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22/06/2018

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

Preocupación por la votación uruguaya en la ONU cruza líneas partidarias.






A raíz de la votación de la semana pasada en la Asamblea General de las Naciones Unidas en la que Uruguay se opuso a condenar a la organización terrorista Hamas, nos dirigimos a diferentes figuras nacionales, de distintos partidos, solicitando que compartan con nuestros lectores su opinión al respecto.

Reproducimos hoy aquí los textos que nos enviaran aquellos que aceptaron y tuvieron la disponibilidad de tiempo para hacerlo: los ex Presidentes de la República Dr. Julio María Sanguinetti (que nos adelantó su nota escrita para “Correo de los Viernes” que saldrá mañana) y Dr. Luis Alberto Lacalle, los Senadores Luis Lacalle Pou (que compartió con nosotros el pedido de aclaración sobre la votación uruguaya que presentó en el Parlamento), Pablo Mieres y Luis Alberto Heber, los Diputados Gonzalo Mujica y Gerardo Amarilla, el escritor Fernando Butazzoni, y el Profesor Oscar Destouet.

EL CORO ANTIJUDÍO

Por Julio María Sanguinetti

Históricamente el antijudaísmo era “antisemitismo”, o sea una condenación genérica al pueblo. Hoy ha cambiado: es “antisionismo” porque resulta mucho más fácil cuestionar al Estado de Israel, cuyos gobiernos, como en todas partes, toman resoluciones siempre discutibles. En la posición extrema de los países islámicos el “antisionismo” es la negación de la existencia del Estado. Aquel, repudiaba a las personas, denigraba a los miembros de la nación, aun en tiempos en que estaba desperdigada; el “antisionismo”, va más allá y le niega, a esa nación milenaria, el derecho a existir como Estado.

Hasta hace pocos años, el antijudaísmo era “ nacionalista”, nacía de esas corrientes retrógradas que, abroqueladas en sus fronteras, odian al “extranjero”, esa condición que el pueblo judío debió arrastrar a lo largo de siglos. Ahora, como ha cambiado el mundo, el antijudaísmo es global, rebasa fronteras, no se limita a esos ámbitos nacionales e ideológicos. Algunos de sus movimientos terroristas (Hezbollha, Hamas, Al Qaeda, ISIS) no son nacionales, se mueven más allá de los Estados y por cierto también llevan el terrorismo a Occidente.

Esto se emparienta con el gran viraje: antes el antijudaísmo era de derecha, ahora es de “izquierda”. Y esto no es baladí: ha arrastrado a la izquierda tradicional a la inmoralidad de alinearse con los regímenes más reaccionarios del mundo, los que subordinan a la mujer a una condición de inferioridad, los gobernados por dinastías absolutistas, los que concentran inmensas riquezas en una aristocracia abusiva que exhibe en Occidente, groseramente, su poderío comprando clubes de fútbol u hoteles de lujo.

¿ Que ha pasado? Ante todo que Israel ya no es el pequeño David, acosado por fuerzas superiores. Ha mostrado la fuerza suficiente para sobrevivir, prosperar y construir una ejemplar democracia. Ya no es la víctima, pese a que haya países y movimientos que le nieguen su existencia y esté constantemente agredido. La “víctima” ahora son los palestinos, a quienes Israel les devolvió la franja de Gaza (que antes había sido egipcia) y que si no tienen Estado es porque en 1948, cuando se podrían haber creado los dos,los árabes se negaron a aceptar su Estado, simplemente por odio a la creación de Israel.

A esto se añaden los intereses, los del petróleo, los de las inversiones y lo las compras de armamento, que condicionan constantemente a los países occidentales, cuyo principismo suena a hueco, movido además por el temor a la reacción de sus crecientes poblamientos musulmanes.

Esos Palestinos han sido víctimas de matanzas de “amigos”, como la que sufrieron en Jordania, cuando el “setiembre negro”; viven hambreados por sus jefes y son cruelmente usados , en Gaza, por Hamas. Es más, en Cisjordania, el gobierno que es mayoría de Al Fatah, no se oculta el malestar ante esa locura de la ”Marcha del Retorno”, que costó el ultimo enfrentamiento. Hay muchas expresiones periodísticas en ese sentido.

El hecho es que ese movimiento se pensó para hostigar a Israel, anunciando que sería invadido por el pueblo palestino, en el “retorno” a su morada. Israel anunció una y otra vez que no permitiría, como es su derecho soberano, rebasar la valla demarcatoria de la frontera. Nada los detuvo y el resultado, triste, doloroso, fue un centenar de palestinos muertos, llevados ciegamente por sus líderes a sucumbir.

