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19/07/2018

Fuente: Iton Gadol

24º Aniversario del atentado a la AMIA. Discurso pronunciado por Luis Almagro




La comunidad internacional y especialmente la comunidad hemisférica tiene obligaciones permanentes, redoblar nuestros esfuerzos en la lucha contra el terrorismo, poner nuestro compromiso en obtener justicia para el caso del atentado a la AMIA, sus víctimas y familiares de las víctimas, así como para la sociedad argentina entera que necesita que los responsables de este atentado sufran las consecuencias de la justicia sobre su acción inhumana.

El terror en nuestras vidas debe ser erradicado, sin matices, sin contemplaciones, sin segundos pensamientos. No podemos vivir prisioneros del terror ni sucumbir a su contagio. El terrorismo es nuestro principal enemigo, el más cruel, el más despiadado, el de la dimensión más inhumana.

El atentado a la AMIA nos hace sentir el terror y horror cerca, nos hace sentir el mal cerca, el odio hecho muerte y destrucción.

La necesidad de justicia surge de cada víctima que pereció en el atentado, de sus familiares y de los sobrevivientes pero también es la necesidad de la sociedad entera que no puede ni debe tolerar ni la menor sensación de impunidad respecto a aquellos que cometieron el atentado o que están involucrados en la ejecución o instrumentalización del mismo.

La indignación debe ser de todos en nuestro continente, el dolor es de todos, todos somos víctimas del atentado en la AMIA y todos somos potenciales víctimas del terrorismo. Ese enemigo que es el más infame de todos que no reconoce ni a niñas o niños, ni ancianos, ni mujeres, ni pobreza. Por ese atentado y ese enemigo infame somos todos argentinos, somos todos judíos.

Somos todos argentinos y somos todos judíos cuando recordamos las vidas que fueron destruidas por un acto brutal, inhumano, sin sentido, motivado por una máxima expresión de odio e intolerancia.

Lo somos en cada aniversario, cuando compartimos con los sobrevivientes y con los familiares honrando a todas las víctimas de este atentado terrorista a la sede de la AMIA; lo somos porque debemos creer y actuar en una máxima expresión de humanidad al mantener la memoria, buscar la verdad y la justicia.

Somos todos argentinos y somos todos judíos porque todos debemos trabajar para hacer justicia y para que esto no pase nunca más.

Todas nuestras sociedades y especialmente la sociedad argentina se deben reconstruir sobre la memoria de lo que ocurrió acá, es un imperativo moral recordar para nuestras sociedades, para las nuevas generaciones lo que ocurrió aquí, hace 24 años.

Es importante para la historia de la Argentina y de toda la región, para la historia de la comunidad judía, que la justicia prevalezca, que el respeto a la memoria de las víctimas nos haga más fuertes en la lucha contra el terrorismo, que el ejemplo de los sobrevivientes nos guíe.

24 años del atentado contra la AMIA. 24 años buscando justicia, manteniendo viva la memoria de esta inmensa tragedia. Los que los extrañan todos los días y perseveran incansablemente por la verdad de lo que ocurrió, por la verdad de quienes no están más entre nosotros y que no tuvieron la posibilidad de defenderse.

Este es un ejemplo de la búsqueda del alma humana, de la perseverancia, de construir y de recrearse y crecer ante lo adverso. El futuro que se hace día a día solo se puede lograr honrando el pasado y manteniéndolo vivo en la memoria, el futuro se puede construir todos los días esperando lograr el fin de la impunidad para los asesinos de la AMIA. La justicia asegura que el terror no se volverá a repetir NUNCA MÁS. Por eso la justicia es una responsabilidad hemisférica, por eso, el día de la AMIA debe ser incorporado a la Organización de Estados Americanos. Todos los países están obligados a colaborar para lograrlo.

Erradicar la impunidad y hacer justicia es posible.

No hay mejor homenaje a la memoria de las víctimas del atentado contra la AMIA que el testimonio de todos ustedes y su reivindicación diaria, la presencia de todos ustedes, la reivindicación que hacemos hoy. Sepan que a pesar de las decepciones, la angustia y la ansiedad por obtener la tan ansiada y postergada justicia, Ustedes no están solos en esta lucha. Porque todos, todos en el hemisferio debemos estar con ustedes.

Cada país en el mundo es responsable de colaborar con la justicia argentina. Cada país en el mundo es responsable de luchar frontalmente para erradicar el terrorismo. Cada país en el mundo es responsable de erradicar el antisemitismo.

Un ataque irracional contra personas inocentes nunca se debe de olvidar, aminorar o encubrir.

La inconsistencia más grande es que pareciera que tienen más potencia las fuerzas y actores que obstruyen el camino hacia la verdad y la justicia, que las fuerzas y actores que empujan el camino hacia la verdad y la justicia.

Lo que debemos de ver es lo contrario, donde la decencia y las variables a favor de la dignidad humana dominen, en un país y en un continente que ya ha sufrido periodos oscuros de violación de derechos humanos.

