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07/11/2017

5 20 minutos, España

Visitar el Monte de los Olivos: testigo y parte de la historia de Jerusalén




Escenario de los pasos de Jesucristo, campo de batalla durante las guerras árabe-israelíes o cementerio de preferencia para los judíos, el Har Hazeitim en hebreo, Jabal az Zaytunen en árabe o Monte de los Olivos en castellano, es testigo y parte de la historia de la tres veces santa Jerusalén.

Nombrado por los árboles que un día cubrieron sus lomas, que hoy sin embargo pintan un manto ralo, es familiar incluso sin haberlo visitado y una vez que se conoce es imposible de olvidar porque ofrece las mejores vistas de la Ciudad Vieja amurallada.

Una visión coronada al sur por la impresionante imagen de la Explanada de las Mezquitas -Monte del Templo para el judaísmo y Noble Santuario para el islam-, la tranquilidad del desierto de Judea al norte, y el trasiego del barrio palestino de At-Tur, de mayoría musulmana, que ocupa gran parte de su cumbre.

“La historia de este lugar es más que conocida”, apunta el guía turístico israelí Yefi desde un increíble mirador a una panorámica de la ciudadela y el Valle del Cedrón que la precede, cuya historia reciente les sitúa geopolíticamente en la parte oriental de Jerusalén, primero bajo control jordano tras el fin del Mandato Británico en 1917 y después bajo ocupación israelí desde la Guerra de los Seis Días de 1967.

Por la ladera se extiende el cementerio judío más importante de la ciudad, que alberga 150.000 tumbas levantadas en los últimos tres mil años, algunas dañadas por la erosión natural, otras por la historia, y muchas recientes junto a las que aún, y a pesar de lo disputado del lugar, es posible encontrar terreno libre en el que los judíos de todo el mundo consideran un privilegio recibir sepultura.

“Cuenta la vieja tradición judía que cuando el Mesías llegue, aquí es donde tendrá lugar la resurrección. Y por supuesto, ¡todo el mundo quiere ser el primero!”, bromea Yefi ante las tumbas, refiriéndose a lo escrito en el Libro de Zacarías 14:4 (enterrado también en este campo santo, junto a Hageo y Malaquías).

“Aquí, abajo, hay una zona verde. Es el Huerto de Getsemaní, donde Jesús predicó a sus discípulos y fue arrestado”, cuenta el guía ante una pareja de extranjeros mientras apunta una curiosidad: “Este nombre viene de las dos palabras hebreas ‘gat-shemen’, que significa ‘prensa de olivo'”.

En esta zona arbolada, la Biblia sitúa algunos de los lugares donde Jesús impartió sus enseñanzas, se refugió de la persecución de las autoridades o buscó consuelo durante sus últimas horas antes de ser arrestado, sudando sangre y debatiéndose entre el temor y el deber, como requería su padre, ante el que se rindió: “Hágase su voluntad y no la mía”.

“El Monte de los Olivos es muy importante para los cristianos de diferentes nominaciones. Tenemos un legado espiritual en todos los lugares que recuerdan la presencia del Salvador y de María”, narra el fray mexicano Eduardo Sánchez, que sirve en la Basílica de la Agonía -también conocida como de Getsemaní o de las Naciones-, custodia de la roca que aguantó el sufrimiento de Jesús.

El franciscano cuenta cómo se cree que Jesús, cuando salía de la ciudad vieja de Jerusalén para evitar ser apresado, pasaba las noches en la aldea de Betania, en una de las faldas del Monte, o en una gruta “entonces propiedad privada, podía ser de un amigo suyo” en la que se depositaban aceitunas y es una de las tres cuevas místicas veneradas por los judeo-cristianos.

Miles de peregrinos recuerdan cada año en Domingo de Ramos cómo Jesús descendió el Monte a lomos de un borrico desde la aldea de Betfagé para ser recibido en Jerusalén como un rey, o pueden optar por acercarse a la Capilla de la Ascensión, en la cima de la colina, donde la tradición cuenta que subió al cielo cuarenta días después de ser resucitado.

Las iglesias del Padre Nuestro, donde enseñó la oración o del Dominus Flevit, que señala el punto en que advirtió de la caída del templo, la destrucción de Jerusalén y derramó sus lágrimas, o la Tumba de la Virgen María son algunos de los lugares bíblicos que se concentran en este accidente topográfico.

“Los lugares santos del Monte de los Olivos son testigos mudos de algo que pasó, esos lugares hablan (…) Son piedras de la memoria”, concluye con pasión Sánchez sobre este emblemático cerro, incluida en la biografía de la ciudad y del mundo.

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