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31/10/2016

Caras y Caretas, por Belén Riguetti

Nazis en el Río de la Plata




Por primera vez se logró demostrar cómo era “La ruta de las ratas”, operación que sirvió para que criminales de guerra nazis y fascistas llegaran a Argentina.

No es novedad que varios altos mandos del gobierno nazi se instalaron en el Río de la Plata, en especial en Argentina. Caras y Caretas pudo acceder a los documentos que muestran la génesis, infraestructura y funcionamiento de la denominada “Ruta de las ratas”, el mecanismo que le permitió a criminales de lesa humanidad escapar de Europa.

El investigador uruguayo Héctor Amuedo tuvo acceso a una serie de escritos que explican cómo los jerarcas alemanes, italianos y croatas lograron salir de Europa de forma segura y clandestina. El operativo estuvo compuesto por tres partes: un acuerdo migratorio entre Italia y Argentina; las recomendaciones emitidas por parte de las iglesias Católica y Luterana, que falsificaban la identidad y la profesión de los criminales de guerra; y el financiamiento de los viajes de los migrantes por parte de Argentina.

El acuerdo migratorio permitía el ingreso a Argentina de ciudadanos italianos no profesionales, pero con un oficio. El documento dice: “Los emigrantes del sexo masculino deberán ser, en el primer período, preferentemente agricultores, mecánicos, albañiles, herreros y carpinteros”.

Josef Mengele, tristemente conocido como el Ángel de la Muerte, responsable de realizar experimentos con seres humanos, llegó a Argentina con el nombre de Helmut Gregor, de profesión mecánico. Si bien es cierto que el acuerdo migratorio de 1947 sirvió de escape para los criminales de guerra, la versión oficial es que el gobierno de Juan Domingo Perón quería obtener mano de obra calificada. Para Amuedo se trató de un pretexto: “Tenían que idear alguna ruta que justificara la corriente migratoria. Un trasiego de personas desde Europa a Sudamérica. Seguramente la mayor parte de las personas que llegaron eran obreros, pero entre ellos había una proporción muy importante de nazis y fascistas, no sólo italianos, sino también croatas, los ustachas”, dijo.

El acuerdo fue creado por el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) en una campaña de interacción económica, y consistió en una serie de permisos de inmigración abierta. Después de firmado el tratado, en julio de 1947, se publicaron avisos en varios diarios de Italia solicitando operarios calificados de diversos oficios que desearan emigrar, solos o con familiares.

Parte de las iglesias Católica y Luterana estuvieron involucradas en la confección de recomendaciones para que los nazis y fascistas se pudieran acoger al acuerdo migratorio mediante la falsificación de su identidad. De esta manera, la Pontificia Comisión de Asistencia, la Federación Mundial Luterana y la oficina de la misión italiana de la Relief and Rehabilitation Administration de las Naciones Unidas conseguían tramitar los pasaportes falsos, muchos de ellos a través de la Cruz Roja Internacional.

Además de Mengele, llegó al Río de la Plata Adolf Eichmann (responsable de la logística de los trenes que llevaban personas a la cámaras de gas en el marco de la “solución final”). Eichmann arribó a Argentina el 15 de julio de 1950 desde Génova a bordo del vapor Giovanni C, con pasaporte de la Cruz Roja a nombre de Ricardo Klement.

Héctor Amuedo afirma que Eichmann y Mengele se hospedaron en Buenos Aires en el hotel Palermo, ubicado en la avenida Santa Fe y la calle Godoy Cruz. Fueron recibidos por la Spinnewebe (telaraña, en alemán), una organización clandestina germano-argentina de carácter nazi que recibía, distribuía y ocultaba a los nazis arribados desde Europa.

Este mecanismo también sirvió para la huida del croata Ante Pavelic (o Erich Priebke), responsable en Italia de la masacre de las Fosas Ardeatinas.

Dentro de la Iglesia Católica fue el sector liderado por el obispo alemán Alois Hudal el que contribuyó a la fuga de los nazis.

