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17/07/2018

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

La experiencia del destacado periodista Nelson Fernández en Israel






Días atrás finalizó en el Instituto Internacional de Liderazgo de la Histadrut (Confederación General de Trabajadores de Israel), un curso sobre "Medios de Comunicación para la paz en zonas de conflicto", que contó con la participación de 25 periodistas de 16 países latinoamericanos. Entre ellos estaba nuestro compatriota Nelson Fernández, de vasta trayectoria en el periodismo nacional.

Nelson es columnista en "El Observador", corresponsal del diario "La Nación" de Argentina y dirige un programa de análisis político en "Nuevo Siglo". Fue docente de periodismo en la Universidad ORT, columnista en Teledoce, en Radio Oriental y en "Las cosas en su Sitio" de Radio Sarandí, Director del noticiero "Subrayado" en Canal 10 y Subsecretario de Redacción en "Búsqueda".

Fue un placer conocerle personalmente y apasionante escucharlo. Le agradecemos el tiempo que nos ha dedicado para esta entrevista.

P: Nelson, comienzo por una pregunta muy general: ¿qué tal fue esta experiencia?

R: Ha sido una experiencia enriquecedora y movilizadora en varios aspectos; no es lo mismo leer desde lejos noticias de lo que ocurre en esta zona del mundo, que estar presente, recorrer el país, visualizar su geografía y sobre todo la interacción de la gente. Permite actualizarse en información y compartir sensaciones únicas, de esas que no es lo mismo que te lo cuenten. Quienes accedemos a este tipo de cursos somos realmente privilegiados.

P: ¿Te sorprendió lo que viste, lo que pudiste captar directamente en el terreno? ¿Era muy distinto de lo que esperabas?

R: Sorprende todo; uno cree que llega conociendo el tema y se ve sorprendido en cada hora de curso y de vivencia. Llegué con la expectativa alta debido a lo que me habían contado colegas que aprecio mucho y lo habían hecho antes. Estuvo en el encuadre de lo que esperaba, pero superando las expectativas.

P: Dado que lo organizó el Israel oficial, ¿crees que los periodistas con "propaganda barata"?

R: Si volviéramos a nuestros países con esa percepción sería porque no entendimos nada. Los conferencistas, los docentes, demostraron un alto nivel de capacitación, de estudios acumulados, de trabajo intenso y tenso, de pasión volcada en sus investigaciones permanentes. ¿Eso puede calificarlo alguien de barato? Por favor...

P: Me refiero a lo que puede entenderse como transmisión de propaganda de gobierno...

R: ¡Claro! Entiendo tu pregunta, pero eso lo puede razonar alguien que no haya participado. Hay un esfuerzo por transmitir conocimientos y eso uno debe valorarlo mucho. No todo el mundo comparte conocimiento con otras personas. Ahora, si te refieres al enfoque dado, al objetivo de los organizadores, al contenido propio de cada presentación, eso es otra cosa. Todos los gobiernos transmiten una visión positiva de sus actos, de la justificación de los mismos y de sus intenciones. ¿Alguno dice "vengan a ver qué malos que somos" o "qué mal lo hacemos"? ¡No! Pero cuando transmiten una vista generosa de sus acciones, ¿lo hacen con intención de mentir o lo hacen convencidos de sus afirmaciones? La diferencia está en el tipo de gobierno; los demócratas transmiten sus convicciones y están controlados por oposición y opinión pública; los dictadores disfrazan y caricaturizan todo. Y en este caso, Israel es una democracia. Con problemas, con los dramas de un estado en guerra, pero una democracia.

P: ¿O sea que entiendes que les presentaron diferentes matices, también posturas distintas del oficialismo israelí?

R: Bueno, yo diría que se preocuparon de mostrarnos diversidad, que no es lo mismo que posturas contrapuestas. Es lógico eso, porque Israel puede mostrar la cara de Israel, puede presentar los hechos con seriedad y sin intención de distorsión, pero eso será la visión propia de Israel. No tiene sentido pretender que un estado nos transmita la visión de otros pueblos. Pero dentro de su visión, fueron abiertos a acercarnos a gente que piensa diferente, como un alcalde árabe que reivindica el territorio israelí como palestino. Prefiero que me transmitan su visión propia y que yo pueda obtener otras miradas de otra gente, a que se pretenda dar miradas ajenas con el ojo propio.

P: ¿Qué te parece que muestra eso sobre Israel en general, su sociedad, su idiosincrasia?

R: Tres semanas ayudan a un acercamiento, pero no mucho más. Pero la preocupación por abrirse, mostrarse, responder todo, facilitar el acceso a más información, todo eso permite ver que se trata de un pueblo que cree en la libertad.

P: ¿Eso sí lo percibiste?

