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12/11/2013

Palabras expresadas el 7 de noviembre del 2008 con motivo de los 70 Años de la “Kristallnacht” en el Instituto Hebreo Dr. Chaim Weizmann de Santiago de Chile

Testimonio de Minna Mendel de Pincus, sobreviviente de la Shoá


Puedo hablar del 9 de Noviembre, pero Uds. no lo pueden sentir. Y yo, no puedo describir el infierno.

Puedo recordar nomás.

Mi nombre es Minna Mendel de Pincus, y nací en un pequeño pueblo en Alemania, en 1918 justo al final de la Primera Guerra Mundial, y en plena época de recesión.

Vengo de una familia judía acomodada, y muy observante. Según mis abuelos, mi familia había llegado a Alemania en tiempos de los romanos.

En esa época estabamos orgullosos de ser alemanes y judíos, e incluso mi padre se enroló (voluntariamente) como soldado alemán en la Primera Guerra, y fue herido gravemente y posteriormente condecorado.   Muchos judíos alemanes pelearon por Alemania en esa Primera Guerra.

Yo tenía 15 años cuando subió Hitler al poder en 1933.

Al principio casi nadie creía en las barbaridades que eran capaces de hacer los Nazis. Pero con el tiempo eso fue cambiando y mis padres empezaron a prepararse para emigrar a Palestina.

Poco a poco, nuestros pensamientos y nuestras prioridades fueron cambiando. Había que preparase para un nuevo futuro.

Tuve la suerte de estudiar idiomas (me enviaron a estudiar Inglés a Londres, y Francés a Laussane, Suiza), de estudiar cultura general…,  de profundizar mi judaísmo y me convertí en una joven activista y dirigente sionista del Movimiento Habonim.

Cuando uno tiene que arrancar, lo único que se puede llevar son los conocimientos y la sabiduría.

Incluso participé como delegada del Movimiento a Convenciones Sionistas, junto a famosos como Martin Buber y muchos otros… donde yo fui la delegada más joven de la directiva sionista.

Todo se complicó a partir de 1937 con las Leyes Raciales de Nurenberg, después de la anexión de Austria y los Sudetten de Checoeslovaquia…, y los alemanes empezaron a creer en la poderosa propaganda Nazi.

A fines de 1938 el Judaísmo Alemán vivió los comienzos del infierno, el preludio de la Shoá.

Crecer en un pueblo chico como Meckenheim-bei-Bonn, es bien diferente a vivir en una ciudad grande. Meckenheim en esa época tenía criaderos de rosas, árboles frutales y una fábrica de azúcar de remolacha. Tenía una población de 2.500 habitantes, de los cuales éramos sólo 17 familias judías y una Sinagoga.

En Meckenheim todos se conocían, y cuando fui al colegio público, y luego a la secundaria en un colegio de monjas (no había otro), todos éramos amigos y estudiamos, jugamos, bailamos y compartimos muchas cosas como música, conciertos y teatro…, hasta el maldito día 9 de Noviembre de 1938.

Cómo puede ser que la propaganda y el “brain wash” hayan sido capaces de cambiar toda una nación.

Hoy día, 70 años después – mientras yo les cuento esto -  en mi pueblo de Meckenheim también están haciendo un Acto de Recordación de este horrible progrom de la Noche de los Cristales Rotos, frente al pequeño monumento donde estuvo nuestra Sinagoga. ¿Qué estarán pensando los alemanes de ahora sobre lo que nos hicieron sus padres y abuelos en 1938  y que continuó después con la Shoá?

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Cuando en la Alemania de Hitler alguien tocaba el timbre de tu casa bien temprano en la mañana, era para saltar de la cama y temblar todo el cuerpo de puro miedo.  Esa mañana del 9 de Noviembre tocaron, y tocaron. Yo bajé para abrir la puerta. Había un Policía delante mío con una Orden de revisar mi casa por armas. Como yo sabía que no había armas en nuestra casa, tranquilicé a mis padres y empecé a mostrar toda la casa al Policía.

Al término de la revisión el Policía me dijo que jamás en su vida había visto una casa como la nuestra.)

Sin embargo tenía Orden de llevarse a mi papá - para firmar un documento en la Municipalidad., esto no más.Y en voz baja me dijo: " Ponle ropa abrigada a tu papá, calcetines de lana, zapatos gruesos y un abrigo".

Como a mediodía mi papa aún no regresaba, fui con mi mamá a la Municipalidad a preguntar por él y nos informaron que todos los hombres judíos importantes - médicos, abogados, dirigentes comunitarios, etc. - fueron llevados a Bonn.

Yo corrí de vuelta a mi casa, y apenas entré había una llamada telefónica de nuestro vecino (que ahora era Alcalde de Meckenheim, y Gauleiter - Jefe de Zona del Partido Nazi), diciéndome que había tirado un paquete a nuestro jardín - y colgó.

El Vecino/Alcalde/Gauleiter nos había tirado un paquete con un Uniforme de Soldado S.S.

En mi casa vivíamos mis padres y yo, además de un chofer judío (mi hermano mayor ya había emigrado a Palestina en 1937).

