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20/10/2020

Diario Judío

Iniciativa global de Marcha por la Vida








Marcha por la Vida lanza iniciativa global para conmemorar la Kristallnacht

El 9 de noviembre de 1938, los nazis quemaron más de 1.400 sinagogas e instituciones judías en Alemania y Austria en la ‘Kristallnacht’ (La noche de los cristales rotos), un momento crítico en la cadena de eventos que condujeron a la Shoá.

El 9 de noviembre de 2020, Marcha por la Vida marcará el 82° aniversario de la Kristallnacht con un mensaje de unidad y esperanza a través de una campaña internacional única. Con el título «Hágase la luz», Marcha por la Vida invitará a personas, instituciones y lugares de culto de todo el mundo a mantener sus luces encendidas durante la noche del 9 de noviembre como símbolo de solidaridad y compromiso mutuo en la batalla compartida contra el antisemitismo, racismo, odio e intolerancia.

Como parte de esta iniciativa virtual, personas de todo el mundo podrán sumar sus voces a la campaña. Se invita a personas de todas las religiones y orígenes a escribir mensajes personales de esperanza con sus propias palabras en el sitio web de la campaña: www.motl.org/let-there-be-light.

La sinagoga principal de Frankfurt (una de las pocas sinagogas no destruidas en la Kristallnacht) también se iluminará, al igual que otros lugares de importancia religiosa y espiritual en todo el mundo. Los mensajes personales y las oraciones de la campaña virtual se proyectarán en las paredes de la Ciudad Vieja de Jerusalem. En el contexto del aumento del antisemitismo, el racismo y la sombra del COVID-19, estas expresiones individuales de optimismo y unidad ayudarán a iluminar el mundo contra la oscuridad y el odio. El proyecto Hágase la luz de Marcha por la Vida se está realizando en colaboración con el Centro Miller para la Protección y Resiliencia Comunitaria de la Universidad de Rutgers y la comunidad judía de Frankfurt.

El 9 y 10 de noviembre se conmemorará el 80° aniversario del virtual inicio de la Shoá, el genocidio de unos 6 millones de judíos, casi diez meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Esa noche de 1938, hordas nazis llevaron a cabo un pogrom contra la población judía de Alemania, la Austria ya anexada y la zona de los Sudestes de la entonces Checoslovaquia, recientemente ocupada, que cruel y sarcásticamente fue denominado “Kristallnacht” y traducido al castellano como “La noche de los cristales rotos”.

Durante ese trágico episodio, las milicias paramilitares nazis -muchos de cuyos miembros estaban vestidos de civil- de las Schutzstaffel (SS) y las Sturmabteilung (SA) asesinaron a unos 400 ciudadanos judíos, confinaron a otros 30.000 en los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen y destruyeron unos 8.000 comercios de su propiedad.

Además, atacaron 1.574 sinagogas alemanas -prácticamente todas- y la mayor parte de las 94 de Viena, y muchos cementerios.

El simbólico saldo fue una alfombra de vidrios sobre las calles, que dio lugar al casi inocente nombre del pogrom.

El gobierno nazi anunció que se había tratado de una reacción espontánea al asesinato de Ernst vom Rath, un oficial de la embajada alemana en París, por parte del joven polaco de 17 años Herschel Grynszpan, tras la expulsión de tierras germanas de miles de judíos de esa nacionalidad.

El ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, acusó al “judaísmo mundial” y anunció que las manifestaciones no serían obstaculizadas.

Trascartón, el jefe de la Policía de Seguridad (Sicherheitspolizei), Reinhard Heydrich, envió un telegrama urgente a las oficinas centrales y estaciones locales de la Policía Estatal y a los líderes de las SA con instrucciones específicas: los alborotadores “espontáneos” no podían dañar a personas o propiedad no judía, ni agredir a extranjeros -incluso judíos- y debían sacar y transferir al Servicio de Seguridad (Sicherheitsdienst) los archivos de las sinagogas antes de destrozarlas.

Las órdenes también indicaban que los oficiales de la Policía debían arrestar a la mayor cantidad de judíos, preferentemente hombres jóvenes y sanos.

El gobierno alemán declaró que los judíos eran culpables del pogrom, le impuso una multa de mil millones de reichsmark a la comunidad judía y confiscó las indemnizaciones de las compañías de seguro.

En las semanas siguientes, promulgó docenas de leyes y decretos destinados a privar a los judíos de sus propiedades y medios de vida, que con el tiempo se agravaron y derivaron en la Shoá.

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