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04/09/2017

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

De Tel Aviv al Sodre




El coreógrafo y bailarín israelí Adi Butrus, brindará un taller a jóvenes bailarines en Montevideo.

Es apasionante conversar con Adi Butrus (28), coreógrafo y bailarín independiente israelí, que insiste en que hablemos de su viaje y su trabajo y no tanto de su condición de árabe cristiano porque "eso no es lo central", y al mismo tiempo es él quien saca el tema con firmeza y naturalidad. En pocos días está llegando por primera vez a Uruguay donde lo espera Martín Inthamoussu, Director de las Escuelas de Formación Artística del Sodre, que fue quien lo invitó.

Butrus (nombre que se origina, en árabe, de la palabra Pedro, bastante común entre los árabes cristianos), nació en Beer Sheba, en una familia de padres originarios de Haifa y Nazaret que se habían mudado al sur por el trabajo. Tiene cinco hermanos, todos ellos fuente, así nos cuenta, de profundo amor y dedicación. Es de los pocos creadores árabes en el área de la danza en Israel, un enamorado de aquello a lo que dedica su tiempo.

Creció y estudió siempre entre judíos e inclusive habla con sus padres en hebreo, porque así se acostumbró, no porque tenga ni vergüenza ni reparo de ningún tipo respecto a su identidad árabe, en absoluto. De hecho, esta le es también un tema de inspiración. Y en medio de la compleja realidad israelí, se siente parte, ama el lugar en el que vive, donde también quisiera cambiar lo que considera que está mal. "Se puede hacer revouciones solamente en el lugar que a uno le importa", nos dice en parte de la conversación fuera de grabación.

Este es un resumen de lo conversado, a pocos días de poner un pie en el avión hacia Uruguay. Adi, me alegra mucho tener esta "excusa" para conocerte personalmente, tu inminente viaje a Uruguay, invitado por Martín Inthamoussu, Director de las Escuelas de Formación Artística del SODRE. ¿Es tu primera visita a Montevideo?

Así es, mi primer viaje a Uruguay, aunque no a Sudamérica. Es que paralelamente a mi dedicación al tema del movimiento la danza, también soy DJ y coleccionista de discos. Y mi especialidad es la música latina, más que nada folklore colombiano, cumbia, champete. Ya he estado en México para visitar un negocio determinado de discos, en el que pasé tres días. Mi colección es de discos chicos, los de 7 pulgadas, entre los años 60 y 70. Por este amor también he estado en Barranquilla en Colombia. Hace unos meses, al terminar una gira de presentaciones con la danza, estuve una semana en Colombia para comprar discos. Me gusta escuchar el idioma, conozco la cultura, me interesa mucho.

Ojalá tenga tiempo también en Uruguay de ensuciarme los dedos en alguna disquería buscando cosas interesantes.

¿Te parece que lo tendrás?

No lo sé, ´pero de todos modos lo que más me importa no es tener tiempo para los discos sino el trabajo. Estoy una semana en Uruguay y de allí viajo por un mes a Paris, donde tendré 23 presentaciones. En total será un mes y medio fuera de casa así que esto es todo un desafío. Estoy muy expectante del taller que daré en Uruguay. Será un grupo de 24 estudiantes, un número importante.

A TRABAJAR

Un grupo grande ¿verdad?

Así es. Trabajaremos sobre el tema de partenaires, en lo cual está basado mi trabajo, en parejas o grupos, o sea más de un cuerpo. Y la intención es hacer alguna presentación que tengan para el fin de la temporada, que puedan interpretar algo de lo que hayamos hecho juntos. O sea que hay aquí una combinación de presentación, estudio, elaboración...

Así es. En el taller se combinará el trabajo con compañeros sobre el escenario con una serie de instrucciones y encargos que les daré para que ellos mismos puedan crear sus materiales. Yo trabajo mucho sobre la improvisación en mi creación . Veremos cómo funciona allí.

Si bien este no es mi campo, intuitivamente me da la sensación de que es más fácil improvisar cuando uno trabaja solo que con un socio sobre el escenario ¿no?

Puede ser, pero para mí es más interesante acompañado y también más fácil mentalmente. Creo que tener que lidiar solo en el estudio con todo es mucho más difícil. Pero si hay alguien más que te acompaña, tu pareja de baile digamos, siento que hay más posibilidades. Y ya he dado talleres sobre este tema en el marco de todo tipo de proyectos o marcos privados, tanto en Tel Aviv como en otras partes.

¿Te es importante conocer de antemano algo sobre los que serán tus alumnos en el taller? En el caso del Sodre seguramente has oído a través de Martín Inthamoussu.

