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20/09/2017

PorIsrael- por: Mayor General (Re) Gershon Hacohen Fuente: BESA Center

Diferentes influencias que alientan al terrorismo







Desesperación y esperanza son las fuerzas poderosas que impulsan el terrorismo global. Para enfrentar mejor esta amenaza, Occidente debe combinar sus esfuerzos anti-terrorismo con respuestas mucho más duras que sembrarán dudas en las mentes de los yihadistas sobre su camino elegido.

A raíz del reciente ataque de ISIS en Barcelona, expertos en terrorismo islámico fueron llamados, tal como suelen hacerlo, para que expliquen dicho fenómeno. Esta vez los expertos apuntaron a un imam radical que había incitado a inmigrantes de segunda generación, este organizó una red terrorista y estimuló a los perpetradores a que cometieran su acción.

Una pregunta importante sigue sin respuesta: ¿Por qué? Generaciones de investigadores académicos han profundizado y seguirán ahondando sobre este tema. Mientras tanto, vale la pena revisar algunos de los factores necesarios para tratar el fenómeno del terrorismo en su nivel más práctico.

En lo que respecta a los aspectos operativos inmediatos de seguridad y frustración por los ataques terroristas, el tema del por qué no posee ningún significado práctico. Es similar a salvar a una persona que sufre de un ataque al corazón. En tal emergencia, el salvar una vida depende de una serie de acciones técnicas, eficientes e inmediatas y no de investigaciones sobre las causas primarias que originaron la enfermedad. Pero una vez que la situación se haya estabilizado, es necesario realizar un examen exhaustivo de las circunstancias que lo precipitaron. El modo de vida de uno puede requerir ser modificado y la pregunta de “¿por qué sucedió esto?” Se vuelve fútil.

El trato con el fenómeno terrorista requiere, igualmente de un doble enfoque. El primero es operativo: la prueba práctica del contraterrorismo y las respuestas de seguridad. El segundo es más teórico: el examen a toda la gama de circunstancias sociológicas, económicas y religiosas que impulsan este fenómeno.

Algunos dicen que el terrorismo es alimentado por el sentimiento de desesperación y alienación por parte de los perpetradores. Para estar más seguros, la pobreza y privaciones en muchos países islámicos han impulsado una tendencia migratoria y los centros de inmigrantes a menudo generan un sentimiento de alienación. Esto es especialmente cierto entre los jóvenes de segunda generación frustrados por la brecha insalvable entre su situación como inmigrantes y la sociedad establecida a su alrededor.

Pero existe una hipótesis adicional que vale la pena considerar. La desesperación y alienación no son las únicas razones del terrorismo. La esperanza es también un motivo.

Muchas veces, son precisamente aquellos que tienen la esperanza de integrarse en la opulenta sociedad occidental quienes eligen el camino del terrorismo. Algunos de los terroristas más notorios del mundo, tales como los que perpetraron los ataques del 11-S, estudiaron en las principales universidades occidentales. En un reciente simposio internacional al que asistí, aprendí de un investigador malasio que en su país, son en su mayoría los estudiantes más destacados con perspectivas excepcionales que eligen unirse a ISIS.

Proyectar la desesperación y alienación sobre todo puede cegar al individuo a la existencia de otros motivos significativos no menos esenciales para entender particularmente este fenómeno. Entender a los demás significa entender que no son necesariamente iguales a nosotros. Además de seguridad y prosperidad, la gente también busca significado. Éste es el punto crucial del debate humanista: ¿podemos contentarnos simplemente con el evangelio de la prosperidad ofrecido por Occidente?

El fundamentalista racional

Aquí es donde el fervor religioso, del tipo que el Occidente moderno no sabe cómo lidiar, levanta cabeza. En su libro ‘El Fin de la Fe: Religión, Terrorismo y el Futuro de la Razón’, el autor Sam Harris analiza el desafío que enfrenta el mundo occidental con el surgimiento del terrorismo motivado a través de la religión. Harris sostiene que la religión es un factor irracional, una “fuente de violencia” y cree que debe ser eliminado totalmente de las esferas políticas y públicas.