R: Es la percepción que tuve y que me llevo a casa. Es lo que percibía en Uruguay al hablar con amigos judíos o con visitantes de Israel... Hay veces que hasta por la desconfianza propia que tiene un periodista, que lo lleva a cuestionar lo real de cada caso, uno tiende a pensar si se trata de una escenografía montada. Eso pasó cuando la marcha de la comunidad homosexual por Tel Aviv, que era una demostración de reconocimiento de derechos, de libertad, de tolerancia, de convivencia en paz... ¿Son así o lo hacen para que uno crea que aceptan la libertad en el sentido más amplio?, puede llegar a preguntarse uno. Es posible que haya algo de eso, de la necesidad de mostrar al mundo una cara amigable en ese tema, pero la marcha es real, no es una ficción. Y la gente lo vivió así. Eso es libertad.

CAUSAS Y RIGOR PERIODÍSTICO

P: El haber visto la realidad de Israel directamente... ¿Te hace pensar que quizás se juzga injustamente a Israel cuando hay problemas? Te lo planteo en estos términos ya que a menudo esa es la percepción del israelí promedio y de muchos judíos en el exterior, también por cierto en Uruguay.

R: Cuando un país está en conflicto áspero, cuando vive una guerra, la generación de imágenes injusta es parte de la batalla. Israel es víctima de prejuicios, es objeto de distorsión de hechos que llevan a que se lo mida con una vara más dura que a otros países. ¿Eso es nuevo? Lo han sufrido todos. El gobierno israelí -y también la comunidad judía- sufren cuando se cuestiona lo que siente como derecho: defenderse. Pero ahí entramos en otro foco del conflicto: ¿siempre tiene la razón? El que está en conflicto pierde capacidad de autocrítica y a veces no repara en errores propios. A veces pueden ser errores, y otras veces algo más duro.

P: Por supuesto. Y me atrevo a decir que el israelí promedio no cree que siempre le acompaña la razón. El tema es que -así lo siento yo al menos- a menudo las críticas a Israel adquieren un tono de demonización.

R: Se trata de varios factores complejos mezclados. Alguna gente difunde o comparte información contraria a Israel porque tiene prejuicios con los judíos, y no le importa en absoluto lo que haya pasado. Lo que quiere es encontrar una excusa para pegar a los judíos. Otros, no tienen interés alguno en Medio Oriente, ni en el conflicto ni en la búsqueda de la paz, y lo que hacen es usar el ring de judíos y palestinos para echar agua para su molino en debates domésticos. Los que se manejan así es porque todo lo caricaturizan: hay un enemigo local al que ven como amigo de EE.UU. y de Israel, por lo que extrapolan y usan de ejemplo del mal. Por eso lo demonizan. Claro que es injusto eso.

P: Hay de todo...

R: ...claro Ana, porque también hay gente bien intencionada, que puede manejar mala información, no entender mucho, tener algún prejuicio transmitido vía familiar o de amigos, y que sin entender mucho termina sumándose a una campaña ... como decís, hay de todo.

P: Indudable, la guerra de palabras es clave hoy en día...

R: ... y en eso, los periodistas debemos ser muy exigentes en la búsqueda del sustantivo correcto y del verbo adecuado. Porque si repetimos expresiones sin pensar, terminamos sumándonos a una campaña desinformativa. No solamente somos responsables por lo que hagamos, sino también por omisiones, por no empeñarnos en transmitir información de la mayor calidad posible, y sin caer en el juego de los que buscan transmitir distorsiones o falsedades.

P: Y para dar la explicación exacta de cómo ocurrieron las cosas, demoraron siglos.

R: Es tan complejo como apasionante. No es sencillo lograr la "explicación exacta", pero es posible lograr la mayor aproximación. Se trata de un conflicto que visualizo en dos dimensiones, una sobre cómo actuar, con la contraposición de "cerebro" y "corazón", y otra sobre por qué hacerlo, con la disyuntiva entre "sangre" y "piel". El cerebro da el "pienso", para fijar un objetivo alcanzable y una estrategia adecuada, y el corazón da el "quiero", sobre el impulso de lo deseado. ¿Para llegar a una solución del conflicto, en algún momento, el "pienso" le ganará al "quiero"? Eso implica renunciar a deseos que se arrastran en un tiempo muy largo. Y además están los factores de motivación, de incidencia, unos por "sangre" que es la herencia de tradiciones y mandatos religiosos, y otros de "piel", de sensibilidad sobre los problemas propios y ajenos. Cuando el cerebro gane al corazón, y la piel tenga primacía sobre la sangre, podrá llegar un fin de conflicto, lo que ahora no está en el horizonte. Hoy el "quiero" supera al "pienso que...", y la sangre prevalece sobre la piel. Es necesario pensar en futuro más que en presente y pasado, y que no es justo que las próximas generaciones hereden una guerra, lo que es fácil decirlo y difícil practicarlo.

P: Por más loable que sea y por más que puedas elogiar esa presentación de opiniones de la que hablaste antes, ¿te parece que Israel se equivoca si convoca a periodistas de diferentes países de América Latina y es tan abierto en su presentación?

