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11/08/2010

11 de abril del 2010

Discurso de Benjamin Netanyahu en AIPAC, Estados Unidos


Mientras el mundo enfrenta retos monumentales, sé que Israel y Estados Unidos los enfrentarán juntos. Estamos juntos porque estamos encendidos por los mismos ideales e inspirados por el mismo sueño, el sueño de lograr seguridad, prosperidad y paz. Hace un siglo, este sueño parecía imposible para muchos judíos.

Este mes, mi padre celebró su centésimo cumpleaños. Cuando nació, los zares gobernaban Rusia, el Imperio Británico se extendía por el mundo y los otomanos gobernaban Medio Oriente. Durante su vida, todos estos imperios colapsaron, otros poderes surgieron y cayeron, y el destino judío pasó de la desesperación a una nueva esperanza, el renacimiento del estado judío. Por primera vez en dos mil años, un pueblo judío soberano pudo defenderse contra un ataque.

Antes de eso, fuimos sometidos a incesantes barbaries: las sangrías de la Edad Media, la expulsión de los judíos de Inglaterra, España y Portugal, la masacre al por mayor de los judíos de Ucrania, los pogromos en Rusia, culminando con el mayor mal de todos, el Holocausto. La fundación de Israel no detuvo los ataques contra los judíos. Simplemente, les dio a los judíos el poder para defenderse de estos ataques.

Quiero contarles acerca del día en el que comprendí acabadamente la profundidad de esta transformación. Fue el día en que conocí a Shlomit Vilmosh, hace más de cuarenta años. Serví con su hijo, Haim, en la misma unidad de élite del ejército. Durante una batalla, en 1969, Haim fue muerto por una ráfaga de disparos. En su funeral, descubrí que Haim nació poco después de que su madre y su padre hubieran sido liberados de los campos de exterminio de Europa. Si hubiera nacido dos años antes, este osado joven oficial habría sido arrojado a los hornos, como otro millón de niños judíos. La madre de Haim, Shlomit, me contó que, aunque tenía una gran angustia, estaba orgullosa. Al menos, dijo, mi hijo cayó usando el uniforme de un soldado judío defendiendo al estado judío.

Una y otra vez, el ejército israelí se vio obligado a repeler los ataques de los enemigos, mucho más grandes, decididos a destruirnos. Reconociendo que no podíamos ser derrotados en batalla, Egipto y Jordania, abrazaron el camino de la paz. Sin embargo, hay quienes siguen agrediendo al estado judío y que, abiertamente, llaman a nuestra destrucción. Tratan de lograr este objetivo a través del terrorismo, de ataques con misiles y, más recientemente, tratando de desarrollar armas atómicas.

La reunión de los judíos en Israel no ha disuadido a estos fanáticos. De hecho, sólo ha abierto su apetito. Los gobernantes de Irán dicen que Israel es un país de una bomba. El jefe de Hezbollah dice: "Si todos los judíos se reúnen en Israel, nos ahorrarán la molestia de ir detrás de ellos por todo el mundo".

Estos son hechos desagradables, pero son los hechos. La mayor amenaza para cualquier organismo vivo, o para una nación, no es reconocer el peligro a tiempo. Hace setenta y cinco años, las principales potencias del mundo enterraron sus cabezas en la arena. Incontables millones murieron en la guerra que siguió. Finalmente, dos de los más grandes líderes de la historia ayudaron a cambiar completamente la situación. Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill ayudaron a salvar el mundo. Pero llegaron demasiado tarde para salvar a seis millones de mi propio pueblo. El futuro del estado judío nunca puede depender de la buena voluntad de, incluso, el más grande de los hombres. Israel siempre debe reservarse el derecho a defenderse.

Hoy en día, una amenaza sin precedentes para la humanidad, domina preponderantemente. Un régimen iraní radical, provisto de armas nucleares, podría poner fin a la era de paz nuclear que el mundo ha disfrutado durante los últimos 65 años. Dicho régimen podría proporcionar armas nucleares a los terroristas e, incluso, podría verse tentado a utilizarlas él mismo. Nuestro mundo nunca sería el mismo. El descarado intento de Irán de desarrollar armas nucleares es, primero y principal, una amenaza para Israel, pero también es una grave amenaza para la región y para el mundo. Israel espera que la comunidad internacional actúe rápida y decisivamente para impedir este peligro. Pero siempre nos reservaremos el derecho a defendernos.

