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19/06/2013

Prof. Esc. Esther Mostovich de Cukierman, gentileza para CCIU

Traducción del Tanaj


El Tanaj (Biblia) es el libro más traducido y más vendido de todos los tiempos. El mayor best seller mundial. Ya vimos en notas anteriores cómo y cuándo fue la traducción de la Torá (Pentateuco),  al arameo y al griego. ¿Cuál es la primera traducción de los libros bíblicos de Neviim y Ketuvim (Profetas y Escritos)? 

Según el Talmud, Tratado Meguila, folio 3a, el texto de los libros de Profetas fue inspirado por el Señor a cada uno de los profetas en hebreo y también el Señor les reveló a los mismos Profetas la versión del texto en arameo. Los últimos profetas (Hageo, Zacarías y Malaquías) enseñaron verbalmente esa versión aramea a sus alumnos, los Tanaím, los primeros Maestros de la Ley hebrea. Los judíos dejan de hablar hebreo en las calles de Judea a partir de la caída de Jerusalem bajo los babilonios (comienzos del siglo VI a.e.c). El idioma de la calle pasa a ser el arameo. Cuando Ezra llega a Jerusalem para reconstruir el 2º. Templo, (mediados del siglo V a.e.c.) la Torá comienza a leerse en hebreo y a traducirse verbalmente al arameo, frase por frase, porque el pueblo judío ha olvidado el idioma hebreo. Algo similar sucede con la lectura del resto del Tanaj (Talmud, Tratado Meguilá, folios 23b a 25b). Para la Torá, cada versículo, se leía en hebreo y a continuación, traducción verbal al arameo. Para los Profetas, se leían 3 versículos y a continuación, se decía el mismo texto en arameo. La traducción al arameo se realiza y transmite en forma verbal por varias generaciones y hay unas cuantas diferencias entre una versión y otra.

¿Cuándo comienza a escribirse la traducción de los libros de Profetas? Entre los Rollos encontrados en las cuevas a orillas del Mar Muerto, se han encontrado traducciones de Profetas al  arameo, escritas a partir del siglo I e.c. Según el Talmud en el Tratado Meguila, las primeras traducciones de Profetas las redactó rabí Jonathan ben Uziel. El Talmud relata este Midrash (investigación rabínica):

“Cuando Jonathan ben Uziel compuso la traducción al arameo de los Profetas, toda la Tierra de Israel se sacudió y se escuchó una “bat kol” (voz del cielo) diciendo: ¿ Quién es el que ha revelado Mis secretos a los seres mortales? Contestó Jonathan: “Es sabido por Ti que no lo hice por mi honra ni por la honra de la casa de mi padre sino por Tu Gloria, Señor, para que las disputas no se extiendan en Israel”. La traducción escrita parece aceptarse por los rabíes como un mal necesario, en beneficio de la Paz entre ellos mismos. Pero la tierra y los cielos se conmueven.

La traducción escrita de los libros de Ketuvim (Escritos) al arameo es posterior y su historia es diferente. El Talmud dice que Jonathan ben Uziel  quiso redactarla, pero se encontró con un serio problema. Lo detuvo una voz que se escuchó desde el cielo diciéndole “Basta”.

Los libros de Ketuvim se traducían al arameo verbalmente, para enseñarlos al pueblo, por los rabíes de Judea. (Talmud, Tratado Shabat 115ª y Meguila, 21b). Los Tosafot (nietos y bisnietos de Rashi, siglo XIV, en el Noreste de Francia) dicen que esas traducciones se terminaron de escribir en los siglos II y III, en la academia rabínica de Rabí Iehuda Ha Nasí, en Bnei Brak , hoy en día un suburbio de Tel Aviv.

Queda pendiente una incógnita. ¿Por qué el primer intento de traducción escrita de Ketuvim recibió ese “Basta”? ¿Por qué mantener en secreto esa traducción? El Talmud, en el Tratado Meguila dice: “Porque en los Ketuvim se habla del fin de los días”.

