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24/01/2020

Herencia judía





Cerodosbe.com- por Juan Pedro Chuet-Missé

Mellah: el barrio de Marrakech donde persiste la herencia judía

La comunidad judía vivió durante varios siglos en la ciudad vieja de Marrakech, cuyas huellas siguen presentes en sus calles y sinagogas

Marruecos tuvo una de las comunidades judías más importantes del Mediterráneo. Uno de los lugares donde más crecieron fue en Marrakech, más exactamente en el barrio Mellah, que hace pocos años recuperó los nombres de las calles originales y en el que sobreviven un par de sinagogas.

Antes se solía llamar ‘mellah’ a todos los barrios judíos de las ciudades marroquíes, posiblemente con origen en el asentamiento de Fez, que estaba ubicado en donde hubo una salina, al-Mallah en lengua árabe.

Un hogar en Marruecos

Expulsados de la Península Ibérica y de otros territorios europeos desde la Edad Media, los sultanes y gobernantes alauíes abrieron los brazos a los judíos. Pero no fue tanto por caridad, sino para aprovechar sus capacidades de artesanos, y también por sus progresos en materia de medicina, matemáticas y comercio.

Y también, para cobrarles impuestos más altos que al resto de la población a cambio de protección.

La presencia judía en Marrakech se remonta al siglo XVI, y permanecieron en el barrio de Mellah hasta mediados del siglo XX, en que inmigraron en masa

En Marrakech el sultán Moulat Abdallah, en el siglo XVI, les otorgó el barrio adyacente al palacio real, que fue rodeado de una gruesa muralla y con dos puertas que se cerraban cada noche.

Muros adentro la comunidad judía era autosuficiente, con sus mercados, sinagogas (llegó a haber 30 en la antigua ciudad imperial), artesanos y un cementerio, camposanto que todavía existe con sus túmulos de piedra aunque el lugar está algo descuidado.

El éxodoEl Mellah llegó a tener 30.000 residentes antes de la Segunda Guerra, pero excepto por los judíos que trabajaban en la administración marroquí como asesores o por algunos comerciantes, el hacinamiento y la pobreza se expandió en la comunidad.

La creación del Estado de Israel en 1948 llevó a la inmigración de muchos residentes judíos, que abandonaron sus casas centenarias que fueron ocupadas por familias que no pertenecían a la comunidad.

De los 30.000 marroquíes judíos que vivían en Marrakech a mediados del siglo XX ahora quedan menos de 500

Actualmente quedan menos de 500 marroquíes judíos, la mayoría de edad avanzada y que viven más cómodos en el barrio más moderno de Gueliz.

Las sinagogas

De la treintena de sinagogas solo quedan dos en funcionamiento en el barrio, la de Lazama y la de Negidim.

No es fácil ubicarlas, en las calles casi no hay indicaciones, pero los vecinos siempre están dispuestos a guiar, sobre todo si hay una propina de por medio.

La más bonita es la de Lazama, con una fuente central que se encuentra en un patio de azulejos blancos y azules.

Dedicada al culto sefardí, proveniente de los judíos hispánicos, cuenta con una sala superior, para el rezo de las mujeres, que permiten tener interesantes perspectivas del templo.

Los mercados

El Mellah no es de los barrios turísticos de Marrakech. Pero igualmente cuentan con su red de zocos, que al no tener la presión de visitantes extranjeros, tienen precios más baratos que los del resto de la ciudad.

Uno de los más destacados es el mercado de las especias, con sus pirámides de ingredientes para condimentar, preparar medicinas o tinturas.

Cerca está el zoco de las joyas, que heredaron la tradición judía de la orfebrería y comercialización de productos elaborados en oro y plata.

Los mercados de Mellah son los más baratos de Marrakech, ya que hay pocos turistas que visitan este barrio

En la plaza de Ferblantiers hay varios comercios que trabajan los metales, y entre sus piezas en exhibición se pueden ver llamadores para puertas con la estrella de David, otra de las huellas de la presencia judía en la cultura local.

El cuidado de los pocos legados hebreos en la ciudad es compensado con un creciente turismo de raíces familiares e históricas. En los últimos años, unos 50.000 viajeros de religión judía llegaron anualmente a esta ciudad para conocer las huellas de sus antepasados en este rincón de África.

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