Así es. Es menos importante saber de ellos como personas que saber por ejemplo qué edad tienen, para poder trabajar juntos. En general jóvenes a partir de 17, 18 años están en buena edad para eso, porque trabajar en el tema de partnerism, o sea con un partner, compañero en la danza, requiere ciertos conocimientos previos, cierta experiencia, no empezar de cero. Así que es más interesante trabajar con esas edades, con bailarines profesionales con los que realmente se pueda crear algo juntos. Y no tengo dudas de que no sólo yo les daré a ellos sino que ellos me aportarán también a mí.

LOS SECRETOS

Supongo que no alcanza con el talento y la flexibilidad...

Claro que el talento es clave. Pero también se puede adquirir, aprender. Sea como sea, lo central es tener buena energía, sentir que uno puede trabajar bien. Recordemos que no hablamos mucho sino que trabajamos con el cuerpo .Y puede haber una sesión de 45 minutos durante la cual los bailarines están traspirando uno arriba del otro, trepándose, hay que estar abierto a eso, disponibles, hay que hacerlo posible. No cualquiera.

Con eso que describes se me ocurre qué pasa si no hay buena "química" entre dos bailarines sobre el escenario. ¿Te parece que puede pasar que del propio público se dan cuenta de que algo ahí no funciona?

Puede pasar, como en todos lados, en todos los marcos de la vida. A mí en lo personal no me ha pasado pero sí es cierto que hay distintos niveles de apertura o de comodidad con el compañero de danza. Puede haber alguien con quien es más cómodo trabajar que con otro. Me pasó por ejemplo que con Avshalom Latuha que ya trabajó conmigo en una coreografía mía del 2015, que fue tan buena la conexión que me dije que claramente tengo que trabajar de nuevo con él. Y dado el resultado me quedó clarísimo por qué realmente tenía que ser él.

¿Es problemático dos hombres sobre el escenario?

Hay muchos momentos que son muy íntimos en este trabajo, que tiene mucho del tema virilidad. Sabes que el hombre mediterráneo tiene algo medio machista, desde el nacimiento. Somos un país en lucha. Sabemos el rol que tiene el ejército aquí y cómo el rango da jerarquía. Pero este trabajo propone otra cosa. Propone virilidad, dos hombres usando la fuerza pero con sensibilidad, capaces de cuidarse uno al otro, de abrazarse y cuidando el cuerpo uno del otro aunque quizás uno tire al otro al piso, y estando allí el uno para el otro, sin miedo de que alguien crea que es homo erótica. Si se tiene con el compañero de danza una buena intimidad, eso nos permite llegar a estos puntos de la creación.

CUESTIÓN DE IDENTIDAD

¿Sientes a veces que te faltan palabras sobre el escenario? O sea...que si hablaras podrías manifestar mejor lo que quieres transmitir...

No, al contrario, no quiero palabras. Por ejemplo, hice un trabajo con mi pareja, Stav , que es judía, una gran bailarina, bajo el título "Lo que realmente me enoja", sobre la tensión en nuestra calidad de pareja mixta, yo árabe y ella judía-en un lugar en el que no siempre es fácil ser una pareja mezclada, también entre otros grupos- y ahí había muchísimo texto. Siete minutos de texto. Pero esta vez, con mis últimos trabajos, me dije que no, que no quiero textos que se ocupen de la política en el sentido pequeño del término, que no sea como ir quitando las cáscaras de la identidad de judíos y árabes, la mía como árabe. Y decidí que si me ocupo de identidad esta vez, puede que sea la identidad física y corporal, qué es ser un buen bailarín.

BAILARÍN ÁRABE

En lo que conversamos antes de combinar esta entrevista, aclarabas que no quisieras que tu identidad árabe se trague toda la entrevista y te aclaré que esa no era mi intención. Pero tú mismo sacas el tema y lo pones sobre la mesa.

Es cierto, pero lo que más me importa es plantear las preguntas adecuadas, dejar la bandera de lado.

¿La bandera de ser bailarín y coreógrafo árabe?

Bueno, no es que yo enarbolé esa bandera, pero siendo uno de los pocos que hay, junto a Sahar Damuni y Ayman Saif, el tema resalta. Y claro, a veces sin que yo lo busque, el tema se me pega.

¿Te molesta?

No, lo entiendo, no me molesta, está bien. Es natural que mi trabajo lo manifieste, doy mi interpretación. Al mismo tiempo te digo que no hay lo que hacer. Cuando el público sabe de antemano cuál es mi identidad, espera ver cómo se expresa. Y no digo que está mal. De hecho esto me ha resaltado. Claro que a veces al entrevistarme los periodistas buscan un título amarillo, pero en general no tengo quejas. Me ha agregado singularidad y atención.

¿Y te parece que tu identidad como árabe influye en tus trabajos?

Yo creo que la creación es la formación de la esencia de la persona pero que lo que incide más que nada son las herramientas que tiene el público para plantear sus filtros. Y si presento algo en Tahiti, donde nadie conoce el conflicto, el público no pensará en eso. De todos modos, el tema de la identidad interesa a todo el mundo.

