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21/01/2011

CCIU, Martín Kalenberg

"Quisiera tener una tapa del Semanario Hebreo con una frase categórica sobre el comienzo de una nueva era de paz"


Con recursos humanos y financieros casi mínimos edita cada semana una publicación de 24 páginas que incluye varios artículos de producción propia. Sigue el legado de su padre, José Jerozolimski (en la imagen principal), quien también siempre con poco logró mucho. Su hija, Ana Jerozolimski, o Jana Beris, tal cual firma sus artículos para los medios internacionales es una trabajadora incansable. La diferencia horaria entre Uruguay e Israel, país en el cual vive, la lleva a estar en actividad una gran parte de la jornada. Pero sarna con gusto no pica como dice la sabiduría popular y así lo confirma la actual directora del Semanario Hebreo, el hoy decano de los medios judíos uruguayos.

Con la sensibilidad necesaria de quien relata historias de los demás y con el temple y coraje necesario para decir lo que piensa, la periodista continua vivo el milagro de la prensa semanal judeo-uruguaya.

En esta entrevista que concedió al portal web del CCIU se explaya sobre la información pura y dura: Uruguay, Israel, Medio Oriente y la política, pero también sobre las emociones: su padre, sus hijos, el semanario, sus deseos de paz; en definitiva, sobre la vida misma.

- ¿Cuál fue el primer artículo que publicó en Semanario Hebreo?

- Sinceramente no lo recuerdo. Estimo que alguna entrevista, no necesariamente un artículo. Soy apasionada por el género entrevista porque te permite acercarte mucho al entrevistado, siempre y cuando tenga capacidad y deseo de abrirse en algo (en mente y a veces también en corazón). De todos modos te diré que hace muchos años mandaba material al Semanario Hebreo, cuando papá, de bendita memoria, estaba al frente, dependiendo de lo que ocurriera. Por razones obvias, era una “corresponsalía” muy especial. Las riendas las tomé, claro está, cuando lamentablemente se fue papá, aunque sólo físicamente, porque sigue estando muy cerca nuestro.

- ¿Cuál considera que fue el mejor?

- No podría decirlo, independientemente del hecho que seguramente a los lectores unos gustarán-o disgustarán-más que otros. Pero sí tengo claro que hay entrevistas o análisis que me dejan con una sensación especialmente buena o satisfactoria al menos, de que el material salió bien, como debe ser. Evidentemente, hay algunas piezas en las que lo central no es sólo lo dicho por el entrevistado y luego escrito por mi, sino el encuentro mismo con la figura en cuestión. Después de entrevistar, por ejemplo, a Itzjak Rabin (ex pimer ministro de Israel), de bendita memoria, sentí que estaba con la historia. Cada vez que entrevisté a Shimon Peres (actual presidente israelí), sentí que estaba frente a un gigante visionario. Pero eso puede ser también en términos negativos. Recuerdo especialmente una entrevista que hice a uno de los jefes de Hamas, Mahmud al Zahar, en su casa en la Franja de Gaza. Fue en julio del 2005, un mes antes del comienzo de la retirada israelí de Gush Katif. Fue imponente la claridad de su mensaje, lo inequívoco de sus términos, diciendo claramente que Hamas nunca reconocería a Israel y que la retirada no sería el comienzo de la paz, sino una señal de que tienen que “perseguir” a Israel también después de la misma. Me aterró, aunque no diría que me sorprendió en nada.

- ¿Cómo se hace para mantener un semanario con los pocos recursos que tienen? ¿Y cómo lo hacía su padre?

- Es una labor semanal nada sencilla porque la prensa toda vive una crisis, porque la gente lee menos que antes y porque no todos comprenden que publicitar en prensa judía no es algo que debe decidirse únicamente en base a la consideración comercial (claro está que publicando avisos enormes en “El País” o en la televisión se llega a más gente) sino pensando en la importancia de preservar esa prensa, de garantizar su existencia. En medio de las dificultades, que a papá lo amargaron muchas veces -pero no sólo por la lucha económica sino por el significado que encerraba el hecho que algunos comerciantes parecían haber decidido explícitamente que a la prensa judía no se le da nada para publicar- él logró salir adelante contra viento y marea. Y también ahora, desde su fallecimiento, el Semanario Hebreo sigue adelante, espero que por muchos años más, gracias a sus suscriptores y a los avisadores, tanto privados como institucionales.