De inmediato, se lanzó el coro antijudío a condenar, una vez más, “el uso de fuerza excesiva, desproporcionada e indiscriminada” por Israel, reclamando medidas de protección para la población civil. Así lo resolvió Naciones Unidas por 120 votos contra 8 y 45 abstenciones. No importó que Israel hubiera advertido que defendería su territorio ni que se supiera de antemano que Hamas sacrificaría niños y mujeres para la explotación publicitaria. Votada que fue la moción, se presentó otra que condenaba a Hamas “por lanzar repetidamente cohetes hacia Israel y por incitar a la violencia a lo largo de la valla fronteriza poniendo a los civiles en riesgo”. Tuvo mayoría, pero no la necesaria para aprobarse.

Lo triste es que Uruguay votó la resolución condenatoria a Israel y luego no votó la condena a Hamas. O sea que se sumó al coro automático del antijudaísmo. Bien se sabe que el Presidente y el Canciller van a todos los actos celebratorios de la colectividad judía y que hoy son prisioneros de la mayoría frentista, la que enarbola hace veinte años banderas palestinas sin saber de que se trata. Esa condición de prisioneros ya no los exime de una responsabilidad tan seria, porque no condenar a Hamas es demasiada dosis de complacencia con los radicales de su partido.

Lo lamentamos como uruguayos, históricos amigos de Israel; también como batllistas, identificados con Luis Batlle, Rodríguez Fabregat y Secco Ellauri, los líderes del proceso de su independencia. Pero aun más lo lamentamos por esa debilidad frente al terrorismo musulmán, ante el cual el miedo contagia y subordina.

Ex Presidente de la República Dr. Luis Alberto Lacalle

Considero equivocada, injusta y no representativa de los sentimientos de los uruguayos respecto de Israel la actitud de nuestra Cancillería de negarse a votar una condena a la organización terrorista Hamas. Insistimos en que para hacer posible una paz estable en el Medio Oriente es imprescindible que todos los países de la región y las organizaciones para estatales que allí actúan, reconozcan la existencia del Estado de Israel y sus derechos como nación soberana . El URUGUAY, presente en la refundación del Israel histórico, rechaza el terrorismo y así lo debe de reflejar la política exterior de nuestro gobierno.

Álvaro Ahunchain

(Publicitario, docente, periodista de opinión, autor y director teatral)

Condenar la violencia que viene de un lado y exculpar la que viene del otro es un expediente de larga práctica en el gobierno. Pero en el caso puntual de nuestra Cancillería, es sorprendente y doloroso que las buenas intenciones del ministro terminen naufragando ante presiones de la interna partidaria. En el plano comercial pasa con el TLC con Chile. En lo político, con esta vergonzante posición flechada que cuestiona a Israel pero nada dice contra Hamas.

reo que no se puede esperar de este gobierno más de lo que sabemos que da, en su simpatía explícita por autoritarismos de izquierda y su silencio atronador en la condena al terrorismo fundamentalista.

Sigue en un piloto automático ideológico, destructor de la imagen de republicanismo que el país había sabido consolidar.

SENADOR LUIS LACALLE POU

El Senador Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, compartió con Semanario Hebreo el texto que envió a la Presidenta de la Cámara de Senadores, en relación a la reciente votación de Uruguay en la ONU.

Señora Presidente de la Cámara de Senadores Lucia Topolansky
Presente.

Al amparo de las facultades que me confiere el artículo 118 de la Constitución de la República solicito se curse el siguiente pedido de informes al Ministerio de Relaciones Exteriores (MRREE):

PEDIDO DE INFORMES

Días atrás la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que condena la respuesta de Israel a las recientes protestas en Gaza y demanda que se estudie dar protección internacional a la población palestina.

Minutos antes de aprobar la resolución, la Asamblea General rechazó por un estrecho margen una enmienda estadounidense que condenaba a "Hamas por lanzar repetidamente cohetes hacia Israel y por incitar a la violencia a lo largo de la valla fronteriza, poniendo a los civiles en riesgo. Exige que Hamas ponga fin a todas las actividades violentas y acciones provocadoras. Condena además el desvío de recursos en Gaza para construir infraestructuras militares, en particular túneles para infiltrarse en Israel y equipo para lanzar cohetes hacia zonas civiles cuando con eso recursos podrían haberse atendido las necesidades esenciales de la población civil. Expresa grave preocupación por la destrucción del cruce de Kerem Shalom por agentes en Gaza, que ha obstaculizado gravemente las entregas de alimentos y combustible para el pueblo de Gaza". Uruguay fue uno de los países que rechazó la enmienda.