El terrorismo yihadista ciertamente proviene del fundamentalismo religioso, mientras que el secularismo moderno percibe la motivación religiosa como irracional. Pero es precisamente aquí donde es necesaria una comprensión no-dividida.

Para tratar inteligentemente el fenómeno del terrorismo, debemos suponer que el fundamentalista cree que su conducta es racional. En su mayor parte, los terroristas actúan desde un punto de vista racional para ellos, al menos en lo que respecta al vínculo que intentan crear entre sus acciones y las causas que estos deseen promover.

Un terrorista busca sentido para su vida, lo cual expresa en la voluntad de dedicarse a realizar la visión de la que su profeta habló. Pero el profeta no dijo cuándo llegará el momento de actuar y este es el punto que necesita ser aclarado a fondo. ¿Ha llegado el momento?Tendemos a decir que un fanático que cree en el poder de sacrificarse es un ciego ante la realidad. Al contrario: es la realidad que le enseña que el tiempo ha llegado y lo alienta a levantarse y actuar, potenciado por su fe.

Aquí radica el elemento que divide a organizaciones radicales yihadistas tales como Al-Qaeda e ISIS. Estos difieren en sus interpretaciones de la realidad y sobre el tema de si ha llegado o no el momento. Al-Qaeda argumenta que las circunstancias óptimas aún no se han presentado, mientras que ISIS dice que ahora es el momento de actuar (“las puertas del cielo se han abierto”).

No es la religión, que es poco práctica y desprendida de consideraciones racionales, sino la realidad que les dice que es racional actuar ahora. Contrario a la creencia popular, los yihadistas valoran la vida y no arrojan por la borda la suya a la ligera. La manera en que glorifican a la muerte proviene de su percepción a la magnitud de la hora.

Posponiendo el final

Si podemos sembrar dudas en la mente de los yihadistas que el momento ha llegado, quizá podamos frustrar sus planes. Es nuestro deber determinar qué es lo que alimenta la creencia yihadista de que ha llegado el momento de actuar.

En gran medida, el sentido de oportunidad está enraizado en la percepción musulmana de que la sociedad occidental se encuentra en decadencia y en declive. Esta percepción se debe en primer lugar a la importante disminución en las tasas de natalidad en Occidente, que los musulmanes ven como el signo de una cultura enfermiza. Sin crías significa sin futuro, ninguna mano de obra y ningún grupo laboral que llene las filas de los soldados.

Con sus aspiraciones liberales y su énfasis sobre los derechos humanos como principio básico que triunfa sobre la autoridad de un estado, las sociedades occidentales parecen haber abandonado la necesidad de ejercer su soberanía.

La mayoría de los países occidentales han abolido el reclutamiento militar y han reducido sus fuerzas militares al punto de comprometer sus capacidades militares. Su creciente renuencia a utilizar la fuerza y preferencia por un “poder blando” (la diplomacia) en creencia de que una perspectiva positiva puede resolver cualquier crisis también es vistas por los musulmanes como debilidades.

En el enfrentamiento entre estas tendencias culturales contradictorias, se encuentra la manifestación percibida por la debilidad de Occidente que despierta esperanzas en las operaciones terroristas.

Al igual que en el trato a pacientes cardíacos que, luego de la emergencia, deben revisar su estilo de vida, también debemos revisar nuestra cultura en nuestros esfuerzos por combatir contra el terrorismo. La sociedad occidental debe cambiar su modo de vida de una manera que le hará claro a sus enemigos que su tiempo para actuar aún no ha llegado. Esto no cambiará la visión de los yihadistas radicales, pero dada su sensibilidad a las circunstancias de la realidad, sólo pudiera llevarlos a posponer su violenta lucha para otro día.

El General de División (ret.) Gershon Hacohen es investigador principal en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat. Este sirvió en las FDI durante 42 años. Comandó tropas en batallas con Egipto y Siria. Anteriormente fue comandante de cuerpo y comandante de las Escuelas Militares de las FDI.

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