¿Por qué querrían los rabíes evitar que el pueblo estudiara la Cábala, las especulaciones sobre el fin de los días y la llegada del Mesías? Los rabíes entienden que el estudio esotérico, que está más allá de la realidad visible, puede volver loca a gente y sólo pueden intentarlo quienes ya tienen sólidos conocimientos de Ley Hebrea. Así que decidieron que era mejor no traducirlo por escrito a la lengua diaria del pueblo. Dice el Talmud (Tratado Hagiga folio 14b) que cuatro sabios hebreos entraron al estudio del Pardés, (huerto). Alegóricamente, ese huerto es la Cábala, el jardín oculto de la Torá. Esos sabios eran Ben Azzai, Ben Zoma, Elisha Ben Abuya y Rabí Akiba. Ninguno salió bien parado de la profunda experiencia mística. Ben Azzai quedó trastornado, decidió que no quería tomar esposa porque su alma sólo anhelaba el estudio de la Torá. Declaró que otros, pero no él, podían preocuparse de cumplir el mandato de la Torá de fructificar y multiplicarse. (Talmud, Tratado Iebamot, folio 63b). Estaba comprometido para casarse con una hija de Rabí Akiba y su esposa Rachel, le pidió a la novia que lo liberara del compromiso y la muchacha lo dejó irse a estudiar. Ben Azzai murió joven, ella nunca quiso aceptar a otro y se mantuvo como viuda sin haberse casado.

Ben Zoma era un estudiante muy avanzado de Ley hebrea, no pudo ser ordenado como Rabí por la situación peligrosa en que se encontraba Judea en ese entonces, regida por los decretos del emperador romano Adriano, que prohibía la enseñanza de la Torá y ordenaba matar brutalmente a todos los maestros y alumnos de Ley Hebrea. Después de su experiencia con la Cábala, la mente de Ben Zoma quedó extraviada. Hablaba en forma incoherente. Al poco tiempo, falleció.

Elisha ben Abuya era un rico heredero que desde joven, quiso estudiar ley hebrea y además, se sintió atraído por la filosofía de las academias griegas. Su mente tambaleó. Elisha acabó siendo un agnóstico, no sabía qué creer o no creer. No era aceptado en círculos hebreos ni en reuniones de filósofos griegos. El Talmud cuenta que sólo Rabí Meir siguió respetándolo como su Maestro, a pesar de que para los rabíes, era un renegado que el Talmud cita pero no quiere ni decir su nombre, llamándolo “ Ajer” (Otro).

Rabí Akiba era el mayor sabio de su generación, supuestamente salió sin mella de sus experiencias en el mundo de la Cábala porque gracias a que tenía una buena esposa, era un hombre asentado y con los pies muy bien parados sobre la tierra. Sin embargo, sus experiencias místicas lo llevaron a convencerse a sí mismo de que el militar hebreo Bar Kojba, que planeaba rebelarse contra Roma para liberar Judea, no era un simple guerrero sino un ser diferente: lo llamó “Bar Koziba”´ (hijo de la estrella) y al parecer se convenció de que era el Mesías que todos aguardaban. Poco tardó Akiba en convencerse que ese guerrero no buscaba la espiritualidad de un Mesías sino la batalla, el botín y el triunfo sobre el enemigo romano. Tremenda desilusión que según cuenta el Talmud (Tratado Berajot, folio 61b) lleva a Akiba a aceptar gustoso la pena que le impone el gobierno romano por seguir enseñando la Ley Hebrea: ser destripado vivo . En una escena terrible que el Talmud relata vívidamente, Akiba muere rezando “Shmá Israel Adonai Eloheinu Adonai Ejad” (Escucha Israel, el Señor nuestro D’os, el Señor, es Uno). Hasta su último aliento, sigue enseñando. Explica a sus alumnos que le rodean: “Recién en este momento comprendo por qué la Torá ordena ‘Amarás al Señor con todo tu corazón y toda tu alma’. (Deuteronomio, 6:5). Si el texto ya dijo ‘con todo tu corazón’, ¿Por qué agrega ‘con toda tu alma’? Ahora tengo ocasión de cumplir ese mandamiento. Quiere decir ‘aunque en ello se te vaya el alma”. Akiba extiende  entre sus labios la palabra Ejad (Uno) hasta expirar.

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