En virtud de lo expuesto solicito: Indique los motivos que llevaron a Uruguay a votar negativamente la enmienda propuesta por la delegación estadounidense.

Las peores historias pueden repetirse

Fernando Butazzoni

Condenar a Israel está de moda. Desde Mario Vargas Llosa hasta Nicolás Maduro, desde El País de Madrid hasta el Granma de La Habana, todos se muestran unidos en esa causa común. Tan de moda está condenar a Israel que hasta Uruguay lo ha hecho, al votar una resolución en ese sentido durante la Asamblea General de la ONU, junto con otros ciento veinte países. En esa resolución multitudinaria se deplora que Israel haga un uso “excesivo, desproporcionado e indiscriminado de la fuerza contra los civiles palestinos”, aunque no se mencionan otros excesos escandalosos ni otras obscenas desproporciones del conflicto, que son además el verdadero origen de los enfrentamientos.

Nadie parece advertir en la augusta ONU que Israel es una isla de democracia y sentido común en un territorio dominado por dictaduras teocráticas y corruptas, que han hecho de la irracionalidad religiosa y política un instrumento de manipulación y muerte. No se informa que el objetivo explícito y declarado de esas dictaduras, y de los grupos financiados por ellas, es la aniquilación total del Estado de Israel y la expulsión de todos los judíos del territorio. Nadie muestra indignación por los pagos que hace Hamás, en dólares y muchas veces por adelantado, a las familias de los “mártires palestinos” que mueren tras perpetrar atentados suicidas en territorio israelí. Tampoco se señala que Siria, país fronterizo con Israel, vive desde hace siete años los excesos de un infierno originado por el enfrentamiento de árabes contra árabes, de musulmanes contra musulmanes, y que la guerra allí provocado cientos de miles de muertos y cinco millones de desplazados, muchos de los cuales buscaron refugio en Europa para espanto de los buenos señores que ahora se horrorizan con las desproporciones. Nadie parece recordar que los mismos países que se rasgaban las vestiduras por las atrocidades del Estado Islámico eran los que financiaban a escondidas a esa organización, comprando el petróleo barato que ISIS les vendía después de robarlo en Siria y en Irak. No hay quien se anime a denunciar en la ONU que las satrapías de Arabia Saudí y Qatar han financiado durante décadas, con generosidad desproporcionada, a grupos terroristas de distinta filiación que han actuado y actúan en Europa, en América y también, por supuesto, en Israel. Nadie recuerda que los musulmanes se aliaron con los nazis para exterminar a los judíos, y que en 1942 el líder religioso de los palestinos de Jerusalén, el gran muftí Amín al Husseini, fue a prometerle en persona a Adolf Hitler la eliminación total de los judíos de esa ciudad, lo que fue a todas luces una promesa excesiva.

No es casual. Vivimos en un mundo donde reinan las noticias falsas y los datos erróneos, en el que la memoria carece de valor porque el pasado ha sido abolido, y donde las frivolidades de la corrección política pueden más que cualquier argumento. Vivimos en un mundo cada día más hipócrita, en el que la izquierda quiere ser bien pensante y se olvida de su propia historia, reniega de sus principios y aplaude, y con ello alienta, a los sectores más retrógrados y salvajes del islamismo, dándoles carta blanca para que ataquen a Israel y, de paso, continúen azotando a las mujeres impuras, cortándole la mano a los ladrones y arrojando de las azoteas a los homosexuales. Vivimos en un mundo en el que muchos gobiernos de la derecha patriotera y xenófoba aprovechan el voto de condena a Israel para hacer mejores negocios con sus enemigos árabes, al tiempo que denigran, persiguen y expulsan a los inmigrantes de esos países. Vivimos en un mundo en el que, por desgracia, las peores historias pueden volver a repetirse.

Uruguay es un país demasiado pequeño para influir en la marcha de los grandes asuntos mundiales, pero es demasiado grande para actuar en dichos asuntos con ligereza. Uruguay, que tan prudente ha sido en cuestiones internacionales durante años, no debería haber votado esa resolución. En Montevideo hay quienes consideran que algunos sectores de la izquierda uruguaya no hubieran tolerado un voto a favor de Israel, y que por eso se actuó de esa manera. Otros dicen que fue para estar a tono con la opinión mayoritaria en el concierto mundial, y evitar así una marginación indeseable. Las causas verdaderas y profundas de la votación uruguaya no las conozco y no vale la pena especular, pero en todo caso me parece una postura errónea, que ni siquiera está en línea con los argumentos, ya usados por el gobierno uruguayo, para abstenerse de cualquier condena en otros gravísimos casos de violencia institucional, con cientos de muertos, heridos, presos y una represión desproporcionada contra la población civil en países cercanos como Venezuela o Nicaragua.

