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21/03/2011

CCIU, Editorial

KADAFI SOSTENÍA HACE POCAS SEMANAS


EDITORIAL

21-3-2011

 “Tendremos un Medio Oriente sin ‘Israel’….” Que es algo muy diferente a un Medio Oriente sin tal o cual de los dirigentes políticos israelíes, siempre elegidos por sus ciudadanos votando democráticamente en paz. En contraste a las revueltas que vemos en los demás países de la región Y nadie dijo nada, al menos por acá, en nuestra comarca, ni nuestras autoridades ni nuestros medios de información. Por el contrario, lo que escuchamos fueron manifestaciones de solidaridad con Kadafi, para algunos un héroe revolucionario. Hubo también quien criticó que asesinara a su propio pueblo con su fuerza aérea, tanques y demás dispositivos militares y mercenarios a sueldo, pero sin que tales actos fueran dignos de condena parlamentaria, al menos en nuestro país donde tal “cosa” sería realmente impensable, horroroso y de imaginable repudio colectivo.

Aunque dicho líder digno del respeto sudamericano haya tildado a su propia población opositora de ratas, perros rabiosos y otros epítetos difíciles de transcribir o aceptar ya no solo para un lector sensible, sino para cualquier espectador razonablemente lúcido… Quien así se expresa, sin embargo es un héroe en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba; un casi héroe en Ecuador. En otros países del MERCOSUR, francamente no sabemos. Explícitamente no fue condenado.

Tampoco sabemos hoy si habrá un Medio Oriente sin Kadafi. Las Naciones Unidas y la OTAN dieron cierta carta libre para atacar sus bases militares y la región se enfrenta a una nueva guerra, como si fuera un área geográfica maldita. Es una situación muy penosa, pues se sabe cuando las guerras empiezan pero no cuándo ni cómo terminan. Que el petróleo juega un rol fundamental en la economía mundial es tan claro y lamentable como que justifica guerras y es de temer que no serán las primeras ni las últimas.

No sólo los gobiernos de izquierda sudamericanos han mantenido estrechos vínculos de amistad con la Libia de Kadafi, sino también, EE.UU. y Europa, China, Rusia entre otros, a su manera y durante varios años. Unos por espejismos revolucionarios y otros por vulgares intereses económicos. Libia siempre fue un país que lideró y apoyó el terrorismo, sostuvo bases de entrenamiento de terrorismo islámico e internacional; siempre fue un régimen dictatorial de nepotismo y corrupción sin límite; siempre proclamó la destrucción del Estado de Israel.

Pero debimos acostumbrarnos a que por un motivo u otro, fuesen “soportados”, él y sus arbitrariedades por la comunidad internacional. Gozó hasta del privilegio de dirigir ni más ni menos que al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La “legitimidad “que ganó Kadafi y sus secuaces la perdió la institución que los propició.

Todos los países que lo habilitaron fueron culpables.

Más de cuarenta años después de la conducción de Libia por Kadafi y familia, de dictadura ininterrumpida y acumulación obscena de dinero mal habido, robado a su pueblo, finalmente éste se rebeló. No sabemos con precisión quién los lideró, ni siquiera si es que hubo alguien que lo haya hecho. Con lo que hoy parece “verse por primera vez”, parecería ser suficiente que haya sido simplemente el hombre y la mujer de la calle, de elites intelectuales, de artesanos estudiantes o comerciantes, asqueados de vivir bajo la bota de un líder extravagante y cruel hasta la sospecha de su insania psicológica.

Sería necesaria una autocrítica de sus admiradores. Todos los seres humanos podemos sostener ideales o posturas políticas que el tiempo demuestra que deben ser revisadas o incluso censuradas. La humildad de cambiar de postura no es de flojos, sino de valientes y sabios. Sólo los tontos no evalúan los cambios.

Canta Jorge Drexler en su canción Frontera:

“…el mundo está como está por causa de las certezas, la guerra y la vanidad comen en la misma mesa…”

Mas las circunstancias que aquí se denuncian, parecerían no dejan lugar a dudas. Junto a la vanidad, también los prejuicios y las mentiras, la desinformación, los silencios ante crímenes horrendos, son perversos compañeros y cómplices de la guerra.

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