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17/01/2019

El Universal, Venezuela- por Beatriz de Rittigstein

Rashida, el caballo de Troya.






El pasado noviembre, Rashida Tlaib, hija de inmigrantes palestinos, fue elegida representante en el Congreso de EEUU, convirtiéndose junto con Ilhan Omar, en las dos primeras musulmanas electas para servir en el organismo legislativo. Ello es apropiado en un país construido por la diversidad; el problema es que ambas tienen agendas propias muy distintas a los valores estadounidenses.

Ya en funciones, Tlaib publicó un tweet embistiendo a los senadores que apoyan un proyecto de ley anti BDS, es decir, contra el boicot a Israel. Además, para muchos, dejó entrever una acusación de doble lealtad.

Rashida Tlaib es cínica e hipócrita, pues ella misma ha combatido boicots que ciñen al Islam. Pero no se trata de defender la libertad de expresión frente a la discriminación. De hecho, el BDS no procura la convivencia, sino tal como dicen sus promotores, anhela la creación de un Estado palestino “desde el río hasta el mar”, lo que significa establecer Palestina sobre las ruinas de Israel. Tlaib lo sabe, pues, tras ser juramentada, puso un adhesivo con la palabra Palestina sobre Israel en el mapa de su nueva oficina.

En agosto, tras ganar las primarias de su partido, publicó varios tweets acusando al Estado judío. En realidad, a Rashida no le preocupa el bienestar del pueblo palestino; en su comodidad estadounidense, esgrime la libertad de expresión, pero no dice nada acerca de las brutales persecuciones que sufren los disidentes en Gaza por parte de Hamas, y en Cisjordania por parte del régimen de Abbas. Así se confirma que no le inquietan los derechos de los palestinos, su motivación es acosar a Israel.

Tampoco parece comprometida con el país del cual es legisladora. Recordemos que al festejar su victoria no se cubrió con la bandera de EEUU, sino con la bandera palestina. Aunque debería considerar que el Consejo Legislativo Palestino, el Parlamento de la Autoridad Palestina, fue elegido en enero de 2006 y, prácticamente, desde ese entonces, no funciona. Abbas, un presidente con más de 13 años en el poder, no convoca a sufragios.

En vista del historial de Tlaib y su estreno un tanto envilecido en la Cámara de Representantes, los congresistas deben defender con determinación, ante esta especie de “caballo de Troya”, las labores para las que fueron electos.

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