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07/08/2013

El Observador, Fernanda Muslera

La cara querible de los inadaptados


Daniel Hendler ganó el Martín Fierro pero hace tiempo que se viene luciendo. Roberto Jones y Walter Reyno hablan de él.

Por Fernanda Muslera

Ya fuera como el Leche, el joven apático-sentimental que personificara en 25 Watts, el hijo errante en busca de identidad en las películas de Daniel Burman o el pasea perros fóbico a las convenciones sociales de Graduados, Daniel Hendler lleva años interpretando algunos de los personajes más inolvidables del cine y la televisión del Río de la Plata.

El premio Martín Fierro que recibió en la noche del lunes como mejor actor por Graduados es un reconocimiento que no solo pone sobre la mesa su gran interpretación en la comedia romántica de Telefé. El galardón da cuenta, además, de la importancia que ha ido adquiriendo este actor, de 37 años, que en reiteradas ocasiones le ha dado voz a una generación en la que la insatisfacción, la incertidumbre y la inmadurez son moneda corriente.

Hendler, quien este año no hará televisión, se impuso en la terna a la mejor interpretación masculina de la TV argentina en 2012, la cual compartía con Juan Darthés, Juan Gil Navarro, Luciano Castro, Sebastián Estevanez y Luciano Cáceres, su compañero en la tira que recibió siete galardones, además del Martín Fierro de Oro.

En su discurso, Hendler agradeció a sus compañeros de reparto, a su mujer –la directora de cine argentina Ana Katz (“Anita hermosa, creo que este año estoy menos insoportable que el pasado”, dijo visiblemente emocionado) –y a su familia. Pero para quienes tuvo una mención especial fue para dos grandes nombres de la escena teatral uruguaya, Roberto Jones y Walter Reyno.

“Es un actor dotado naturalmente con excelentes condiciones psicofísicas. Pero además es sumamente estudioso, inteligente, audaz, emprendedor”, expresó Jones, quien dirigió a Hendler en su debut teatral en 1996 en Rompiendo códigos. “Sin duda será uno de los referentes de las futuras generaciones”, agregó. Reyno, sostuvo que lo más notable de Hendler es que “sigue siendo el mismo chico que paseaba por Montevideo mirando el mundo sorprendido”. El actor actuó por primera vez con Hendler en 1997 cuando ambos protagonizaban la obra teatral La valija en el Teatro Circular.

“El es en la vida real lo que es en el escenario”, dijo Reyno. “Él va por la calle paseando y todo el mundo lo mira, da un poco la pinta de infeliz, de que está solo, y te dan ganas de abrazarlo”, comentó. “Tiene algo fundamental para un actor: la seducción. Y lo hace naturalmente, aunque no quiera. Eso lo tienen los privilegiados”, sostuvo Reyno, quien fue quien le recomendó a Burman que fuera a ver a Hendler al Circular cuando era todavía una joven promesa.

Esta descripción de Hendler recuerda a algunos de los personajes del uruguayo, aquellos hombres en tránsito a la adultez, torpes, inseguros y con una cierta inadaptación que trae a la memoria el rol que lo convirtió en una cara conocida en Argentina: el de Walter en las publicidades de Telefónica. Hendler interpretaba a un joven del pasado que era descongelado en el presente y que miraba el mundo en constante asombro, pero siempre irradiando una humanidad que lo hacía no solo gracioso (un poco al estilo Woody Allen), sino querible y familiar.

Quizá por esta versatilidad es que suele repetir con los directores y estos suelen tomarlo como álter ego, como sucedió con Daniel Burman –Esperando al Mesías, El abrazo partido, por la que Hendler obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Berlín, y Derecho de familia- y con Ariel Winograd, con el que filmó Cara de queso –mi primer ghetto-, Mi primera boda y Vino para robar, con Valeria Bertucelli, de reciente estreno en Argentina.

Hendler, quien en 2010 realizó su ópera prima, Norberto apenas tarde, incursionó también en el teatro porteño, donde en la actualidad protagoniza Traición, de Harold Pinter, junto a Paola Krum.

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