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20/11/2019

Por Dr. Jaime Apoj, de Copredi (Para CCIU)

El clásico rioplatense lejos de casa. El triunfo del sentido común








Hasta pocos días antes, algunos aficionados al fútbol se preguntaban si, en medio de la lluvia de misiles provenientes de Gaza, se podría jugar el eterno clásico rioplatense entre Uruguay y Argentina, uno de los más antiguos del mundo y el que mayor cantidad de veces se jugó (van 191 partidos desde hace 118 años).

Estaba pactado para el lunes 18 de noviembre a las 20.15 (hora local). La finalidad era promover la paz. Finalmente el partido se jugó y fue empate en la cancha, pero, más allá de lo estrictamente futbolístico, fue un triunfo del sentido común.

Efectivamente, se trataba de un hecho bastante más importante que un partido de fútbol, sobre todo teniendo en cuenta el anterior intento frustrado en que Argentina canceló la cita, luego de que Messi recibiera amenazas. La mayoría de los telespectadores en el mundo, seguramente veían por primera vez al Estadio Bloomfield de Tel Aviv, de cuyas gradas colgaban decenas de banderas uruguayas y argentinas. La empresa organizadora, no obstante, se reservó 1000 entradas (la capacidad es de 30.000 espectadores), para invitar a niños de distintas ciudades israelíes y palestinas, poniendo énfasis en algunos lugares “problemáticos”.

EL FUTBOL COMO VEHICULO HACIA LA PAZ.

Es que el productor del espectáculo, el empresario canadiense y filántropo Sylvan Adams, tiene como meta utilizar el deporte como vehículo hacia la paz, y como forma de mostrar otras facetas de la sociedad israelí.

Por ello es que los capitanes de ambas selecciones, entraron al campo de juego acompañados de niños judíos, musulmanes y cristianos, niños que –casi seguramente- sueñan con ser futbolistas. Así es que convocó a jóvenes que concurren también al “Centro Peres Para la Paz”, centro que promueve actividades deportivas entre niños de distintas etnias, religiones y ciudades, como forma de integración social. Cada semana trae a niños palestinos desde Cisjordania para jugar cerca de Tel Aviv con niños judíos y cristianos, por ejemplo.

Asimismo, la realización del partido clásico le permitió a Adams, mostrar el proyecto humanitario Save a Child’s Heart mediante el cual 5.000 niños enfermos del corazón, en su mayoría africanos, se han curado en Israel. Las fotografías de Messi, el mejor jugador del mundo, con los niños que están recibiendo tratamiento en el hospital, dieron la vuelta al mundo.

EL OTRO ISRAEL

Por otro lado, la prensa deportiva uruguaya más avezada, comenzó a hacerse preguntas: ¿cómo es que si hasta el jueves previo llovían misiles sobre Israel, y éste respondía sobre Gaza, se podría jugar el lunes siguiente ese partido al aire libre?

Así es que quien esto escribe, sintonizando el programa deportivo “Por decir algo”, al mediodía en Radiomundo, escucha que interrogan a un joven uruguayo (o uruguasho como le gusta definirse), actualmente viviendo en Israel, sobre cómo es vivir en Tel Aviv en estos tiempos. Respondió que entiende que así como se piensa en Suárez o Cavani y fútbol cuando se menciona al Uruguay (o en Mujica), se piensa en conflicto cuando se nombra a Israel. Pero que también hay otra realidad, y es la que se intenta mostrar con este acontecimiento deportivo mundial. Narró cómo veía la previa para la colectividad uruguaya residente en Israel, unos 20.000 uruguayos que viven en distintas ciudades y kibutzim (granjas colectivas), que se trasladaban en masa hacia el Estadio. Y que hacía pocos días, se había jugado en Israel un partido por la copa europea de futbol ante Polonia, con la presencia de unos 3000 hinchas polacos. Casualmente, para mi sorpresa, el entrevistado era uno de mis hijos, José Ignacio.

El balance final, según entiendo, viendo a Suárez, Cavani, Messi y demás jugadores entrando al campo de juego de la mano de niños de diversas etnias y religiones, es el triunfo del sentido común por sobre los fanatismos, de la siembra del camino hacia la paz.

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