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13/03/2018

Sin Embargo, México- Por Mónica Maristain

“Ansina” o así es: El sefardí o el ladino tiene su propia academia




La Real Academia Española (RAE) tuvo una convención académica del judeoespañol en su sede a la que han sido convocados los académicos correspondientes de la RAE especialistas en el tema; miembros de la Autoridad Nasionala del Ladino i su Kultura de Israel y del Instituto Salti para el estudio del Ladino de la Universidad Bar Ilán de Israel; investigadores en la materia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y los académicos de número de la RAE. La academia funcionará en Israel.

“Tú, banquete del colibrí / peonza que va dando vueltas / y vueltas y vueltas / por un olivar sefardí…”, canta Joaquín Sabina con Noa, la cantante israelí nacida en Tel Aviv y la letra nos va dando vueltas en la cabeza, ahora que los sefardíes van a tener su propia academia.

Hace poco la poeta Myriam Moscona presentó Ansina, un poemario escrito en ladino, alejado de los temas tradicionales de la literatura sefardita.

“La pérdida o el olvido del lenguaje (todo lenguaje) es también la pérdida de un mundo. Ante tal posibilidad, este libro de poemas es un camino de redescubrimiento. En sus páginas, el lector encontrará que está escrito, casi por entero, en ladino o judeoespañol, lengua ‘sin patria ni academia’ que los judíos sefardíes se llevaron consigo a distintas geografías tras la expulsión de España a finales del siglo XV”, ha escrito a propósito de la obra Javier Taboada.

“Hay expresiones que solamente me brotan en ladino: el habla que me permite entrar en otra dimensión del tiempo, en una más íntima, familiar y primitiva. Como hablante natural del castellano –lengua materna que, sin embargo, no fue la lengua primera de mis padres- mi vida cotidiana me columpia en los siglos que se mecen entre el ladino y el español. El juego consiste en mezclar ambos tiempos sin atender la pureza que tan poco me preocupa”, explica Moscona, ganadora del Premio Xavier Villaurrutia por su novela Tela de sevoya.

La historia comenzó en 2015, cuando ocho expertos en judeoespañol que ahora trabajarán para mantener activa esta versión del castellano (aspirar a la letra h, diferenciar entre s sorda y s sonora y saber si una palabra va escrita con b o con v), ingresaron a la Real Academia.

De esta forma, la RAE quiso “premiar” a la comunidad judía, que conservó con mimo las peculiaridades del castellano antiguo dando lugar al judeoespañol, una lengua que hoy está al borde de la desaparición y que surgió a partir de 1492, cuando los judíos fueron expulsados de la península.

Aquellos que salieron de España se llevaron consigo el castellano del siglo XV y lo fueron enriqueciendo con términos, sonidos y expresiones de los distintos países de acogida: Italia, Turquía, Alemania, el norte de África… Así hasta formar lo que hoy conocemos como judeoespañol.

LA ACADEMIA SEFARDÍ

Ahora, la RAE (Real Academia Española) ha decidido formar la Academia Nacional del Judeoespañol, que estará localizada en Israel y podría ser inaugurada a finales de 2019 previa autorización del gobierno israelí.

Darío Villanueva, representantes de la Fundación Hispanojudía y de la Autoridad Nasional del Ladino i su Kultura (ANL) firmaron el documento fundacional para la Academia Nacional del Judeoespañol.

“Judeoespañol, sefardí, ladino o españolit. Lo importante es poder contar con una institución que respalde al español que salió con la Diáspora tras la expulsión de los judíos de España“, expresó Shmuel Refael Vivante, miembro de la ANL, y una de las voces más activas en la defensa y difusión de esta lengua en peligro de extinción.

Esta nueva institución, previo permiso del Estado de Israel, tendrá su sede ahí e intentará “contar con las voces más destacadas en el uso del sefardí”, según ha afirmado Tamar Alexander-Frizer, presidenta de la ANL.

La RAE tendrá que aprobar después los estatutos que ellos redacten y será entonces cuando puedan integrarse en la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) como miembro de pleno derecho. Aunque los plazos no son fijos, se espera que esto ocurra en otoño de 2019.

