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30/12/2013

Por Lic.Rafael Winter (Rufo), miembro de CO.PRE.DI

Marshall Meyer (Z”L)


A veinte años de su desaparición física

"Yo soy el guardián de mi hermano".
Esta es una frase bíblica-relacionada a un conocido episodio  del  Génesis- que el Rabino Marshall Meyer citaba con mucha frecuencia.

Se cumple por estos días el vigésimo aniversario de la desaparición física del rabino Marshall Meyer (Z”L). Por calendario gregoriano es el 29 de diciembre. Por calendario hebreo fue hace algunos días: el 15 del mes de tevet.

Era oriundo de los EEUU y allí se ordenó como rabino. Pertenecía al movimiento conservador (el término “conservador” en materia de corrientes del judaísmo nada tiene que ver con, por ejemplo, “conservador” en política. En política significa más bien algo/alguien estático, no dispuesto a cambios. En el tema que nos ocupa significa algo dinámico: el lema del movimiento conservador es “tradición y cambio”).

Entre varios docentes extraordinarios que Marshall tuvo a lo largo de sus estudios, seguramente quien más influyó en él fue el gran Abraham Joshua Heschel, opuesto en su momento a la guerra de Vietnam y además participante de manifestaciones contra el racismo junto a otro grande: Martin Luther King.

La necesidad de ayudar a los más necesitados, el diálogo interreligioso y la lucha por los derechos humanos fueron tres principios, pilares esenciales, fundamentales, en los que Marshall hizo hincapié, los cuales habrían de caracterizar su trayectoria. En estos tres aspectos y en otros también la influencia de Heschel fue notoria.

Marshall llega a la Argentina en 1959. A la Congregación Israelita de la República Argentina (C.I.R.A) conocida popularmente como “el Templo de la calle Libertad".

No mucho tiempo después, se aleja de dicha Congregación y  funda en Buenos Aires, en los primeros años de la década del 60 las instituciones que lo harían célebre: el Seminario Rabínico Latinoamericano y la Comunidad Bet-El. Esto modificó sustancialmente la vida judía, no solamente en la Argentina sino en toda América Latina. Las consecuencias se perciben aún hoy.

Demás está decir que “tradición y cambio” no era un concepto fácilmente asimilable por todos.  Judía”. Pero Mashall no se amilanó y siguió adelante, revolucionando en aquellos tiempos la vida judía continental. Y atrayendo muchísima gente. Por sobre todo jóvenes.

Dayenu. Con esto ya habría sido suficiente.

Sin embargo lo que hará de Marshall una personalidad gigantesca es, a juicio de quien esto escribe, su involucramiento, su lucha en favor de los Derechos Humanos en Argentina.

En 1976, marzo, tiene lugar un nuevo golpe de estado en aquel país. Como es sabido la dictadura durará hasta 1983 y de todas las que hubo en el vecino país, fue la más sangrienta.

Terrorismo de estado. Miles de desaparecidos. Antisemitismo también.

Entre los miembros de la colectividad judía que se enfrentaron a la dictadura se encontraban entre otros: el periodista y director de “Nueva Presencia” (publicación judía de izquierda) Herman Schiller; el rabino reformista Roberto Graetz y el rabino Marshall Meyer. A partir del momento en que comienza su involucramiento, Marshall “recibe a los familiares de los desaparecidos, reclama en el país y en el exterior por los secuestrados, concientiza a su comunidad a través de sus prédicas en su sinagoga y visita a los presos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en las cárceles” (Hernan Dobry, “Los judíos y la dictadura: desaparecidos, antisemitismo, resistencia” pg. 138).

Por aquellos años, Marshall se suma oficialmente a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, -en la cual ya activaba el rabino Graetz- y comienza a participar y a apoyar sus tareas (las de la Asamblea) y campañas contra la dictadura. Además de los esfuerzos que realizaba a título personal.

Es en la Asamblea dónde Marshall comenzó a tener contacto directo con familiares de desaparecidos. Desde ese momento, sin importarle si eran o no judíos, comenzó a recibirlos en Bet-El para contenerlos y consolarlos.

“Cuando trabajé en la Argentina en Derechos Humanos y siempre me pedían las Madres de Plaza de Mayo sobre los desaparecidos, nunca le pregunté a una mujer que me pedía ayuda si era judía, católica, atea o comunista…era un ser humano sufriendo” decía Marshall (Obra citada, pg. 139).

Con el paso del tiempo, los familiares de desaparecidos que se acercaban a Bet-El eran cada vez más. Fue dicho contacto lo que, por sobre todo, influyó en su motivación y deseo de visitar a los presos en las cárceles, tarea harto problemática por las trabas de todo tipo –y hasta humillaciones- que las autoridades militares le ponían. Pero no se intimidó y sin vacilar visitó con frecuencia las cárceles de Devoto, Caseros (en Buenos Aires) y también en La Plata y Córdoba.

“Como rabino, me sentí obligado a visitar las cárceles y tratar de consolar a los padres de los desaparecidos ya sean cristianos como judíos o agnósticos ¿Por qué?... había y hay una idea básica: si hemos de tomar en serio a los profetas …He tratado de responder a la vida en esta selva como creo que un Rabino debería responder. Los problemas son nuestros porque (Los profetas) Amos, Isaías, Oseas pensaron que son nuestros, nos enseñaron que hay una sola humanidad ya que hay un solo D’os” (Obra citada, pg, 140).

En más de una oportunidad el Rabino intentó llevarles un Tanaj (Biblia) a los presos. La mayoría de las veces no se lo dejaron pasar.

La relación de Marshall con algunas embajadas, entre las cuales la de Israel, tuvo también su importancia. El ex cónsul de Israel en Buenos Aires, Pinjas Avivi relata que “En la embajada teníamos dos vías de información sobre las personas que eran secuestradas. Una eran los familiares… la otra vía de información que teníamos era Marshall Meyer, quien siempre nos traía datos de gente que había sido detenida” (Obra citada, pg. 147).

En plena dictadura, el periodista Herman Schiller concibe la idea de crear el “Movimiento Judío por los Derechos Humanos”. Si bien recién se plasmó casi al final, uno de los artífices del movimiento, como no podía ser de otra manera fue el rabino Marshall Meyer.

Se podría decir más, muchos más de este gran hombre, que en su momento le cambió la cara al judaísmo latinoamericano y que por sobre todo, en la época más sombría de la historia de la República Argentina luchó por los derechos humanos como el que más.Fue un emblema.

Para este digno discípulo de Heshel, la ética judía en general, el ideal profético en particular estaba por encima de cualquier consideración. También en esa época de tinieblas. 
O precisamente por ser una época de tinieblas. 
Marshall vino en 1959 a la Argentina para quedarse un par de años. Se quedó…25 años!!.

Pudo haberse ido antes cuando “las papas quemaban”. La posibilidad la tuvo. Pero no quiso dejar a su rebaño. Lo precisaban a él más que a nadie. Incluso sus detractores -aunque no se dieran cuenta- también lo precisaban.

En 1984 retorna a los EEUU y allí se hace cargo de una comunidad en Nueva York llamada Bnei Yeshurun. Reflotó esta comunidad en la cual su obra social habría de ser maravillosa. Pero esto es tema para otro artículo.

Víctima de una cruel enfermedad fallece el 29 de diciembre -15 de Tevet por fecha hebrea- de 1993. Joven, no tenía más de 63 años de edad.

Concluimos con una frase, un concepto que en su momento dijo el propio Marshall (Obra citada, pg. 138) “Para tomar en serio a la Tora y al judaísmo hay que tomar muy en serio a los derechos humanos”.

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