Amuedo descarta que el papa de aquel entonces, Pío XII, fuera cómplice de estos operativos. “Se ha querido involucrar al Vaticano en las maniobras, pero en realidad los que sabían que estaban mandando nazis al Río de la Plata eran algunos individuos. Es más, por orden del papa Pío XII se protegió a cientos de miles de judíos en toda Europa. La figura del papa fue puesta en tela de juicio, pero ahora se está revisando esa postura”, dijo el investigador a Caras y Caretas. Muchos de los sacerdotes y monjas que escondieron personas durante la Segunda Guerra Mundial fueron reconocidos por parte del Estado de Israel con la distinción Justo entre las Naciones.

El tercer documento de relevancia obtenido por Amuedo es el oficio que habilita el pago, por parte de Argentina, de la reserva de los pasajes de los ciudadanos italianos a cuenta de su trabajo. Uno de los textos refiere al buque “Philippa” –de bandera panameña, de la compañía marítima La Fortuna–, en el que, en un primer momento, iba a viajar Mengele como Helmut Gregor, con el número de pasajero 920. El Ángel de la Muerte finalmente viajó en el buque “North King” de la misma compañía. Según el texto que adjuntamos, se destinan 288.000 dólares a la Subcomisión Naval y 40.000 dólares “con motivo del embarque en el ‘Philippa’ de los familiares llamados por los operarios italianos del Yacimiento Carbonífero de Río Turbio”.

Contacto en Bariloche

Hace varios años que Héctor Amuedo investiga el pasaje de criminales nazis por Uruguay y Argentina. En 2008 el diario La República publicó el hallazgo, por parte del investigador, de la partida de casamiento de Josef Mengele en Nueva Helvecia. Mengele se casó en Uruguay en 1958 con la viuda de su hermano, pero no vivió en el país; sólo permaneció siete días, entre el 17 y el 25 de julio, día de su casamiento. El oficial de la SS viajó a Colonia para contraer nupcias por segunda vez. Por ese entonces, en Argentina el divorcio no estaba permitido. Mengele se había casado el 28 de julio de 1939 con Irene Schönbein, a quien conoció en Leipzig mientras trabajaba como médico residente. El motivo del matrimonio fue económico y a instancias del padre del médico, un acaudalado empresario del sector agrícola.

Estas y otras investigaciones fueron publicadas en varios medios. Una de las más recientes fue la nota del diario El País del 5 de octubre de este año, que explica, en base a un documento desclasificado de la CIA, que el gobierno de EEUU buscó a Mengele en Uruguay en abril de 1985 y lo confundió con un empresario local. El 6 de octubre Amuedo recibió un mensaje, a través de una red social, de una persona que decía tener documentos nunca antes publicados sobre “La ruta de las ratas”. De inmediato se pusieron en contacto y el investigador comenzó a recibir los documentos. Consultado sobre la veracidad de los mismos, dijo a Caras y Caretas que encuentra “extraño que alguien se tome la molestia de falsificar más de cincuenta documentos sólo para engañarlo a él”.

El informante de Amuedo prefiere permanecer en las sombras, pero le aseguró al uruguayo que esperó la muerte de los involucrados para dar a conocer los textos. Esta persona vive en Bariloche y tiene, además de los facsímiles, fotografías familiares de Erich Priebke.

Priebke comandó la Masacre de las Fosas Ardeatinas, en la que fueron asesinados 335 ciudadanos italianos, una acción llevada adelante el 24 de marzo de 1944 en Roma. La masacre fue una represalia por el asesinato de 33 soldados alemanes a manos de los partisanos. Adolf Hitler ordenó matar diez italianos por cada alemán. Después de huir de Alemania, Priebke pasó un breve período en Buenos Aires y luego se trasladó al sur. El escándalo en Bariloche fue mayúsculo cuando, en la década de los noventa, una investigación reveló el pasado de quien hasta ese momento era considerado un ciudadano ejemplar. Italia pidió la extradición, que fue concedida en noviembre de 1995. Tras un largo juicio, en 1998 fue condenado a cadena perpetua, pero por su avanzada edad cumplió pena domiciliaria. Priebke falleció en Roma el 11 de octubre de 2013.

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