Contra el terrorismo ahora, antes y siempre

Prof. Oscar Destouet

“Para justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas”, Eduardo Galeano

Cuando alguien considera que un gobernante se equivocó el deber ciudadano es decir, exigir y escuchar para mejor defender una postura. Es una premisa de la democracia. El gobierno uruguayo se equivocó en la votación de Naciones Unidas al no acompañar la condena al accionar terrorista de Hamas, grupo gobernante en la Franja de Gaza.

Nací a la vida ciudadana en dictadura padeciendo la falta de libertad y el accionar terrorista que asumió el gobierno militar de los años setenta y mediados de los ochenta en Uruguay. No se lo deseo a nadie. Crecer con miedo y en silencio pudo marcar un trauma difícil de sortear, pero fue más fuerte el ansia de libertad y aprendí a valorar como nadie la democracia y la defensa de los derechos humanos. Fui parte activa de la llamada generación del 83, que Leonardo Haberkorn en un reciente libro definió como el grupo de jóvenes que no perdió la democracia pero luchó por reconquistarla y luego abrazó como pocos ante los derechos humanos, el dialogo y la convivencia en paz. Me duele el sufrimiento de los débiles, sufro como si la viviera en carne propia la guerra y no puedo ser indiferente al padecimiento de otros humanos. No festejo la muerte ni la prisión de nadie y lucho para que el odio se aleje lo más pronto de mí.

Medio Oriente vive una muy larga guerra, la condeno. Me ubico junto a los que pregonan la paz. El pueblo judío construyó su Estado moderno hace 70 años culminando 3000 años de peregrinar en esas mismas tierras. Nació con legitimidad histórica y necesidad humana, con el holocausto aún a flor de piel y se ganó un sitial de Estado de avanzada en derechos y desarrollo. La guerra le acompañó desde su fundación, se tuvo/ se tiene que defender y al mismo tiempo no supo conseguir una paz duradera. Desafío difícil de llegar pues como el amor es entre dos, pero imprescindible y necesario de lograr.

Imagino y siento posible una tierra judía y otra árabe en un territorio en paz y libertad para todas las creencias. Cada una defendiendo su identidad, religión e historia. Cada Estado respetando y respetándose. La historia de la humanidad es la historia de las utopías, la cuestión es caminar hacia ellas. El Prof. Enrique Rodríguez Fabregat, representante de Uruguay en la Comisión Especial y ante la Asamblea General de la ONU en 1948 y fundador en 1971 del Frente Amplio tuvo un rol negociador preponderante en la aprobación de la Resolución 181 que preveía 2 Estados en 1 territorio. Fundamentó el voto de Uruguay manifestando: “El esfuerzo judío en Palestina es, en muchos aspectos, ejemplar. Y la habilidad de los árabes de forjar su propio destino a través de su trabajo, su iniciativa y su coraje es demostrado no solo por sus logros personales sino también por su pasado glorioso. Aquellos de nosotros que estamos votando esta Resolución no estamos votando en contra de ninguno de estos dos pueblos, de ninguno de estos dos sectores de la realidad social en Palestina. Estamos votando a favor de ambos, de su progreso, de su desarrollo cívico, del avance dentro de la comunidad de naciones”.

La violencia en el siglo XXI adquirió otras formas letales de acción, parafraseando a Galeano el terrorismo de Estado no sólo actúa por sí sino que también “fabrica” terroristas, individuos aparentemente comunes que optan por la violencia extrema sacrificando incluso su propia persona. La vida por una idea deja paso a la muerte por una idea. Los límites de la guerra se difuminan y el terror domina. El miedo de ajenos y propios se adueña de la escena. La utopía de la paz se aleja y la muerte se alinea con un aparente triunfo.

La Comunidad internacional debe actuar, incluso un simple y desconocido ciudadano como yo o como usted lector. Frente al terrorismo no hay indiferencia posible. Que el miedo no se adueñe de ningún ser libre ni se esconda bajo el manto de imaginarias políticas comerciales o “principios” de un mundo líquido.