“Estamos haciendo historia, pero no podemos olvidarnos de los más pequeños y de lo importantes que serán para mantener viva la lengua”, dijo Alexander-Frizer, un idioma que en España tiene 10 mil hablantes y  150 mil practican ladino en el mundo.

Para algunos especialistas la desaparición del ladino es inevitable. Argumentan que no se transmite como lengua viva desde hace por lo menos dos generaciones y que el olvido, parcial o total, juega en su contra. Sin embargo, aún es una lengua viva.

La UNESCO lo considera un idioma “en grave peligro” y el Instituto Cervantes indicó en un informe de 2017 que 175.000 personas en Israel y 9.000 en Turquía hablan alguna forma de español, incluido el ladino, aunque tengan un dominio limitado del idioma.

En 1997, Israel creó la Autoridad Nacional del Ladino, a fin de contrarrestar esta dinámica con el apoyo financiero de su estudio y conservación. Lo que ha determinado una cierta revitalización del idioma. Hasta se han traducido grandes clásicos de la literatura universal al ladino. El objetivo es que forme parte de la identidad de Israel.

“Para mí -asegura Darío Villanueva- es una gran satisfacción la creación de esta Academia, no sólo como académico sino también como español, tiene por una parte una dimensión de reconocimiento histórico y por otra parte una dimensión de presente y de futuro que es favorecer la comunicación entre la comunidad que utiliza el judeoespañol o los que lo estudian y el resto de países que tienen el español como lengua propia”.

La asociación de academias podría así “considerarse perfecta… con lo que cubrimos todo el espectro de la hispanidad”, agregó el presidente de la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

Jacobo Sefamí, un sefardí nacido en México y profesor de la Universidad de California en Irvine, declara a Puntos y Comas: “Me encanta la idea de tener una Academia del judeoespañol, y aplaudo la iniciativa y los esfuerzos de la Real Academia Española. Pero debo ser honesto: no conozco a ningún niño (ni joven) que hable el ladino. Hace unos pocos años fui a Turquía y me fue muy difícil encontrar hablantes, solo personas muy mayores. Lo mismo puede decirse de muchos lugares donde había gente que hablaba el idioma. En Israel lograron que el hebreo, siendo una lengua muerta, se transformara en una lengua viva. Pero había todo un aparato geopolítico que hizo posible esa transformación. Al no tener un territorio propiamente dicho, no creo que el ladino corra con la misma suerte”.

“Sin embargo, soy optimista sobre las posibles contribuciones de los estudiosos del ladino. Por ejemplo, creo que se necesita un diccionario completo del idioma, con versiones al español moderno y, quizá, al inglés. Aunque me encanta la naturaleza independiente del idioma, con personas que lo escriben de la manera que quieren, y que nadie tenga la autoridad para fijar sus características lingüísticas (¿se puede gobernar un idioma hablado por personas exiliadas en todo el mundo?), creo que esta Academia podría ayudar a estudiarlo de una manera más consistente y efectiva”, agrega.

“Además, yo creo que la divulgación de su literatura y sus canciones contribuirá a apreciar y reconocer el idioma entre los mismos hablantes del español. Aunque se sabe que la lengua evolucionó a su manera, es inevitable considerar que “suena” a antigua, escuchamos los fonemas del siglo XV, la morfología antigua de las palabras. Es —diría Juan Gelman— la infancia de nuestro idioma; o —como diría mi querida amiga Myriam Moscona— la radiografía del español. El ladino es un regalo para nuestros oídos. ¡Qué lindo poder volver a ser los niños del idioma y escuchar cómo hablarían nuestros tataratataratataratatarabuelos!”, finaliza.

EL LIBRO ANSINA, DE MYRIAM MOSCONA

Dividido en cinco secciones, el libro contiene 30 poemas y un glosario ladino-español para facilitar la comprensión de la lectura con cerca de 200 palabras en las que se encuentran giros que, hasta el día de hoy, se emplean en las zonas rurales: “trujeron” (por trajeron), “mezmo” (por mismo) “nadien” (por nadie). Lejos de incorrecciones o barbarismos, el libro recircula con una dosis de humor y sentimiento de pérdida con encantadores arcaísmos que el castellano actual ha desterrado de su canon.

