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02/07/2012

El Observador, The New York Times, Jodi Rudoren

Para aprender el hebreo de las calles


30-6-2012

DIARIO DE TEL AVIV



Por Jodi Rudoren

TEL AVIV- Guy Sharett imparte sus clases de hebreo en un aula ambulante, rodeado del plan de estudios en constante cambio del grafiti y los rótulos en las calles y callejones de Florentín, su vecindario en Tel Aviv.

“Aléjense de la tele, empiecen a vivir”, indicó Sharett una reciente tarde, al traducir un eslogan garabateado en hebreo, al inicio de una clase, mientras era seguido por una docena de estudiantes sedientos de entender tanto la vida en las calles de Tel Aviv como el antiguo idioma renacido que se habla en ellas.

Los estudiantes quieren aprender términos que puedan utilizar en la vida diaria.

El grupo estaba integrado por un investigador posdoctoral chino; un empleado de Google, de 28 años, de Rhode Island; un analista financiero y poeta casado con una israelí; un profesor británico que hace 20 años vive en Tel Aviv; una profesora de composición escrita creativa instalada en Israel desde hace dos años; y un profesor de políticas de Oriente Medio de la City University de Nueva York que se tomó un año sabático.

Unos minutos antes, habían analizado un señalamiento que instaba a los dueños de perros a no permitir que sus animales orinen cerca de cierto edificio También estaba la imagen emblemática de un niño desolado del gueto de Varsovia, con la leyenda “No me deportes”, aplicada a la actual crisis de migrantes de origen africano que inundan el sur de Tel Aviv.

“Ellos se valen de un conocimien to cultural con el que no necesariamente cuentas”, explicó Marcela Sulak, estudiante que dirige un programa de composición escrita creativa en la Unviersidad Bar-Ilan. “Te da las herramientas para que puedas entender sola. Aprendes el hebreo que necesitas cotidianamente examinando el barrio”.

Las clases, de una hora de duración y un costo de 50 shekels (aproximadamente 12 dólares), se organizan por Facebook. Nacieron de las portestas registradas el año pasado, cuando los estudiantes de hebreo convencional de Sharett se quedaron perplejos ante los rótulos del campamento aque se erigió a lo largo del Bulevar Rothschild, por lo que empezó a darles clase en la calle. Tras la desaparición de las tiendas de campaña de la protesta, decidió convertir los muros cubiertos de grafiti de su barrio en el programa nuevo.

“No se trata nada más de enseñar el idioma, sino también la cultura”, explicó Sharett. “Alguien tomó una línea de una canción que todos conocemos y cambió una palabra; es muy difícil de entender si no tienes a alguien local para explicarte, ‘eso es un juego de palabras con...’.”

Sharett, de 40 años, tiene un empleo diurno en una compañía televisiva, pero desde hace años da clases privadas de hebreo.

“La política de las calles es donde todo ocurre”, expresó Dov Waxman, de 37 años, el estudiante que es profesor de políticas de Oriente Medio. “En la mayoría de los lugares, el grafiti es pinta o arte. Aquí lo que lees realmente tiene que ver con política. Me paseo y lo veo, pero no siempre lo entiendo todo”.

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