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11/11/2019

Un testigo en Uruguay






Semanario Hebreo Jai- por Ana Jerozolimski

Rolf Magnus, testigo directo de la Noche de los Cristales

Del infierno a la libertad en Uruguay

El pueblo judío recuerda estos días Kristallnacht. la Noche de los Cristales Rotos, considerada la antesala de la Shoá.

En Montevideo vive desde hace décadas uno de sus sobrevivientes, el Sr. Rolf Magnus, quien a sus 98 años, recuerda todo.

Le deseamos larga vida, con salud, junto a sus hijos Claudio y Evelyn con su familia. Y le agradecemos que en distintas oportunidades haya compartido con nosotros sus recuerdos. Este es un pequeño resumen.

“Como a las cinco de la madrugada, yo estaba durmiendo al fondo de nuestro apartamento, sentí un ruido que me despertó. Unos cuantos nazis había despertado a mis padres, todos de civil, creo que uno era de la SA. Con mucha prepotencia nos llevaron a todos, mi mamá, mi papá e inclusive mi abuela de 80 años, a la Gestapo, no sin antes darnos una gran paliza a mi papá y a mí, una vez en la calle, rompiéndonos a los dos el caballete nasal. Nos llevaron caminando a la Gestapo, unas 20 o 30 cuadras. Allí liberaron a mi mamá y a mi abuela. Cuando llegaron de vuelta a casa, encontraron que habían forzada la puerta los de la SA, y habían destruido por completo todos los muebles, cristalería y otras pertenencias“.

Así recuerda Rolf Magnus, la pesadilla de la detención, que lo llevó junto a su padre, a Buchenwald.

“De la Gestapo en mi ciudad, donde nos juntamos con todos los judíos hombres de nuestra ciudad, muchos llegaron bañados en sangre. Yo, con 17 años, era uno  de los pocos jóvenes.. Fuimos pasando por dos prisiones y luego, en vagones de ganado, sumamente apretados, nos llevaron a Buchenwald. Ahí nos esperaban los de la SA en largas filas de un lado y del otro, con palos, y por el medio tuvimos que pasar corriendo, mientras nos pegaban con los palos.

Una vez dentro del campo, donde hacía mucho frío, estuvimos parados en filas, varios miles, y tuvimos que presenciar enseguida, seguramente para ver lo que nos esperaba (!), los castigos que estaban dando a determinados presos, atados sobre caballetes, con las colas desnudas, con látigos, unos 50 latigazos a cada uno. A muchos no les quedaba después nada de carne, y eso por haber cometido \"supuestos delitos\", todos inventados. También presenciamos, ya el primer día, a otros presos que estaban colgados con esposas de árboles, o unidos dos con esposas de las manos, alrededor de algún árbol, donde quedaban varios días (!).

De día nos tenían parados en filas afuera, horas y horas, recibiendo palos de los guardianes que pasaban por ahí, sin motivo ninguno. Yo recibí varios en la cabeza con cachiporras de goma dura y de madera.

De comer nos daban una vez por día, una comida- si es que se puede llamarlo comida (!)- mayormente eran sopas, que producían diarrea. Comíamos varios juntos de un mismo plato esmaltado, como animales. Para beber no nos dieron casi nada, y le puedo manifestar, que tener sed es más horrible que hambre. A veces pasaban de noche por las barracas baldes con agua, y solo nos mojábamos los labios, para más no daba!

Durante las noches muchas veces sentíamos gritos de presos que eran castigados afuera, a veces después de un tiempo los gritos eran cada vez menos intensos, porque seguramente estaban muriéndose. Los cuatro días que estuvimos mi papa y yo ahí, estuvimos siempre de día parados en grupos de cientos de presos judíos, afuera a la intemperie, donde hacía ya mucho frío, y los que no aguantaban estar parados tanto tiempo, como hombres muy mayores y/o enfermos, recibían de los guardianes palos hasta que se levantaban...

La salvación a Uruguay

“Mi mamá tenía un hermano aquí en Montevideo, que había salido dos años antes que nosotros, y la hija de un vecino de ellos trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Por su intermedio nos consiguieron la visa. Un día, haciendo trámites en el Consulado Uruguayo en Hamburgo, el cónsul le dijo a mi mamá: “¿No tiene algún familiar y/o amigos que quieren ir con Uds. al Uruguay? Les doy todas las visas que quieran”.

Eso lo comentamos con unos primos de mi papá, que vivían en Hannover y nos visitaban a menudo, que no pensaron mucho y aceptaron venir con nosotros, junto con un sobrino que llevaron. Cuando nos detuvieron a mi papá y a mí, mamá se fue enseguida al Consulado Uruguayo de Hamburgo, para hablar con el Cónsul sobre lo que había pasado, y él envió de inmediato un telegrama a la Gestapo, diciendo que si no nos dejan libres de inmediato, perderíamos el barco, aunque no era realmente así y caducaría nuestra visa a Uruguay. Gracias a eso nos dejaron libres el 15 de noviembre, a mi papá, a mí y a su primo, que iba a viajar con nosotros.

No me voy a olvidar nunca cuando llamaron por altoparlante: \"los judíos Kurt y Rolf Magnus que se presenten a la entrada\". Yo creía que nos había tocado la hora de morir! Al salir de Buchenwald, (previa revisación médica a ver si teníamos alguna herida por malos tratos, motivo por el cual no habríamos podido salir!). Era de noche, nos advirtieron que no mencionemos ni una sola palabra sobre lo que habíamos pasado ahí, que ellos tenían sus partidarios en todas las partes del mundo, y que no íbamos a contar más el cuento. La verdad es que nacimos de nuevo”.

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