Al respecto creo que es importante destacar a aquellos que durante años siguen publicando sus avisos en el Semanario Hebreo y a instituciones como la Kehilá que hace años tiene su página, paga por cierto. Las escuelas Yavne y EIHU-IAHU están presentes periódicamente, y también la Universidad ORT. Tnuat Aliá ha estado mucho y espero que sigan pronto. Vayami reconocimiento a todos ellos y a aquellos que cada tanto publican espacios pagos en nuestras páginas: el Karen Kayemet LeIsrael, el Keren Hayesod, la Nueva Congregación Israelita y espero no estar omitiendo a nadie sin intención. Sé que lo hacen porque saben que publicar en el Semanario Hebreo puede aportar a la difusión de sus actividades, pero también porque son conscientes de la importancia del Semanario Hebreo en la colectividad. Eso, aclaro, lo tomo también como un compromiso.

- ¿Cuál es la mayor enseñanza que recuerda de su padre tanto en lo periodístico como para la vida?

- La vida de papá era una enseñanza (ya que) todo él era digno de emular; y es imposible entrar plenamente en sus zapatos porque la medida es demasiado grande…..Es que empezaría por la vida, por esa nobleza que no sólo irradiaba con su sonrisa tan especial sino con su comportamiento, que es lo central. Ese respeto al prójimo, ese amor por lo humano, la compasión que lo caracterizaba para la cual no hay palabras. Era realmente un ser poco común. Como dijo Ariel, mi hermano, cuando papá falleció: siempre nos inspiró una combinación impresionante de amor y orgullo por lo que era como ser humano.

En lo periodístico, además de su sapiencia impresionante, destacaría su afán constante de aprender y al mismo tiempo de explicar y esclarecer. Y eso significaba dar tribuna también a quien discrepaba con él, hallando siempre el equilibrio exacto entre su derecho a dar su propia opinión y su obligación de respetar y tratar con altura al entrevistado o a la persona con quien polemizaba.

- ¿Cómo definiría a Semanario Hebreo?

- Para mi, inevitablemente, la definición combina lo personal con lo comunitario y general. Claro que para mí, estar hoy al frente del Semanario Hebreo equivale a perpetuar la memoria de papá, garantizar que la obra a la que tantos años y tanto esfuerzo dedicó, pueda seguir adelante, aunque eso no necesariamente signifique que tengamos el mismo estilo o el mismo enfoque en todo. Seguramente muchos lectores ya habrán notado que no es así. Pero por supuesto que está el sentido comunitario de un órgano de prensa judío, un periódico que si bien está abocado principalmente a la temática judía e israelí, es también un semanario uruguayo, que palpita con lo que sucede en Uruguay y no sólo porque se publica en Uruguay. Yo estoy hace más de 31 años viviendo en Israel, pero sigo llevando siempre a Uruguay en mi corazón, con mucho amor. Y confío en que eso quede bien reflejado en el Semanario Hebreo.

- ¿Existen diferencias entre escribir para Semanario Hebreo y hacerlo para La Nación?

- Sí, por supuesto, que varias. Ante todo, dado que en el Semanario estoy a cargo mientras que en La Nación de Argentina y otros medios, soy una corresponsal, la responsabilidad es otra, así como, por supuesto, también lo es la libertad de decisión, la visión general. Yo suelo decir que si en uno de los diarios de los que soy corresponsal me piden una nota determinada un día en que estoy enferma, pues estoy enferma, y la harán en redacción o de agencias, pero si el Semanario no lo hago, es un serio problema. Nadie es irremplazable, pero claro que hacer el Semanario, armar 24 páginas todas las semanas, tratando de elegir siempre material interesante, va mucho más allá de la labor del corresponsal que tiene responsabilidad sólo por su nota, no por nada más de lo que se publica en la misma edición.

