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22/12/2017

El Salto, España- Thomas Klikauer

AfD: cómo un partido nazi se ha extendido en la Alemania del siglo XXI




Por Thomas Klikauer



Mientras la policía alemana atacaba una vez más a los manifestantes antifascistas con gas lacrimógeno (¡como si el gas no hubiera hecho ya suficiente daño a lo largo de la historia alemana!), el nuevo partido político nazi, Alternativa para Alemania (AfD), celebraba su Congreso Nacional del partido a principios de diciembre de 2017.

Plagado durante años de peleas internas, el partido seleccionó a la nueva dirección del partido. Estos nuevos líderes cambiarán el ala más reaccionaria-conservadora hacia su racialmente motivada ala “völkisch-nacionalista” [nota del traductor: populismo nacionalista], el cual posiciona a AfD incluso más a la extrema derecha.

Representados ya en 14 parlamentos regionales, las elecciones al Parlamento Federal (el 24 de septiembre de 2017) dieron como resultado por primera vez desde 1945 la elección de un nuevo partido neonazi, Alternativa para Alemania, con un 12,6% de los votos.

Aunque AfD es relativamente nuevo como partido político, sus antepasados se remontan a los nazis alemanes (NSDAP 1920-1945) seguidos por el efímero “Partido Socialista del Reich” (SRP) posterior a la II Guerra Mundial.

Como el NSDAP, el SRP no era un partido socialista, sino que fue el sucesor del NSDAP inmediatamente después de la derrota de la Alemania nazi. Una vez declarado ilegal, los herederos del SRP se convirtieron en el partido nazi “Partido Nacional Democrático” (NPD). Ninguno de aquellos partidos era democrático. Ni el SRP ni el NPD tuvieron éxito, quizá porque ambos no fueron tan buenos en ocultar su nazismo como el AfD. Sin embargo, en muchos sentidos el NPD ha allanado el camino para AfD de hoy, al menos en cuestiones ideológicas y de apoyo entre sus votantes.

A pesar de compartir su ideología racista-nacionalista y antisemita, el AfD de hoy en día ha conseguido un gran éxito en cuanto a la movilización de sus simpatizantes. Conforme los votos a AfD aumentaron hasta alcanzar un 12,6%, los votos a NPD disminuyeron a un pobre 0,4% durante las elecciones federales de 2017.

Como los votantes cambiaron del NPD hacia AfD, éstos últimos bien pueden considerarse como un “NPD light”. Apoya el populismo de Björn Höcke que está basado en una versión más abierta del antisemitismo, alucinaciones de limpieza racial y nacionalismo ario. Sin embargo, el simple cambio del pequeño número de simpatizantes del NPD hacia el AfD no explica el éxito electoral de este partido político. Cinco factores han contribuido al surgimiento de los nuevos nazis.

Primero, hay una gran diferencia en el apoyo de los votantes a este partido entre el Este y el Oeste. El AfD se ha hecho el doble de fuerte en los territorios que formaban la antigua Alemania del Este que en la del Oeste. En el Este han conseguido con éxito establecer redes locales de apoyo, a menudo en áreas geográficas creadas después de la unificación de Alemania (1989/1990). Originalmente, el crecimiento de AfD se estableció a través de la desaparición orquestada de las estructuras locales “socialistas de Estado” (clubes socialistas, asociaciones juveniles, enlaces entre la escuela y la comunidad, asociaciones vecinales, etc.).

Como consecuencia, muchas de estas áreas son lo que los matones callejeros neonazis/AfD/Pegida llaman “zonas nacionalmente liberadas”: son zonas donde no hay sitio para extranjeros, progresistas o aquellos que no parecen físicamente alemanes. Los nazis llaman a esas áreas “Judenfrei” [nota del traductor: libres de judíos].

En esos sitios, Pegida (organización callejera de AfD) organizó sus estructuras locales mucho antes de la fundación en 2013 de AfD, a la cual posteriormente apoyaron. Además, muchos votantes de la parte Este de AfD se ven a sí mismos como “los perdedores de la modernización”. Ellos representan aproximadamente dos tercios de los votantes totales de AfD. Este partido político ha tenido éxito también en la utilización del resentimiento de la parte Este contra el Oeste de Alemania, ya que durante mucho tiempo los ciudadanos de la extinguida RDA (República Democrática Alemana) han sido tratados como ciudadanos de segunda clase por sus vecinos occidentales (BMW frente a Trabbi) [N. del Ed: Trabant es la marca de coches asequibles que funcionaba en la RDA].

El problema Este-Oeste se agudiza más aún por el hecho de que los votantes del AfD tienden a vivir en áreas rurales con una baja densidad de población, mientras que los votantes de los partidos democráticos suelen vivir en las ciudades. En pocas palabras, cuanto más rural y menor sea la población, mayor apoyo obtiene el AfD. Ese es un factor, pero por sí solo no explica el éxito del AfD. Se podría decir que los conservadores tradicionales alemanes (por ejemplo, la CDU) han estado ocupando baluartes bastante similares: votantes rurales, católicos,… pero a diferencia del AfD, bastante acomodados.