También tenemos que defendernos de las mentiras y vilipendios. A lo largo de la historia, las calumnias contra el pueblo judío siempre precedieron a las agresiones físicas contra ellos y fueron usadas para justificarlas. Los judíos fueron llamados envenenadores de pozos contra la humanidad, promotores de inestabilidad, fuente de todo mal bajo el sol. Al igual que las agresiones físicas, estos ataques difamatorios contra el pueblo judío, no terminaron con la creación de Israel. Durante un tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo manifiesto se mantuvo contenido por la vergüenza y el shock del Holocausto. Pero sólo por un tiempo.

En las últimas décadas, el odio a los judíos ha resurgido con fuerza incrementada, pero con un toque insidioso. No está simplemente dirigida contra el pueblo judío sino, cada vez más, contra el estado judío. En su forma más perniciosa, sostiene que si Israel no existiera, muchos de los problemas del mundo desaparecerían.

¿Significa esto que Israel está por encima de la crítica? Por supuesto que no. Israel, como cualquier democracia, tiene imperfecciones, pero nos esforzamos para corregirlas a través del debate abierto y de la vigilancia. Israel tiene tribunales independientes, el imperio de la ley, libertad de prensa y un vigoroso debate parlamentario, créanme, es vigoroso. Sé que los miembros del Congreso se refieren el uno al otro como mi distinguido colega de Wisconsin o el distinguido Senador de California. En Israel, los miembros de la Kneset no hablan de sus distinguidos colegas de Kiryat Shmona y Beer Sheva. Decimos… bueno, no querrían saber lo que decimos. En Israel, la autocrítica es una forma de vida, y aceptamos que la crítica es parte de la conducción de los asuntos internacionales. Sin embargo, Israel debe ser juzgado por los mismos estándares que se aplican a todas las naciones, y las acusaciones contra Israel deben estar basadas en hechos.

He aquí una afirmación de que no lo están. El intento de muchos de describir a los judíos como colonialistas extranjeros en su propia tierra, es una de las grandes mentiras de los tiempos modernos.

En mi oficina, tengo en exhibición un anillo de sello que me fue prestado por el Departamento de Antigüedades de Israel. El anillo fue encontrado junto al muro occidental, pero sus orígenes se remontan a hace unos 2.800 años, doscientos años después de que el Rey David convirtió a Jerusalén en nuestra ciudad capital. El anillo es un sello de un funcionario judío, y tiene inscripto en él, en hebreo, su nombre:

Netanyahu.

Se llamaba Netanyahu Ben-Yoash. Mi primer nombre, Benjamin, se remonta a 1.000 años antes, a Benjamín, el hijo de Jacob. Uno de los hermanos de Benjamin fue llamado Shimon, que también pasa a ser el primer nombre de mi buen amigo, Shimon Peres, el presidente de Israel. Hace casi 4.000 años, Benjamin, Shimon y sus diez hermanos recorrían las colinas de Judea.

La conexión entre el pueblo judío y la Tierra de Israel no se puede negar. La conexión entre el pueblo judío y Jerusalem no se puede negar.

El pueblo judío estaba construyendo Jerusalem hace 3.000 años y el pueblo judío de Jerusalén está construyendo Jerusalem en la actualidad. Jerusalem no es un asentamiento. Es nuestra capital.

En Jerusalén, mi gobierno ha mantenido las políticas de todos los gobiernos israelíes desde 1967, incluyendo los dirigidos por Golda Meir, Menachem Begin y Yitzhak Rabin. Hoy en día, casi un cuarto de millón de judíos, casi la mitad de la población judía de las ciudades, viven en barrios que están más allá de la línea de armisticio de 1949. Todos estos barrios se encuentran a cinco minutos de automóvil de la Knesset**. Son una parte integral e inseparable de la moderna Jerusalem. Todo el mundo sabe que estos barrios serán parte de Israel en cualquier acuerdo de paz. Por lo tanto, construirlos, de ninguna manera excluye la posibilidad de una solución de dos estados.

