con un doble sentimiento: el de la exaltación de nuestro orgullo compartido por haber propiciado la constitución y conformación, en el concierto de las naciones, de un Estado que legítimamente tenía ese derecho de llevarla a cabo, y también el de la reafirmación permanente de todos los partidos que han participado de esta sesión, que en todos los casos y desde todas las bancadas se comprometieron a seguir contribuyendo al establecimiento de la paz en el mundo, especialmente en Israel.

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos en la Sala y en la Barra)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Más allá de que debo agradecer el honor que me ha hecho el señor Vicepresidente de la República y Presidente de la Asamblea General al haberme cedido la Presidencia de este Cuerpo, voy a solicitar al señor Secretario que dé lectura al artículo 10 del Reglamento de la Asamblea General, donde figura quién debe presidir en ausencia del Presidente. Por derecho, le tocaba a quien habla; por lo tanto, no estoy violando la Constitución de la República.

 

SEÑOR SECRETARIO (Arq. Hugo Rodríguez Filippini).-  "Artículo 10.- El presidente de la Asamblea General será el vicepresidente de la República, sin perjuicio de lo que dispone el inciso segundo del artículo 94 de la Constitución. Podrán sustituirlo por su orden los vicepresidentes de la Cámara de Senadores y el presidente y vicepresidentes de la Cámara de Representantes".

 

(Aplausos en la Sala)

 

SEÑOR CID.- Pido la palabra para una cuestión de orden.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Tiene la palabra el señor Legislador.

 

SEÑOR CID.- Señor Presidente: formulo moción en el sentido de que la versión taquigráfica de lo manifestado en esta sesión de la Asamblea General en la que hemos conmemorado el 60 Aniversario de la fundación del Estado de Israel, sea enviada al señor Embajador del Estado de Israel en nuestro país, a las distintas colectividades que fueron mencionadas por el señor legislador Gallinal y al semanario "Hebreo", que siempre nos acerca su publicación.

 

            Nada más. Muchas gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Se va a votar la moción formulada por el señor Legislador Cid.

 

(Se vota:)

 

            -Afirmativa. UNANIMIDAD.

 

SEÑOR ITURRALDE.- Pido la palabra.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- Tiene la palabra el señor Legislador.

 

SEÑOR ITURRALDE.- Señor Presidente: simplemente, en nombre de nuestra colectividad política, queremos decirle que ha sido un honor que usted haya presidido justamente esta sesión, dada su condición de judío.

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos en la Sala)

 

5) SE LEVANTA LA SESIÓN.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ec. Isaac Alfie).- No habiendo otros asuntos para considerar, se levanta la sesión.

 

(Así se hace. Es la hora 17 y 33 minutos)

 

DON RODOLFO NIN NOVOA, Presidente

 

Arq. Hugo Rodríguez Filippini, Secretario

Dr. Martí Dalgalarrondo, Secretario                                                                          

Sr. Nelson Míguez, Director General del Cuerpo de Taquígrafos del Senado

 

 

 

 

 

 

 

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