R: Es muy importante lo que hacen. Todos los países de alguna manera tratan de hacerlo, directa o indirectamente. Esto vale más que un comunicado. Cada año llegan a Israel muchos periodistas que participan del curso y vuelven a su país con una visión enriquecida. ¿Son pro-Israel? Cada uno será la misma persona, el periodista profesional independiente lo seguirá siendo, y el que no repare tanto en eso, seguirá su camino. Pero cada uno habrá comprendido con lupa muchos hechos y razones que no conoce.

P: Sinceramente, aunque me alegraría mucho que periodistas u observadores se declaren "pro israelíes", lo principal es que sean equilibrados y justos, que no distorsionen. Yo no espero que se vea a Israel como santo que jamás se equivoca, en absoluto. El problema es la deformación, el ocultamiento (a sabiendas con mala intención o por ignorancia) de diferentes elementos claves de la realidad.

R: Entiendo lo que decís, claro que lo entiendo, lo expresas viviendo de adentro un conflicto trágico ¡Y qué desafío planteas! Porque debo responderte que en mi equipo de colegas no quiero periodistas que sean "pro" o "contra" de alguna causa, porque la independencia no debe ser un maquillaje sino una práctica permanente y una convicción. Pero sí hay valores que se promueven, no se es indiferente a la disyuntiva entre libertad o totalitarismo, no se es ajeno a la causa de la libertad de expresión, porque sin esa condición no existe periodismo. Ahora, cuando un periodista opina transmite una visión; y cuando informa, debe hacerlo sin camiseta. Y con algo muy claro: deformar, ocultar o tergiversar, son pecados inaceptables.

RESÚMENES PERSONALES

P: Ahora, Nelson, aparte de estos aspectos de actualidad, ¿qué te llevás contigo de este seminario?

R: Mucho. Alguna gente siente que vuelve a casa siendo otra persona. Pero no soy otro, soy mejor. Cada día que aprovechamos para conocer más, para escuchar más, para aprender más, somos mejores. No otros, pero sí mejores. Primero, discrepo con una expresión que se generaliza en estos casos, que dice más o menos así: "fue todo tan intenso, aprendimos tanto, que al final nos vamos con más preguntas de las que llegamos". Eso se dice en el sentido de que se desconocía tanto, que ahora al conocer más, en realidad surgen mil preguntas más. Discrepo. Nos vamos con muchísimas respuestas. Lo otro, las preguntas, son la motivación nuestra de cada día. Cada amanecer, el buen periodista carga su mochila con preguntas y sale a buscar las respuestas. No preciso que alguien me inyecte preguntas como con una vacuna, cada día me ingenio para cargarme de ellas.

P: Entonces te llevas muchas respuestas y...

R: ...y mucho más. En primer lugar, un cúmulo de información procesada y analizada, que me será de utilidad para procesar mejor. En segundo lugar, me llevo en la cabeza decenas de mapas que más que de geografía tradicional son culturales, religiosos, de formación de pueblos, disputas territoriales y combate de actores directos e indirectos. Como tercer punto, pero no menos importante, me llevo el valor que los israelíes asignan a sus obligaciones como ciudadanos. Eso, para alguien que como yo viene de una zona del mundo en la que sólo se piensa en derechos, no es poca cosa. Cuarto punto: aromas y sabores nuevos, lo que hace a la cultura, a tradiciones, a costumbres, pero también habla de diversidad. Eso también enriquece. En quinto lugar me llevo las imágenes de una sociedad diversa como pocas veces puede verse, lo que deja lecciones a procesar. Y me llevo también la imagen del horror de la guerra, de los ecos prolongados del dolor de familiares de víctimas, de la angustia por situaciones que se dan en la zona y que son de una tensión inimaginable, lo que es propicio para generaciones futuras formadas en odio. Me llevo afirmado el sentimiento de que al terrorismo se lo condena siempre, pero eso no es suficiente. Y que todo lo que se haga por la paz, siempre será poco, pero habrá que hacerlo sin pausa y sin bajar los brazos.

P: Uno compara con lo suyo, o al menos piensa en lo suyo. De cosas que viste, o que escuchaste, ¿alguna te hizo pensar: "Pah, qué suerte que Uruguay es tan distinto", u otras cosas en las que dijiste: "¡Cómo me gustaría tener esto en Uruguay!"?

R: Uruguay es un país especial, formado por inmigrantes que no tuvieron nada fácil, y que lograron construir un estado armonioso pero no perfecto. No creo en la suerte, creo en el resultado del esfuerzo. Al salir del país y ver dramas sociales como los de la guerra, no pienso en decir "qué suerte Uruguay es diferente", pero sí en expresar "qué bueno que el Uruguay sea tan diverso como de convivencia en paz". Sobre lo que me gustaría tener de Israel en Uruguay, hay muchas cosas, como ese valor de compromiso con las obligaciones que cada uno debe asumir. No descansarse en reclamar, sino ocuparse por conseguir.

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