Nada es más raro, en Medio Oriente, que la tolerancia por las creencias de los demás. La soberanía israelí sobre Jerusalem, ha asegurado que los sitios religiosos de todas las religiones estén protegidos. Al mismo tiempo que apreciamos nuestra patria, también reconocemos que los palestinos viven allí. No queremos gobernarlos. No queremos dominarlos. Los queremos como vecinos, viviendo en seguridad, dignidad y paz.

Sin embargo, Israel es injustamente acusado de no querer la paz con los palestinos. Nada podría estar más alejado de la verdad. Mi gobierno ha demostrado, sistemáticamente, su compromiso con la paz, tanto en palabra como en hechos. Desde el primer día, hemos pedido a la Autoridad Palestina comenzar las negociaciones de paz sin demora. Hago ese mismo pedido en la actualidad. Presidente Abbas, venga y negocie la paz. Los líderes que realmente quieren la paz deben estar dispuestos a sentarse cara a cara. Por supuesto, Estados Unidos puede ayudar a las partes a resolver sus problemas, pero no puede resolver los problemas en lugar de las partes. La paz no puede ser impuesta desde afuera. Sólo puede venir a través de negociaciones directas en las que desarrollemos una mutua confianza. El año pasado, hablé de una visión de paz, en la que un estado palestino desmilitarizado reconozca al estado judío. Así como los palestinos esperan que Israel reconozca un estado palestino, esperamos que los palestinos reconozcan al estado judío. En el último año, mi gobierno ha eliminado cientos de bloqueos de carreteras, barreras y puestos de control en la Margen Occidental. Como resultado, hemos ayudado a estimular allí un fantástico auge económico. Finalmente, anunciamos una moratoria, sin precedentes, de construcciones israelíes nuevas en Judea y Samaria.

Esto es lo que mi gobierno ha hecho para la paz. ¿Qué ha hecho la Autoridad Palestina para la paz? Bien, han puesto condiciones previas para las conversaciones de paz, libraron una implacable campaña internacional para socavar la legitimidad de Israel, y promovieron el famoso Informe Goldstone que acusa falsamente a Israel de crímenes de guerra.

Quiero agradecer al Presidente Obama y al Congreso de Estados Unidos, por sus esfuerzos para frustrar este libelo. La Autoridad Palestina también ha continuado incitando contra Israel. Hace menos de dos semanas, a una plaza pública se le dio el nombre de un terrorista que asesinó a 38 civiles israelíes, entre ellos niños de 13 años. La Autoridad Palestina no lo impidió.

La paz exige reciprocidad. No puede ser una calle de sentido único en la que sólo Israel hace concesiones. Israel está dispuesto a realizar los necesarios compromisos para la paz. Pero esperamos que los dirigentes palestinos también se comprometan. Pero una cosa que nunca comprometeremos es nuestra seguridad.

Si ustedes quieren entender el aprieto de Israel en materia de seguridad, tienen que imaginar a todo Estados Unidos comprimido dentro del tamaño de Nueva Jersey. A continuación, tienen que colocar en la frontera norte de Nueva Jersey a un aliado terrorista iraní llamado Hezbollah, que dispara 6.000 cohetes contra ese pequeño estado. Luego imaginar que este aliado terrorista ha acumulado 60.000 misiles más para disparar contra ustedes. Ahora imagínense en la frontera sur de Nueva Jersey otro aliado terrorista iraní llamado Hamas. También dispara 6.000 cohetes contra vuestro territorio, mientras contrabandean armas aún más letales al territorio de ellos.

¿Ustedes creen que se sentirían un poquito vulnerables? ¿Creen que podrían esperar una cierta comprensión de la comunidad internacional cuando se defienden? Un acuerdo de paz con los palestinos debe incluir medidas efectivas de seguridad sobre el terreno. Israel debe evitar que se repita, en la Margen Occidental, lo que sucedió cuando se retiró de Líbano y Gaza. El principal problema de seguridad de Israel con Líbano no es su frontera con Líbano. Es la porosa frontera de Líbano con Siria, a través de la cual Irán y Siria contrabandean decenas de miles de armas para Hezbollah.