Diputado Gerardo Amarilla (PN)

Lamento mucho que Uruguay se sume al concierto de varios países que desde la ONU tienen un discurso muy crítico hacia Israel y no condenan, con la firmeza que deberían hacerlo, las acciones terroristas de Hamas.

Parece una clara estrategia política atacar a un gobierno legítimo y democrático, que defiende su territorio y soberanía ante acciones provocadas por una organización terrorista.

No nos parece prudente este tipo de declaraciones, que soslayan e ignoran las prácticas terroristas de Hamas, la utilización vergonzosa que hacen de Población civil y las provocaciones que realizan que ponen en riesgo a vidas humanas inocentes.

SENADOR PABLO MIERES (PARTIDO INDEPENDIENTE)

FRENTE EL VOTO NEGATIVO DE URUGUAY ANTE LA MOCIÓN DE CONDENA A HAMAS

La votación de Uruguay en la Asamblea de Naciones Unidas en contra de la condena a Hamas resulta inexplicable y es un nuevo episodio que contradice las más profundas tradiciones de nuestra política internacional.

adie puede dudar de que Hamas es un movimiento terrorista que desarrolla su accionar sobre la base de atentados contra la población civil, sin respetar ninguna norma del derecho internacional y violando sistemáticamente los derechos humanos. Más allá de la postura que nuestro país tenga, ciertamente también muy polémica y distante de nuestra posición, sobre la política exterior del gobierno de Israel, nunca se puede sostener con una perspectiva democrática y de promoción de la paz internacional un voto negativo a una moción de condena a un movimiento terrorista que está actuando en este mismo momento de manera contraria a las normas del derecho internacional.

Es más, la búsqueda de una solución pacífica y justa al conflicto de Medio Oriente y el objetivo de construir un futuro de convivencia entre dos pueblos expresado en la constitución de dos Estados vecinos, implica la condena al Movimiento Hamas que ha sido, desde su origen, totalmente contraria a cualquier solución pacífica, sea cual fuere ella.

Hamas es un obstáculo para la paz y un camino inaceptable de violencia, terrorismo y muerte. Cualquier país democrático debe apostar a fortalecer las alternativas políticas palestinas proclives a una solución pacífica y negociada que se encamine a un proyecto de convivencia de los dos pueblos.

Nos preocupa cada vez más la orientación de la política internacional del gobierno uruguayo que no nos representa en una de las dimensiones más relevantes: la valoración de la democracia.

De alguna manera, hay un hilo conductor entre este posicionamiento inexplicable que rechaza la condena al terrorismo de Hamas y sus posturas complacientes frente a la dictadura corrupta en Venezuela o la mirada contemplativa ante la horrenda represión en Nicaragua.

Lamentablemente, nos sentimos avergonzados de la orientación que ha asumido la política exterior del gobierno uruguayo que ha roto con nuestras tradiciones históricas de apego a la promoción de la paz en el mundo y a las normas del Derecho Internacional.

Del Senador Luis Alberto Heber (PN)

No me siento representado por la votación de Uruguay en las Naciones Unidas, en la que se negó a condenar a Hamas, ya que no toma en cuenta los ataques organizados y sistemáticos lanzados por dicha organización desde la Franja de Gaza hacia Israel. No se puede aceptar que no se condene el accionar terrorista de Hamas. Está claro por lo tanto que la posición que está adoptando Uruguay ante el conflicto bélico en la región, no es equilibrada.

Maestro Juan Pedro Mir

En estos días, como casi siempre, las noticias sobre Israel que vemos en los informativos muestran el recrudecimiento del conflicto entre israelíes y palestinos y se informa detalladamente sobre lo que ocurre en la Franja de Gaza, muertos y heridos palestinos y la difícil situación de la población.

Sin embargo hay otro tipo de datos que no aparecen en los medios ni en las redes, y de los cuales, en lo personal, accedemos a través de la corresponsalía de nuestra compatriota Ana Jerozolimski: la proliferación del bombardeo de Hamas sobre territorio israelí y las consecuencias que ello tiene sobre la vida de la población civil.

La información internacional no refleja en general esa otra parte.

Como uruguayo, formado en un país cuya tradición histórica en las relaciones internacionales está basada en la defensa de los derechos humanos, la paz y la no intervención, creo que la acción terrorista de estos grupos no puede dejar de ser considerada a la hora de ver el conflicto israelo-palestino. Y que Uruguay no puede hacer caso omiso de ello, votando como lo hizo días atrás a favor de condenar a Israel y en contra de condenar a Hamas.

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