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18/08/2016

ABC, España

La secretaria de Goebbels: «Creía que la gente iba a los campos de concentración a ser reeducada»





Brunhilde Pomsel, al servicio durante tres años del Ministro de Propaganda nazi, se ha confesado en un documental: «No me considero culpable»

Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda del Partido Nazi y el artífice de la política de comunicación que llevó a Adolf Hitler al poder, dijo en una ocasión que una «mentira repetida mil veces se convierte en una verdad». Esta era una de las 11 leyes que ideó para manipular a la sociedad y en las que se basó para esconder las barbaridades del nacional socialismo a una buena parte de la sociedad alemana.

A día de hoy parece que su forma de tergiversar la realidad fue efectiva ya que, con ella, logró incluso que su propia secretaria creyese que los judíos que acudían a miles a las cámaras de gas no sufrían allí ningún daño.

Al menos, así lo ha afirmado la que fue su secretaria, Brunhilde Pomsel (de 105 años), en un documental llamado «Ein deutsches Lehen» («Una vida alemana»). Un largometraje que fue estrenado el pasado junio en el Festival de Cine de Múnich y que ha causado gran controversia debido a que, en él, la anciana confiesa que no se siente culpable por haber trabajado para Goebbels durante la Segunda Guerra Mundial y explica que una buena parte de los germanos no sabían la función real de los campos de concentración y de exterminio.

Al servicio del Reich

Desde que el documental fue estrenado, Pomsel tiene una agenda sumamente ajetreada. Así lo demuestra el que haya concedido entrevistas a múltiples diarios internacionales como «The Guardian» y «The New York Times». Y lo cierto es que no es para menos, pues esta anciana es -a día de hoy- el único testigo vivo que puede atestiguar el trabajo que se desempeñaba en el Ministerio para la Ilustración Pública y la Propaganda.

Pomsel modificaba el número real de alemanes caídos en combate

Un centro desde el que partían máximas germanas como las de usar eufemismos de todo tipo para evitar situaciones incómodas. Entre aquellas paredes fue, por ejemplo, donde se gestó el uso de términos como «campos de trabajo» (en lugar de campos de concentración) o «avance elástico por la retaguardia» (en vez de retirada). A su vez, de su jefe también partían las humillaciones y mensajes contra los judíos.

Según Pomsel, ella ejercía varias labores en esta gigantesca maquinara de propaganda en la que participó durante tres años. Estas iban desde modificar el número real de soldados que habían caído en el frente (para así evitar la desmoralización de las tropas) hasta aumentar de una forma ingente la cantidad de violaciones de mujeres germanas por parte del Ejército Soviético. «Un trabajo de oficina más», según determina en el documental.

De hecho, a día de hoy insiste en que no siente que tenga que sentirse culpable por haber realizado este trabajo. «Lo que hice no fue más que trabajar en una oficina con Goebbles […] No me considero culpable, a no ser que se culpe a todos los alemanes por hacer posible que aquel gobierno llegara al poder», determina. Con todo, también afirma que sí se arrepiente de algo: «Cuando vives una época como aquella […] y solo piensas en tí mismo, tienes mala conciencia».

Esta forma de ver su trabajo, sin embargo, no le valió para evitar ser atrapada por los soldados soviéticos tras la contienda y permanecer recluida en una prisión durante cinco años en la que, como explica, la trataron muy mal a pesar de que «no había hecho nada».

Una familia «educada»

Pomsel afirma que aprendió su oficio mucho antes de estar al servicio del Ministerio de Propaganda. Y lo hizo con un judío. Posteriormente, en 1942, fue la secretaria de Goebbels. Por entonces se afilió al Partido Nazi.

Aunque lo hizo, según señala, porque «todo el mundo lo hacía» y no le quedaba otro remedio. De hecho, se define como «apolítica». En este sentido, también señala que jamás supo lo que se cocía en el interior del despacho de su jefe: «Nos enterábamos de cuándo llegaba a la oficina, pero no lo volvíamos a ver hasta que se marchaba».

Gracias al trabajo tuvo la oportunidad de conocer al Ministro de Propaganda, al que no duda en definir como un «caballero elegante y noble» que contaba con una familia sumamente educada. «Siempre nos saludaban», determina. También sentencia que Goebbels tenía un lado oculto y que, cuando se quitaba «su máscara de hombre culto y educado» se volvía absolutamente loco. Casi como si fuera un actor.

Campos para volver a educar

Las declaraciones que han traído consigo más polémica son en las que la secretaria afirma que tenía constancia de que existían campos de concentración, pero que -como la mayoría de alemanes- desconocía las barbaridades que se hacían en su interior. «Por entonces no se quería que la gente fuera a la cárcel de forma inmediata, por lo que creíamos que se les llevaba allí para ser reeducados. Nadie se podía imaginar algo así», determina, refiriéndose al exterminio masivo de millones de personas.

¿Qué creía la secretaria que sucedía con todos los judíos que desaparecían a diario? Según señala, que eran deportados a los Sudetes, la región que Adolf Hitler se anexionó antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y que -según se dijo entre los años 30 y 40- servía de tierra prometida a los miles de hombres, mujeres y niños capturados a diario.

«Lo que sucedía realmente era un secreto, así que nos lo tragamos […] Todo el país parecía estar bajo el influjo de un hechizo». «Sé que nadie nos cree, se piensa que lo sabíamos, pero no. Todo era un secreto», completa.

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