“Al emplear estos biervos, remuevo algo de la vida y la muerte de esta lengua sin patria y cuya existencia dibuja, como en las fotografías de un mismo rostro separado por los años, rasgos que se conservan y otros que se han perdido”, dice Myriam Moscona.

“En su poesía escrita en ladino, la escritora lleva extrañeza a nuestro mundo ordinario: una lengua para los que, habituados al castellano, la escuchan; lo místico y hasta lo sagrado para aquellos que no pueden hacerlo. La amalgama de lenguaje y visión me parece abrumadora. Es una poeta de lo maravilloso”, dice Jerome Rothenberg.

Myriam Moscona ha hecho una enorme contribución al ladino, con un poemario vivo, Ansina, que significa “así es, se usa en el Martín Fierro, en las zonas rurales de México, en algunas romanzas y entre la gente menos escolarizada, tanto en el norte como en el sur. Desde el punto de vista coloquial, hay muchas familias tanto argentinas como mexicanas, que todavía lo usa. Es visto como una incorrección y todo el racismo que aterriza en la lengua, adjudica esos “barbarismos” a los indios, cuando en realidad los bárbaros somos nosotros, que desconocemos que esa lengua es la que trajeron los primeros pobladores a América y se quedó congelada. Siento un enorme respeto por la gente menos escolarizada que incluso pueden ser analfabetas y que hablan el español de esa manera”, dice la poeta.

“Antes de este libro publiqué Por mi boca, textos en judeo-español, junto Jacobo Sefamí y tiene un apéndice donde viene el primer capítulo de El Quijote y el primer capítulo del Martín Fierro. Es una maravilla”, agrega.

LAS OTRAS VOCES

En un reportaje publicado por AP, María Cherro de Azar, especialista del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí en Buenos Aires, comentó que “Hace más de cien años que está por morir el idioma. Hay una fuerza muy grande interior en cada uno de los sefaradíes, cada uno por contar, por decir, por aportar”, dijo.

“La radio, internet, algunos programas, las publicaciones, películas que se están haciendo, pintura… Hay manifestaciones artísticas que van enriqueciendo día a día este patrimonio”.

Es una lengua con tradición oral, que tiene dichos hermosos como el proverbio “El Dió lo creó y no lo vijitó” (“Dios lo creó y después no lo visitó”) describe a una persona sin suerte, o “Hija de casar, barco de cargar” que alude al alto coste de una boda, como explicó a AP en un correo electrónico Marcel Israel, nacido en una familia sefardí en Bulgaria y quien tras una carrera como doctor en Telecomunicaciones lleva años investigando su lengua materna.

La música es otra de las que promueven el ladino, entre ellas la cantante catalana Rosa Zaragoza la paraguaya Montserrat Franco y Susanna Zaraysky, que es rusa y aprendió el español memorizando boleros.

Detrás del judeo español hay historias de discriminación, de dolor

“Sí, por eso es una lengua que está muriendo, ya no tendrá hablantes naturales en el futuro. Primero fue la aniquilación masiva de la cultura sefardita, es una lengua que fue calcinada en los campos de exterminio; por otro lado, en la creación del Estado de Israel, la lengua oficial elegida fue el hebreo y se dejó de lado al idish (una lengua también en extinción) y al judeo-español. La razón es comprensible, el hebreo no existía como lenguaje de comunicación, era sólo para la liturgia y ahora es un idioma importante, vivo, con gran literatura. Lo que me conmueve del judeo-español es que haya sobrevivido durante 30 generaciones, era la manera que tenía la gente de mantenerse unida en la dispersión. Mi interés no es comunitario, no es de pertenencia a la comunidad sefaradí sino a la comunidad de los hablantes de los españoles. Es ver cómo era la infancia de mi lengua”, dice Myriam Moscona.

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