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07/09/2012

UyPress, Daniel Feldman

Entrevista a Veronica Alonso, La Vero (Fragmento)


ENTREVISTA

 MONTEVIDEO (Uypress/Daniel Feldman) - Verónica Alonso es diputada del Partido Nacional y tiene 38 años. Está casada, tiene dos hijas (Camila de 9 años y Delfina de 6 años) y espera la tercera (Violeta). "Buscábamos el varón pero viene otra nena, así que parece que esto no se termina por acá" sostiene esta licenciada en Relaciones Internacionales, fanática wilsonista y nacionalófila.

Lo primero que salta a la vista es tu embarazo. ¿Es fácil compatibilizar ser mujer, joven, legisladora y estar embarazada?
No es un equilibrio fácil.

Por lo menos no es común.
No. Tampoco es una tarea fácil el lograr compatibilizar las distintas responsabilidades. En mi caso, por suerte, es muy importante mi pareja. Mi esposo ha sido un gran soporte y una gran ayuda; la familia toda colabora en eso. Él entiende que existen responsabilidades compartidas, cosas que nos tocan a los dos. Por supuesto que las madres tenemos una tarea especial. Entonces, congeniar el tiempo laboral, el tiempo personal con el familiar, no es fácil. Pero lo vengo resolviendo bastante bien. Para mí es muy importante la familia; es también uno de los motivos por los cuales estoy acá. Es muy importante sentir ese equilibrio y estar bien, porque si no esto que estoy haciendo no lo haría con las ganas que hay que poner.

Tu esposo no tiene actividad política.
Cero. Y prefiere estar lo más alejado posible.

Por lo menos te votó ¿no?
Sí, me votó. Era de origen colorado, pero como a veces le pasa a muchos, era anti política. Veía un informativo donde se hablaba de política y cambiaba de canal. Y pasó a formar parte de una familia, como la mía, muy politizada. En casa –somos cinco hermanos- había dos temas, que siguen existiendo hasta el día de hoy en la sobremesa de los domingos, que son política y fútbol. Y no se obvia el tema; se habla de política y de fútbol. En el caso de Marcel –mi esposo- tuvo que aguantarse, porque aparte de no gustarle la política tampoco era futbolero. Pero independiente de eso, es muy importante el diálogo que tengo con él y sabe que eso lo valoro mucho. Él ve que yo disfruto esto que hago y no tiene esa concepción machista de que el hombre es el que decide y hace ciertas cosas.

Tú provenís de una familia católica y te convertiste al judaísmo. ¿Por qué?
Provengo de una familia católica. Mi abuela paterna era una mujer muy practicante de la fe y la religión, no simplemente una asistente a la misa del domingo. Era muy proactiva en eso. Pero también era muy admiradora de la colectividad judía. Eso siempre me intrigó y ella muchas veces me hacía leer obras sobre la historia de los judíos. Y dio la casualidad que conocí a Marcel, que si bien es de la colectividad judía nunca me generó ningún tipo de presión. Al igual que con la política en el tema religioso él también es cero practicante. Es más, después de mi conversión soy yo la que insiste más y promueve ciertas actividades en casa que tienen que ver con ritos y costumbres. Él se siente parte de la comunidad judía, pero no es creyente y yo soy una persona muy creyente. Nunca estuvo en cuestión el hecho de que me convirtiera para casarme; es más, creo que la conversión es mucho más que un casamiento, es asumir determinadas responsabilidades. Sobre todo en mi caso era marcar para cuando tuviéramos una familia un mismo camino, un camino común. Rescato muchas cosas. La actitud del ser buen judío, el cumplir con los mandamientos me parece que tiene mucha cosa buena y practicable en la vida.

Durante mucho tiempo sobrevolaba la idea de que en el Partido Nacional había antisemitismo.
Se decía, sí. Se trataba de asimilar al nacional socialismo aquello de Herrera. Sin embargo, si se lee y estudia, se daba algo de asimilar al Partido Colorado como más favorable que el Partido Nacional a la colectividad judía. Si se analiza en profundidad, sobre todo a partir del gobierno del Dr. Lacalle, hay una postura que no encuentro la palabra para definirla; no favorable por ser favorable sino que se tomaron medidas que ayudaron mucho a la colectividad judía en el país. Eso que te decía de asociar lo favorable del Partido Colorado tal vez vaya de la mano del papel de Rodríguez Fabregat en Naciones Unidas. En la carta de principios del Partido Nacional nunca hubo nada que se planteara “en contra de”, y mucho menos antisemitismo. Creo que eso va en las personas. Hoy, lamentablemente, y eso pasa hace bastante tiempo, es políticamente correcto estar en contra de Israel. En mi caso personal, algunos han sostenido que he levantado la mano respondiendo a determinados intereses económicos; eso está totalmente alejado de la realidad. Levanto la mano convencida de lo que estoy votando, creyendo que es lo justo. Una cosa que siempre digo es que llegué a este lugar, en primer lugar porque la gente me apoyó, sin tener que pedirle nada a nadie –que no sé si muchos pueden decir lo mismo- justamente para que, cuando estuviera sentada acá en el Parlamento, no tuviera que responder a presiones de ningún tipo. Las decisiones que he tomado han sido con la convicción de hacer algo justo. Muchas veces acá se han votado condenas con una rapidez y una soltura que carecieron de análisis sobre la justeza o no de las mismas. Muchos están prontos para levantar la mano enseguida cuando se trata de pegarle a Israel. Cuando el tema de la flotilla hubo una condena escrita en apenas media hora a partir de informes de prensa. Y la prensa, a la que respeto mucho, a veces tiene una visión miope o sesgada con respecto al tema Israel. No siempre es objetiva. Cuando trata de serlo, siempre le pega tres palos a Israel y uno al otro, pero nunca es balanceada. Con esto no quiero decir que defienda todas las posturas del gobierno israelí. Muchas me parecen equivocadas. De hecho, soy bastante crítica al tema de los asentamientos, por ejemplo. Defiendo la existencia del Estado de Israel; la voy a defender hoy y todas las veces que tenga la oportunidad. El gobierno israelí, como todos, tiene gobernantes buenos y malos.

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