El principal problema de seguridad de Israel con Gaza no es su frontera con Gaza. Lo es la frontera de Gaza con Egipto, bajo la cual se han cavado casi 1.000 túneles para el contrabando de armas. La experiencia ha mostrado que sólo una presencia israelí en el terreno puede impedir el contrabando de armas. Ésta es la razón por la que un acuerdo de paz con los palestinos debe incluir una presencia israelí en la frontera oriental de un futuro estado palestino. A medida que la paz con los palestinos demuestre su durabilidad a lo largo del tiempo, podremos revisar las medidas de seguridad. Estamos dispuestos a asumir riesgos por la paz, pero no seremos imprudentes con la vida de nuestra gente y con la vida del único estado judío.

El pueblo de Israel quiere un futuro donde nuestros hijos no experimenten más los horrores de la guerra. Queremos un futuro en el que Israel realice todo su potencial, como un centro global de tecnología, anclado en sus valores y viviendo en paz y seguridad con todos sus vecinos. Imagino un Israel que dedique sus energías creativas y científicas para ayudar a resolver algunos de los grandes problemas del día, el más importante de los cuales es encontrar un sustituto limpio y asequible para la gasolina. Si podemos ayudar a encontrar una alternativa a la gasolina, vamos a dejar de transferir cientos de miles de millones de dólares al año a los regímenes radicales que apoyan el terrorismo en todo el mundo.

Confío en que, en la búsqueda de estos objetivos, contamos con la duradera amistad de Estados Unidos de América, la nación más grande de la tierra. El pueblo estadounidense siempre ha mostrado su coraje, su generosidad y su decencia. Una y otra vez, Estados Unidos se ha mantenido al lado de Israel contra los enemigos comunes. De un Presidente a otro, de un Congreso al siguiente, el compromiso de Estados Unidos respecto de la seguridad de Israel ha sido inquebrantable. En el último año, el Presidente Obama y el Congreso de USA han dado significado a ese compromiso proporcionando ayuda militar a Israel, permitiendo ejercicios militares conjuntos y trabajando sobre defensa antimisiles conjunta. Así también, Israel ha sido un incondicional y firme aliado de Estados Unidos. Como dijo el Vicepresidente Biden, América no tiene mejor amigo en la comunidad de naciones que Israel.

Durante décadas, Israel sirvió como un baluarte contra el expansionismo soviético. Hoy en día está ayudando a Estados Unidos a detener la marea del islam militante. Israel comparte con Estados Unidos todo lo que sabemos acerca de la lucha contra un nuevo tipo de enemigo. Compartimos inteligencia y cooperamos en otras incontables maneras, que no estoy en libertad de divulgar. Esta cooperación salva vidas estadounidenses.

Nuestros soldados y vuestros soldados luchan contra enemigos fanáticos que detestan nuestros valores comunes. A los ojos de estos fanáticos, ustedes son nosotros y nosotros somos ustedes. Para ellos, la única diferencia es que ustedes son grandes y nosotros somos pequeños, ustedes son el Gran Satán y nosotros somos el Pequeño Satán.

Este odio fanático a la civilización occidental es anterior, en más de mil años, a la creación de Israel. El islam militante no odia a Occidente por causa de Israel. Odia a Israel por causa de Occidente. Porque considera a Israel como un puesto de avanzada de la libertad que les impide invadir el Medio Oriente. Cuando Israel se opone a sus enemigos, está oponiéndose a los enemigos de Estados Unidos. El presidente Harry Truman, el primer líder mundial que reconoció a Israel, dijo: "Tengo fe en Israel y creo que tiene un glorioso futuro como otra nación soberana, pero también como una encarnación de los grandes ideales de nuestra civilización".

Amigos míos, nos hemos reunido hoy aquí porque creemos en esos ideales. Y debido a esos ideales, estoy seguro de que Israel y Estados Unidos se mantendrá siempre juntos.

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