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20/01/2020

Por Ing. Roberto Cyjon, para CCIU

Honramos a Nisman






El pasado sábado 18 de enero se conmemoraron 5 años del asesinato del Fiscal Alberto Nisman, quien estaba a cargo de la investigación del Atentado contra la AMIA ocurrido en 1994. En este artículo, el Ing. Roberto Cyjon, ex Presidente del CCIU, recuerda el hecho y los distintos actos antisemitas que lo precedieron.

Tengo la plena convicción -razonada, no probada, pues no me corresponde-, que a Nisman lo asesinaron, lo explicaré más adelante. Pero como fuese que haya fallecido, merece ser honrado. Hoy de tarde, 18 de enero de 2020 a cinco años de su muerte, en respuesta a una convocatoria por redes sociales, un poco menos de cien uruguayos nos reunimos frente a la Embajada Argentina y simplemente aplaudimos durante media hora. Como finalización del acto se depositó, en la vereda de la embajada, una vela encendida para que se haga la luz sobre la verdad de su deceso.

El caso Nisman es el final, y esperemos que sea el último, de una serie de asesinatos seriados. Todos ellos antisemitas por intención y definición. Comenzaron a ejecutarlos en Buenos Aires en el año 1992 contra la Embajada del Estado de Israel. La “borraron” de la cuadra, queda solo un terreno. Junto al edificio asesinaron a más de veinte personas y dejaron un tendal de más de doscientos heridos. Poco les importó a los terroristas islámicos apoyados intelectual y operativamente por Irán, más fuerzas antisemitas locales argentinas, que además destruyeran y lastimaran a ancianos de una residencial y a una escuela de los aledaños. Transcurrieron veintiocho años y no hay juicio ni culpables. Entendamos: se trata de la embajada oficial de un país acreditado en la Argentina a quien se le debe brindar, como a todos los diplomáticos en el país, las máximas garantías de seguridad.

El segundo episodio fue el intento de destrucción “total” de la AMIA apenas dos años más tarde, las fotos y videos muestran la tremenda dimensión de la explosión. En esa oportunidad, con ochenta y cinco muertos y más de trescientos heridos. Los mismos iraníes con vaya a saber qué otras, si no las mismas conexiones antisemitas argentinas. Lo que parecía increíble hasta hace cinco años, y aún hoy día en que lamentamos el tercer atentado, esta vez un magnicidio, es que el caso AMIA tampoco haya arrojado culpables enjuiciados y sentenciados acorde a la ley. Agrego un argumento que sustenta lo “increíble” y sobre todo “escandaloso” de dicha impunidad: desde aquel período hasta ahora, el país vecino fue gobernado por todas las fuerzas políticas habidas y creadas. Partidos tradicionales, alianzas, fuerzas volcadas más hacia la izquierda o hacia la derecha. Todo el espectro, pero no hay justicia ni condenados. Pobre Argentina. No hay excusas salvo la fuerza demoníaca e insuperable de un antisemitismo estructural incrustado en altas esferas. “El poder, una bestia magnífica”, como titulara su ensayo Michel Foucault en 1994, -entelequia abstracta pero bestia muy real cuando se lo propone- mostró las garras. Me resisto a encasillar la muerte del fiscal en un número asociado exclusivamente a la AMIA: la víctima ochenta y seis. ¿Por qué no la “doscientos y tantos”? No sé cuántos heridos de ambos atentados fallecieron a causa de los mismos.

A cinco años del doloroso tercer atentado de la serie, nos reunimos un grupo de uruguayos y simplemente aplaudimos al unísono, callados, frente a la Embajada Argentina en Montevideo. Pedimos simbólicamente justicia, exigimos que sus autoridades se hagan cargo de la tragedia que les tocó vivir a su población, judía y no judía, reclamamos que se respeten sus derechos humanos tan humanos como los de todos…y honramos a Nisman por su profesionalismo, su dedicación, su tesón, su valentía y su “caída en acción” por la salvaguarda de la dignidad que las víctimas de dichos infames crímenes, y la Argentina toda, se merecen.

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