En general, sin embargo, el AfD ha realizado importantes incursiones dentro del bloque conservador de Alemania, como lo indica que el 15% de los votantes de CDU (el partido de Angela Merkel) hayan cambiado su voto al AfD. Es aquí donde el partido político hizo algunas de sus conquistas más significativas que indican un cambio conservador nazi.

Tradicionalmente, el apoyo tanto al único partido verdaderamente neoliberal de Alemania (FDP) como a los ecologistas Die Grünen (Los Verdes) tiende también a ser más urbano y con la gente de mayores ingresos. Los votantes de FDP/Die Grünen son generalmente más jóvenes que los de AfD, los cuales son predominantemente hombres y mayores.

Los socialdemócratas del SPD y los socialistas de Die Linke (La Izquierda) siguen manteniendo sus zonas fuertes entre las áreas tradicionales de la clase trabajadora donde viven personas con ingresos estables (la clase media pequeño burguesa semi-acomodada). A pesar del neoliberalismo, muchos todavía tienen empleos seguros con unos ingresos razonables. A diferencia del atractivo modelo moderado del SPD a nivel nacional, Die Linke sigue siendo un partido de Alemania del Este incapaz de asegurarse mejoras significativas en la parte occidental alemana.

En segundo lugar, el AfD ha sabido captar el resentimiento contra el capitalismo, desviando su ira contra sus objetivos tradicionales: inmigrantes y refugiados. Para los viejos nazis esa figura la representaba el judío, para los nuevos nazis la comunidad judía pierde ese "protagonismo" y lo centran en el inmigrante, el extranjero, el refugiado y en definitiva cualquiera que no encaje en la imagen étnicamente depurada del AfD de una volksgemeinschaft [N del Ed. “comunidad popular”] criptonazi.

Muchos votantes de este partido político son reclutados de grupos socio-económicamente desfavorecidos que albergan estos pensamientos a menudo inducidos por los medios de comunicación. A este tipo de grupos se refieren filósofos como Hegel, que los llamó en una ocasión “chusma” y que más tarde su exitoso alumno Karl Marx calificó de “lumpenproletariado”. Aquellos atormentados por el antiguo Estado de bienestar de Alemania, los trabajadores pobres, los precarios,... con ingresos por debajo de la media fueron convencidos para votar por el AfD creyendo que formarían parte de una “rebelión de los olvidados”.

A medida que el neoliberalismo ejerce su dominio, tanto la clase media baja como la baja sienten un abandono por parte de la sociedad a medida que cuentan con menos educación, sufren un mayor desempleo o empleos inseguros, mientras el nivel de vida de la pequeña burguesía disminuye. Junto a significativas mejoras a costa del conservadurismo tradicional, estos son los grupos que formaron el grueso de votos para el AfD en 2017.

En tercer lugar, el AfD ha tenido éxito consiguiendo el apoyo de los no-votantes (aproximadamente 1/4 de su total) y ha sido capaz de reunirlos dentro de su corral, en lo que se refería Nietzsche como la moral del rebaño.

Para lograrlo, el AfD ha sido efectivo al utilizar la "política del miedo" y la xenofobia contra casi cualquier persona no alemana. Jugando con este miedo, sus líderes buscan proteger y tener preparadas las fronteras de Alemania para frenar a los intrusos, por ejemplo hoy en día a los refugiados. Esta política del miedo ha sido exitosa gracias a que se basa, al menos parcialmente, en una despolitización diseñada sistemáticamente. Los votantes deben creer en soluciones fáciles que, en realidad, no existen.

Aun así, siguen siendo una presa fácil para la propaganda de la derecha y el populismo de AfD. Gran parte de esto se alimenta de lo que el filósofo Adorno señaló una vez como "personalidad autoritaria", manifestada en un rechazo de la modernidad, la igualdad de género, el liberalismo, la multiculturalidad y el cosmopolitismo de Kant.

A diferencia de los nazis de 1933, los votantes de AfD de hoy no son jóvenes: es un partido de hombres viejos. La masculinidad y la edad avanzada representan al AfD.

Esto permitió que la propaganda de AfD contra los refugiados, la antidemocracia, el chovinismo, el militarismo, el nacionalismo y el antisemitismo funcionara. No sorprende pues que, al igual que al antisemita no le hace falta tener a la familia judía al lado de su casa, al simpatizante de AfD no le hace falta la familia migrante para ser antisemita, racista o ambas cosas. Además no sorprende que las ciudades donde el AfD tiene más fuerza suelen ser aquellas donde la población inmigrante es bastante baja.