Que quede claro, estas acciones y omisiones son inmorales. No tienen lugar en nuestra comunidad de Estados democráticos que velan por la paz y la seguridad de su gente.

El sufrimiento e indignación de las víctimas y sus familiares, para Argentina y la comunidad judía, se agrava por la impunidad y la injusticia.

Otro punto cruel de este camino de impunidad fue la cruel muerte del fiscal Alberto Nisman. Nisman investigó el atentado terrorista con un criterio de humanidad, a favor de las víctimas, y su muerte es uno de los hechos que generan particular desconfianza en este proceso. No podemos admitir ninguna impunidad al respecto tampoco.

El terrorismo es sinónimo de cobardía y de salvajismo. Es la muestra del lado oscuro del ser humano. Instrumentaliza vidas inocentes para fines ilógicos, lo cual es inaceptable en cualquier contexto.

El antisemitismo también es sinónimo de cobardía. Es un odio que no es racional ni moral. No tiene lugar en nuestra comunidad hemisférica. Es también cobarde ser tolerante o permisivo con expresiones de antisemitismo o con cualquier ataque o manifestación agraviante del ser judío, de la historia o de la cultura judía y especialmente del sufrimiento del pueblo judío.

Todos los Estados de este continente tienen obligación jurídica y moral de actuar para no permitir esto. Ninguna declaración que hagan puede contener ni la más mínima ambigüedad al respecto porque nuestras sociedades lo pagan muy caro, como fue el caso del atentado a la AMIA.

La forma duradera y constructiva de combatir la intolerancia que ha afectado a esta comunidad, es con memoria, verdad y justicia. A casi un cuarto de siglo del atentado, la intolerancia la debemos tener hacia el olvido, hacia la mentira, hacia los encubrimientos, y hacia la impunidad.

La memoria de las víctimas del atentado de la AMIA no solo es memoria, es vida, la que nos debemos para reconstruirnuestras sociedades sobre principios y valores que nos hagan mejores, que no permitan que cosas como estas vuelvan a pasar.

Mi reconocimiento a la comunidad judeoargentina, mi reconocimiento a la AMIA que ha mantenido y reforzado la memoria todos estos años. Es una comunidad de mujeres y hombres que, consistentes con su naturaleza de dignidad humana, han generado la iluminación que en medio de tiempos oscuros se necesita.

Sin embargo, por acciones y omisiones, la verdad y la justicia no han llegado. Estamos asfixiados en un océano de injusticia y de impunidad. Es clara la responsabilidad que tiene Irán respecto a esa injusticia e impunidad, es clara su falta de colaboración con la justicia, es claro que esto no puede ser admisible.

Esto tiene un impacto directo e íntimo en las víctimas y sus familiares. Pero también tiene un impacto directo en nuestra comunidad hemisférica que debe defender la paz y la dignidad humana.

Las voces de las víctimas se silenciaron, pero las nuestras no deben callarse ante presiones o ante la indiferencia. El silencio y evasión de la verdad y obstrucción de la justicia es indignante y solo convierte la situación en algo peor. El olvido, el encubrimiento y la impunidad profundizan las heridas de las víctimas, y son como otro atentado, son otro golpe, pero a la decencia humana.

Debemos de ser consistente con principios humanos, y los valores deben de actuar con base en nuestros principios sin titubear, y más ante atentados brutales e irracionales.

La manera de ganarnos el derecho de esperar un cierto grado de iluminación en tiempos de oscuridad, es estando a la altura de esta humanidad que nos define.

Argentina y la comunidad judía cuentan incondicionalmente con la OEA para dar fuerza a las voces que están a la altura, trabajando por la memoria, la verdad y la justicia, luchando contra el terrorismo.

La OEA siempre estará de su lado, hará lo que esté a su alcance para combatir el odio y la indiferencia, y denunciará los obstáculos intencionales a las investigaciones y el proceso legal que no permita cerrar las heridas profundas que cargan los sobrevivientes y los familiares de las víctimas.

Recordemos y honremos a todas las víctimas, y estemos inequívocamente del lado de ellas. La indulgencia a los victimarios solamente trae más muerte y más sufrimiento. Actuemos siendo consistentes con la dignidad humana, no importa el costo.

Luchemos contra la intolerancia y el odio materializado el 18 de julio de 1994, y que sigue expresándose de formas tangibles -por otros, de otras formas, en otros lugares en nuestras sociedades – enfrentémoslo con criterio de humanidad, de tolerancia, de derechos humanos, y de decencia, con justicia.

Como dijo Isaac Rabin: "Seguiremos en el camino de la paz con determinación y fortaleza. No nos detendremos. No nos daremos por vencidos. La paz triunfará sobre todos sus enemigos, porque la alternativa es peor para todos nosotros. Y hemos de prevalecer".

Gracias.

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