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22/08/2010

La mujer en la ley judía (halajá)


Por rabina Diana Villa (*)

La halajá o ley judía, debe responder a los desafíos de la vida judía en todo lugar y momento histórico. Por ello, al igual que cualquier sistema legal, está en constante evolución. Los cambios deben llevarse a cabo en base las fuentes desde el talmud, pasando por los códigos y las responsa. Durante más de 1.500 años, hasta nuestros días, se han escrito textos legales que, basados en el análisis de los textos que los precedieron, utilizando las reglas dentro del sistema y aplicándolas a nuevas circunstancias, han logrado que la ley judía no pierda su vigencia. Además el Talmud nos enseña que es preferible ir por el camino permisivo, y no el estricto, cuando ello es posible sin romper con el sistema.

Hacia mediados del siglo XX, cuando la mujer empezó a estudiar en las universidades, a participar en ámbitos laborales en los cuales no había tenido cabida en el pasado, a votar, etc., se volvió imperioso examinar el tema de la mujer en la ley judía.

La halajá fue escrita por hombres, con una visión patriarcal, que contemplaba una realidad en la cual (con ciertas excepciones) la mujer se dedicaba casi exclusivamente a tareas del hogar y no podía mantenerse por sí misma. Sin embargo, no podemos simplemente decretar que por razones igualitarias no diferenciamos más entre el hombre y la mujer en la ley judía, sino que debemos examinar cada caso en forma separada.

Dos principios fundamentales rigen el lugar de la mujer en la halajá: 1) El concepto de mitzvot asé shehazmán gramán - preceptos positivos que sólo pueden cumplirse en un marco de tiempo determinado. Según la Mishná (compilada alrededor del año 220 de la era común), las mujeres no están obligadas a cumplir estos preceptos, pues se supone que sus obligaciones domésticas les impiden cumplirlas en forma adecuada. 2) El concepto de que sólo el que tiene la obligación legal puede lograr que otros cumplan el precepto a través suyo (latzet iedei jová). Por ejemplo, sólo el hombre tiene la obligación de escuchar el Shofar, por ende el si oye a una mujer tocar el Shofar no cumplió con el precepto.

La mujer puede asumir las obligaciones de las cuales está exenta; algunas autoridades consideran que en ese caso puede actuar como agente, logrando que los hombres cumplan con sus obligaciones por su intermedio.

Todo tema que involucra a la mujer debe ser examinado ante todo a la luz de estos dos principios. En ciertos casos, podemos comprobar que ellos no son relevantes.

Por ejemplo, según el Talmud de Babilonia, Meguilá 23a, las mujeres no leían la Torá para no ofender a los hombres, ya que implicaría que no había bastantes hombres capaces de hacerlo. Hay quienes sostienen que dado que la mujer es impura durante su período (y según la halajá clásica, durante una semana más), no puede tocar los rollos de la Torá. Esto es totalmente incorrecto - tanto el Talmud como los principales códigos expresan claramente que "los rollos de la Torá no reciben impureza" (lo único que está prohibido son las relaciones sexuales durante el período impuro).

Contar a las mujeres en el minián (quórum de 10 adultos), necesario para oraciones comunitarias completas, (de lo contrario no pueden incluir lectura de Torá, kadish, kedushá, etc.) no tiene por qué excluir a las mujeres. El quórum de 10 para determinados ritos se aprende del Talmud de Babilonia, Meguilá 23b, donde no hay referencia alguna a que éstos deban ser hombres; es más, los códigos hasta el siglo XVI sólo establecen que deben ser 10 adultos.

En otros casos, como en el de la mujer como shelijat tzibur (líderes del servicio religioso), hay distintos análisis halájicos que lo permiten (hay quien sostiene que el hombre y la mujer tienen la misma obligación de rezar la oración de la amidá; hay quien sostiene que hoy en día cada persona que reza puede cumplir con su obligación porque entiende lo que dice en los sidurim que van acompañados por las respectivas traducciones y hay quien dice que la mujer debe comprometerse a cumplir el precepto de orar 3 veces al día para poder liderar a la congregación en la oración). Podemos demostrar fácilmente que la mujer puede ser shelijat tzibur, leer Torá (hoy en día esto se puede observar no en los servicios religiosos conservadores y reformistas, sino que ya hay ámbitos ortodoxos igualitarios en los que la mujeres dirigen gran parte de los servicios y leen la Torá) y hasta ser rabina. Otros temas, como la mujer como testigo o como jueza de tribunales rabínicos, donde hay una prohibición basada en fuentes pretalmúdicas, son más complicados – si bien hoy en día hay responsa conservadoras y hasta opiniones ortodoxas marginales que justifican ese cambio en base a interpretaciones de la halajá.

En otras áreas, como en el tema de matrimonio y divorcio, alcanza con aplicar las opiniones de ciertas autoridades desde la época talmúdica hasta nuestros días que encuentran maneras de resolver la situación en la que el marido se opone a otorgar el divorcio - que es válido sólo si lo da por voluntad propia. Si los tribunales aplican todo el "arsenal" halájico a su disposición, se reduciría drásticamente el número de mujeres que esperan años para obtener el divorcio (las agunot), a pesar de estar separadas de sus maridos y de que sea imposible recomponer el matrimonio. En esto coincide también parte de la ortodoxia moderna.

Debemos respetar a aquellas mujeres que prefieren seguir rigiéndose por la halajá ortodoxa vigente. Empero, hay otra lectura de las fuentes, que, sin romper con el sistema de vida halájico, permite incorporar a las mujeres sin que se sientan discriminadas. Los invito a todos a decidir, en base al estudio y no en base a prejuicios, si las consideran valederas.

(*) Diana Villa es rabina graduada del Seminario Rabínico Schechter en el año 2000. Asimismo egresó de la Licenciatura en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, obtuvo un B.A. en Filosofía General y Judía en la Universidad Hebrea de Jerusalén y un M.A. en Filosofía Judía en The Jewish Theological Seminary. Actualmente enseña Talmud y Halajá a seminaristas en el Instituto Schechter de Israel

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