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08/02/2018

Revista El Medio- por Tzvi Kahn

Irán: las protestas del hiyab, una amenaza para el régimen





Irán ha detenido a 29 mujeres por negarse a llevar el hiyab, o velo. Esos actos de desafío inciden el estatus secundario de la mujer en la República Islámica, donde soporta una serie de leyes discriminatorias destinadas a reducir lo que se percibe como amenaza femenina a las normas sexuales y religiosas promovidas por el régimen.

El pasado 27 de diciembre, la joven Vida Movahed, de 31 años, madre de una niña de 20 meses, se subió a una caja de electricidad de una concurrida calle de Teherán y ondeó su blanco hiyab, lo que llevó a las autoridades a encarcelarla. Las imágenes de su gesto enseguida se hicieron virales en las redes sociales, desencadenado una campaña internacional en pro de su liberación. El régimen liberó a Movahed el 28 de enero, pero sus protestas inspiraron a otras iraníes a seguir sus pasos.

El 31 de enero, el fiscal general de Irán describió las protestas del hiyab como “actos pueriles instigados por fuerzas del exterior”. Las mujeres, dijo Mohamed Javad Montazeri, “deberían saber que la sagrada ley islámica, basada en el sagrado Corán, ha reconocido explícitamente la necesidad de que lleven el hiyab”. Si les falta fe en el islam, añadió, de todas formas han de asumir que “se les va a requerir obedecerlo”.

La atribución de las protestas del hiyab a provocadores extranjeros refleja la ideología de trinchera del régimen islamista. Para Teherán, el hiyab no sólo reprime las tentaciones sexuales del hombre, también es un baluarte contra la cosmovisión secular de las potencias extranjeras que tratan de subvertir su régimen desacreditando su credo islamista mediante la promoción de una sexualidad desatada.

En un discurso de 2014, el líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, cargó contra Occidente por adoptar “una epistemología materialista y no divina” que concibe a la mujer como un mero “medio de satisfacer la lujuria”. Esta perspectiva, prosiguió, surge de un compromiso equivocado con la “igualdad sexual” que oscurece las naturales diferencias entre los sexos y lleva a la mujer a la cosificación y la humillación.

Consecuentemente, adujo Jamenei, el trato iraní a la mujer no constituye subyugación sino inmunización frente a unos valores occidentales “fosilizados y pseudoprogresistas” que amenazan la identidad espiritual del país. Como dijo en un discurso de 2013, si los extranjeros se preguntan por qué Irán constriñe la libertad de las mujeres imponiéndoles el hiyab, “debemos responder: ¿por qué queréis que les demos esa libertad dañina y amenazadora?”. De hecho, dijo en otro discurso de 2012, el hiyab ofrece a las mujeres una “libertad e identidad” auténticas. “Al ignorar el hiyab y no cubrir aquello que Alá el Glorificado ha ordenado cubrir, las mujeres socavan su propio valor y dignidad”, sentenció. El hiyab, añadió, se cuenta entre las “bendiciones de Dios” e impide “destructivas consecuencias permanentes para el país, la sociedad, la ética y hasta la política”.

En este contexto, las protestas del hiyab representen el repudio femenino al régimen clerical, así como a su fundamento religioso y su legitimidad política. Esto explica que Teherán las vea como una amenaza y por qué seguirá sofocándolas por la fuerza.

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