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01/09/2011

CCIU, Editorial

La confusión justifica el temor y amerita la cautela


1-9-2011

 Los medios internacionales y los ministerios de Relaciones Exteriores del mundo, parecerían estar imbuidos en un fervor de conversaciones y negociaciones para el próximo 20 de setiembre en las Naciones Unidas.

Se trata de la intención mayoritaria de más de cien países de decretar “unilateralmente” el establecimiento de un Estado Palestino. En lo aparente no debería de haber nada de extraordinario al respecto. El pueblo palestino carece de Estado soberano y hay consenso que le corresponde. Lo sostiene históricamente y más que nadie, el propio Estado de Israel. Desde su creación hace más de 60 años. El mismo espíritu se extrapola a la comunidad judía internacional, específicamente sionista e identificada con Israel, ansiosos todos de alcanzar finalmente la paz.

¿Entonces, por qué el problema?

Por la inadmisible e insólita confusión, desinformación, mentiras y amenazas escondidas tras la loable iniciativa.

Cuando miramos al mundo árabe actual, inmerso en guerras fratricidas, severos problemas de reclamos políticos y de derechos ciudadanos, nos permitimos temer que esta iniciativa sea una trampa mortal para Israel y el pueblo judío.

Si los jordanos supieron en setiembre de 1970 asesinar diez mil palestinos en un solo mes, que reivindicaban como propio su territorio cisjordano, si Hafez al Assad supo asesinar en febrero de 1982 a cuarenta mil compatriotas sirios en la zona de Hama, donde surgió un núcleo disidente, otros dictadores árabes oprimir a sus pueblos hasta su ahogo y los ejemplos se reiteran… ¿cómo habrían de convivir con sus vecinos israelíes los palestinos partidarios de Hamas, Hizbolla, Jihad Islámica, Hermanos Musulmanes, Al Qaeda?

Permanentemente realizan atentados, lanzando cientos o miles de cohetes de sur y norte contra cualquier blanco civil israelí.

¿Qué país lo toleraría?

Al analizar lo que pasa en Libia entre Gaddafi y sus rebeldes asesinados, cada día se nos presenta una verdad más grave que la del día anterior. Gaddafi huyó a Argelia, que no solamente lo protege sino que declara que no tolerará ninguna revuelta en su territorio. O sea, amenaza con una postura más temeraria aún que las ya conocidas en los países donde sí las hubo o se mantienen. Se informa de crisis humanitaria en las calles de Libia por la descomposición de cadáveres. ¿Qué pasó en Libia, de qué niveles de masacre se trata? ¿Debieron transcurrir cuarenta años para ver de qué son capaces estos temibles dictadores?

¿Cómo olvidar y no condenar la guerra entre Irán e Irak que duró diez años y se asesinaron entre sí un millón de personas? Entre ellos, chiítas contra sunitas, musulmanes ambos.

La agresión infligida por el régimen sirio al afamado caricaturista sirio Ali Ferzat- ver artículo en nuestro Portal del lunes o en El País de España, 26 de agosto de 2011- ¿cómo no habría de  estremecer a cualquier ciudadano del mundo, judío o no? ¿Cuántos muertos serán los contabilizados en Siria cuando la brutal represión termine; cuándo terminará?

Mahmud Abbas acaba de declarar hoy: “No me pidan que reconozca a un Estado Israel judío porque no lo haré jamás”. Irán proclama la destrucción de Israel a los cuatro vientos, incluso en las propias Naciones Unidas.

¿Qué demostraciones necesita el mundo para creer que estos personajes apoyados ya sean por intereses económicos o identidades ideológicas, que amenazan “de vida” a Israel, o lo niegan como Estado judío- que no es más que un matiz semántico de una postura casi similar- lo dicen de verdad?

¿Cómo es posible que si de todas formas aún creemos en la opción pacífica, ésta no sea lograda exclusivamente mediante el impulso internacional a conversaciones directas entre las partes? Sin minimizar dificultades y a pesar de lo complejas que resultasen ser. Se deberán entender entre ellos y encontrar soluciones y concesiones.

Lo contrario parece ser un aval en blanco para que los extremistas islámicos se sientan sumamente fortalecidos, y no para que los moderados emerjan como actores pacificadores.

Israel tiene derecho a reclamar garantías, muy, muy serias.

¿No valdrá la pena, ante tanto horror y confusión, que nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores vuelva a analizar la decisión, o las condiciones y formato jurídico de su próximo paso diplomático del 20 de setiembre en las Naciones Unidas?

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