Curiosamente, esto funciona también de manera opuesta: el voto de AfD sube en ciudades con un número elevado de inmigrantes. Tanto el nazi como el votante de AfD puede odiar a su vecino, aunque la idea de que el antisemita necesita contacto personal para serlo o que el votante de AfD necesita inmigrantes a su alrededor para ser racista no puede ser defendida en base a los datos de las elecciones de 2017.

Como punto número cuatro, el apoyo a AfD ha sido fuerte entre las edades comprendidas entre los 35 y los 59 años, haciéndose fuertes en las áreas donde la población tiende a envejecer. Así como los votantes de AfD son incluso más entre los mayores de 60 años, descienden las cifras en el grupo entre los 18 y los 34. A diferencia de los nazis de 1933, los votantes de AfD de hoy no son jóvenes: es un partido de hombres viejos. La masculinidad y la edad avanzada representan al AfD.

Las generaciones más viejas de Alemania están más preparadas para seguir los llamamientos del AfD para acabar con todo recuerdo acerca del Holocausto, dejando de ver este hecho histórico como una singularidad y creer en la falsedad de que “otros han hecho lo mismo”.

Otros no han hecho lo mismo, Auschwitz es exclusivamente alemán: sin Alemania no habría nazis, sin nazis no habría Auschwitz. Lo que ha cambiado es que el AfD ya no sólo quiere cazar judíos, sino que ahora quiere cazar también a los migrantes. En general, Pegida y AfD han cambiado la cultura de la política alemana.

A día de hoy, palabras como “völkisch” vuelven a aparecer abiertamente por vez primera desde 1945, se hacen llamamientos para construir un nuevo ferrocarril desde Berlín a Auschwitz, y ahora los refugiados están asociados a la caza y “la eliminación”. No sorprende que Alemania registrara “oficialmente” (¡) 318 ataques por motivos raciales contra inmigrantes, extranjeros o refugiados con-aspecto-no-demasiado-alemán en el primer trimestre de 2017 y 324 en el segundo. En el tercer trimestre, 76 personas resultaron heridas en estos ataques. En total, la cifra asciende a 1.067 ataques en los primeros nueve meses del año con 230 personas heridas. En general, el éxito de AfD no puede explicarse simplemente por el factor de la inmigración. La organización callejera de AfD, Pegida, saltó a la fama mucho antes de que Merkel diera la bienvenida a los refugiados en 2015. No obstante, la llamada “cultura de la bienvenida” de Merkel permitió a Pegida y a AfD intensificar su propaganda xenófoba, racista, antisemita, homófoba, islamófoba, sexista, misógina, etc. Mucha de ella cayó en tierra fértil. Sin embargo, no fue igual en toda Alemania.

Se puede identificar tres áreas regionales de apoyo al AfD:

Apoyo bajo a AfD: Schleswig-Holstein, Hamburgo, Baja Sajonia y Bremen.

Apoyo medio a AfD: Renania del Norte-Westfalia, Hesse, Renania-Palatinado, Baden-Wurtemberg, Baviera, Sarre y Berlín

Apoyo fuerte a AfD: Sajonia, Brandenburgo, Turingia, Sajonia-Anhalt y Meklemburgo-Pomerania Occidental

No sorprende que dos ciudades alemanas con una fuerte clase trabajadora (Hamburgo y Bremen) sean zonas donde el AfD consiga menos votos. El nivel medio está definido por la parte medio-oeste de Alemania, mientra que gran parte del alto nivel de voto a AfD se dio en Estados regionales exclusivamente orientales. Esto podría traducirse como el norte y el oeste frente al sur (en parte: Baden-Wurtemberg, Baviera) y el este.

Por último, la cobertura que dieron los medios de comunicación antes de las elecciones jugó un papel crucial en el auge de esta formación, por ejemplo, al dar por hecho la reelección de Angela Merkel. Esto animó a aquellas personas que simplemente querían “dar un toque de atención” y “mandar un mensaje”.

Además, los medios favorecieron al AfD en el debate televisivo preelectoral al plagar el evento de temas que les beneficiaban, convirtiéndose en una plataforma de elección al AfD. Esto dio la impresión a los votantes de que Alemania está de hecho invadida por los migrantes y que los refugiados son el principal problema. Como dice un viejo dicho en relaciones públicas y propaganda, los medios no pueden decirle a las personas qué pensar pero sí pueden decirles en qué pensar.

Mientras los medios diseñaron la opinión pública sobre los inmigrantes, no pensaron en los problemas reales que sufre Alemania, Europa y el mundo entero. Junto con las razones que se encuentran en las profundidades de la muy reciente historia nazi de Alemania, aparecen la hábil culpabilización de los refugiados e inmigrantes por los problemas del neoliberalismo y, sumando el apoyo de los medios, el AfD es ahora una realidad parlamentaria.

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