En el mundo de hoy, la aldea global, todos se buscan a sí mismos. Pero quizás en Israel esto sea más fuerte.

No creo que sea necesariamente más fuerte. Mira todo lo que pasa ahora con Trump, cuestiones de identidad, de grupos, separaciones...

Voy a ser poco original, supongo, y preguntarte cómo te ves a ti mismo, cómo te presentas.

Yo intento no presentarme ni decir "soy esto o lo otro". Además, realmente no me resulta importante. Salvo en algún encuentro social donde puede ser importante, no es necesario entrar en definiciones. Yo trato de evitarlas porque me parece que ahí vienen los problemas, que eso es lo que nos aleja a uno del otro, las etiquetas que marcan. Creo que al final todas las etiquetas caerán, también las cáscaras. No me parece que sea importante decir que soy árabe o cristiano, o lo que sea.

¿Tampoco aunque eres uno de los únicos coreógrafos y bailarines árabes?

Creo que en este caso es más importante preguntarse por qué hay tan pocos, si somos el 20% de la población de Israel.

¿Y a quién hay que dirigir la pregunta?

Bueno, si hay muchos más en el cine, en la música, cabe preguntar por qué tan pocos en la danza. Y creo que la respuesta es combinada. Por un lado, la sociedad árabe es más tradicionalista, un poco más conservadora. Hay matices, claro, no son todos iguales, pero es en general más conservadora. Además hay un tema socioeconómico, pero más que nada, creo que es medio problemático hacer algo con el cuerpo sobre el escenario.

¿No es modesto?

No sé si no es modesto...claro que tampoco los ultraortodoxos, judíos muy religiosos, van a subir desnudos a un escenario. Pero creo que pasa por ahí, cierto pudor de dedicarse al cuerpo medio desnudo. Pero por otra parte, creo que el Estado también podría alentar más a que los árabes se involucren en la danza, por ejemplo promoviendo que una vez por mes un coreógrafo vaya a las aldeas y localidades árabes a hacer actividades con los niños. Sería una forma de tomar responsabilidad. Pero no digo que ahí está lo central.

AMO DONDE ESTOY

Adi, yo suelo decir que aunque haya diversas cosa por corregir, Israel está lejos de la imagen a veces demoníaca que sus enemigos presentan del país. ¿Estás de acuerdo?

Mira, a mí me gusta mucho Israel, quiero al país, amo el lugar en el que estoy, en el que vivo, amo Tel Aviv y me gusta mucho el enfoque abierto y liberal. Me gusta también que vivo cerca de Iafo. Tengo clarísimo que lo que se ve de afuera no es lo que se ve desde aquí.

Yo nunca me sentí alienado ni he tenido problemas. Sé que no faltan y también he estado en conversaciones en las que sin saber quién soy yo hubo gente que se manifestó muy duramente contra los árabes en general. Pero cuando se enteraron de que yo mismo soy árabe, cambiaron de enfoque. Tenemos que conocernos más, encontrarnos, hablar. Eso es clave al crecer.

MOVIÉNDOSE, DESDE CHICO

¿Cuándo te pegó el bichito de la danza y comprendiste que esto es lo que quieres hacer?

No puedo recordar un punto específico, pero sí te puedo decir que desde que me recuerdo a mí mismo, yo siempre anduve con poses originales en espacios pequeños. Siempre parecía que soy muy flexible, desde chico. Lo que sí puedo decir que recuerdo bien es que me dediqué en forma profesional a atlética liviana y a acrobacia, desde muy chico. Hacía también aparatos, plinto y otros. Más tarde, a los 10 u 11 años, ya hacía breakdance y también hip hop. Realmente puedo decir que empezó en casa. Ahora que pienso, mis primos son todos campeones en paro de manos. Todo el tiempo se paraban de mano y yo los imitaba...Así que luego se fue dando el cambio gradual. A los 18 años me mudé de Beer Sheba a Tel Aviv y empecé a dar clases abiertas en todo tipo de estudios.

Sentí que para estar cerca del centro de actividad, tenía que estar en Tel Aviv.

Luego fui descubriendo la danza moderna y aquí estoy con eso.

Imagino que el apoyo en tu hogar era clave.

En mi casa mis padres y hermanos siempre creyeron en mí y cuando conté que me quiero dedicar a esto, las preguntas fueron las comunes que formula la familia, si uno puede vivir de esto, cosas así. Tuve una niñez hermosa, rodeado de amor y apoyo de mis padres, siempre. Ese es un gran secreto para estar pleno con lo que uno hace.

Recibí siempre mucha fe y herramientas para que yo sepa que puedo hacer lo que deseo, que puedo elegir. Mucho espacio, independencia. Eso permite desarrollarse de una forma en la que luego se sabe elegir.

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