Pero hay otra diferencia -y estimo que te referías más que nada a esa- en cuanto al tipo de escritura. En La Nación u otros medios, escribo información, análisis, publico entrevistas y reportajes. Si bien todo análisis se hace con la visión del que analiza, es diferente de una columna de opinión. Y en el Semanario Hebreo yo escribo toda la página editorial, el editorial, el sub editorial (todo lo que no sale firmado en las páginas 2 y 3). Por su naturaleza, las notas editoriales y de opinión son otra cosa. Pero no sólo porque en este caso salen en un diario judío, sino más que nada porque son espacios en los que se espera que uno escriba su propia visión, su opinión. Y eso significa tomar parte, lo cual a mi criterio, no necesariamente equivale a apoyar automáticamente todo lo que hace Israel.

- ¿Cómo se imagina al Semanario Hebreo digital? ¿Permanecería semanal o empezaría a ser diario como lo hizo Aurora?

- Ante todo es una deuda pendiente que evidentemente todavía no he cumplido, pero un proyecto que debo concretar. No podría dar detalles todavía pero estimo que colocaría parte del Semanario, no todo, y que la actualización diaria sería posible en la medida que el personal y los recursos disponibles lo permitan. No es sólo cuestión de decisión sino de posibilidades. De todos modos, el énfasis siempre será en los artículos especiales, reportajes, entrevistas, no en la corrida diaria detrás de la noticia. Pero cuando tenga forma clara, lo veré en detalle.

- ¿Es difícil para un periodista judío ser imparcial al informar sobre el conflicto del Medio Oriente? ¿Cómo se hace para conseguirlo?

- Probablemente pueda ser más difícil para un periodista judío que para quien no lo es. Pero creo que aquí lo clave es hacer hincapié en aclarar esto de “imparcial”. Sinceramente, creo que nadie es totalmente imparcial. Somos seres humanos, no máquinas. Los periodistas que informamos sobre Medio Oriente-y sobre cualquier situación mundial-vinimos de algún lado, tenemos nuestras cargas emocionales, nuestros conocimientos, nuestros enfoques de mundo. Creo que eso de ser realmente imparcial, como sinónimo de objetivo totalmente -en el sentido de análisis frío como si uno cayera de Marte-, no existe. Lo que sí se puede ser -y se debe ser- es ecuánime, no faltar a la verdad, no tergiversar las cosas para servir al argumento en el que basás tu análisis. Y, por supuesto, dar también la versión de la otra parte. A menudo he escrito artículos criticando diversas posturas palestinas, no sólo de los terroristas de Hamas y otros grupos, sino también de la propia Autoridad Palestina. Pero si lo hiciera sin escuchar a esa parte, dando sólo la campana israelí, creo que estaría mal. Por eso entrevisto también a gente de Hamas, de Fatah, a todos los que estén dispuestos a hablar. Además agregaría un punto que ya mencioné un poco antes: no creo que el periodista judío -inclusive en mi caso, que vivo en Israel y que dirijo un periódico judío- tiene obligación de decir “amén” a todo lo que pasa en Israel. En absoluto. Hay formas y formas de criticar. Eso sí creo que es una responsabilidad: no perder nunca el norte, no confundir la legítima crítica con un ataque desenfrenado en el que todo se demoniza y se presenta en términos negros.

- ¿Cuál considera que es la solución para el conflicto entre palestinos e israelíes?

