Ochenta años después de una de las gestas más conmovedoras de la posguerra, la historia vuelve a iluminar el valor de la memoria. En 1946, el rabino Itzjak Halevi Herzog recorrió Europa en busca de cientos de niños judíos que habían sobrevivido a la Shoá ocultos en familias e instituciones cristianas. Más de 500 de ellos emprendieron finalmente el camino hacia la Tierra de Israel.