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25/09/2012

El País, Uruguay, Julio César Huertas

Una inolvidable orquesta israelí


JULIO CÉSAR HUERTAS

ISRAEL CHAMBER ORCHESTRA

Ficha
Director: Yoav Talmi.
Solista: Alon Goldstein (piano).
Programa: "Elegía para cuerdas, timbales y acordeón", de Yoav Talmi; "Concierto N° 2 para piano y orquesta", de Beethoven.
Sala: Teatro Solís, septiembre 18.

El concierto comenzó con un hecho inusual ya el propio director aclaró al público, el grave error que contenía el programa respecto a su fecha de nacimiento y anticipada muerte: se lo daba por nacido en 1841 y fallecido en 1904, cuando en realidad nació en 1943 y esta lo suficientemente vivo como para ofrecer una velada musical inolvidable. El concierto se inició con la primera audición para nuestro país de la Elegía para cuerdas ,timbales y acordeón, del mismo Talmi. Fue compuesta en 1997, luego que la Orquesta visitara el memorial del campo de concentración de la ciudad de Dachau, en Alemania. En dicha obra aparecen claras alusiones a los Kindertotenlieder de Mahler, a la melodía hebrea Bajo el cielo estrellado y a la Sarabanda de la Suite para cello de Bach. Fue sumamente original la inclusión del acordeón y los timbales ya que normalmente estos instrumentos no son utilizados para este tipo de obra de carácter lúgubre. La interpretación de la orquesta estuvo acorde al sentimiento del compositor destacando el clima sombrío que contiene la partitura.

Luego el pianista Alon Goldstein interpretó el Concierto nº2 para piano y orquesta de Beethoven. Su versión fue totalmente fidedigna al estilo clásico que por aquella época influenciaba al autor. No tuvo, a diferencia de otras versiones que hemos escuchado, los arrebatos propios del romanticismo. Goldstein se expresó con sinceridad, inteligencia y espiritualidad; su pulcritud en los recursos hizo que lograra una infinita variedad de matices y acentos, siempre empleados con la más fina y elocuente propiedad. El artista fue ovacionado y ofreció como bis el Impromptu op. 90 nº 2 de Schubert y la famosa Danza Eslava op. 46 nº 8 de Dvorak, hecha a cuatro manos junto al director. Fue una sorpresa muy grata para el auditorio ya que no es común que el propio director participe de un bis con el solista.

Para finalizar se escuchó la Sinfonía Italiana de Mendelssohn. Talmi supo imprimir la pureza del estilo que requiere este compositor mostrando el equilibrio perfecto entre lo clásico y romántico. Los cuatro movimientos fueron llevados con elegante dinamismo, haciendo resaltar la belleza intrínseca de la obra. El público aclamó con mucho entusiasmo y el director agradeció con dos bises: Hoedown del ballet Rodeo de Copland y Fuga y misterio de Piazzolla. Resta agradecer al Centro Cultural de Música el habernos proporcionado este fantástico espectáculo.

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