A Erich - nuestro chofer - le pusimos el uniforme nazi, y nos llevó a mi mamá y a mi con el auto a Bonn (15 Km. de Meckenheim). No pararon nuestro auto, porque Erich saludaba levantando la mano al estilo Nazi.

En la estación de trenes de Bonn nos informaron que todos los hombres judíos de Bonn y alrededores habían sido trasladados al Campo de Concentración de DACHAU, y ya no había nada más que hacer.

Esa misma tarde regresamos a Meckenheim y ¡QUE HORROR! Nuestra casa estaba con todas las ventanas rotas, la puerta destruida con hachas, y una masa de personas entrando y saliendo de nuestra casa. ¡FUE HORRIBLE!

La luz y el teléfono cortados,  y cuando quise ir al escritorio, alguien de la calle tiró una piedra grande hacia mí. Mi perro, un ovejero alemán, se tiro encima de mi cuerpo y me botó al suelo. Así me salvó la vida.

Dejar a mi perro en Alemania me dio mucha, mucha pena, y muchas más lágrimas…

Las tropas Nazis de la S.S. que llegaron a Meckenheim eran traídos de otra parte de Alemania y destruyeron todas las casas y tiendas de judíos, desde las ventanas hasta todo el interior. Quemaron y destruyeron la Sinagoga, y después siguieron al próximo pueblo. Así por toda Alemania.

La gente con quienes mis padres y abuelos habían convivido y se habían ayudado en los tiempos difíciles de la Primera Guerra Mundial y la inflación después, ahora miraban y miraban... y no decían nada.

Se produjo el gran silencio. No se movían, Nadie nos ayudaba…, sólo miraban ¿Justificaban esto?

No hay que hacer preguntas…, No hay que pensar, ¿a lo mejor también tenían miedo?

Yo no puedo contestar nada… ¡absolutamente nada!

Mis ex compañeros tampoco ayudaron nada - sólo miraban… ¿justificaron esto?

No hay que preguntar…, no hay que pensar…, había un gran silencio.

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Así, mi mamá y yo esa misma noche tomamos el tren expreso a Hamburgo, directo al Consulado Chileno, para actualizar la VISA que ya teníamos para Chile desde 1937. A pesar de hacer una cola de varias cuadras, conseguimos tramitar nuestros papeles muy rápido.

(Nuestro plan siempre fue emigrar a Palestina, y mi hermano mayor ya estaba en un Moshav desde 1937. Pero los ingleses "congelaron" todas las Visas para judíos de toda Europa a Palestina. Por suerte mi papá tenía preparado un “Plan Alternativo” - una Visa para Chile, porque ahí teníamos parientes, desde 1855.)

Con la Visa para Chile en nuestras manos – tuvimos la suerte de liberar a mi padre del Campo de Concentración de DACHAU.

Tras 10 días como prisionero, regresó una persona muy enferma. Durante estos 10 días fue tan torturado, que tenía todos los intestinos paralizados. Antes de ser liberado, le obligaron a firmar una declaración de que “ lo habían tratado Muy Bien" en Dachau.

Mi papá quedó tan traumatizado que durante años tenía miedo de HABLAR del tema.

Todos los médicos judíos habían sido deportados a Campos de Concentración. Y cuando llamamos a nuestro Medico (alemán) de Meckenheim - Dr SIGLOR - el contestó que le tenían prohibido atender a Judíos.

Pero, a las 3 de la noche, el Dr. Siglor tocó el timbre de mi casa - simulando ser un "borracho" - y atendió a mi papá clandestinamente. No se atrevió a  recetar remedios por escrito por miedo de ser acusado...,  aunque el farmacéutico del pueblo también había sido un muy buen amigo de nuestra familia. En los tiempos buenos el farmacéutico había pintado cuadros de mi y mi hermano, y muchas veces tocó el piano en los Conciertos de Cámara que se hacían en nuestra casa.

Pero parecía que el ser humano ya no era el mismo.

¿Reinaba el miedo o todos pensaban como Hitler?La gran pregunta que nunca supe contestar.

Con Quácker, Manzanilla y Linaza mejoramos lentamente a mi papá.

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No quiero seguir recordando las amargas experiencias durante las siguientes semanas en mi pueblito de Meckenheim.

Inmediatamente después de la horrible “Noche de los Cristales Rotos”, Hitler sacó una Ley en la que los judíos de toda Alemania teníamos que reparar y financiar los daños y los que tenían Seguros por sus bienes no podían cobrarlos. Durante semanas, con carretas y carretillas se sacaron los escombros de todas las Sinagogas, Instituciones, casas y empresas judías de toda Alemania…, y después, a los judíos nos congelaron todas las cuentas bancarias.

Ahora nuestros ex vecinos y ex amigos, se sentían con el derecho de expropiar nuestros bienes, sin pagar.

La propaganda Nazi los convenció de que los judíos éramos los culpables de todos los males de Alemania, y se sentían con derecho de confiscarnos todos nuestros bienes.

El 30 de Diciembre nos embarcamos en un barco carguero desde Amsterdam a Chile.

Cruzar la frontera de Alemania a Holanda fue el mejor día de mi vida.

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