- Un mutuo reconocimiento que incluya la conciencia de que nadie podrá concretar sus máximas aspiraciones y que, para poder vivir juntos, cada uno tendrá que transar en algo. Eso, en términos generales, casi filosóficos, por decirlo de alguna forma. Concretamente, quiero que haya un Estado palestino independiente, pero al mismo tiempo no creo que su creación sea sinónimo de la llegada de la paz paradisíaca a la zona, porque tengo bien claro que Israel fue atacado cuando no había territorios ocupados y ni siquiera un asentamiento. Quisiera que Israel desmantele al menos parte de los asentamientos y se retire de parte de los territorios, pero más por el deseo de que se preserve para siempre la mayoría judía del país y su carácter democrático, que por el tema de los derechos palestinos, aunque creo que tienen derechos. Pero con los territorios divididos, con la Autoridad Palestina en Ramallah, o sea en Cisjordania, y Hamas en Gaza, no se llegará a nada. Claro está que no puede haber derecho al retorno de los refugiados y sus descendientes, no sólo porque los árabes crearon ese problema al atacar a Israel apenas fue declarada su independencia, sino porque Israel tiene derecho a seguir siendo el Estado judío, así como el estado palestino tendrá derecho a ser eso, un Estado palestino. Israel tendrá que hallar la forma de garantizar su seguridad y estar muy alerta, sin hallarse dentro del territorio palestino, pero los palestinos también tienen que comprender a fondo que si de sus zonas se amenaza a Israel, también ellos perderán, no sólo Israel, por lo cual es un asunto complejo. Y debo admitir que no soy demasiado optimista por ahora, aunque eso contradice mi enfoque de vida en general.

- Usted es reservada respecto a tu vida privada. Pero, ¿en qué casos es importante informar sobre la vida privada de un político?

- No sé si soy tan reservada. Siempre estoy feliz de contar a diestra y siniestra qué divinos que son nuestros tres hijos (objetivamente hablando, por supuesto), pero bromas aparte, no hay un código matemático exacto, por cierto, respecto a qué debe reportarse y qué no. Creo que la realidad de cada país puede determinarlo de otra forma. Evidentemente, si un jefe de gobierno traiciona a su esposa cada semana con otra mujer, si la golpea o maltrata a sus hijos, no son cosas que uno podría decir “son sólo cuestión privada suya”. Hay cuestiones básicas de comportamiento en sociedad, que en el caso de los líderes, aunque nadie piensa que sean más que seres humanos ni santos, tienen especial significado. Pero hay que tener cuidado de no pasarse de la raya y estar seguro de que se informa la verdad y que la búsqueda de la misma no se convierta en un hostigamiento injustificado de una familia entera. Por otro lado, el político sabe a qué se expone cuando va a la política. Si quiere garantizar reserva total para su vida privada creo que no debería elegir la política como camino.

- ¿Cuáles son los proyectos que tiene para 2011?

- Ante todo, el Semanario Hebreo en la web, es una etapa ineludibe, en la que ya nos hemos demorado demasiado. Quisiera ver más instituciones publicando en forma fija en nuestras páginas, aportándonos mutuamente. Quisiera entrevistar no sólo a figuras destacadas por sus cargos y títulos, sino a aquellas personas que me dejaran la sensación que más me entusiasma cuando conozco a alguien que vale la pena: que estoy ante alguien que hace algo, que aporta, que enseña, de quien yo también me enriquezco porque aprendo mucho. Y quisiera poder informar sobre el logro de la paz entre Israel y sus vecinos, sobre la desaparición de las amenazas sobre Israel que aún existen por más fuerte que sea el ejército israelí. Quizás suene a cliché viejo eso de “que llegue la paz”, pero en definitiva, aún en medio de la pujante vida israelí, que no se detiene ni se amedrenta, la falta de la paz sigue siendo evidente. Es el desafío más importante con el que aún debe lidiar Israel, aparte de los que tiene en su plano interno. Yo quisiera tener una tapa del Semanario Hebreo con una frase categórica sobre el comienzo de una nueva era, el fin de los ataques y diatribas de Ahmadinejad, de los planes de atentados de otros extremistas y la llegada de un acuerdo razonable con un liderazgo que represente a todos los palestinos. Todavía no sé cómo resumiría todo en un título, pero estoy dispuesta a ponerme a pensarlo ya.

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Felicitaciones a Ana, al autor de la nota y al sitio web del CCIU por tan lindo homenaje a Semanario Hebreo.

14/02/2014 - 12:38 Joaquín

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