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21/01/2019

El País Cultural- por Juan de Marsilio

Historias judías contadas a la manera clásica






En pocos autores se cumple tan bien eso de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” como en Isaac Bashevis Singer (Leoncin, cerca de Varsovia, 1904 – Miami, 1991; Premio Nobel de Literatura 1978): su narrativa, escrita en yiddish, lengua de los judíos del centro y este de Europa, está arraigada en la identidad judía, y de manera muy especial en el ambiente pobre, melancólico y religioso de los shtetlach, pequeños asentamientos rurales judíos de Polonia, eliminados del todo por los nazis.

DISTINTOS ESCENARIOS

Los cuarenta y siete cuentos de este volumen sencillamente titulado Cuentos, seleccionados y prologados por el autor, son una muestra representativa del mundo narrativo y el estilo de Bashevis Singer. No son breves —algunos pasan la treintena de páginas— pero cada uno de ellos puede leerse de un tirón. No les falta densidad ni complejidad psicológica, pero la apuesta es contar una historia de manera clara y clásica, como se plantea a texto expreso en la “NOTA DEL AUTOR”: “La literatura puede describir muy bien lo absurdo, pero nunca debe convertirse ella misma en absurda.”.

En cuanto a los escenarios, deben distinguirse tres: los cuentos ambientados en el shtetl, de ambiente religioso, crédulo y pueblerino; los que se desarrollan en el ambiente intelectual judío de Varsovia, menos observante de la religión, más abierto a las ideas mundanas, pero escéptico ante la idea de la asimilación a una sociedad de fuerte antisemitismo y, por último, los de ambiente norteamericano y en especial neoyorkino, pero siempre en el marco de la colectividad judía. El autor conoce de primera mano los tres ambientes, y muestra hacia los tres un profundo amor. Su mirada sobre las comunidades tradicionales va mucho más allá del mero pintoresquismo. En los cuentos de ambiente norteamericano el protagonista es muy a menudo una proyección del propio autor, que aplica para consigo un eficaz humor irónico. De algún modo, este desarraigo es parte de la identidad judía: las raíces están en el pasado bíblico, en el Israel actual, en las aldeas de Polonia y en todos los lugares donde viva un judío que se sienta tal, tanto da si es creyente o no.

REALISMO MÁGICO YIDISH.

No se inventa Bashevis Singer un territorio mágico, a la manera del Condado de Yoknapatawpha de Faulkner, el Macondo de García Márquez o la Santa María de Onetti, pero las creencias populares de la religiosidad de los judíos polacos, en particular los pertenecientes al jasidismo, le permite al autor pintar un mundo lleno de fantasmas, demonios masculinos y femeninos, duendes, almas en pena y otras apariciones mágicas. Los lectores que gusten de Carpentier, García Márquez o Scorza, se sentirán a sus anchas al leer estos relatos. Son magistrales “La destrucción de Kreshev” y “El caballero de Cracovia”, en el que se cuenta la seducción de un pueblo muy pobre por parte del Diablo, bajo la forma de un millonario de ciudad.

En cuanto al tratamiento propio que Bashevis Singer hace del judaísmo, hay en estos relatos personajes observantes y no observantes de la religión. Los hay también conversos, a los que el autor trata con respeto y ternura cuando sus motivos fueron sinceros, como en “Una corona de plumas”, pero con los que es durísimo cuando la conversión es sólo renegar del judaísmo para obtener ventajas y comodidades, que es lo que ocurre en “El poder de la oscuridad”.

Sin guardar una observancia estricta, Bashevis Singer respeta y admira a los hombres y mujeres ortodoxos en su fe, tanto da si son sencillos o eruditos, pero a los meros pedantes de la doctrina —que en toda religión los hay— siempre los hace quedar en ridículo, lo mismo que a quienes usan de modo oportunista su saber religioso. Por oposición, muestra con admirada delicadeza las genuinas crisis de fe, como la del Rabino Nejemia de Béchev, en “Algo hay allí”. La palabra “algo” es significativa: no hay fe sin misterio, por más que sea excelente que la razón profundice en el análisis de las doctrinas.

LA SHOAH Y EL AMOR

En 1935, preocupado por el ascenso del nazismo, este escritor emigró a los Estados Unidos. Ante el horror del Holocausto Judío, estos relatos trasuntan a la vez la alegría del que se ha salvado, la congoja del que ha perdido familiares y amigos de modo tan brutal y el respeto de admitir que la distancia entre haberlo y no haberlo vivido es insalvable. El enfoque es indirecto: personajes secundarios narran lo padecido y sobrevivido, de un modo sereno, no exento de ternura y, en algunos casos, de humor, sobre todo cuando el relato plantea que aun en medio de tal desastre los humanos seguimos cometiendo las pequeñas bondades y vilezas de todos los días, como puede verse, por ejemplo, en “El manuscrito”.

A su vez, las historias de amor son variadas, tiernas y de gran sutileza psicológica, sobre todo en los personajes femeninos. En algunas de ellas, como por ejemplo “Yentl, el muchacho de la yeshive” [una yeshive es una escuela rabínica, N.de R.], llevada al cine por Barbra Streisand, el autor aborda las restricciones que la religiosidad tradicional imponía a las mujeres, sobre todo en materia educativa. En otras, casi todas, los personajes a los que el amor toca no están ya en su esplendor —“El Spinoza de la Calle del Mercado”, por ejemplo— y sin embargo la magia sucede. Hay historias de obsesión amorosa, de amor no correspondido, de reencuentro de los amantes tras la muerte, de parejas que se aman sin comprenderse, de amores que se mantienen a pesar de la traición. Si hubiera que juzgar —lo que es difícil, porque la calidad de los relatos es pareja y alta— los cuentos de tema amoroso son lo mejor del volumen. Y si hubiera que elegir uno, hay que leer “El viernes corto”, en que dos esposos mueren juntos por accidente la víspera del sábado y juntos descubren que ya están muertos.

En suma, este volumen de cuentos es una buena oportunidad para acercarse a uno de los mayores y más amenos narradores del siglo pasado y, para los gentiles, una buena vía de aproximación a la cultura judaica.

CUENTOS, de Isaac Bashevis Singer. Lumen, 2018. Tr. de Rhoda Henelde Abecassis. Barcelona, 1.024 págs. Distribuye Penguin Random House.

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