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19/11/2019

Por Gabriela Fridmanas

El “amistoso” que desató emociones










El sábado pasado fue particularmente emotivo. Desde la llegada de la selección de fútbol a Israel, amigos, familiares, amigos de mis amigos y familiares de mis familiares, hacían prácticamente estallar los teléfonos con mensajes que incluían cánticos, fotos y videos, de compatriotas que viven allá. Aún hoy, el día después del partido entre Uruguay y Argentina, siguen cayendo imágenes de esas que te acercan, cruzando océanos, a tus afectos.

Cerca de 20.000 uruguayos residen en Israel. Muchos de ellos caminan por sus calles portando termo y mate, comen tortas fritas si llueve (llueve poco), siguen emocionándose al leer a Benedetti o entonan nuestras canciones más populares, cuando salen juntadas de amigos. Todos, son embajadores de nuestra cultura en aquél pequeño rincón del mundo.

A ellos, por un rato, les llevamos el paisito … Ellos, por un rato, sintieron estar acá, sin estarlo.

El deporte pudo más, pudo con todo. Pudo recibir a jugadores de ambos países, en paz. Pudo superar contiendas políticas y geográficas, sin tomar partido, por nadie. Sin victorias. Mejor dicho, con una gran victoria, la alegría de tantos y tantos que al grito de Soy Celeste, se emocionaron y nos emocionaron hasta las lágrimas.

¡Fue posible!

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